Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.
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jueves, 15 de septiembre de 2016

14 "pequeños" destinos imprescindibles en África

Frontera entre Sahara y Maurittania
          Afortunadamente, terminó este insoportable verano, lleno de tardes soporíferas, aunque también de fiestas, conciertos, limonadas, barbacoas... Por diferentes circunstancias -que no vienen al caso- el periodo estival ha transcurrido sin un viaje, que llevarnos a la boca. El debate, a fecha de hoy, es si nos iremos 20 días a Grecia, en octubre; arrancaremos el séptimo viaje largo, en noviembre o pasaremos este año en blanco. Ya iremos viendo.
                                                                                                                                       Rosso (Mauritania)
          Mientras tanto y después de tres meses sin publicar, retomo el blog con el objetivo de haceros llegar catorce “pequeños” lugares de África, que no deberíais perderos en los periplos por este continente. No se trata de sitios famosos, pero si entrañables, encantadores o pintorescos. No se exponen ni en orden ascendente, ni descendente, sino simplemente geográfico, de este a sur y de noroeste hacia abajo. Y además, sin repetir un solo país.

          -Bahariya (Egipto): A unas cuatro horas en coche de El Cairo, este oasis no tendría nada de especial, sino fuera porque a unas decenas de kilómetros, se hallan los desiertos Blanco y Negro, muy sorprendentes, poco turísticos y maravillosos.

                                                               Fadiouth (Senegal)
          -Harar (Etiopía): Se trata de la cuarta ciudad sagrada del Islam y aunque es una gran urbe, su centro histórico se presenta bastante recogido y muy atractivo, con casi cien mezquitas de diferentes épocas, bellas casas tradicionales y calles gremiales, a casi 2.000 metros de altitud.
Vilankulos (Mozambique)
          -Lamu (Kenia): La más antigua y tradicional ciudad swahili del África oriental, ofrece encantadoras calles, que parecen haberse detenido en el tiempo, además de gentes muy amables y bonitos paisajes de mar. Quizás, no sea tan bello, como Zanzibar, pero sí, mucho menos turístico.

          -Namanga (Tanzania): Se trata de un pueblo de unos 10.000 habitantes, en la frontera con Kenia, que penetra parcialmente en este país. Es uno de los lugares donde contemplar la cultura masái en estado puro, sin la contaminación de las agencias de viajes y sus tours. Las celebraciones religiosas musulmanas están a la orden del día.
                                                                                                                                                 Djenné (Mali)
          -Chipata (Zambia): A pesar de no ser un núcleo muy pequeño, la ciudad conserva su indiscutible talante rural y agrícola, dentro del parque nacional de Luangwa del Sur. El mercado es puramente africano y sus gentes resultan entrañables, en un país, donde la hostilidad hacia los extranjeros blancos se hace incuestionable.

          -Michinji (Malawi, en la frontera con Zambia): Malawi es de las naciones más pobres del planeta, pero el turista siempre es bienvenido y -en la medida de lo posible- agasajado. Tiene todos los encantos de las pequeñas ciudades de frontera y ninguno de sus inconvenientes. Al menos, durante nuestra estancia, las actividades lúdico-festivas nos llenaron de gozo.
-Vilankulos (Mozambique): Una de las joyas de este país, algo dispersa -como es frecuente, en África-, pero encantadora, donde parece que uno ha retrocedido varios siglos atrás, cuando se observan las artes de la pesca y preciosos barcos, que parecen sacados de una película medieval. Me ha costado decidirrme entre este núcleo urbano y Cuchamano, en la frontera de Zimbabwe, uno de los lugares más entrañables del continente.

                                                                                                Michinji (Malawi)
          -Kariba (Zimbabwe): Disperso enclave de cultura y tradiciones muy rurales, donde contemplar animales salvajes está a la orden del día. Nosotros llegamos a fotografiar elefantes a dos metros de distancia, además de ver hipos, cebras y otras muchas especies. Afortunadamente, nuestras imprudencias no tuvieron castigo.
                                                                                                                                    Mamamga (Kenia)
          -Tozeur (Túnez): Que yo sepa, se trata del mayor palmeral del mundo, donde acabamos odiando y vomitando los dátiles, debido a los excesos, que como otras tantas veces, cometemos. Un lugar con mucho encanto, con pocos viajeros y con ningún pelma.

