Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

domingo, 31 de marzo de 2024

¿Habrá un sexto viaje a India?

           ¿Habrá un sexto viaje a India en un futuro cercano?. Existe una poderoso argumento, que indica, que no y ese es, que lo poco interesante, que nos queda por visitar, es de segundo orden y está muy disperso. Pero, hay otro, también contundente, que señala, que sí: le tenemos mucho vicio al país, disponemos de un visado válido y abierto hasta enero de 2025 y hemos aprendido a ir y volver en compañías de bajo coste. Además, cabe destacar, que en la actualidad disponemos de mucho tiempo libre.

          Antes de empezar el quinto viaje, a India, nos quedaban por visitar a fondo, diez estados: Sikkim, West Bengala -solo habíamos estado en Calcuta -, los siete del nordeste y Gujarat. Pretendíamos, dejar este último destino para las próximas navidades y acometer el resto en este periplo.

          La cosa empezó bien, porque en West Bengala  y Sikkim cumplimos -incluso ampliamos- todos los objetivos. Por aquellos días, de los del nordeste, eliminamos dos: Nagaland y Arunachal Pradesh. La realidad fue que solo visitamos uno, Assam, porque encontramos muchos inconvenientes y pocas satisfacciones.

          Entonces, hubo que rehacer el viaje y darle un giro de 180 grados, escogiendo dos lugares aislados de Maharastra, Gujarat y los territorios autónomos de Daman y Diu. Con más esfuerzo todavía que si hubiéramos ido al nordeste, conseguimos nuestras metas.

          Si existe un sexto viaje a India, será a esta última zona. Si esto ocurre, al menos sabemos, lo que nos vamos a encontrar.

          Si tuviera, que elegir, los tres destinos favoritos de este viaje, estos serían, Palitana -imprescindible en cualquier viaje, a India -, Matheran y Gangtok (Sikkim, en general). Pero, como me quedo con ganas de meter a Nashik y sus ghats, pues añado a Darjeeling y así, son cinco. Me olvido de Calcuta, porque ya era un destino conocido.

La larga y accidentada vuelta a casa (parte VII y última)

           Después del desastroso vuelo desde Kuwait y de la anarquía y los sofocos del aeropuerto de Estambul, era casi imposible, que las cosas siguieran yendo a peor y afortunadamente, asi va a ser. 

          El  avión de Anadolu, que nos debe depositar en Bérgamo, es algo más confortable, que el primero, con asientos más amplios y la comida, aunque igual de escasa, al menos es apetitosa: bocata de queso, embutido de cerdo ahumado y tomate estrujado. Como teníamos más hambre, que los pavos de Manolo, en el desembarque, vamos recogiendo varios de ellos, que se ha dejado la gente sobre los asientos y tras pasar los controles de seguridad italianos, nos damos un festín.

          Lo primero, que nos damos cuenta, nada más salir a la calle es, que hemos vuelto al duro invierno, después de estar a 42 grados hace un par de días. Vamos muy ligeros -como es natural, viniendo de India- de ropa de abrigo y eso va a ser una molestia. Lo segundo es, que los alrededores del aeropuerto y del centro comercial, que está enfrente, están plagados de obras y eso, tampoco nos agrada.

          Después de comprar cerveza -dos días sin ella-, subimos andando hasta la Ciudad Alta con amenaza de lluvia, porque estamos locos por qué nos de el aire y por movernos. Hemos estado muchas veces aquí, pero al menos, hace una década, que no veníamos. Sigue siendo un lugar encantador, aunque casi nada ha cambiado.

          Hace casi dos meses y medio, que abandonamos Europa y ahora al volver, las sensaciones son las mismas, que cada vez, que regresas de India o de África subsahariana: aceras amplísimas, edificios nuevos, tráfico mesurado, predominio absoluto de gente muy mayor por las calles... Pero, sobre todo, una por encima del resto: esa invulnerabilidad -,idiota-, de que aquí estás a salvo y no te puede pasar nada.

          Al segundo día, poco queda de este sentir. Hace diez o quince años, el aeropuerto de Bérgamo ya era el más inhóspito de toda nuestra Europa conocida. Hoy en día, todavía es peor.

          Por resumir: sobre las diez y media de la noche aparece una señora cincuentona, gorda, con gafas y sobre todo, con muy mal carácter. Se nota, eso sí, que disfruta del trabajo, que vale han encomendado. Este consiste -acompañada de un par de palmeros menos molestos-, en menospreciar a los mendigos, que se refugian en la terminal, y pedir la tarjeta de embarque a todo el mundo, de muy malas y amenazadoras maneras. En el pasado, podías tirarte a dormir al suelo hasta las 4:30  de la madrugada. Hoy está estrictamente prohibido. Los asientos tienen reposabrazos cada dos, por lo que es incomodísimo encontrar una posición para dormir, por mucha experiencia, que tengas en estas líneas. Menos mal, que habíamos comprado una botella de Amaretto.

          El premio vino a la mañana siguiente, con nuestro desayuno buffet. Si no se observa, es imposible creer, la cantidad de comida integra y sin tocar y la bebida, que deja la gente antes de los controles o en las cafeterías: bocadillos, dulces diversos, yogures, patatas y snacks, fruta, zumos, café envasado, bebida de soja con chocolate...

          El vuelo Bérgamo - Madrid, gracias a Dios, sin novedad.

sábado, 30 de marzo de 2024

La larga y accidentada vuelta a casa (parte VI)

          ¿Por qué decimos, que lo de Turkish ha sido una estafa?. Fundamentalmente, porque desde un principio, nos ocultaron a conciencia, que el vuelo era con Anadolu. No nos hablaron de viajar con una filial o con un código compartido como hacen las compañías honestas. En todo momento, los números de los vuelos -en el e-ticket y en las pantallas -, empezaban por las letras TK. Y en las tarjetas de embarque pone Turkish y no, Anadolu, la peor aerolínea, en la que hemos volado en nuestras vidas. Pongamos un ejemplo, para que se entienda mejor. Singapore Airlines tiene una espectacular filial de bajo coste, que se llama Scoot, con la que hemos viajado, desde Kuala Lumpur a Atenas, o desde Australia a Singapur. Cuando nosotros compramos los billetes, en todo momento supimos, que volábamos con esta aerolínea más barata y no con su matriz.

          Si así lo quieren, así lo haremos: no volveremos a volar jamás con ellos y así, evitaremos sorpresas.

          Ha sido la primera vez, que hemos volado a Estambul al aeropuerto Sabiha Gokcen y no, al Internacional. Queremos decir, que se trata de un aeródromo lamentable, en el que una escala de cuatro horas se nos hizo más larga, que las treinta y dos en Kuwait. No hay fuentes con agua fría gratuita, ni puntos accesibles de recarga de los cacharros electrónicos diversos , el acceso al wifi se debe hacer en una máquina donde registras el pasaporte y donde la cola da la vuelta al pasillo y la comida y la bebida -hasta 14 euros por una cerveza o 10 por una botella de agua- son el doble o el triple, que en Europa occidental.

          Pero, las dos razones más poderosas, por las que odiamos, visceralmente, este aeropuerto son, el absoluto caos y dislate en todas sus instalaciones y que por la megafonía estén, constantemente, recitando todos y cada uno de sus vuelos, el 90% de Pegasus.

          Eso sí: nos hace mucha gracia ver, a los numerosos calvitos de todas las nacionalidades, que vienen de recibir tratamiento y que muestran en sus cabezas puntitos rojos o los primeros indicios de pelo. Nunca nos los habíamos encontrado en el aeropuerto Internacional, donde las compañías que operan son mucho más caras.

          Se nos había olvidado comentar, que a la salida de Kuwait, había recibido mi pareja un salvaje registro, igual, que en octubre pasado, cuando desde allí, volamos a Mascate. Como no existe zona de tránsito, los controles de equipaje se hacen en las puertas de embarque y resultan humillantes (hasta seis veces pasaron por un scanner una mochila vacía, hace seis meses).

          Con el cortauñas y las cucharas tirados a la basura, al salir de India, está vez, los objetos sospechosos fueron: una cartera con las rupias sobrantes, las llaves de casa, el estuche de las lentillas, la cartera con los abonos gratuitos de media distancia y cercanías de RENFE y un protector labial.

La larga y accidentada vuelta a casa (parte V)

           Con la nueva situación, nos hemos ahorrado veinte euros de las visas y tener, que llevar a cabo ingeniería financiera para hacernos con una cantidad de moneda local suficiente. A cambio, nos tocará aburrirnos otras dieciocho horas más en este aeropuerto. Ya hemos visto, a dos viajeros -chico y chica-, que están en nuestra misma situación.

          Y todos hacemos lo mismo: dormitar, pasear, beber agua como tontos -hay fuentes, que la dispensan bastante fría -, comer de las viandas enteras abandonadas por los caprichosos y desaboridos y fundamentalmente, trastear con el móvil, que aquí, hay buenos y accesibles puntos de recarga (no, como en otros aeródromos, donde debes colgarte de una lámpara o hacer el pino).

          A las doce menos cuarto de la noche probamos, obtener las cuatro tarjetas de embarque de Turkish. Hay un follón tremendo con un vuelo de Pegasus anterior al nuestro, así, que el empleado nos toma nota de los pasaportes y nos indica, que volvamos en una hora.

          A lo largo de la tarde, se nos ha ido cimentando esa idea/obsesión, de que nos multen o impidan volar por estar más de 24 horas aquí. Bastaría,  con que nos pidieran la tarjeta del vuelo, de Bombay, aunque alegariamos, haberla tirado. De todas formas, creo, que tendrían otras vías para descubrirlo.

          Cerca de la una de la madrugada volvemos al mostrador de NAS. Ahora ya, podemos, hablar de caos. Una chica rubia está llorando a moco tendido -desconocemos la causa- y varias personas más están muy nerviosa. A la mujer, que va delante de nosotros, le piden la boarding pas anterior y entramos en pánico. Pero, al ser atendidos, nos entregan toda la documentación, sin más preguntas o gestiones. Empezamos a fantasear, con que si la cena tendrá pescado o cordero.

          Como ya explicamos, este mismo tramo Kuwait -Estambul -Bergamo, salía más barato con Pegasus: 66 euros, por los 95 de Turkish. Nosotros había volado  con esta compañía a lugares como Seul i Biskek y habíamos quedado encantados con sus asientos infinitos y la excepcional comida y por eso decidimos gastarnos algo más 

          Embarcamos a través de finger y en la cabina, ningún distintivo de nada, cosa, que nos extraña. Ya teníamos alguna sospecha de que algo no iba bien, cuando al comprar los billetes vimos, que el destino final era Bérgamo y no Malpensa o Linate.

