Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

viernes, 30 de diciembre de 2022

Grave incidente en el aeropuerto de Barajas

           Cada día, que debido al elevado precio de los hoteles en toda la Comunidad de Madrid -fundamentalmente,los viernes y sobre todo , los sábados -,  nos toca ir a dormir al aeropuerto de Barajas, seguimos el mismo procedimiento

          Sobre las diez de la noche, tomamos en Príncipe Pío, Recoletos o Atocha, la línea 1 o 10 de cercanías, hasta la terminal 4. Como no dispone de mucho espacio para el paseo, ni en el interior, ni en el exterior, cogemos el bus interno del aeródromo, hasta la T1. Por ella, por la 2 y la 3, nos movemos, tomamos algo y cenamos, hasta que sobre las dos de la madrugada, volvemos a la 4, a dormir en el suelo. Sobre las siete de la mañana la policía nos hace levantar a todos, pero se puede seguir roncando en las sillas.

          Hemos hecho esto mismo muchas veces y no solo por no tener hotel, sino porque en decenas de ocasiones y durante décadas nos ha tocado tomar vuelos de madrugada o de temprana mañana y no queda otro remedio, salvo que se sea rico y manirroto y se esté dispuesto a tirar media noche de hotel por la borda y pagar un taxi. Hasta ahora, nunca habíamos tenido ningún problema, pero intuíamos, que tarde o temprano, terminaría pasando algo.

          El día 4 de diciembre, sobre las dos de la madrugada, íbamos a coger el autobús, desde la T1 a la T4. De repente y por el exterior de la primera terminal, nos empieza a perseguir un hombre de mediana edad, que de forma muy agresiva y a gritos nos dice, que él nos quiere ayudar. Que lleva siete años viviendo en el aeropuerto y que forma parte de una asociación, que ofrece orientación y prestaciones a personas, que se encuentran en esas mismas circunstancias. De nada sirve, por supuesto, que le expliquemos con educación, que nosotros tenemos nuestra casa en otra ciudad y que estamos aquí, de paso, durante esta noche.

          Subimos al autobús y él viene detrás, sin pensárselo. Tenemos la mala suerte, de que salvo el conductor, no hay más viajeros a bordo. El hombre nos persigue por el interior del vehículo, porque nos cambiamos de sitio varias veces para esquivarlo y sigue con su misma monserga. Ahora, nos ponemos nosotros también agresivos y le pedimos que nos deje de acosar, pero no ceja, por lo que terminamos insultandolo y deseándole la muerte. Nos devuelve los improperios y añade : "ya vendréis, ya vendréis".

          Entonces, nos vamos para la parte de adelante y pedimos ayuda al conductor, que se encoje de hombros. Sin embargo y a los dos minutos y en la T3 -como si el chófer le hubiera dado a un botón del pánico -, suben dos vigilantes de seguridad por la puerta delantera y un responsable del aeropuerto por la trasera. Los primeros nos observan, sin decir nada. El segundo, habla con el desagradable individuo, pidiéndole, que nos deje en paz, pero él sigue con su tono desafiante y agresivo, para acabar amenazando: "¡ya vendrán, ya vendrán, esos comemierdas!"

          ¿Es esa persona miembro de alguna inescrupulosa magia del aeropuerto? ¿Nos había seguido esa noche o algún sábado anterior? ¿Fue pura casualidad? ¿Cuáles eran los objetivos reales de este muy desagradable sinvergüenza? Aunque tenemos indicios, sobre todos estos aspectos, no tenemos constancia real de sus verdaderos propósitos, aunque imaginamos, que no eran nada buenos.

jueves, 29 de diciembre de 2022

Vuelta a los viajes recurrentes (II)

           El día 3 de diciembre, llegamos por la tarde, dado que teníamos, que llevar a cabo gestiones por la mañana en nuestra ciudad. Fue jornada nocturna de magníficos mercados navideños y de masificación absoluta en las calles del centro. Visitamos el de la plaza España, el de la plaza Mayor, el larguísimo de Recoletos y el de Colón. Echamos de menos uno, que ponían antes , en Ópera (plaza de Isabel II). Nos fuimos a dormir a la T4 del aeropuerto.