           -Mulay Idris (Marruecos): Después de siete viajes al país, resulta difícil elegir un sólo sitio. Nos quedamos con este, por ser poco conocido y maravilloso. Enclavado en una roca, se puede disfrutar de sus estrechas calles empedradas, las colinas adyacentes y las cercanas ruinas de Volubilis.            Lamu (Kenia)


          -Frontera de Sahara Occidental: Los cinco o seis kilómetros, que separan este país, de Mauritania, se constituyen en una de las experiencias más alucinantes para el viajero. Territorio salvaje, lleno de minas y coches quemados, donde sin un conductor experto, se pierde la vida, seguro. No hay más población, que los numerosos empleados y buscavidas chantajistas de los puestos fronterizos.
                                                                                    Harar (Etiopía)
          -Rosso (Mauritania): Otra localidad fantástica de frontera, sino fuera por sus lamentables y tenebrosas infraestructuras hoteleras. Existe un mercado -al menos, los domingos-, genuino, muy animado y maravilloso.

          -Fadiouth (Senegal): Conectada por un largo puente de madera con la población de Joal, esta isla artificial llena de conchas, resalta la cotidianidad y convivencia de cristianos y musulmanes -con sus respectivos cementerios- en plena Petite Coté. ¡Un momentazo!.

          -Djenné (Mali): Sus construcciones tradicionales en adobe, hacen de este lugar un destino incomparable, sobre todo, si se visita los lunes, día del animado y bullicioso mercado, donde conocer gente y comer mil cosas distintas, resulta bastante factible. ¡Recomiendo las sabrosas albóndigas de pescado!.
Entradas  a monumentos egipcios

domingo, 24 de febrero de 2013

Y al principio no nos gustaba

                                                          Todas las fotos de esta entrada, son de  Roma
        Corrían los primeros días de agosto, de 1.989. Realizábamos nuestro primer interrail -que no viaje al extranjero-. a través de Francia, Holanda, Alemania y norte de Italia. Nuestro objetivo final era, recorrer la costa Dálmata, pero al llegar a Trieste, acabamos desistiendo de este plan. El tren, que iba hasta Split, tardaba  más de 16 horas, era demasiado viejo e incómodo -tengo la certeza, de que con veinticuatro años más, hoy aguantamos mejor estas condiciones- y estaba abarrotado, con la gente arremolinada o tirada por los pasillos, dando gritos, como bestias.


Reconsideramos distintas opciones y finalmente, acabamos tomando un confortable expreso nocturno. hacia la Ciudad Eterna. Fue así, de esta forma tan abrupta e inesperada, como tuvimos nuestro primer contacto con Roma. Hoy en día y fuera de España, es la segunda ciudad, que más hemos visitado -en diez ocasiones-, después de la maravillosa Venecia (unas 15 veces).


Lo curioso es, que en esa primera cita. Roma apenas nos gustó. Salimos absolutamente, decepcionados y en esa ridícula disputa, de ¿cuál es más bonita? , nosotros abogamos claramente, por sobreponer, por amplio margen, a Florencia sobre la capital de Italia.

Roma nos pareció, sin más, una urbe llena de «escombros» arqueológicos -con la excepción del Coliseo-, de polución, escasamente limpia y con sus famosas plazas o el singular Trastevere, vacíos. Y para colmo, la Fontana di Trevi sin agua, en obras y medio tapada. 

Tan sólo nos sentimos aliviados, por el frescor del agua de las numerosas fuentes, por colarnos en los autobuses públicos y por los inigualables museos del Vaticano. Ni siquiera, la pizza nos pareció la mitad de lo que habíamos esperado. ¡Demasiada masa para un chorrin de tomate, un puñado de orégano y una mozarella, casi invisible!. ¡Y la cerveza inaccesible, para unos estudiantes con beca, de tercero de periodismo!.