          Finalmente, los indicios se convierten en pruebas, cuando observamos, que los asientos son estrechísimos -los peores de nuestras vidas y hemos volado más de 250 veces- y que la copiosa comida va a consistir en un minúsculo bocata de pan rancio, queso invisible y pepino duro (como la cara de estos sinvergüenzas, que nos han estafado). Y, para beber solo zumo de naranja o café, sin posibilidad de tomar las dos cosas.

          Al descender de la aeronave comprobamos, que habíamos volado con Anadolu, una apestosa filial de Turkish, que es la low cost más rastrera, en la que nos hemos transportado nunca.

          Lo de ESTAFA -con todas las letras-, lo explicamos en el próximo post.

jueves, 28 de marzo de 2024

La larga y accidentada vuelta a casa (parte IV)

           Una grave negligencia de mi pareja -no se puede hacer algo así, después de 36 años viajando - y un descubrimiento posterior, van a hacer saltar todo por los aires. Siendo las nueve de la mañana, nos vamos a gestionar la visa kuwaití, que ya habíamos obtenido seis meses atrás. Estamos solos, a diferencia de la multitud, que había anoche. Pero ya os hemos contado lo del Ramadán. En el formulario, Ana ha dejado en blanco, la dirección del hotel y la funcionaria nos dice, que así, no podemos ingresar al país.

          Nos vamos a Booking y ponemos la primera, que viene, pero como la empleada no tiene otra cosa,que hacer, nos indica, que quiere la reserva confirmada. Podríamos haber seguido haciendo trampas, porque varios establecimientos pueden contratarse sin tarjeta de crédito o podríamos haber aceptado una alcoba y cancelarla después sin gastos, donde dan esta opción. Pero, sobre la marcha, hemos recapacitado.

          La meticona señora -a la que, no le ha servido de nada, que le hayamos insistido cien veces, en que no vamos a hacer noche en Kuwait - nos ha mandado a ese mostrador NAS (National Aviation Service), del que os hablé en el post anterior.

          Allí, nos explican, que como pasa habitualmente, no es necesario salir a gestionar las tarjetas de embarque, ni siquiera, aunque hayas venido con una compañía y te vayas con otra diferente. Eso sí: la documentación nos la preparan dos o tres horas antes del vuelo y no ahora. Nos convence el plan, aunque le vemos un riesgo importante, que es, que cuando partamos, habrán pasado 32 horas de nuestra llegada y en tránsito, en la mayoría de aeropuertos, no se puede está más de 24. Podríamos sufrir una severa multa o una denegación de embarque y ambas cosas serían fatales.

          Además y como ya insinuamos, el plan de bajar a Kuwait tenía lagunas. El billete más pequeño, que tenemos este 50 euros y no lo vamos a cambiar para un solo día. Sacar del cajero pequeñas cantidades tiene una penalización durísima. Es verdad, que podríamos pagar casi todo con tarjeta, como hicimos en Abu Dhabi, pero no el autobús hacia el centro, que como recordamos, solo acepta efectivo.

        Pero, donde supuestamente, se soluciona un problema, ahora se crea otro. Ya hemos dicho, que no tenemos dinero local, ni tampoco comida, porque pensábamos comprarla en la ciudad. Conseguimos sacar el día adelante, sin inversión alguna, al tirar de los abandonos ajenos. Hay mucha gente, que compra alimentos y se los deja enteros, por lo que recopilamos cuatro piezas de pollo crujiente, tres paquetes de patatas, dos ensaladas, cuatro salsas, dos bollos de canela del Starbucks...

          De haber sabido sobre la opción NAS por adelantado -nunca habíamos visto algo asi-, podríamos haber reducido la escala a 8 horas, pero ahora toca esperar y pasar el día.

La larga y accidentada vuelta a casa (parte III)

           Habíamos estado campando a nuestras anchas toda la mañana del día anterior por los indescriptibles suburbios de Bombay. Y es, que por fin, habíamos conseguido saber, como llegar al aeropuerto en transporte público - estación de cercanías de Ville Parle más bus número 35-, sin necesidad de tuck tuck o taxi. El buen dinero, que nos ahorramos, nos lo gastamos en las tiendas de alcohol de esas barriadas, adquiriendo güisqui y cerveza. La consecuencia más inmediata fue, que me pasé la mayor parte del vuelo durmiendo y continúe haciendolo las cinco primeras horas -de ocho p.m., a una p.m.-, en los cómodos asientos de la pequeña terminal aérea de Kuwait.

          No os hablaré de la desagradable zona de embarque de este aeropuerto, porque ya lo hice en un post del noveno viaje largo, en nuestra primera visita aquí y ahí lo podéis leer.

          En el interior, sin embargo, tiene muchas peculiaridades y algunas resultan bastante beneficiosas para el viajero. En casi todos los aeródromos del mundo y una vez has aterrizado, debes decidir si desde llegadas, te vas a la zona de tránsito -con los correspondientes controles-, a tomar otro vuelo o gestionas la salida a la calle si tienes todo en regla. En Kuwait City no es necesario decantarse y puedes permanecer en esa especie de limbo o de tierra de nadie, durante horas  y es, lo que hemos hecho en nuestras dos estancias aquí.

          Otras ventajas de la terminal de este emirato son: excelente wifi gratuito; cómodos asientos sin reposabrazos, donde te puedes tumbar a cualquier hora del día o de la noche, sin que nadie te moleste; baños impecables, aunque encharcados, por esa manía, que tienen de usar el agua para limpiarlo todo; accesibilidad rápida a todos los servicios, fuentes de agua potable fresquísimas...La mayor sorpresa positiva, sin embargo, la dejaré para más adelante.

          En cuanto a lo malo, poca cosa: escasa oferta gastronómica y un aire acondicionado asesino -a través de bocas heladas y huracanadas-, que además, no tiene ningún sentido, estando en el exterior a una temperatura de entre 13 y 20 grados.

          Nuestro plan era sencillo: pasar la noche dentro, para a la mañana siguiente, bajar a la ciudad -tenia ciertas lagunas, que ya os contaremos - y por la tarde y antes de volver a entrar, llevar a cabo la facturacion con Tuskish. ¡Nada muy original!.

          La noche no va a tener nada de especial: mi pareja durmiendo y yo, desvelado ya, paseando arriba y abajo, bebiendo güisqui de forma discreta. Me llama la atención, el gran trasiego nocturno de este aeropuerto y la tranquilidad, a la mañana siguiente. Lo entendimos, fácilmente,  al constatar, que estamos en pleno Ramadán ¡Otra vez!.

          Reparé varias veces, en un mostrador -siempre atendido - con las siglas NAS, pero no le di mayor importancia, pensando, que se trataría de algún órgano administrativo de este espacio de tránsito.

miércoles, 27 de marzo de 2024

La larga y accidentada vuelta a casa (Parte II)

           Llegamos al aeropuerto de Bombay a las dos de la tarde, tres horas y media antes de la hora prevista para nuestro vuelo, a Kuwait. Hasta hace año y medio -fecha de nuestra anterior visita, a India -, para entrar en los aeropuertos de este país exigían un billete confirmado. Pues bien: ahora, ya solo puedes acceder con las tarjetas de embarque electrónicas y en este punto, va a comenzar el primero de nuestros interminables problemas.

          El check in on line con Air India no es sencillo, ni intuitivo, pero lo habíamos logrado llevar a cabo la tarde anterior. Tras una larga pelea virtual, conseguimos un borrador de nuestras preciadas tarjetas con un mensaje, que indicaba, que no son validas para viajar y que debemos ir al mostrador. Es lo que intentamos hacer, pero un policía nos lo impide y da igual, el número y la calidad de las explicaciones, que les des 

         Para colmo de las dos boarding simuladas, solo encontramos una en mi teléfono y es la de mi pareja. Sin comentario alguno, el madero la agarra del brazo y se la lleva al interior de la terminal. Trato de seguirla, pero otro poli m lo impide. Me cabreo, hago aspavientos y hasta grito, pero ni se inmuta y educadamente -eso sí -, me dice, que me siente, cosa, que no hago.

          Pasa un interminable cuarto de hora de desesperación. No sé, que está ocurriendo dentro y no resulta posible contactar con mi pareja, porque este aeropuerto no dispone de wifi público y gratuito. Creo, que vamos a no embarcar en este vuelo y por efecto dominó, perderemos todos los demás. Planeo, incluso, fingir sentirme enfermo, a ver si así, alguien me hace caso. Es entonces, cuando la veo salir por la puerta, sonriente, acompañada del mismo policía y con las dos tarjetas de embarque físicas de la mano.

          ¿Que ha ocurrido, durante este tiempo, dentro? Primero, fue llevada a business de la compañía, donde la empleada no hizo mucho caso, a pesar de ir con el poli. Pero más tarde y saltando toda la enorme cola de facturación y en un instante, le entregaron los preciados documentos, que ya seguro, nos permitían viajar. En India, normalmente, siempre te ofrecen una solución a tu problema, aunque la mayoría de las veces, no es, la que tú esperas.

          La segunda incomodidad llega en el control de equipajes. Las llaves de casa, ya nos han dado bastantes problemas en los escáneres de paises en vias de desarrollo. Bien. A ellas, se añaden hoy el cortaúñas y dos cucharas metálicas -grande y de postre -, que llevamos. No son ilegales, pero quieren verlas. No me extraña, que estás últimas les parezcan utensilios  exóticos, comiendo, como comen la mayoría de ellos con las manazas.

          El control y sellado de pasaportes, resulta rápido y sin pegas y el vuelo es tranquilo. La comida, solo regular, siendo el plato principal arroz con pollo y verduras -o biryani vegetal -, la ensalada incomestible y los postres -yogur y pastelito de limón con natillas -, aceptables.

La larga y accidentada vuelta a casa (Parte I)

          Abandonamos Matheran en taxi compartido y en tan solo veinte minutos -cruzando varias veces las vías del tren y abordando un vertiginoso descenso -, nos pusimos de nuevo, en Neral, donde nos acomodamos en el mismo alojamiento, aunque no en la misma habitación. Con 42 grados en la calle, no volvimos a salir de ella, una vez, que nos hicimos con un cargamento de güisqui, cerveza y fritanga variada.

          A la mañana siguiente nos largamos para Bombay y sufrimos el aplastamiento habitual en nuestro penúltimo tren de cercanías (el último sería el del aeropuerto). En este caso, tomamos aposento también, en el hotel de nuestra última visita a la ciudad, en 2022. Aquí sí, nos dieron la misma lúgubre  alcoba sin baño - la segunda del viaje en la que debemos compartir el aseo-, aunque con potentes wifi y ventilador. Solo nos quedaba pasar la tarde y la noche, para iniciar la vuelta a casa.