          El.domimgo 5, nos fuimos a localidad. de Pozuelo de Alarcón, donde han montado un animado y completo recinto ferial, que visitamos, además del centro de la ciudaf. Por la tarde y de vuelta a Madrid, ahondos en las luces de Navidad por otras avenidas y calles  distintas.

          Y llegó el puente de diciembre. No lo tomamos  entero, sino del día 8, hasta el 11. El jueves visitamos el bonito belén del Palacio Real -largas colas aguardan, a todas horas - y otros dos más: el del Museo de Historia y el del monasterio de la Encarnación. También recorrimos el interior de la catedral de la Almudena, que no habíamos visto antes. Por la tarde, nos fuimos a Cercedilla, donde pasamos la noche.

          El viernes nos fuimos a Cotos, donde no había, ni nieve, ni frío, ni casi gente. Los senderos estaban embarrados y resbaladizos debido a las constantes lluvias de los días anteriores, así que nos dedicamos a llevar a cabo rutas sencillas, aunque no cortas. Dormimos en el mismo alojamiento, que la noche anterior.

          El sábado por la mañana nos acercamos a la localidad de Tres Cantos, donde disfrutamos de una colosal exposición de belenes internacionales, de una feria muy variada y concurrida y de un mercado navideño. Por la tarde, compartimos y disfrutamos en el centro de Madrid, la alegría de los aficcionafos de Marruecos, tras su victoria frente a Portugal y volvimos después, a los mismos mercados del fin de semana anterior, absolutamente colapsados. Dormimos en la T4 del aeropuerto de Barajas.

          El domingo nos empapamos de la cultura persa en el mercado de Isfhadan, en Ríos Rosas; visitamos el belén de la plaza de Chamberí y el museo de la Fundación Telefónica, ubicado en Gran Vía. Buscamos un nuevo mercado en la calle Valverde, que no encontramos. Y por la tarde, nos fuimos andando hasta el antiguo Matadero, en Legazpi y volvimos desde allí, en una larga caminata, por Madrid Río, hasta el puente de Segovia.

          El fin de semana de los días 17 y 18 de diciembre nos lo tomamos de descanso, para disfrutar de actividades navideñas de nuestra propia ciudad.

martes, 27 de diciembre de 2022

Vuelta a los viajes recurrentes (I)

           El día 2 de noviembre pusimos punto final a 26 días de periplo, por India. Decidimos descansar el fin de semana siguiente y el de los días 12 y 13, volvimos a los viajes recurrentes por la Comunidad de Madrid, gracias a nuestros bonos gratuitos de media distancia, de RENFE.

          La tarde del sábado la pasamos disfrutando del ajetreado centro de la ciudad y de los barrios de Lavapiés, La Latina y Malasaña. Como no había hoteles a precio razonable, nos fuimos a dormir a la T4 del aeropuerto de Barajas 

          El domingo, nos acercamos al mercado de Tirso de Molina, que no se encuentra en la plaza del mismo nombre, sino en la calle Urraca, sita en el barrio de Puerta del Ángel.  Allí, se juntan los puestos tradicionales con los de comida elaborada, destacando la preparación de paellas diversas, siendo la más famosa  la del Señoret. Se forman numerosas colas para degustarlas. Después, hicimos un circuito bastante largo, por Madrid Río, aprovechando los veinte grados de temperatura.