Evidnetemente, de aquella imagen de Roma, hoy nos queda bien poco. Tal vez, el cansancio -era nuestro primer viaje al extranjero de un mes-, el asfixiante calor, algunas obras paradas. el estar casi todo cerrado y la ausencia por vacaciones de los lugareños, se convirtieron en un diabólico cóctel, que nos transformó la realidad. Por eso, siempre recomiendo no visitar Roma en agosto.


Habitualmente, nosotros usamos una forma bastante objetiva -sobre todo, en Europa-, de medir el encanto de las ciudades: lo que nos van ilusionando en las visitas posteriores, a la primera. Praga nos pareció bellísima, pero la cuarta vez, se nos tornó vulgar. Cracovia, París, Londres, Amsterdam, Dubrovnik o Estocolmo, solo aguantaron hasta la segunda. Estambul nos pareció incomparable, en !.994 y 1.997 y nos decepcionó altamente, en 2.008 y recientemente, en 2.012.


Después de diez visitas, aún hoy, Roma nos sigue pareciendo estaxiante y por eso -con el permiso de Venecia-, la calificaría como la ciudad con más encanto de Europa. Por lo tangible. Pero aún más, por lo intangible. Y después de estar en Vietnam, Kenia, India o Bolivia, por poner unos pocos ejemplos, nunca volveremos a decir, que el tráfico en la ciudad, es alocado y caótico.


Cuatro o cinco días es el mínimo, para descubrir esta increíble ciudad, durante la primera visita. Nuestras últimas, han sido por circunstancias diversas, mayoritariamente, de una sola jornada, en la que siempre y metódicamente, llevamos a cabo el mismo recorrido, caminando.

A saber. Partimos de la estación de trenes, de Termini y vemos las magníficas iglesias, que hay de camino al Coliseo. Contemplamos el Foro, sus alrededores y el Campidoglio. Desde la plaza de Venezia, enfilamos hacia el Trastevere, donde paseamos, tomamos unas cervezas y, a veces, almorzamos. De ahí, al Vaticano y al castello de San Pietro.


Por la tarde, es hora de explorar las inmediaciones de la vía del Corso, que une la plaza  de Venezia con la del Popolo: a la derecha, la Fontana di Trevi y la plaza de España. A la izquierda, el Panteon y la plaza Navona. Si aún sobra tiempo, nos acercamos hasta la villa Borghese.

A pesar de repetirlo varias veces, nos sigue resultando igual de excitante.

Casi siemrpe, es un buen momento para escaparse, a la Ciudad Eterna. Pero, el mes que viene, con el circo religioso, que se nos viene encima, la experiencia puede resultar aún más apasionante. 

miércoles, 23 de marzo de 2011

Cosas, que pensamos que nunca haríamos -o soportaríamos- y que nos resultan tan naturales, ahora

            Viajar por África subsahariana, te cambia la mentalidad. Debes aferrarte en cada momento, a las condiciones existentes, sin tener demasiada elección. Por eso o te adaptas o sufres más de la cuenta.



            Aquí va una relación de cosas, que ahora nos parecen de lo más normales y que antes del viaje, nos habrían resultado bastante incómodas:

                                         Ciudad del Cabo (Sudáfrica)

            -Darnos la vuelta, al llegar a dos fronteras y retornar cabreados, al país de origen (hemos constatado con otros viajeros, que no hemos sido los únicos).



            -Lavarnos la cabeza con pastillas de jabón o espuma de afeitar, por no poder conseguir champú o por el elevado precio de este producto (especialmente, en Malawi, donde no había ninguno, por menos de cuatro euros).
 Navidad, en Ciudad del Cabo



            -Llegar de noche, a una gran e insegura ciudad y tener que decidir en dos segundos, si una persona a la que acabas de conocer,  te parece de confianza, para que te gestione lo más básico (que suele ser el alojamiento). En cualquier otro continente, puedes elegir de quien te fías o simplemente, rechazar ayuda externa. En África, tarde o temprano, tendrás que acabar acudiendo a ella y tener instinto, a la hora de arrimarse a alguien, te resuelve tantos problemas, como te evita.



                                                                            Kariba (Zimbabwe)
            -Llegar casi a pegarnos con los ladrones, que nos robaron la cámara –y, que posteriormente, recuperamos- o con los cambistas más agresivos de las fronteras.