          Con el fin de abaratar el regreso, habíamos asumido bastante riesgo, contratando cuatro vuelos con tres compañías diferentes. Para mitigarlo un poco, alargamos lo más posible las escalas con el fin de no quedarnos tirados en un punto intermedio, sin posibilidad de continuar. En total, invertimos 220 euros por pasajero. Haberlo hecho de una forma algo más cómoda -la opción más barata era la compañía Barhein - nos hubiera supuestamente cien euros más a cada uno.

          Primer tramo: Bombay - Kuwait, con Air India, con 32 horas de escala en el Emirato y con pretensiones de bajar a la ciudad, aunque ya la conocemos.

          Segundo y tercer tramo, con Turkis Airlines, Kuwait - Estambul y Estambul - Bérgamo, con cuatro horas de espera en la ciudad turca. Decir, que con Pegasus, esta misma ruta nos salía 30 euros mas barato por persona, pero preferimos hacerla algo más confortable, con mejores aviones y con comidas incluidas. Ya daremos más adelante los detalles, pero nos llevamos un buen chasco con este asunto.

          Cuarto tramo: Bérgamo - Madrid, con Ryanair, debiendo hacer noche en el aeropuerto italiano. La razón de no ajustar más este vuelo a los anteriores fue, que es el primero, que compramos y al terminar el puzzle aéreo no hubo forma de cuadrarlo mejor.

          Habíamos planificado todo al dedillo, pero la realidad siempre es muy tozuda y aunque todo salió bien, el desarrollo de los acontecimientos resultó ser bastante diferente e inesperado, en relación con lo previsto.

viernes, 22 de marzo de 2024

miércoles, 20 de marzo de 2024

Matheran: del cielo al infierno (parte II)

           La peatonalidad de la calle principal de Matheran ha mejorado -evidentemente-, la calidad de vida de sus habitantes -y de los visitantes-, pero quedarnos en esa mera reflexión, resultaría bastante inocente. Además de un lugar -relativamente- tranquilo por donde pasear, está avenida soporta la mayor parte de la actividad económica de la localidad. Esto podría ser hasta bueno y algo a imitar en otras partes, sino fuera porque mucho de lo que en ella se desarrolla, raya con la ilegalidad y con la vulneración de los derechos humanos/animales y laborales.

          En cada franja del día se lleva a cabo una actividad -algunas se solapan-, siendo la más evidente y duradera, el paseo turístico en caballo. No hay indicios, de que sus dueños los traten mal, peto sí comprobamos -es fácil, porque todos tienen nombre, que suele ser ocurrente-, que se les obliga a llevar a cabo largas jornadas de trabajo.

          A primeras horas se realiza el transporte de mercancías y aquí -lo vimos de primera mano y cuando no hay turistas por la calle -, la explotación es mayúscula. Los encargados de esta labor son los burros y chicos jóvenes. A los primeros -da igual su edad -, se les sobrecarga con exceso y se les maltrata de diversas formas, cuando se quedan rezagados. A algunos, se les cuelga un saco con comida sobre el cuello, para que se alimenten mientras trabajan y así, no paren.

          Algo similar ocurre con los chicos, aunque mayormente y en este caso, llevan las enormes cargas sobre ruedas, dos tirando y otros tres empujando. Es tal el esfuerzo, que van gritando o gimiendo para evitar el sufrimiento .

           Otra forma de degradar y humillar a los individuos son los numerosos rickswaw tirados por humanos -a modo de coche de caballos -, que hace tiempo y salvo en la zona de alojamientos de Calcuta, han desaparecido de toda India.

          El gran peligro intimidatorio de Matheran son los infinitos monos -especialmente cuando van con sus crías y te ven como una amenaza-, que la mayoría de las veces te molestan por diversión. Nosotros nos dimos la vuelta de algún sendero, por donde caminaban en aglomeracion amenazante.

          Al respecto, se añade otra anécdota: estábamos durmiendo con la ventana abierta, dado que tenía reja y de repente, oímos un estruendo. Un primate había metido una mano por los barrotes y como no pudo llevarse nada, con rabia, se dedicó a tirar todo lo que pudo (dos vasos metálicos).

          Otro asunto es el de los precios de las cosas, siendo los más caros, de India. Ya no solo los hoteles o el paseo a caballo, sino también la comida. A modo de ejemplo: un biryani con pollo, en Nashik, 60 rupias. El mismo plato aquí, pero solo con vegetales, 200.

          Y esto se extiende a la tarifa de los productos tasados en el envase, como galletas, agua, snacks. En Matheran de saltan está obligación, que impone el proveedor y les añaden un 20% más.

Matheran: del cielo al infierno (parte I)

           Ha llegado la hora de reflexionar, sobre porque Matheran, puede ser a ratos maravillosa y otros, horrible. Sobre por qué un mismo espacio puede ser, indistintamente, el cielo y el infierno.

          No vamos a hacer una enumeración de datos o elementos positivos y negativos de esta ciudad, sino que los vamos a entremezclar, construyendo un relato, porque resulta más ameno.

          La primera sorpresa la tuvimos incluso antes de salir de la estación de tren. Todos los visitantes de este lugar y en forma de tasa, debemos pagar 50 rupias por entrar. Es una cantidad ridícula, pero te pones de muy mala leche, porque te cobren por acceder a lugares públicos (han debido de aprender de los nepalíes, siendo la primera vez, que nos ocurre en India). De momento -todo se andará, seguro -, a los extranjeros no nos cobran veinte veces más, que a los nacionales, como ocurre en la mayoría de sitios.

          Para contextualizar las cosas, decir,  que hay dos formas distintas de de llegar o de salir de Matheran. Si vas en tren este te lleva hasta el propio centro de la ciudad, si vas en taxi compartido, te dejará en la parada anterior (donde está el parking) teniendo cuatro posibilidades de llegar al centro : coger el ferrocarril, contratar los servicios de un caballista, alquilar un rickswaw de tracción  humana o  ir andando (algo menos de media hora). De estas tres últimas maneras, te evitas la maldita tasa.

          El cabreo se te pasa de golpe en cuanto sales a la calle principal y respiras su armonía, su quietud, la ausencia de basura, de orines...¡Qué delicia poder deslizarte por el asfalto sin toparte o tener, que esquivar los infinitos vehículos con ruedas de otras partes! La única molestia inicial son los persistentes comisionistas de los alojamientos, nada frecuentes en la mayor parte del país.

          Las construcciones no son muy agresivas y a dos pasos, te hallas en plena naturaleza, rodeado de animales y en un ambiente de plena ruralidad (algo casi imposible, en la India más turística).

          Ya después de un par de horas, empiezas a echar de más, el constante ir y venir de los centenares de caballos, que pasean a los visitantes, que requieren sus servicios. A medida, que avanza la tarde, el asfalto se va llenando de mierda y el olor se convierte en insoportable. Es verdad, que al atardecer varios empleados se dedican a recogerlas.

          Las vacas y los perros campan en absoluta libertad. De los monos y de los burros os hablaremos más adelante.

          Los numerosos senderos están bien señalizados. No son demasiado largos y carecen de dificultad, salvo la derivada de la irregularidad y lo escarpado de algunos terrenos. Supongo, que con el monzón, la cosa se complicará bastante. No hay apenas nadie transitando por ellos, por lo que disfrutas de una gran sensación de quietud -escuchando los variados cantos de los pájaros -, pero también de lo contrario, por poder sufrir algún percance (con monos, con inesperados buscavidas...).

martes, 19 de marzo de 2024

Nuestro día en Matheran (parte II)

          Uno de los comisionistas nos había ofrecido una habitación por 1800 rupias y después, la había bajado a 1300, ante nuestra negativa. A la vuelta del lago preguntamos en ese hotel y nos la dejaron en 1200, por lo que decidimos quedarnos. A pesar de estar en montaña modesta -800 metros de altitud-, la temperatura era ya de 34 grados y no era plan, seguir cargando con las mochilas. 

          Matheran ofrece bastantes lugares de interés, que están bien señalizados, aunque las distancias indicadas, no siempre coinciden con la realidad. La mayoría son miradores, aunque algunos de esos lugares están algo sobrevalorados. La niebla vuelve a ser un problema y es una pena. Después, de que mi pareja tuviera un desagradable problema con un mono, que le quiso robar la bolsa con las cosas del día -snacks y galletas incluidas-, visitamos la mayor parte de ellos en soledad.
         
           Vimos seis guiris -novedad-, siendo la mayor parte turistas nacionales, que vienen a pasear a caballo y poco más. Es por ello, que según va avanzando  el día, la ciudad va cogiendo un olor a mierda equina/vacuna /perruna insoportable. Aunque por la noche hay personal de limpieza, que las recoge.

          La calle principal es un batiburrillo importante de negocios. Para los viajeros solo son útiles los restaurantes, aunque la comida y la bebida aquí, cuesta entre un 20 y un 400% más que en el resto del país. ¡Asi de chulos!.
          
          De día, está arteria, resulta insulsa y monótona, pero se transforma de noche, cuando las potentes y coloridas luces de los incontables hoteles, los negocios de apuestas y las de juegos diversos, hacen de este lugar, una pequeña Las Vegas. Quien lo hubiera dicho a las cuatro de la tarde.
          
          El último incidente del día fue también con los monos: estábamos sentados en la terraza de la habitación de la primera planta, porque llegaba mejor el wifi, cuando  una mona con cría se asentó ven la barandilla. Nos metimos para adentro corriendo y llegaron cuatro más. No había forma de echarlos, ni siquiera con una percha, hasta que les lanzamos agua. Más tarde volverían .  

          Entonces, ni pareja me dijo: "miralos, si tienen comportamientos humanos", viendo cómo abrazaban y besaban a sus vástagos. Y yo empezé a pensar, que no son los indios el eslabón perdido entre los primates y el hombre como pensaba antes. En realidad, el eslabón perdido es el mono, entre el indio y los seres humanos.



Nuestro día en Matheran (parte I)

           En este post y el siguiente, os vamos a contar, como transcurrió nuestro día en Matheran. En los dos posteriores, os daremos los argumentos suficientes para considerar este lugar, a la vez, como maravilloso y horrible. Y es, como ocurre en  Palitana,  que este sitio está lleno de contradicciones.