          El día 19, madrugamos y tras llegar a la estación de Principe Pío, procedentes de Valladolid, nos acercamos a Torrejón de Ardoz, a disfrutar del Parque Europa, que es de entrada gratuita y suele estar bastante concurrido por familias. En el, se exponen reproducciones de diversos monumentos de nuestro continente, como la torre Eiffel, la fontana de Trevi, la puerta de Brandeburgo, el Atomium, la puerta de Sol...Y así, hasta casi una veintena. Por la tarde, nos fuimos a, Cercedilla, donde pasamos también la noche.

          El domingo visitamos las tradicionales y agradables librerías de la Cuesta de Moyano, la calle Leganitos -una pequeña Chinatow, al lado de la Plaza España- y la zona del mirador de las Vistillas, entre otros lugares.

          El sábado, 26 de noviembre, volvimos a Torrejón de Ardoz, pero está vez por la tarde y por la noche. Días atrás y en la correspondiente web, habíamos conseguido invitaciones para disfrutar de Mágicas Navidades . Se trata de un enorme parque temático sobre esta época del año, ubicado  al lado de la estación de Cercanias. En él, se mezclan los motivos y escenificaciones navideñas de todo tipo y tamaño -destacando zonas, como el Camino de Belén o la Montaña de Hielo-, con las atracciones de feria, los caros chiringuitos de comida y bebida y diversas actividades lúdicas, generalmente, de pago. Lo pasamos estupendamente, a pesar de la molesta masificación. Dormimos, plácidamente, en la T4 del aeropuerto.

          El domingo y entre otros lugares, nos movimos en la capital por los jardines de Sorolla, la Plaza de la Paja y los mercados Pop Arte y del Gato. Cuando anocheció, disfrutamos de la iluminación navideña del centro, encendida dos días atrás y que nos resultó un poco decepcionante.

El viaje del año nuevo

           El día de Nochevieja comenzamos un nuevo viaje, de once días de duración. El billete de ida, a Nápoles nos ha costado 20 euros y para la vuelta hemos comprado un Bari Oporto por 22 y Oporto Madrid por 13.

          Volamos a última hora del día 31, por lo que llegaremos a la ciudad italiana, a las 23 horas. Estamos estudiando, como gestionar dormir esa noche, pero creemos, que la cosa está difícil. Según hemos visto en Internet, el horario de ese aeropuerto es de cuatro de la madrugada a las diez y media de la noche, por lo que trataremos de quedarnos en la zona de tránsito, sin salir. Y es, que las temperaturas en esa época allí, también son bajas y encontrar taxi y hotel a esas horas en fin de año, lo vemos poco probable.

          En un principio, nuestra intención era combinar la sureña región, de Puglia, con alguna isla griega, como Rodas o Santorini. Pero, poco tiempo después nos dimos cuenta, de que con el primer destino era más, que suficiente. Y además, en invierno,los vuelos a esos lugares insulares escasean o en otros casos, sencillamente, desaparecen.

          En un principio y siempre abiertos a modificaciones sobre la marcha, queremos visitar una decena de destinos: Nápoles, Bari -ambos, ya conocidos en el pasado -, Alberobello, Taranto, Ostumi, Brindisi, Lecce, Otranto,Gallipoli y Leuca. Casi todos los lugares están conectados entre si por ferrocarril, aunque en la mayoría de los casos, no existen servicios directos y hay, que hacer ajustados cambios .

          El itinerario provisional sería el siguiente:

          Día 1. (31 de diciembre, de 2022). -Valladolid- Madrid - Nápoles

          Día 2. Nápoles

          Día 3. Bari.     

          Día 4. Alberobello y Taranto

          Día 5. Ostumi y Brindisi 

          Día 6. Lecce 

          Día 7. Otranto y Gallipoli 

          Día 8. Leuca 

          Día 9. Leuca- Bari 

          Día 10. Bari Oporto 

          Día 11. Oporto -Madrid- Valladolid.

jueves, 22 de diciembre de 2022

Adiós a Bombay y al viaje

           Cada vez, que llegamos a India, salimos disparados, como un cohete. Como si nos persiguiera el mismísimo diablo, corremos despepitados en busca de emociones, no viendo siquiera los posibles inconvenientes o el inapelable desgaste, que este país genera, si lo visitas a lo bestia, cómo es nuestro caso. Y, como era de esperar, los días han ido pasando y paulatinamente, nos hemos ido apagando, también debido a la inevitable pereza, al machacante calor y a las seductoras comodidades de nuestra estancia, en Goa.