            -Montarno en el coche, furgoneta o camión, del primero que pasa y te lo ofrece.



            -Dejarnos pagar el alojamiento y la manutención, por el primero que te lo ofrece, tendiendo nosotros dinero suficiente. O irte a casa, del primero que te invita, a dormir gratis.



            -Pernoctar en la antesala de una tienda de fotografía, el día de Nochevieja o esperar en plena calle y en zonas no seguras, la partida de autobuses, con horarios intempestivos.



            -Cortarnos el pelo el uno al otro, con unas tijeras de costurero (y encima, no quedar demasiado mal).



            -Estar dispuestos a dormir en plena calle y sin pestañear, en lugares no seguros.



            -Vivir tan tranquilamente sin reloj (casualmente, se nos estropearon a los dos, entre el día 50 y 60 de viaje) y con el móvil descargado, no teniendo por tanto, conocimiento de la hora.



            -Explorar países sin planos, guías y mapas y con la única ayuda de internet, cuando era posible acceder.


Lamu (Kenia)

            -Coser mosquiteras a la luz de velas o de linternas.



            -Orinar en botellas o bolsas, por las malas condiciones del baño o la inseguridad del alojamiento en cuestión.



            -En los autobuses y para el sexo masculino, se hace bastante fácil, realizar la mencionada necesidad, en una botella de litro y medio de agua. Basta con un poco de práctica y con saber dejar salir el aire, mientras entra el líquido (puras cuestiones de física). Y es que a veces te tienen durante más de ocho o diez horas, sin parar para orinar.



            -Viajar en un tren, completamente a oscuras. Pensar, que es lo más normal, la segunda vez, que lo hicimos. Y dormir a pierna suelta, en ambas ocasiones



            -Dejar las pertenencias –no, ni mucho menos, los objetos de valor-, en una habitación, que solo tenía pestillo por dentro y que cuando te vas a la calle, queda abierta.


            -Acercarnos demasiado y sin las mínimas prevenciones, a animales salvajes, para tomar fotografías.



            -Considerar normal y no molesto, estar sin agua, sin luz, sin asearte, sin poder lavar la ropa, después de jornadas sudorosas, a más de 35 grados de temperatura y con humedad…

                                          Delta del Okavango (Botswana)

            -Afortunadamente y aunque, trasgredimos unas cuantas líneas rojas, tuvimos suerte y las muchas incidencias que padecimos, se quedaron en simples sustos y terminaron bien. Tampoco, acabamos devorados por ninguna tribu africana o en el fondo de una olla de cocina, como seriamente temían, algunos de nuestros familiares y amigos, en España. ¡Tenemos la carne demasiado dura, hasta para las perfectas y ansiosas dentaduras de los negritos!.

martes, 22 de marzo de 2011

Vendiendo mangos, sentada en el suelo


Maseru (Leshoto)
Acabo de enterrar a mi madre y hace menos de un mes, hice lo propio con mi padre. Ahora, soy yo la responsable de lo que queda de mi familia: mi abuela, una prima de mi madre y mis cuatro hermanos.

Ya de pequeña, mi mamá me enseñó a cultivar el huerto, para después llevar los productos a la puerta del mercado y montar allí un tenderete, con todos ellos. Mi padre era zapatero remendón. Debajo del árbol de los deseos, tenía su negocio.Todos los vecinos de la aldea le querían mucho, pues era capaz de arreglar, hasta las zapatillas más viejas y estropeadas que te puedas imaginar.
                         
Reserva de Mlilware (Suazilandia)

            Yo soñaba con ser algún día como él, pero el consejo de hermanos jamás habría permitido que una mujer, realizara ese trabajo. Nos creen incapaces, pero en los últimos días de la vida de mi progenitor, él ya no estaba en buenas condiciones fisicas y era yo, quien se encargaba de cuidar que los pies de todos los habitantes, fueran bien cubiertos con un calzado casi nuevo y reluciente.