          Cuando llegamos a Matheran, no nos pilló por sorpresa, que la ciudad sea peatonal, porque ya lo sabíamos. Si nos chocó, sin embargo, que por sus calles, circulen un sin fin de animales, a todas horas: los omnipresentes caballos para el paseo de los visitantes, perros, mulos, burros, vacas..., se alternan sin criterio alguno, de tal forma, que ya no sé si quedarme con este modelo de convivencia y de tránsito o con el bullicio y el caos de las ciudades. Lo de los infinitos y agresivos monos, que molestan todo el rato y que impiden muchos paseos, lo trataremos en una entrada aparte.

          Nos habían dicho desde un alojamiento, que rechazó nuestra reserva, que aquí solo hay tres hoteles, que acepten extranjeros y ninguno eran ellos. La realidad es bien distinta, porque nada más salir de la estación, nos abordaron hasta cuatro comisionistas con una oferta bastante más amplia. Por mil rupias los dos, hasta nos llegaron a ofrecer un camping, con tienda iglú y wifi. 

          Habíamos pensado hacer la excursión en el día y volver a última hora en un taxi compartido -solo veinte minutos de viaje -, a dormir a Neral. Pero viendo el panorama, nos empezamos a plantear, hacer noche aquí, si encontrábamos un precio razonable.

          No obstante y mientras decidíamos, nos fuimos con el bulto a cuestas a la zona del lago Charlotte -la más bonita de todas - por un camino algo incómodo, plagado de sacos terreros en el suelo, suponemos, que para contener derrumbes en época de lluvias. Tuvimos una pequeña e inesperada encerrona por un par de monas con sus crías y sus protectores, que casi, nos causan un disgusto.

          El lago es muy chulo y tiene un templo y un mirador, desde donde se ven con un telescopio, de pago, , allí instalado, hasta 16 puntos de interés, en los escasos días, que no hay niebla ( hoy no es el caso ).

Explotación humana y animal, en Matheran


 

lunes, 18 de marzo de 2024

El tren panorámico "de juguete", de Matheran

           Queríamos evitar a toda costa el fin de semana, para tomar el tren panorámico a Matheran, porque son los días más concurridos. Al final, no pudimos evitarlo y nos llevamos la segunda en la frente, porque hace año y medio ya fracasamos en el primer intento de llegar. El caso es, que el domingo nos pusimos a la cola, madrugando bastante y cuando quedaban unas diez personas delante de nosotros, se acabaron los billetes. Se puede subir en taxi compartido, pero no es lo mismo. Decidimos, si o si, intentarlo a la mañana siguiente. Ya que no nos quedaba otra - salvo la comida, Neral no dispone de ningún atractivo y es un caos-, asi que holgazaneamos en la habitación, durante toda la jornada, recuperándonos de la alergia, de las letales picaduras y de los supuestos bichos de la cama. Al menos, aprovechamos el buen wifi. Nos sirvió para adquirir los tres tramos aéreos pendientes: -Bombay- Kuwait -Estambul-Milan-, que nos llevarán a casa el próximo día 26.

          Habíamos regresado al hotel del día anterior, pero nos dieron otra habitación diferente, al no disponer de personal de limpieza en festivo .Más pequeña, pero más recogida y con menos luchas nocturnas contra los agentes agresivos y patógenos.

          A la tercera fue la vencida. El lunes nos levantamos aún más temprano, para pillar puestos punteros en la cola y conseguir los preciados billetes, que han subido casi un 30% en año y medio. Aunque, más lentamente, que ayer, el puntual tren se fue llenando, fundamentalmente, de turismo familiar nacional con muchos críos, con las molestias, que ello conlleva. Casi tantas, como los estrechos e incómodos asientos.

          El paisaje es entretenido, aunque no muy espectacular. La niebla de fondo -a pesar del radiante sol-, nos impide ver los sitios más distantes. Se va alternando el paisaje de vegetación intensa -muy seca y rodeada de maleza-, con las imponentes zonas rocosas, que forman salientes y precipicios. El tren tiene tres paradas antes de llegar a destino , la última de ellas es a la que arriban los taxis compartidos. 

          En el recorrido se atraviesa un túnel llamado "del beso", que mas bien debería ser el del "piquito" por su breve instante de oscuridad. En total, casi tres horas de trayecto para 20 kilómetros y 800 escasos metros de desnivel. En Neral, 40 grados. Aquí, en destino montañoso, 34. ¡Casi estamos por ponernos la chaqueta!

🙉 Monos al acecho de nuestra habitación 🛏️


 

Mirador, desde Matheran


 

Horseland, en Matheran


 

Calle principal de Matheran


 

Panorámica de los alrededores de Matheran (lástima de niebla 🌁)


 

Templo en el lago Charlotte, en Matheran


 

Lago Charlotte, cerca de Matheran


 

Lago Charlotte, en Matheran


 

Camino de Matheran


 

Tren 🚄 de montaña ⛰️, de Matheran


 

Tren 🚂 panorámico "de juguete 🪀", hacía Matheran


 

domingo, 17 de marzo de 2024

Siete motivos que te indican, que ya estás sobrando en India

           Aunque el final de este décimo viaje largo estaba previsto desde un principio para los albores de la Semana Santa, no es menos cierto, que uno sabe perfectamente, cuando está sobrando aquí, en India. El detonante final ha sido el insoportable calor. Hemos pasado de los 30-32 grados de las costas de Gujarat, a , los 40 en nuestra actual estancia en Maharastra. Y las previsiones para los próximos días son más aterradoras. 

          A pesar de los siempre potentes y eficaces ventiladores, estas temperaturas  extremas empiezan, a sacar las deficiencias más flagrantes de los alojamientos y fundamentalmente, de la mayoría de los colchones. En las últimas jornadas, hemos padecido las mordeduras de algunas chinches - o similares-, las feroces picaduras de los incansables mosquitos y alergias por el calor y la humedad, manifestadas de formas diversas. La realidad es, que tenemos la piel destrozada, incluida la de los brazos, cuello y cara, en este caso, destruida por el omnipresente e implacable sol.

          Pero climatología al margen, volvamos al asunto inicial de cuando uno empieza, a darse cuenta, de que sobra en India y que debe huir cuanto antes. Los síntomas pueden variar en el orden de aparición pero son siempre los mismos :

          1.- Perdida paulatina de la capacidad de aguante en todos los medios de transporte, comenzando en los más incómodos, como los cercanías y cacharros con ruedas, de proximidad y trasladándose poco a poco, incluso, a los más cómodos como el sleeper.¿ Quién aguantaría ahora las más de 43 horas de tren, que nos hicimos entre Delhi y New Jalpaiguri?

          2.- Reducción paulatina del tiempo de exposición en las calles, llegando a ser mínimo durante los últimos días. Hartos ya del insoportable tráfico, de los buscavidas y los pedigüeños, empiezas a pensar, que tienes altas posibilidades de sufrir un accidente o cualquier otro percance.  De hecho, está tarde me ha atropellado ligeramente una moto, después de que mi pareja dijera que, que bien había ido este viaje, cuando aún le quedan diez días .

          3.- Empiezas a eliminar destinos, solo por el cansancio, que genera llegar hasta ellos. No solo los prescindibles, sino también, los de perfil medio y a veces, hasta los importantes, aunque la verdad es, que de esos y una vez visitada Palitana,  a nosotros ya no nos queda ninguno.

          4.- Empiezas a eliminar los gastos más superfluos y te conformas con casi cualquier cosa con tal de no caminar demasiado para conseguirla.

          5.- Aburrimiento extremo con la comida , hasta con la que mas te gustaba al principio. A ello contribuye también la escasa variedad, que te va minando. En mi caso concreto, cada vez voy dando más importancia a la cerveza y al güisqui, que a la propia alimentación.

          6.-  Cuando compras los billetes de avion de regreso, aunque  queden tres días para tu marcha, las horas se te empiezan a hacer lentas e insoportables. Es entonces, cuando empiezan las irrefrenables ganas de tirar todo o la mayor parte del equipaje, que te ha acompañado, a la basura.

          7.- Pero el síntoma más evidente de que ya estás sobrando en este país es, cuando tu indiometro sube hasta índices de alarma insoportables y está a punto de estallar. Esta gente y en general -con pocas excepciones- es insoportable y salvaje siempre, pero al principio y con resignación, lo vas sobrellevando. Cuando te moleste cualquier cosa o te enfades con ellos varias veces al día, ha llegado el momento de largarse.

          Y eso es, lo que haremos en los próximos días a traves de cuatro vuelos. El primero, con Air India, desde Bombay, a Kuwait. El segundo y el tercero nos transportarán, con Turkis, entre esta última ciudad y Bérgamo.  Para este mismo tramo, nos habíamos ahorrado algo de dinero, volando con Pegasus, pero hemos optado por la comodidad y la comida, porque estamos muy castigados. Y el cuarto tramo nos llevará desde la ciudad italiana a Madrid. En total, unos 220 euros cada uno.        

          

¡A casi cuarenta grados a la sombra, aquí ya sobramos!


 

sábado, 16 de marzo de 2024

Camino de las montañas de Matheran

          Dejamos con pena y con pereza , Daman, aunque nos llevamos una buena remesa de güisqui para los próximos días. Eso que habíamos cogido algo de miedo, pero lo llevamos bien escondido. En el arco fronterizo, está vez, no aparece ningún policía. En las cinco ocasiones desde Daman y Diu a Gujarat y en este sentido, hemos vivido tres situaciones diferentes: sube un madero y registra a algún lugareño joven, sube pero baja enseguida y no revisa ningún bulto y directamente, en el bus no aparece nadie .

          Tras desayunar copiosamente, tomamos un tren desde Vapi a Mumbai Central. Vamos en segunda con aire acondicionado y viajamos hasta holgados, pero a mitad de camino se rompe el cacharro del fresquito y nos asamos como pollos al ser las ventanas del vagón herméticas. Ahora, debemos cambiar de estación, hasta la de Dadar. Otra de las terminales de Bombay. El transbordo es rápido y en no mucho tiempo estamos camino de Neral, para llevar a cabo, mañana, la visita de Matheran. Ya quisimos hacer está excursión, cuando estuvimos aquí, hace año y medio, resultando imposible, por las aglomeraciones de sábado y los escasos trenes panorámicos. Pero a nosotros, afortunadamente, la vida nos suele dar segundas oportunidades.

          El cercanías va abarrotado, mientras en la calle se ronda los 36 grados. No hay peores experiencias en India, que viajar en los trenes de proximidad a cualquier hora del día o en el metro de Delhi en horas punta.

          En Neral, nos acoplamos en el alojamiento de la otra vez. Han reformado algo el hotel y eso se nota en los precios. Parece ser que en Matheran solo hay tres establecimientos donde admiten extranjeros y todos ellos tienen unos precios disparatados, por lo que es posible, que debamos volver a recalar aquí despues de llevar el bulto todo el día. Porque no podemos arriesgarnos a pagar una noche más y luego quedarnos tirados en nuestro montañoso destino.

