La verdad es, que nos ha sentado fatal lo de la tiranía, en Tiananmen. Estamos, a la vez, iracundos y depres, por añadir uno más, a los numerosos problemas, que estamos padeciendo estos días. Deberíamos habernos preparado algo más, para viajar a una dictadura. Y además, llegamos a la conclusión, de que si tuviéramos la posibilidad de cambiar el vuelo para mañana, nos iríamos ya .
Nos vamos a buscar un hotel, que hemos visto en Booking en el turístico barrio, de Qianmen, justo al lado de la Plaza. Ha cambiado mucho desde el 2009. Entonces, era solo la calle del mismo nombre -donde han construido un tranvia- y tres o cuatro peatonales más. El resto eran viejos hutongs limpios pero decadentes y con habitantes muy humildes.
Ahora, se ha convertido en el mayor China Town mundial, ubicado dentro de la propia China. En definitiva, una macro feria. En cada comercio hay un megáfono desde donde se repite constantemente el mismo mensaje. Y, donde se vende todo a caros precios (incluido té de sabores a 150 euros el kilo).
Suponemos, que a los viejos propietarios de esta zona , les dieron un pisito en las afueras a cambio de su terreno, lo tiraron casi todo y han levantado este macro circo. Pero no se puede negar, que les ha quedado chulísimo.
De camino, vamos preguntado en otros alojamientos, pero se nos salen, claramente de presupuesto. Por fin, llegamos al elegido y quedamos maravillados por la decoración de la recepción, con un gato y un pacífico perro presidiendo la escena. Por solo 60 yuanes más, que en Shanghái nos entregan la habitación perfecta: una cama doble y otra individual, baño completo, calefacción/aire, nevera -no necesaria, con noches a doce grados bajo cero- y hervidor de agua, además de una ubicación perfecta, en la calle Dazhalan.
Es la una de la tarde y nos quedan cuatro horas de luz natural. A nosotros, entrar en la Plaza nos da igual, porque la cruzamos miles de veces en el 2009. Lo que nos preocupa es, saber, como evitarla y poder llegar al otro lado donde se encuentran los mayores atractivos de la ciudad.
Tiramos hacia el lado izquierdo de Tianamen,pero no es una buena idea. Nos encontramos con controles y más controles por todas partes y por supuesto, a la Plaza no entras sin el puñetero QR. Nos van desviando de un sitio a otro y al final acabamos en unos entrañables, acogedores y reposados hutongs, donde la gente lleva a cabo su vida cotidiana, sin hacernos demasiado caso. Tanto nos gustan, tan cómodos nos sentimos y tantas vueltas damos, que nos terminemos perdiendo, poniéndonos nerviosos -google Maps no funciona en China- porque solo queda una hora para anochecer y porque como era previsible, los lugareños no nos entienden. Al final, nos salva un policía de uno de los controles, algo más amable,que el común de ellos.
El paseo por Qianmen de noche es agradable y nos ponemos hasta el gorro de vasitos de té de sabores, que nos ofrecen como degustación y como cebo.
Las apps del tiempo -que si funcionan-, dan una fortísima nevada para mañana. Ya veremos, a ver , que ocurre, pero expectantes estamos .





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