          El hotel de Bombay no es una maravilla, pero dado los precios del alojamiento aquí, siendo de largo la ciudad más cara, de India,no nos quejamos de la relación calidad precio. Y además, la ubicación es perfecta, en pleno corazón de Colaba. Nos va a servir, simplemente, para refugiarnos y  protegernos, en estas últimas horas de viaje, en las que nada queremos saber ya, de India.

          Apenas, lo abandonamos ya, para conseguir unos sándwiches vegetales -,sin chile, que nuestro estómago no aguanta más picante - y un refresco y para dirigirnos a la muy concurrida Puerta de la India, en la que la entrada se realiza separada por sexos, después de traspasar un vibrante y caótico mercado, donde se vende mucha fruta pelada y partida, en bandejas y fritanga de todo tipo. Y aún así, a mi pareja está a punto de atropellarla un vehículo.

          Por la tarde, después de un largo reposo y convalecencia viajera, antes de anochecer, nos atrevemos a ir a comprar agua y unos snacks, en unos puestos cercanos y sin cruces peligrosos. Ni siquiera valoramos, llegar hasta la tienda de bebidas alcohólicas, porque las aglomeraciones nos generan un estrés insoportable. Aquello, que es anodino y ligero, a principio del viaje, pesa ahora, como una insoportable losa de granito. Tiraremos, como se pueda, con las existencias etílicas almacenadas, en Goa.

        La noche pasa fugaz, protegidos del pegajoso calor por nuestro potente ventilador. Nos despertamos más pronto de lo necesario, porque no podemos contener el deseo de irnos, de poner tierra y continente de por medio. Arramplamos con unas samosas y unas bondas y tomamos el camino de la estación de trenes, de la que nos separa algo más de media hora, caminando. Es lunes y afortunadamente, las calles están más vacías y con menos tráfico, que ayer. Hay bastantes semáforos en el centro. Cuando los conductores les hacen caso, el tiempo es muy desfavorable para el peatón: solo 10 segundos para cruzar, por 280 para los vehículos y resto de cacharros rodantes.

          A estas horas, las puertas de la terminal ferroviaria vomitan gente, como si de tratara de una insoportable resaca, después de una noche de borrachera. Dos son los temores, que nos separan del aeropuerto. Que el cercanías vaya lleno, hasta Andheri -unos tres cuartos de hora- y el posterior autorickshaw,cuya conducción infernal y descontrolados atascos, ya sufrimos a la ida.

          Pero, inesperadamente, todo va bien. El tren tiene un aforo moderado y por 100 rupias más, de lo que vale un tuck tuk -apenas 1,25 euros más -, nos subimos a un nuevo y flamante taxi. Desde sus cómodos asientos tapizados y sus ventanillas, vivimos nuestros últimos instantes en las calles de la India, como si lo viéramos desde un lujoso y protegido palco.

          ¡Otra vez , salimos vivos de aquí!


De regreso a Bombay

           El tren de vuelta desde Neral, fue peor todavía, que el de la ida. Convoy abarrotado, en el que se masca la asfixia. Y eso, que es domingo,a las ocho y media de la mañana . No sólo los viajeros se colocan en el pasillo, sino también entre los que vamos sentados, siendo el agobio indescriptible. Ellos y ellas, ya están acostumbrados y lo viven con total normalidad, como transitan por sus mierdas de vida. Ellas, con los elegantes Saris y los más modestos e infrecuentes en el sur, salwar kamis. Ellos, embutidos en sus asquerosos pantalones de tergal y sus camisas de cuadros o rayas.