          Seguimos buscando vuelos para regresar a casa en la inminente Semana Santa, que nos está complicando bastante las cosas como ya nos ocurrió en el noveno viaje largo, que nos coincidió con las Navidades. De momento, solo hemos comprado un vuelo europeo desde Milán a Madrid. Desde Bombay a la ciudad italiana barajamos varias opciones con Gulf Air, Turkis y Pegasus Airlines 

          El día 25 se celebra la festividad del Holi y nos lo vamos a perder por escasas horas, pero no hay forma de cuadrar las cosas de esta semana. Quizás y con el mismo  visado de un año, nos desquitamos viniendo al Khumb Mela, en enero del próximo año. Ya iremos viendo.

¡Bendita India de los monzones!

           Llevamos 57  días -49 en India- de viaje, de los que ha llovido uno -fue en Viena, donde esta vez, ni siquiera bajamos a la ciudad y ha pinteado, levemente, otro, en Calcuta. La mayoría de la gente está muy equivocada cuando piensa, que viajar a India -o al sudeste asiático - en época de monzones es un error. Es verdad, que las lluvias son torrenciales, pero suelen pasar pronto. A cambio, los cielos están nublados y la temperatura baja con las tormentas 

          Sin embargo, ahora, nosotros estamos sufriendo temperaturas, que rondan los 35 grados; hace tres semanas, que no vemos una sola nube y estamos sufriendo con resignación y de largo, la India más polvorienta jamas vivida, a pesar de que a manguerazos o con cubos -cada comerciante en su zona - rieguen -encharquen, más bien-parcialmente las calles. No me extraña, que los lugareños se pongan tan contentos, cuando llegan las primeras precipitaciones monzónicas.

          Hemos vuelto a Daman y nos hemos aburguesado, paseando ya poco y dándonos a la cerveza y al buen güisqui de 45 rupias (unos 50 céntimos, la botella de 180 mililitros). La razón de no tener prisa es, que hemos encontrado un alojamiento, que ofreciendo casi lo mismo, nos cuesta la mitad, que la vez anterior.

          Mañana, probablemente y con Barhein, compremos el vuelo de vuelta, a Milán (ya tenemos adquirido el de esta ciudad a Madrid, con tiempo, por volar en plena Semana Santa.

          En las próximas horas -si no lo retrasamos más-, iremos en tren, a Bombay, para visitar destinos de naturaleza, como Matheran y los alrededores, de Lonevala. En el primer lugar, tratamos -hace unas jornadas- de reservar alojamiento por Booking, dado los precios tentadores. En el primer hotel -y la plataforma lo consiente-, nos rechazaron por extranjeros, por lo que tuvimos nuestro primer "no rooms" cibernético, en cinco viajes al país. En el segundo, nos piden una transferencia de la  mitad del importe de la habitación para garantizar la reserva ya garantizada: 360 rupias (no llegan a 4 euros). Aquí, no te dejan de tomar el pelo hasta el último día.

miércoles, 13 de marzo de 2024

El tren ya tiene cierta competencia: los autobuses estatales mejorados

          La mejor  manera  de viajar por India - lo decimos nosotros y el 90% de los viajeros - es en tren. Muchas veces es más veloz, que hacerlo en coche por carretera. Pero este medio de transporte -aparte de sucio, masificado y con constantes retrasos, tiene dos inconvenientes principales: no llega a todas partes -aunque, si a la mayoría - y la dificultad para obtener billetes, sobre todo, con reserva en el sleper (la más barata de las dignas).

          Nosotros y después de haber viajado e más de 50 nocturnos y aunque con algún contratiempo, siempre habíamos tenido suerte y con un par de días de antelación -gracias, a veces, a la cuota para extranjeros -, siempre habíamos tenido una plaza. Pero en nuestros dos últimos intentos, el fracaso ha sido rotundo. Así, que no conseguimos asientos, ni para el Vapi Ratnagiri, ni para el Bombay Ratnagiri, ni tampoco, para volver, desde Junagadh, a Vapi. Es entonces y para largos recorridos, donde entra en juego el autobús y sus diferentes modalidades (omito las de corta distancia)

         Digamos, que hace algún tiempo y para trayectos largos, había dos fórmulas: autobuses privados -poco frecuentes y limitados trayectos- y los desastrosos estatales, que circulaban, básicamente, donde no llega el tren (muy frecuentes en los Himalayas, con noches llenas de sufrimiento de culo y espalda destrozados).

          Pues bien en este viaje y en los trayectos Tezpur Siliguri y el de Junagadh Vapi, hemos visto una novedad muy razonable, que no sabemos, si ya existía antes por aquí o se ha incorporado ahora en todo el territorio.

          Se trata de los autobuses estatales mejorados. Sin ser mucho más caros, que los otros, los asientos son más confortables, en vez , de 3+2,  llevan 2+1 y también incorporan literas arriba (nosotros preferimos ir sentados).

          Creedme, que no es mala fórmula. Las ventajas son, que no tienes, que aguantar a tus compañeros de sleper; que la gente se alborota menos -al ir más separados-; que no hay vendedores -constantemente--, que las paradas son más cortas -menos las de parar para la cena- y que a tramos, el cacharro coge buena velocidad. El principal inconveniente es que no puedes alterar tu posición y para muchas horas acabas destrozado corporalmente.

El inicio de la cuenta atrás

          La segunda  noche en el alojamiento de Junagadh volvieron los picores en brazos, piernas y manos, aunque menos intensos. Como medidas de emergencia y a las seis de la mañana, dimos la vuelta al colchón y empapamos las sábanas, pero con el ventilador a tope, salía frío del colchón y debimos apagarlo. Fue entonces, cuando aparecieron los mosquitos, a los que no habíamos invitado a la fiesta.

          Por la mañana, entre el polvo y un calor insoportable, tratamos de hacer el último intento de reservar plazas, a la costera Ratnagiri. Es el tercero, que llevamos a cabo en los últimos días (dos desde Vapi y este, desde Bombay). El primero era un tren especial por el cercano Holly - no lo pillaremos esta festividad por tan solo 24 horas y nos da pena- y el el segundo, nos mandaron a la posición 66 de la lista de espera. Hoy, a la 200 y eso, que faltan  cuatro días para la fecha de salida. Desistimos y buscamos el plan b de nuestro recorrido -más cómodo, incluso -, que consiste en dedicar la última semana del viaje a los alrededores de Bombay, disfrutando de laen naturaleza, despues de tanto estres acumulado. En concreto, a los extensos extrarradios de Lonevala -donde ya visitamos hace año y medio las cuevas de Karla- y en Matheran, excursión fallida en ese mismo viaje por coincidir con un sábado, cuando el tren de juguete, que lleva hasta allí, estaba colapsado por los viajeros nacionales. Hemos aprendido e iremos en jornada de diario.

          Casi quince horas duró el regreso desde Junagadh hasta Vapi, pero sobre ese asunto, se escribe una entrada posterior. 

          Al llegar a este destino, tomamos el hotel de la otra vez y el check in, fue más sencillo y corto. La tarde la pasamos vagueando, pero por la mañana, estuvimos a punto de tener un disgusto. Nos fuimos a Daman, a cambiar dinero -en una agencia de viajes con productos de bazar en todas sus estanterías, en una bocacalle de la principal, con excelente tasa y llamada Abhi Fly y Fly Travels-, a comprar comida -más rica, que la de Vapi- y a adquirir cerveza y alcohol, estando con la despensa vacía.

          Al llegar al arco -que hace de simbólica frontera-, subió un policía, pero está vez, empezó a palpar equipajes, de indios jóvenes. Afortunadamente, el nuestro se lo saltó -y el de una chica -, porque con cuatro botellas de cristal, no tendría, que haber investigado mucho. Creemos que con los extranjeros hacen la visita gorda, pero en realidad, no sabemos que puede pasar , si te pillan con la mercancía. ¿Simple requisamiento o acusación de delito y consecuencias inciertas? . Esperemos que la duda siga, porque aún nos queda otro viajecito.

lunes, 11 de marzo de 2024

¡Con los precios de las visitas turísticas, a tomar el pelo a otros!

           Puede haber, quien se extrañe, de que después de miles de kilómetros recorridos, del sufrimiento en los transportes, de las carencias alimentarias, de las decenas de aventuras vividas, de la empatía/odio con la población local, del demoledor calor de primeros de marzo...no nos estiremos y paguemos los poco mas de cinco euros, que cuesta el fuerte de Junagadh.

          Para estos, que se sorprenden, darles un dato bien clarificador: hemos estado cuatro veces en Agra y todavía no hemos visitado el Taj Mahal. Simplemente, porque no nos da la gana entrar en el juego de las autoridades indias, ya sean locales, estatales o centrales. Para los habituales de nuestras andanzas, este hecho no les extrañará nada.

          Nosotros, como viajeros concienciados y defensores de la igualdad entre sexos, nacionalidades y religiones -entre otros- no podemos permitir ser discriminados, por el mero hecho, de que cuatro avispados sin escrúpulos y con tintes altamente corruptos, quieran hacer caja a consta de los cuatro guiris mensuales, que podemos venir aquí (en dos días no hemos visto ninguno).

          ¡Lo hacen, además, de forma tan descarada, que no ocultan su alegría -como si hubieran visto a Dios-, cuando avistan a un extranjero. ¿Podemos aceptar con naturalidad y sin sentirnos humillados, que por lo mismo, nos quieran cobrar veinte veces más -exactas-, que a los nacionales?.

          Y después y sin ser siquiera un dotado lumbreras, está la comparativa y el que te tomen por tonto en tu propia cara. El precio de las dos entradas al fuerte de Junagadh, equivale en precios locales, a lo siguiente: una noche de hotel de precio medio, 1.700 kilómetros de un viajero en clase sleper de tren, casi la mitad de la visa de 30 días de un extranjero, 10 platos de arroz biryani con pollo en un restaurante, 100 samosas o bondad en un puesto callejero, 10 kilos de snaks en una tienda del mercado, 200 paquetes de galletas, 200 plátanos en un puesto de fruta -o 12 kilos de uvas-, 14 cervezas de 65 centilitros en los estados más baratos o cinco litros de whisky en Daman.

          ¡Con los precios de las visitas turísticas a tomar el pelo a otros!