            Ahora, me dedicaré a vender mangos, papayas y plátanos. Todos mis conciudadanos, pasan varias veces al día por delante de mi: Los niños, camino de la escuela, se paran a saludar. Las comadres siempre tienen algún chisme que contar. Disponen de unas lenguas muy ligeras y afiladas, pero la cartera va bien atada, dentro de la capulana. Los hombres del pueblo observan desde lejos.
            Pietermaritburg (Sudáfrica)
            Cuando se detiene en la carretera un autobus, se forma un gran alboroto. Todas corremos a vender a los viajeros, que llegan cansados y hambrientos, o eso suponemos, porque la verdad es, que no compran mucho.

            Otro acontecimiento importante y del que se hablará, durante las veladas de varios meses, es la llegada casual de algún turista. Estos, algunas veces compran algo de fruta, pero primero pasan y miran, después pasan y preguntan el precio y por último, antes de llevarse un mango, tocan todos los del montón pensando, que debajo del todo, van a encontrar el más grande y el más apetitoso.

            Cuando empieza a oscurecer, todos encendemos velas -mi papá decía, que eran los espiritus de los muertos-, pues todavía no han acabado de montar el tendido eléctrico, que prometieron hace un par de años. Aunque, a estas horas ya no se vende nada, se está más a gusto aquí, que en casa, donde lo único que me voy a encontrar son caras largas y recriminaciones, por no haber vendido todo con lo que salí esta mañana, bien temprano.

            Quizás, en otra vida pueda cumplir mi sueño y montar un gran negocio, que supere al de mi padre.

                                                                                                 Chipata (Zambia) 

sábado, 19 de marzo de 2011

Para terminar el viaje, 20 euros de premio


                                                                                      Lamu
           En un ciber de Lamu, compramos los billetes de vuelta, con Qatar Airways, para cuatro días después. Nuestra idea inicial de tirar en un bus para Mombasa y ese mismo día, tomar un tren para Nairobi, queda descartada, ya de camino del primer destino y aliviamos el esfixiante calor, de nuevo, en la playa de Malindi.                             

            Desde aquí, retornamos en bus nocturno a la capital de Kenia. Es el doble de caro, que la tercera clase del tren, pero mucho más confortable y seguro. Aun nos siguen extrañando -a pesar de llevar 100 días de viaje-, las raras posturas, que adoptan los negros, cuando se desplazan en los autobuses: una muy común, es colocarse con las manos por encima de la cabeza, agarrando fuertemente, la parte trasera del asiento.

Otra, consiste en aferrar el brazo, al borde del portaquipajes superior, incluso mientras duermen (resulta incomodísimo). Estoy convencida, de que son movimientos adquiridos y aprendidos, cuando de churumbeles, gatean y trepan dentro del atijo, por la inestable espalda de la madre.
                                 Lamu
            El retorno a Nairobi, nos trajo emociones enfrentadas. La benigna climatología, confronta abruptamente, con lo bestias que son los seres humanos -por llamarlos de alguna forma- en esta ciudad (especialemnte, los hombres) y en general, en todas las grandes capitales de Kenia y Tanzania. Disfrutan, aporreando con fuerza la chapa de los autobuses, gritando sin ton ni son, acorralándote con el cacharro de turno, mientras se ríen, pisándote, empujándote o apartándote a codazos de su camino.

          No hay que amilanarse. Simplemente, responder con las mismas armas. Aonque, no son muy largos de mente, termian entendiendo, que ya dominas el habitat. Poner los codos como parachoques, resulta muy efectivo, para evitar que te embistan.

            Después de miles de kilómetros, al fin encontramos, una vacía librería normal, donde se amontonan varias guías de viajes, de Kenia y Tanzania, de editoriales como Footprint, Let's Go o Rough. Eso sí, resulta imposible hojearlas siquiera, porque están plastificadas. Como siempre en África subsahariana, primero pagas y después y si hay suerte... Después de tres meses y medio buscándolas, ahora que las hemos hallado, ya no nos sirven para nada. ¡Porca miseria!
                                                                                                                                                                                        Lamu
            Dicen que Nairobi -detrás de Johanesburgo-, es la segunda ciduad más insegura del mundo. Lo más normal, que le puede ocurrir a un viajero, es ser atropelladdo por cualquier cacharro o ser dañado, por uno de los mencionados salvajes. Por lo demás, basta con unas precacuciones básicas, teneindo siempre en cuenta, que una ciudad de 10 millones de habitantes en África, es totalmente segura por el día, mientras que de noche, se torna en peligroso, hasta un pueblo de tan solo mil almas.

