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miércoles, 15 de abril de 2026

Atrapados (parte XX) La frontera de Armenia

           Recordaréis, que dedicamos buena parte del mes de marzo en este blog a la saga "Atrapados". A ratos y a medida, que vayamos recordando, iremos añadiendo nuevos capítulos. En esta ocasión se trata del vigésimo, ocurrido en 2012, entre las fronteras de Georgia y Armenia.

          Tomamos un tren entre la bellísima y caótica Tiflis y Ereván. Era un convoy moderno, barato y no demasiado concurrido, no viendo más occidentales, que nosotros, entre el pasaje.

          Entonces -no sabemos ahora- el visado, consistente en una pegatina de hoja entera, se podía obtener de manera sencilla en la frontera.

          Sin embargo, durante los días anteriores habíamos detectado algo alarmante: mi pareja no tenía ni una sola hoja libre en el pasaporte.

          Así, la noche anterior y en el austero hotel georgiano, tratamos de quitar uno de los dos adhesivos de dos años atrás, de Zimbabue. El jodido estaba severamente adherido a la hoja dieciséis y no había forma humana de despegarlo de allí y menos, con las escasas herramientas, que portábamos. Cada acción, que poníamos en marcha hacia más grande la chapuza y carnicería en su credencial.

          Cuándo cogimos el tren íbamos casi convencidos, de que nos devolverían en la frontera. A ella llegamos ya bien pasada la medianoche. 

          Se trataba de un lugar lúgubre y oscuro, convertido en una pequeña oficina improvisada, pero la falta de luz no impedía contemplar nuestra chambonada. Al verla, los polis primero se rieron, pero después, guardaron largo silencio, lo que nos colmó de incertidumbre.

          Afortunadamente para nosotros, no hablaban ni papa de inglés. Trataron de explicarnos por señas, que aquello no era muy serio y nosotros -incluso forzándola-, tratando de no perder la sonrisa y de pasar el mal trago.

        El tren estaba a punto de seguir su camino y dejarnos en tierra de nadie, cuando finalmente e in extremis, nos pusieron la pegatina y el sello de entrada. Pensamos, que nos pedirían una cantidad a mayores de la visa por haber hecho la vista gorda, pero no fue así.

          A la mañana siguiente llegamos a Ereván, sin novedad.

          Tenemos nuestras dudas, de que esto lo hubiéramos conseguido en otra frontera del mundo y menos, gratis 

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