Junagadh, polvorienta y abrasadora

           Por la mañana, al llegar a Junagadh, la elección de hotel, nos pareció bastante adecuada. Habitación grande, limpia y luminosa, con baño impecable y con un potente ventilador, además de buen wifi. Pero, no tuvimos en cuenta, que estábamos en el último piso y que el sol caía de plano todo el día sobre el tejado y en los amplios ventanales. Cuando llegamos por la tarde, -con 36 grados en la calle -, la sensación de asfixia era devastadora y así siguió -mientras el ventilador removía a lo loco el ardiente aire- durante toda la noche. De madrugada y llevando dos horas dormido, me comenzaron a picar los brazos, las manos y las piernas, en forma de una reacción alérgica virulenta, que me acabó de amargar la madrugada. ¿Bichos en el colchón o reacción brutal al calor y a la humedad excesivos?

          A pesar de tener más de ciento cincuenta mil habitantes, Junagadh es una ciudad cacharro, polvorienta -como ninguna de las anteriores-, con muchas calles sin asfaltar y plagada de basura y escombros.

          Las temperaturas extremas y la pobreza gastronómica logran , hacen que la estancia sea aún mas desagradable. Al menos, no pululan demasiados pelmas.

          Al margen de esta dura realidad cotidiana tres son los motivos para venir hasta aquí.

          Primero.El Mausoleo Mahabat Maqbara, deslumbra, al ver su colosal puerta, situada enfrente de la estación de trenes y tú, te dices: "por dentro será maravilloso". Y cruzas el umbral y llega el chasco, porque te topas con decenas de desordenadas chabolas con los pobres niños trajinando, sin rumbo, con el edificio abandonado de un antiguo mercado, con otras viviendas de aluvión, con cuatro tiendas cutres y vacas y gallinas, comiendo del inmenso basural , que rodea el complejo del mausoleo. Además de la tumba, tiene una mezquita y otros edificios religiosos, impecables.

          Segundo. El fuerte Uperkot, que en su interior tiene una mezquita, unas cuevas budistas y unos pozos típicos, de Gujarat. El camino hasta llegar es frenético y peligroso, pero merece la pena hacerlo andando, porque se contemplan templos musulmanes e hindúes, iglesias con arcos góticos, tumbas, estupas y edificios tan bellos como decadentes. El disparatado precio de entrada son 500 rupias -25 los indios- por lo que sin dudar, decidimos, no entrar. No parece sensato pagar por una visita, lo mismo, que nos cuesta la habitación de hotel. No solo nos ahorramos el timo, sino que al regresar, mi pareja se encontró 300 rupias tiradas en el suelo.

          Tercero. Templos hinduistas y jainitas, que están a las afueras y a los que se llega subiendo diez mil escaleras. Nosotros, ya tuvimos bastante con los tres mil de Palitana y además, habíamos leído alguna opinión que rebaja las expectativas de esta esforzada excursión.

          Mañana y en autobús, regresamos a Vapi. Matheran y otros puntos de Maharastra nos esperan, antes de poner punto final al viaje, durante la Semana Santa 

Estupas en Junagadh


 

domingo, 10 de marzo de 2024

Accidentado camino de Junagadh


           Nos levantamos con mucha pereza para abandonar Diu, después de tres noches seguidas de aire acondicionado. Nos dirigimos a la explanada, delante de la muralla, que hace las funciones de estación y llega el primer desconcierto del día. Nos habían asegurado - y lo confirmamos en dos momentos distintos -, que a las nueve, había un autobús directo, a Junagadh y ahora, nos dicen, que no. Una chica, con buen inglés, nos agranda la confusión: sí existe y es el que parte para Rajkot, pero se necesita reservar plaza. ¿Reserva? ¿Y donde? Si, aquí lo único, que hay son una especie de agencias, que consisten en una silla, una mesa y una sombrilla, que no ofertan nuestro destino.
 

        Al final , nos recomiendan , que cojamos un vehículo, a Una, ciudad ya de Gujarat, que se encuentra a 12 kilómetros y a media hora de travesía. Asi lo hacemos. Al salir de Diu, tras pasar el puente, sube un policía al bus, que va a registrar el equipaje de un pasajero en concreto : Alarma! Si nos toca a nosotros, nos requisaría todas la reservas alcohólicas , que llevamos para el resto de días en este estado seco. Afortunadamente, esto no nos ocurre.


        Tenemos suerte y nada más llegar, a Una, parte un viejo y abarrotado bus, a Junagadh. El peor, sin duda, que hayamos abordado en todos nuestros viajes, en India. Y encima, nos toca en la última fila, al despiadado sol. La carretera es infernal, está llena de baches y en vez de arreglarlos, no se les ha ocurrido otra cosa, que colocar resaltos -esas elevaciones para frenar la velocidad -, por lo que vamos de bote en bote, con el culo y la espalda machacados y casi, dando con la cabeza en el techo. Cada vez, que el conductor para - lo hace varias veces -, nos asfixiamos de calor. En total y para 148 kilómetros, tardamos cinco horas y cinco minutos.

          Hemos viajado por peores vías y en cacharros más nefastos, pero una conjunción de ambos aspectos tan brutal, no se nos había dado nunca.

          En Junagadh, a 36 grados, buscamos un hotel recomendado por la Lonely Planet, pero este ha cerrado. Menos mal, que al lado de la estación hay un par de ellos, donde nos aceptan, pagando casi la mitad, que en Diu, aunque como era de esperar, perdemos vel aire acondicionado.

          Solo nos quedaba gestionar, como salir de aquí, hacia Vapi, a poder ser, mañana por la tarde. Es domingo y la oficina de reservas de la estación de trenes está cerrada, por increíble que parezca. En la de buses nos dicen que circula un vehículo diario, pero que para el lunes, ya está completo. Contrariados, compramos boletos para el martes 

Complejo religioso de Junagadh


 

Puerta 🚪 lateral del mausoleo, de Junagadh


 

Otro del mismo mausoleo, en Junagadh


 

Mausoleo Mahabat Maqbara, en Junagadh


 

Junagadh: acceso principal al mausoleo


 

sábado, 9 de marzo de 2024

Las afueras de Diu

           A pesar de ser sábado, en este hotel si nos respetan la tarifa de ayer, por lo que no cambiamos de alojamiento, lo cual, es muy de agradecer, teniendo en cuenta el intento calor y el evitar hacer y deshacer el equipaje.

          Ayer,  Diu nos había gustado, aunque no con dudas y hoy le hemos encontrado el encanto. La calle principal sigue siendo y estando, como un desastre, pero en nuestros paseos, encontramos otra asfaltada, limpia, tranquila y con varios y espectaculares havelis -mansiones- y palacios. Cerca de la estación de autobuses hay unas cuevas. En Google señalan, que están cerradas temporalmente. Pero nosotros somos bastante más pesimistas y pensamos, que lo están de forma permanente.

          Descubrimos también, que Diu sí tiene paseo marítimo, aunque se encuentra a las afueras junto con otros interesantes atractivos turísticos, como son el Sunset Point Jalandhar, el Heritage Walkway y el Khukhari Memorial. Las playas, como la de Chackrathir, son mucho más chulas y bravas , que en Daman y tienen una arena algo más clara. No visitamos la de Nagoa, con forma de herradura y que está a unos cinco kilómetros, camino del aeropuerto. No está a mucha distancia ni el transitar parece difícil, pero estamos destrozados por el impío sol.

          Si Palitana es la ciudad de las vacas y las escobas y a todas horas están barriendo -más bien, cambiando la mierda de sitio, porque solo la desplazan y no la recogen-, Diu es el enclave de los tractores, los camiones y las mendigas (sí, todas mujeres). Pero son aquí -junto a los perros -, modelo premiun. Ellas bien vestidas, limpias y con la dentadura mejor, que nosotros y los canes, no parecen callejeros.

          Mañana, s no hay contratiempos, nos largamos a Junagadh, en otro bravo esfuerzo a lomos de los buses estatales, poco frecuentes. Ya no nos importa Jamnagar, pero después de leer a algún viajero, no nos hubiera importado llegar, a Darkwa. Pero son 208 kilómetros más y cinco horas de autobús y ya no estamos para eso.

          Hemos comprado por 20 euros el vuelo de Milán, a Madrid, para el día 25. Aún debemos cerrar el transcontinental, con Barhein.

Chakratirth beach, en Diu


 

Una de las playas de Diu


 

Heritage walkwide, en Diu


 

Khukhari Memorial, en Diu


 

Nagar Sheth haveli, en Diu


 

Otro haveli, en Diu


 

Haveli, en Diu


 

viernes, 8 de marzo de 2024

El futuro inmediato

          ¡Parar, parar y parar! Era lo que necesitábamos después de los trepidantes últimos días, especialmente,el sofocante y convulso de Palitana. Y eso, que en Diu los hoteles son bastante caros, aunque de calidad, la mayoría van sobrados y es un milagro, porque casi todos los edificios y accesos, que los rodean están tremendamente ruinosos.

          Parar, no solo significa descansar y recuperar energías, sino aclarar la mente y pensar. Eso es, lo que hemos hecho hoy, además de visitar Diu.
          
          Comenzamos la mañana cavilando, que había que seguir hasta el final -a pesar de los aterradores buses estatales- y visitar Junagadh y Jamnagar.
         
           A mediodía, tiramos la toalla y renunciamos a continuar por Gujarat. Decidimos, volver a Vapi, en autobús con sleeper ( no nos gusta, pero es mejor, que los cacharros ordinarios).

          Y a media tarde, encontramos una solución intermedia, que nos entusiasma más, que volver a Maharastra -a la espera del vuelo de vuelta, desde Bombay - y recorrer destinos muy secundarios (o eso parece).
 
          Haremos Junagadh, olvidándonos de sus diez mil escalones y apostando por el centro y renunciamos, a Jamnagar.

          Desde ahí, tres posibles salidas: tren a Vapi -improbable-, vuelta a Diu y bus a Vapi o autobús a Bhavnagar.

          Ya estamos preparando la vuelta, que en un principio y a finales de marzo, será, probablemente, con Gulf Air y Ryanair.

Diu

          Como si se tratara de una maldición permanente, comenzamos el día con la misma actividad desastrosa, que los tres anteriores. A las diez, debemos dejar  nuestro hotel el mejor del viaje, si no fuera, porque para tener wifi hay, que salir a la escalera-, porque hoy viernes, la tarifa subía 1.000 rupias. Después y al salir a la calle -tremendo calor- descubrimos, que el único banco, donde nos cambian sin comisión está cerrado. Resulta, que hoy se celebra el Maha Shivarati -la noche de Shiva-, uno de los miles de festivales, que disfrutan en India y la banca está chapada. Todo lo demás, abierto, incluida la tienda de licores y cerveza.