            Abandonamos Nairobi, sin más historia. Habíamos ya volado otras veces con Qatar y estábamos encantados con ellos. Pero, esta vez, todo fue distinto y se acumularon tantas pequeñas molestias, que tuvimos que amenazarles con poner una reclamación, para que entraran en razón. Si hubiera sido en cualquier compañía o empresa de África, nos habría dado igual.

            Desde que compramos los boletos, teníamos la intución, de que en un viaje tan móvido, alguna sorpresa nos debería estar todavía esperando. Y llegó. Estábamos tomando una lata de cerveza en la estación de Chamartín, mo sé porque motivos, plagada de policías. Nos pidieron el DNI y nos indicaron, que estaba prohibido beber allí. Salimos a la calle y nos sentamos en un banzo.
                                        Doha (Qatar) 
La ventolera era tremenda. De repente, a toda velocidad y sin percibir de donde ha venido, un billete de 20 euros, se avalnza sobre nosotros. No podía ser de otra forma en un periplo, donde la suerte, ha sido nuestra eterna compañera. El transporte de regreso, nos saldrá esta vez gratis.

                   Al llegar a casa, nos recibe el árbol de Navidad y toda la decoración de Pascuas, que habíamos puesto a principios de diciembre, justo antes, de emprender el viaje.

martes, 15 de marzo de 2011

Aunque las comparaciones son odiosas, Lamu esta mejor, que Zanzibar

                                                                                               Malindi
            Malindi -donde se chapurrea bastante italiano y hay hasta supermercados, con productos de Italia- es una caotica y polvorienta ciudad, a la que Dios le dio por castigo, una enorme y hermosa playa, de arena dorada, solo afeada, por la basura acumulada en alguno de sus accesos y por un horrible espigon de hormigon, que la parte en dos. No hay infraestructura turistica, porque en Malindi, apenas hay turistas.    Malindi

Por carecer, no dispone ni de mercado -al menos, que hayamos visto, en nuestros largos paseos-, de supermercados, casi de hoteles y solo cuenta con unos pocos bares, que se hallan casi todos juntos, en la que llamamos calle de los golfos, dado que tambien en ella, se encuentran los bancos. En uno de esos night clubs, que tambien es alojamiento, fueron a parar nuestros huesos.
                                        
La habitacion salio barata y aunque el establecimiento vivio momentos mejores, no esta mal del todo. En ella, practicamos eldeporte mas popular del viaje, que no es otro, que coser y recoser la mosquitera. Esta tenia mas agujeros, que la red de una porteria de futbol.
                               Lamu                      
Luego, viene la segunda parte. Una vez rememndada y colocada, hay que matar a los malditos mosquitos, que quedan dentro. La tecnica, pasa por esperar a que se posen en ella. Entonces, uno pone la mano por fuera y el otro, aplasta al bicho desde dentro, con un fuerte palmetazo. Realmente, es mas divertido, que jugar al paddel y se celebran bastante mas, los puntos anotados.

Desde Malindi, nos fuimos para la isla de Lamu, por un arenoso, sucio y escarpado camino de cabras -ni carretera, ni siquiera ripio-. Tras cuatro horas dando botes y sin casi amortiguadores, llegamos al embarcadero, con el cuerpo mas dolorido, que tras una sesion intensiva en un Hamman. Luego, nos toco ir pasando de barco en barco, con la mochila a cuestas. En ese instante, se me cruzo un lugareno y para no caer al mar, entre de cabeza y en picado, en la prehistorica y profunda embarcacion.
                                                                                                   Lamu 
Ya no nos llama la atencion, que en mitad del mar, hagan trasbordos de unos botes a otros, como si de un intercambiador de transportes se tratara (hasta incluso, las senoras con faldamento, de edad y churumbel a cuestas).

Lamu, es una antigua ciudad suajili -la mejor conservada del este de Africa-, mucho menos turistica, que la afamada Zanzibar y al menos -sinomas-, tan bella como esta.