          En la estación de Bombay huele fuertemente a pescado,como ayer, pero desconocemos las causas. Hoy, nos resulta más fácil caminar por la ciudad, que cuando llegamos de noche, aunque las obras del metro siguen resultando molestas no existen indicios evidentes, de que hayan avanzado algo.

          De las cinco grandes ciudades de India, Bombay es la que nos resulta menos amistosa. Son sentimientos puros y duros, después de cuatro  veces en este país, aunque luego, intentamos sustentarlos con la lógica, como no podría ser de otra manera. Sus habitantes en general, resultan engreídos y toscos, los alojamientos son los más caros de India y resultan demasiado básicos. De los dieciséis de este viaje, el de la capital de Maharastra es el único con baño compartido. Nunca comimos demasiado bien aquí, aunque casualmente, hoy sí.

          En esta ciudad y a todas horas del día pululan miserables buscavidas -no es frecuente en la mayor parte del país,- y mendigos agresivos de todas las edades y sexos. Y, para colmo, en el centro -Colaba-, no hay apenas tiendas de alcohol o cerveza, aunque da igual porque ambos tienen precios estratosféricos (casi tres euros para 65 centilitros de birra).

          Pero no seríamos justos, sino mencionamos las ventajas  o bondades de esta ciudad. Dispone de más aceras en el centro, que ninguna otra. Tiene semáforos frecuentes y el tráfico es más ordenado, que en otras partes, porque hay menos motos, o rickshaws y más coches. Aunque a la vez, el panorama es más peligroso, porque se circula más rápido. Bombay cuenta además con muy buenos mercados.

          Lo que ya parece increíble es, que en una ciudad de 17 millones de habitantes, sino te decides por el taxi tienes, que tomar un impredecible y alocado autorickswah, desde una estación de cercanías situada a siete kilómetros, para poder llegar al aeropuerto. Ni metro, ni autobús, ni lanzadera.

miércoles, 21 de diciembre de 2022

Al final, no fuimos a Matheran

           La última mañana en Margao fue al estilo calcuteño. Es decir, tomando cervezas en la habitación y agotando el tiempo hasta el límite del checkout . Los 600 kilómetros hasta Bombay fueron una maravilla. Acostumbrados a todo tipo de autobuses infernales, la litera del tren nos pareció una limusina. Nos sorprendió, que no fueran muchos pasajeros y por tanto, la tranquilidad nos indujo un reparador sueño.

          A las 6:15 y con 35 minutos de retraso, llegamos a la antigua estación Víctoria (ahora se llama de una manera más complicada). Como siempre en India, no puedes hacer una predicción de tu futuro inmediato. Sábado, a estas tempranas horas y la estación abarrotada y más todavía, el tren de cercanías, que nos debe llevar a Neral, desde donde se accede, a Matheran.

          Como otras veces, la decisión cayó por su propio peso. Había, que elegir entre este destino y Nasik, al norte de Bombay. Pero a este último, los trenes tardan cuatro horas y media. Por eso, fuimos a Neral 

          "¿A donde va tanta gente hoy?" le pregunto a mi pareja, mientras nos agobiamos en el vagón. "A trabajar, seguro", me contesta ella. Cuando llegamos al destino, colapso total. No iban al curro, sino aque nosotros y todos indios (ni un solo guiri). El tren, que va a Matheran -casi tres horas para 11 kilómetros -, se ha restablecido, aunque su frecuencia es escasa, con cuatro al día. Tenemos la mala suerte, de que según llegamos, está partiendo uno, no habiendo otro hasta dentro de tres horas. Decidimos, no esperar.