          Pero, de repente y sin avisar, nuestra suerte cambió. Preguntando, damos con una tienda de electrodomésticos, donde nos dan un cambio bastante favorable y cinco minutos después encontramos, una habitación muy adecuada, al mismo precio, que ayer, algo mas pequeña, pero con wifi. La segunda de nuestra historia en este país con aire acondicionado. Eso sí, sin la piscina del alojamiento precedente, que no utilizamos.

          A ver: os hemos vendido - y nos lo debéis comprar -, que Sikkim, Darjeeling o Daman no son la India, sino algo mucho más dulce. Pues Diu, si lo es, con toda su crudeza. Empiezo a estar seguro, que cuando la fundaron los portugueses, hace más de cuatrocientos años, estaba mejor, que ahora. Calles "aterradoras" -de día, por el exceso de tierra, de noche, por la ausencia de luz-, sin asfaltar, con escombros por todas partes, basura, tráfico infernal -hay tantos baches, que las motos van dando tumbos-...¡Vamos, lo de siempre!.

          Para colmo, aquí se han debido pensar, que son la Costa Azul de India, porque todo -la comida en la calle escasea, ya que todos los hoteles importantes tienen restaurante-, cuesta aquí más de un 50% a mayores, que de donde venimos. Casi, ni fritanga o fruta -omnipresentes en los destinos anteriores -, para llevarse a la desesperada boca.

          La mayoría de los alojamientos también disponen de bar propio, por lo que solo hemos visto una wine shop, absolutamente abarrotada en todo momento. La cerveza, al mismo precio, que en Daman. Los licores, al doble.

          Los atractivos de Diu son un fuerte -solo labores defensivas y no ciudad, como en Daman- otro, en principio una isla, que fue usada como prisión; cuatro iglesias, la bahía y un mercadillo algo cutre.

La desastrosa Diu


 

Diu island


 

Isla 🏝️🌅 de Diu


 

Fortaleza de Diu


 

Diu


 

jueves, 7 de marzo de 2024

Dudas

           No hemos llegado ni a la mitad de visitas a Gujarat y territorios estatales autónomos y ya hemos sacado muchas conclusiones, ahora, que acabamos de arribar, a Diu. 

          La primera es demoledora, absolutamente: por muchísimos menos, de lo que estamos pasando aquí, nos dimos la vuelta, sin dudarlo, en los estados del nordeste.

          Y la segunda, es generadora de incertidumbre: ¿visitaremos los dos destinos, que aún nos quedan, en Gujarat o huiremos, en breve?. Hay muchas posibilidades de esta última opción, pero en India, nunca se sabe. Enumeremos desgracias.

          1.- El alojamiento: su precio dobla al del resto del viaje, los hoteles son escasos y en la mayoría de ellos no nos aceptan. No porque nos tengan manía, sino por extranjeros, que es otra forma de racismo.

          2.- La comunicación: no solo es, que en varios destinos, no entiendan, ni "how*, sino que todos los letreros o instrucciones aparecen en sus letrujas y numerujos (muy respetables, eso sí).

          3.- El transporte: cuando se acaban los trenes -si has conseguido reservar a tiempo -, comienza la tortura de los autobuses cacharro y con aglomeraciones extremas.

          4.- El calor: rondamos los 34 de máxima todos los días y para la semana venidera dan 52°. Tenemos todo el cuerpo visible, quemado.

          5.- El alcohol: Gujarat es un territorio seco en todos los sentidos: su gente, no llueve, imposible tomarse una cerveza fresquita, porque las espirituosas son ilegales y malditas. En realidad, este problema solo es una molestia, que requiere una planificación adecuada. Para abastecerse de líquidos en Daman y Diu, porque nadie controla, que te lleves la cantidad, que quieras 

          6.-Los alimentos: desde que salimos de West Bengala, estamos comiendo fatal y cada vez, peor. Si lo demas fuera bien esto se aguantaría, pero...

          Finalizamos con estas reflexiones: ¿Ha merecido la pena la visita, a Palitana? El lugar es excepcional, único y mezcla extraordinarios templos con paisaje. A ello, hay que añadir las dificultades para llegar, que solo haya un hotel mafioso y que en el recinto y con el consentimiento de los jainitas, se explote a seres humanos y animales, transportando cosas y personas por las escaleras en condiciones inhumanas. ¡Y, luego van de veganos y guays por la vida!

Está es la información, las conclusiones , cada cual las suyas.

El día horrible: de Palitana a Diu (parte III)

           Hoy cumplimos siete semanas de este décimo viaje largo y para celebrarlo, hemos visto amanecer y anochecer en la calle, nos hemos subido y bajado seis mil escaleras y nos hemos pegado seis horas de autobús y unos cincuenta mil pasos. Pero, vayamos por partes.

          Vimos en el móvil, que en Palitana y en esta época, la primera luz es a las 6:35, así, que cinco minutos antes, ya estábamos en la calle, camino de los templos. ¡Qué maravilla es transitar a esas horas por estos lugares cacharro! Todas las infinitas muestras de cosas, que hay de día, desaparecen -hasta las vacas, que hemos visto más aqui, que en todo el resto del viaje -, de noche.

          Al llegar, nos abordan de forma algo agresiva, los dholi, con sus palos, que son los encargados de subir en volandas  -de diferentes maneras,-a los vagos , gordos y demás, que quieren ahorrarse los tres mil peldaños, que por otra parte, están en muy buen estado de conversación y limpieza, en todo el recorrido.

          Al principio y tras pasar la entrada -nos han dejado meter agua y no han dicho nada de mi cinturón de cuero, al contrario de lo que cuentan otros relatos antiguos-, hay varios templos seguidos, pero pronto desaparecen y la larga escalera rutinaria toma el protagonismo, durante casi una hora, alternando con tramos llanos, que sirven para soltar las piernas. Cada cierto tiempo aparecen puertas donde se ofrece agua a los visitantes -supongo del grifo -, pero no hay un solo baño en todo el recinto.

          Llegado un momento, la escalinata se divide y nosotros tiramos hacia la derecha, que es el camino más popular, sin cansancio alguno y con la respiración serena. Ha pasado hora y cuarto y estamos entrando en unos cuantos maravillosos templos jainitas y viendo otros, igual de fantásticos de frente, que deben ser, los del camino de la izquierda.

          Disfrutamos, casi, como enanos de unos monumentos únicos e incluso y a pesar de los pesados vigilantes, conseguimos grabar algún vídeo. Unos cuantos lugareños, porteadores o peregrinos, se hacen fotos con nosotros, los únicos guiris del día.

          Nos hubiera gustado ascender a los santuarios de la izquierda, pero perderíamos nuestro bus y además, parece, que las vistas de frente  son peores, debido a un grueso muro. La bajada y la vuelta se hace larga, porque el sol, empieza a calentar.

          Al llegar a la estación nos llevamos un chasco. Nos habían informado mal del horario y el bus sale una hora después, por lo que podíamos haber completado la visita.

          Toca coger bus a Talaja, a 35 kilómetros, para cambiar, a Diu. Aprovechamos para comer un picante hojaldre de patata, que será nuestro único alimento, hasta la cena.

          El siguiente bus se convierte en la experiencia más frustrante por carretera de todo el viaje y ya es decir. No solo es el precario asfalto y el vehículo insufrible, sino, que como viene de otra parte, la primera hora vamos de pie y el resto, atrapados por los que se agolpan en el pasillo. Nunca he visto tanta gente en un mismo cacharro y me extraña que no volquemos.

          Tras cuatro horas y veinte minutos, contemplando una bonita puesta de sol y con 35 minutos de luz diurna, llegamos, a Diu. Después de preguntar en más de veinte hoteles -en el 60% no nos aceptan y el resto son caros -,  pagamos la habitación más cara de nuestra vida, en India, para llevarnos la sorpresa, de que el wifi no llega a la habitación.

          Todavía, nos toca buscarnos la vida para la cena, con oferta muy cara y escasa.

          Menos mal, que la habitación la hemos pagado con tarjeta, porque el único cajero, que no cobra comisión está averiado. Desde hace quince días en Calcuta, no hemos visto una sola oficina de cambio. 

          Al menos hemos vuelto al mundo de la cerveza y el alcohol legal, aunque son más caros que en Daman.

Tempos jainitas de Palitana (XIII y último)


 

Templos jainitas de Palitana (XII)


 

Templos jainitas de Palitana (XI)


 

Templos jainitas de Palitana (X)


 

Templos jainitas de Palitana (IX)


 

miércoles, 6 de marzo de 2024

El día horrible: nuestro estreno en Palitana (parte II)

           Llegamos a Palitana, a 34 grados y con el sol machacando la cabeza, la cara, el cuello y los brazos, que ya nos escuecen desde el primer día en Daman. La calle principal de Palitana puede competir, perfectamente,con la de Siliguri, por ser la más desastrosa de India, sino fuera, porque en este último lugar, todo lo tienes a mano.

          Hotel, encontramos uno, que cuesta cinco veces más, que lo que pone en la Lonely Planet. Aún así, no nos queda más remedio, que quedarnos en él, después de rebuscar dos horas y no ver mas que una guest house decrépita donde no nos aceptan. Para nuestra rabia y pillándolos por sorpresa, contemplamos, como nos cobran 1.500 rupias, mientras los nacionales pagan 700 por lo mismo. Aquí, muy jainitas, muy defensores de los animales -primera ciudad del mundo declarada por ley, vegana-, pero para sacarte la pasta, se las pintan solos. Repito: no hay más hoteles aquí, salvo las dharansalas, donde a los extranjeros normales -a los raros, no sabemos -, no nos aceptan ojala ese dinero que te estafan les reviente en las manos.

          Siguiente intento, tan frustrante, como el anterior. Había un bus directo, según las crónicas, cada día, entre Palitana y Diu. Pues, lo han quitado ahora, no solo puedes llegar allí, haciendo cambio en Talaja, sin saber, q que horas hay enlace, por lo que te puedes quedar tirado allí , posiblemente, sin alojamiento.

          Sin perder la moral -tiene mérito -, nos vamos a la estación de tren, para tratar de gestionar billetes futuros, a Junagadh y Jamnagar. Otra en la frente, porque está rodeada de obras y no dispone de reservas anticipadas, a pesar, de que un cartel indica, que estamos en horario.

          Al margen, ni casi restaurantes, ni los socorridos y ya cansinos puestos de fritanga -esta mañana, me comí la samosa más picante de mi vida -, que nos vinieron socorriendo, desde que dejamos Calcuta. 