Resulta encantador y relajante, caminar por su paseo maritimo -parcialmente pavimentado- y con bellos edificios o por las estrechas y misteriosas calles interiores, por las que no dejan de fluir regatos de agua. El unico transito, que hay aqui, aparte del de las personas, es de los numerosos asnos, que campan a sus anchas por calles y plazas o bajo el gobierno de sus propietarios, cuando toca transportarlos, con o sin carga.

                                                                        Lamu
Lastima, que la espectacular playa, que hemos encontrado, esta llena de suciedad y medusas. Manana, tenemos el dia entero, para seguir explorando.

Nuestro angel de la guarda es negro, viste traje, porta un buen reloj y lee el Daily Nation (parte II de II)

Todas las fotos de este post, pertenecen a Mombasa      
         El presunto ratero y nosotros, no dejamos de observarnos. Detectamos otra senal de alarma: llena una botella de medio litro, de un liquido transparente, que mezcla con unos polvos desconocidos. Da vueltas con un palo al brevaje y teniendo su propia ventana libre, se avalanza hasta la nuestra. Huimos despavoridos, pensando que se pueda tratar de una sustancia adormecedora o de las que te hacen perder la voluntad -tipo burundanga-.

El de seguridad observa la escena, sin inmutarse, mientras en un descuido, conseguimos rescatar del portaequipajes, la mochila grande y echamos a correr al siguiente vagon, abriendonos hueco en los asientos, que ocupan un padre, una madre y sus nueve hijos, que se muestran sorprendidos. Tras nosotros, viene el de seguridad y se acomoda a nuestro lado. Alli permanece imperterrito, hasta la parada donde baja el joven y desciende del convoy con el. Los revisores nos informan, de que el peligro ha terminado.
                                                     
          Imposible, contener el panico y los fantasmas, que emergen por todas partes. Cada uno de los restantes pasajeros o vendedores, nos parecen sospechosos de algo y compinchados con alguien.

          Si nos roban, no es por el dinero. Llevamos solo 50 dolares y 8.000 shillings (unos 70 euros), escondidos en una imperceptible carterilla y una bolsa, en la planta del pie. Tampoco, nos preocupa la mochila grande. Estando al final del viaje, casi nos harian un favor. Pero, perder las 1.300 fotos de la camara y los casi 10 cuadernos escritos sobre el viaje, nos hundiria en la miseria.

          Mientras actuamos de Sercklock Holmes y en una parada, unos pasajeros tiran por la ventanilla a la via, las distintas partes de una cama, que han traido desmontada en el tren. En Africa y aun despues de 92 dias, no dejas de sorprenderte.

          Mombasa es una ciudad con mucho encanto: trepidantes mercados, templos hindues, mezquitas, un fuerte y un bonito casco historico, ademas de sus famosos colmillos de chapa. Muchas mujeres, se trasladan aqui con el burka, aunque no es con rejilla, sino un hijab y un babero en la cara. Es una sensacion extrana, el ver negro sobre negro.

           Por la tarde, en la unica agencia de viajes que encontramos, contemplamos como venden como colorido y folclkorico, un viaje a la madre patria, con una foto de la plaza Espana de Sevilla y blanquitas ibericas, ataviadas con faldamentos y faralaes andaluces. Tras unos instantes, nos invade el horror: a nosotros, tambien se nos insinua mas exotico, que lo que vemos y vivimos aqui todos los dias.

          Retornando a los incidentes del tren, resaltar que el trajeado, antes de bajarse, nos pidio el correo electronico. Seguimos esperando su mensaje, en el que nos anuncie, que todo era un montaje para un programa de camara oculta.         

Nuestro angel de la guarda es negro, viste traje, porta un buen reloj y lee el Daily Nation (parte I de II)

                                                                                                 Nairobi
En el expreso de Nairobi a Mombasa, viajan unos cuantos guiris en primera y segunda clase. A pesar, de que en algunos casos, te dan cena y/o desayuno, resulta ridiculo pagar el doble o el triple, de lo que vale un autobus confortable, para luego tardar dos veces mas,que por carretera.