          Por fin y para prepararnos para las visitas de mañana, tratamos de acercarnos a los templos y su escalera. La Lonely Planet pone 2 kilómetros y 30 minutos. El mafioso del hotel, nos dice lo mismo. La realidad: un camino horrible y congestionado de casi una hora, dando mil vueltas porque vhay que cruzar un puente y en total son casi cinco kilómetros. Entramos en el recinto y vemos unos cuantos templos, bastante impresionantes, sobre todo por el desembolso en construirlos y por la limpieza y el mantenimiento (estos jainitas, no comerán moscas, pero de pasta no andan mal) . Primeras conclusiones: te registran el bolso al entrar -no los bolsillos -, hay que quitarse los zapatos en todas partes y te persiguen, como sabuesos, para que no hagas fotos ni vídeos, pero al menos no te despluman. ¡Continuará!

El día horrible: de Vapi a Palitana (parte I)

           El check out del hotel de Vapi era a las diez de la mañana y nuestro expreso, a Bhavnagar, partía casi doce horas después, por lo que hubo, que entretener el caluroso día con paseos interminables entre el irritante tráfico. Conseguimos llegar andando hasta la puerta de Daman, sita a unos cinco kilómetros, pero no la cruzamos.

          El tren llegó y salió puntual. Iba lleno, aunque no alborotado y se fue vaciando a lo largo de la noche -fundamentalmente, en Ahmedabad -, por lo que cuando llegamos -también en hora - viajábamos casi solos. Esas sensaciones se viven tan pocas veces, en India, que son casi orgásmicas. Se ha tratado de uno de los nocturnos más tranquilos de todos nuestros periplos por este país. Nadie molestó y los vendedores de té -los únicos-,  no aparecieron hasta las 6 de la mañana. De todas formas, hubo un elemento novedoso: el intenso frío y más para nosotros, que íbamos en las peores posiciones del vagón: al lado de cada puerta -plazas 8 y 80-, en las literas exteriores y elevadas, por lo que sufrimos las peores corrientes y no salvamos el tipo, ni con las mantas del avión.

          En Bhavnagar, no había tren a Palitana hasta las cinco de la tarde. Preguntamos e iniciamos el camino andando, hasta la estación de autobuses, unos 25 minutos. No es complicado, ni peligroso, aunque está plagado de basura, escombros y vacas. Otra ciudad cacharro de manual, pero está, con 750.000 habitantes y sin transporte público, a diferencia, de Nashik, que solo es un poquito más grande 

          Los rótulos de la estación y los números, solo en letrujas propias y la comunicación, complicadísima, para preguntar por el bus a Palitana y el andén, que al final era el nueve. Primero, salía a las 9:30, luego a las 10:00 y finalmente, 20 minutos después, en un vehículo indescriptible, por una carretera amedrentadora por su tránsito y baches. Previamente, los de los tuck tuck nos habían tratado de estafar con sus servicios interurbanos, sin ser conscientes, de que les damos sopa con ondas.

          Tardamos 1:40 horas en recorrer los 55 kilómetros de distancia, hasta nuestro destino. Hay tres posturas de los indios en las aglomeraciones, que nos irritan , enormemente. 1. En la calle: se ponen en posición de brazos en jarra y se los van clavando, a todo lo que se mueve. 2. En el transporte, abren las piernas hacia los lados, hasta casi desmembrarse, hasta sacar de su sitio a los compañeros de asiento. 3. En ambos: manos a la nuca con los codos abiertos. Lo que , ineludiblemente, ocurre en el autobús es, que agarran del pelo, a quien viaja detrás.

Templos jainitas de Palitana (VIII)


 

Templos jainitas de Palitana (VII)


 

Templos jainitas de Palitana (VI)


 

Templos jainitas de Palitana (V))


 

Templos jainitas de Palitana (IV)


 

Templos jainitas de Palitana (III)


 

Templos jainitas de Palitana (II)


 

Tempos jainitas de Palitana (I)


 

¡Demasiados esfuerzos!


 

lunes, 4 de marzo de 2024

El día perfecto

           Hoy era un día marcado en el calendario. Ninguna visita nueva, que llevarnos a la boca y si algunas gestiones, que iban a dilucidar si seguimos adelante por Gujarat o tirábamos la toalla, porque 38 días por India nos empiezan a pesar un poco (y eso, que en 2014, estuvimos 89).

          El principal objetivo se antojaba muy difícil: conseguir un billete para hoy, a Bhavnagar, que se halla a 55 kilómetros de nuestro siguiente destino, Palitana. Lograr un pasaje en sleper para el mismo día es algo casi imposible, en cualquier región de India. Nuestros problemas, en este caso, nos los hemos generado nosotros mismos, por nuestra dejadez y placidez, en  los tres días, en Nashik. Si nos hubiéramos ocupado de este asunto entonces, habría sido mucho más fácil conseguir billetes para estas fechas.

          Nos planteamos una estrategia de emergencia de cuatro variantes, con su correspondiente porcentaje de éxito: 1. boletos para hoy, Vapi - Bhavnagar (5%). 2. mismo recorrido para mañana (10%). 3. para esta misma fecha, pero tren directo, a Palitana, siendo el único semanal (10%) 4. billete de segunda clase en recorrido Vapi - Vadodara, todo un sufrimiento y continuar a Bhavnagar en autobús diurno (100%) porque en esa clase no es necesario reservar plaza, pero viajas en  plena jungla.

          Llegamos a la estación de Vapi con la moral muy baja, pensando, que la opción 4 sería la adjudicada sin remedio. Efectivamente, billetes para hoy, nada y para mañana y pasado tampoco. A Palitana, nos mandan a la "wait list". Nos resignamos a nuestra merecida suerte.

          De repente y después de que el taquillero fuera advertido por otra trabajadora, aparecen  dos plazas -de extremo a extremo del vagón -, provenientes de la cuota tatkal, que nunca habíamos utilizado. Se trata de asientos, que se reservan y se venden más caros el día antes de la salida y que desaparecen fugazmente. Hemos tenido la enorme suerte de tomar los dos últimos, aunque viajaremos separados y en malos asientos.

          Como no nos moveremos hoy, ahora nos toca buscar hotel, en Vapi y la empresa resulta tan difícil, como imaginábamos, porque de los diez, que preguntamos, solo nos cogen en uno y poniéndonos muchas pegas. Primero, nos piden un documento indio de identificación y después, nos quieren retener los pasaportes hasta el check out, a lo que nos negamos. Cuando pensábamos, que nos tocaría volver a dormir a Daman, nos lo devolvieron.

          El tercer problema posible era el del alcohol, porque en la vieja Lonely Planet pone, que al salir de Daman y entrar en Gujarat, hay controles policiales para detectar si te lo llevas en el equipaje. Desde luego, si nos lo confiscában, se acababa el viaje por Gujarat, porque no estábamos dispuestos a seguir sin este elemento esencial para paliar el estrés diario. Pues bien: no existe inspección alguna en este sentido, por lo que nos llevamos provisiones para cinco días y repondremos género, en Diu.

          Por la tarde y mucho más relajados, volvimos a Daman, donde nos llevamos un buen susto: un individuo nos empezó a gritar y a acosar por el paseo marítimo. Tratamos de arrimarnos a otra gente, a ver si se marchaba. En realidad, solo quería saludarnos y hacerse una selfie con nosotros.

domingo, 3 de marzo de 2024

Daman

           Hoy cumplimos 45 días de viaje -37,'en este país- y de momento y a diferencia de otros periplos, hemos visto tres Indias distintas: la de toda la vida, que os llevamos contando desde hace tres lustros; la de Sikkim y Darjeeling -también, algunas zonas de Himachal Pradesh y Ladak- y el lugar donde nos encontramos, en Daman, que resulta una versión intermedia, entre el caos absoluto y el orden imperfecto.

          Daman cuenta con más de diez kilómetros de paseo marítimo -dividido en dos tramos distintos -; tiene un bazar cubierto, ostentoso, limpio y ordenado; está casi libre de basura -incluidas las playas- y la gente es relativamente educada (algunos conductores hasta nos han cedido el paso).

          Lo único que nos ha decepcionado de Daman -ademas de la relación  calidad precio de los hoteles-,es su estresante calle principal, que la esperábamos mas colonial. Todo lo demás nos ha encantado.

          Os contamos, lo que ha sido nuestra hoja de ruta de hoy.

          Empezamos la mañana en el coqueto bazar, donde es posible encontrar algunas gangas y después, a través de un muy genuino barrio musulman sin asfaltar y con dos mezquitas -una de ellas, muy bonita-, nos dirigimos a un puente motopeatonal, que te lleva el  fuerte portugués más grande. Tras las murallas y con mucho tráfico, dos iglesias -una medio ruinosa-, una calle de casas coloniales -tipo Panaji-, una florida plaza, varios vestigios de edificios y las magníficas y tranquilas ruinas de un monasterio construido hace más de cinco siglos.

          Saliendo del recinto y a la izquierda se encuentra un faro, que da inicio a un paseo marítimo, que termina después de unos 5,5 kilómetros, en la playa de Jampore. No es nada buena, aunque sí muy colorida, con sus sombrillas, toldos, camellos, caballos tirando de carrozas, puestos de garbanzos, de pani puri... Más que mar, al fondo, hay marismas, pero les da igual, porque los indios, ni saben nadar, ni se bañan. Como mucho, se remojan con la ropa puesta.

          A primera hora de la tarde, tocó la visita del fuerte pequeño, con una muralla más alta y una puerta grande espectacular. A este lugar se llega por una calle de casas coloniales algo decrepitas.Dentro una iglesia, un mausoleo y varias tumbas muy antiguas. En la explanada central, completamente abandonada, unos jóvenes juegan con pasión al béisbol y no nos llevamos un pelotazo de milagro.

          Ya solo quedaba el paseo marítimo principal, de unos seis kilómetros, donde está la playa de esta localidad -de arena negra, como todas aquí -, que sin ser gran cosa, es la mejor de todas. Hacia la izquierda, un templo hindú moderno, estructuras de pescado secándose y muchas barcas enclavadas en la bahía. A la derecha, un agradable paseo de unos tres cuartos de hora, hacia la playa de Devka, mucho más rocosa y más cutre, donde se encuentran buena parte de resorts y garitos nocturnos. Ayer y hoy, dos bonitas puestas de sol.

          Conmocionados hemos quedado al leer en la prensa la violación por siete hombres de una española, en el norte de este país, mientras le ponían un cuchillo en el cuello a su pareja. Recordar, que si no se cometen imprudencias muy gordas o se va a los bares a última hora de la tarde y por la noche, India es un país relativamente seguro.

          Determinados indicios nos indican, que mañana será un día determinante para este viaje.