            Como siempre, los unicos blanquitos que viajan en la abarrotada tercera clase, somos nosotros. Entretenemos los minutos previos a la partida, haciendo fotos desde la ventanilla, cuando notamos  movimientos extranos de un chico, que termina sentandose a nuestro lado. Partimos de Nairobi, contemplando sorprendidos, el gran numero de personas, que pasean junto a la via o las numerosas hogueras, en las que se quema basura, mientras algunos ninos, apedrean el tren.
                                   Nairobi
            Nuestro vecino de asiento, sigue con actitudes sospechosas, que nos ponen alerta. Cuando a lo lejos, ve a los revisores, se va corriendo. Un hombre, bien vestido, con buen reloj y que hojea el Daily Nation, se acerca a nosotros y nos advierte, de que el chico, no es buena gente y como nos ha visto con la camara, pretende robarnos todo lo que pueda, cuando nos durmamos. Inmediatamente despues, se dirige a los revisores en suajili y estos, a su vez a nosotros, en ingles,  indicandonos que ahora mismo, llaman a la policia.

            Los interventores y el trajeado, se encaminan a buscar al joven y lo retienen, mientras en la siguiente estacion, sube un empleado de seguridad. Le interrogan reiteradamente. Lleva billete y no hay pruebas de nada, asi que le dejan tranquilo, permaneciendo el vigilante, en uno de los extremos del vagon.
                                                                                               Mombasa

Nos encantan las ciudades de frontera, entre ellas, Namanga (camino de Nairobi)

                                                                       Camino de Namanga
Nos encantan las localidades fronterizas, con su halo de misterio y constante olor a trapicheo -lo que aqui, llaman "bisnis"-.

            La que separa Tanzania de Kenia, viniendo desde Arusha, es Namanga, un pueblo polvoriento y de calles muy escarpadas –autentico trekking urbano-, que comparten ambos paises y que resulta mas genuino y animado, del lado tanzano. Pasear por aqui, es como estar dentro de un documental, viendo a los masais, con su colorida vestimenta -tunica roja hasta las rodillas y otra cruzada al hombro y atada a la cintura-, orejas perforadas y anudadas y su omnipresente baston o vara.

            Son gente amistosa y simpatica, que comparten habitat con musulmanes de los de siempre -pero negros-, que hoy estan de celebracion. Al ritmo de tambores, canticos y de la musica de un altavoz -colocado en una bicicleta en movimiento-, bailan con extraordinario ritmo, durante casi dos horas, en la carretera principal, cortando el trafico de la frontera, en ambas direcciones.
                                        Namanga 
            Acabado el fasto, ya de noche, las unicas diversiones aqui, son jugar al billar y contemplar los partidos de las ligas inglesa y espanola. Ambas cosas, las viven con mucha pasion.

            Partimos hacia Nairobi, situada ya casi, en el ecuador del planeta. La primera buena noticia, es que al entrar por esta frontera, los habituales 50 euros de visado, se convierten en 25. Gran alivio!!.


La segunda, que en la ciudad, al estar en altura, el calor no es, ni mucho menos, asfixiante. El centro urbano esta lleno de hoteles baratos, restaurantes de pollo y carnicerias, que cocinan, donde te puedes dar el festin de un kilo de carne a la plancha o asada, poir menos de 3 euros.

            El caos circulatorio -y eso, que es domingo- y las constantes avalanchas de gente, que camina a gran velocidad en todas las direcciones, hacen del asfalto un entorno salvaje, donde dar o recibir un codazo, un empujon o hasta un punetazo, no tiene la mas minima importancia.
                                                                                            Namanga 
            Es de esas ciudades vibrantes, donde bendices con alegria, el momento de regresar al hotel, al comprobar un dia mas, que has llegado entero. Entonces, ya solo quedan por resolver pequenos problemillas, como la ausencia de luz y que del grifo del lavabo, solo salga un hilillo de agua.                                                                                                       Namanga 

La primera, vuelve en un par de horas. Para ducharnos, lo hacemos con la linterna y llenando con paciencia, una botella de coca cola. Resultaba imposible permanecer sin lavarnos el pelo, despues del polvoriento viaje, realizado esta manana.

            Por cierto. Nairobi es una ciudad normal. Ni anti ciudad, ni no ciudad. ¡!Que bendicion!!.