          Este convoy fue suspendido en 2016, debido a varios descarrilamientos y nadie tenía la esperanza de recuperarlo, pero en India lo imposible es posible. Como bien dice la Lonely Planet -muy mala, en general -, afuera de la estación, se toman taxis compartidos al mismo destino, que cuestan 160 rupias. Pero, las colas son infinitas. Definitivamente, desistimos y abortamos la deseada excursión.

          La calle principal de Neral es un verdadero caos, propiciado en un 50% por los cacharros de todo tipo y a partes iguales, por los interminables puestos de fritanga y los alborotados peatones. Menos mal, que no hace mucho calor.

          No tardamos mucho en encontrar hotel. De 1200 rupias, lo bajamos a 800 y el dueño orgulloso, nos dice, que somos tan buenos negociando, como los propios indios. ¡Vaya piropazo!

          La misma cerveza, que compramos en Goa por 85 rupias, cuesta aquí, 220. Dejamos transcurrir el día, solo saliendo para comer y comprar algo para la cena.

martes, 20 de diciembre de 2022

Estados de ánimo en India

           Son las diez de la mañana, faltan tres días para los vuelos de vuelta y estamos bebiendo cerveza en la habitación del hotel. Continuamos en Margao, antes de que esta tarde, tomemos un tren, a Bombay, lo que facilita poder seguir tomando alcohol, a precios razonables, mientras pasa el tiempo.

          Nos gustaría, como ocurre en otras partes del sur, que nuestro hotel hubiera sido de los de 24 horas -sales a la misma hora, que la que has entrado- y no, de los de check out, a las doce, cómo es este y en general, en el resto del planeta. Estar bebiendo algo y encerrado en la habitación es el estado más habitual, cuando afrontamos los últimos días de un viaje a India. Ya no hay nada, que ganar y si mucho, que perder.

          Pero,  hasta llegar a esta situación casi vegetativa, hemos pasado por muchas otras. Por ejemplo, el día, qué llegamos y después de dormir dos noches en los aeropuertos y habiendo ya anochecido, nos lanzamos a tumba abierta, a recorrer las calles de un Bombay en obras, como si no hubiera un mañana. En otras jornadas, nos ha dado por madrugar y recogernos al filo del atardecer, dando igual, haber comido, bebido, o no.

          En otros casos, tras una agitada noche de viaje, nos hemos plantado en un hotel por la.mañana  a descansar y luego hemos aprovechado la tarde, a tope. En unas cuantas ocasiones, el agobio nos ha podido y tras empezar el día temprano, nos hemos recogido a las tres o las cuatro de la tarde, esperando dejar morir el dia y que llegaran unas nuevas sensaciones de refuerzo.

          Los estados de ánimo en India son imprevisibles, aunque si siguen unos patrones concretos: eres invencible al principio del viaje y arrasas con todo, pero el elevado ritmo de tensión te va erosionando con altibajos y al final, te diluyes, pensando, que entre cervezas, cuarto paredes dignas y un ventilador, es la mejor solución para agotar las horas antes de volver a casa.

          Como dirían en el lenguaje futbolero, al final de los viajes a India, acabas pidiendo la hora o simplemente concluyes, que lo que has conseguido en 90 minutos, no lo puedes perder en el descuento.

lunes, 19 de diciembre de 2022

Benaulim

           La playa magnífica de Benaulim,  se encuentra a poco más de un kilómetro de donde te dejan los autobuses. Primero, hay casas y negocios, después campos -en los que no falta la basura - y posteriormente, se llega al aparcamiento. No hay excesivo tráfico, para el que estamos acostumbrados a soportar todos los días. De camino, aparte de alguna Guest House suelta, vemos una carnicería, con las salchichas -no se especifica el animal del que proceden -, a 500 rupias el kilo, el cerdo a 300 y la gallina viva, a 150 los mil gramos.

          La playa de Benaulim aglutina decenas de barcas un poco decadentes y con nombres portugueses  en su proa y también, luciendo imágenes religiosas del cristianismo. Tiene algunos bares, unas cabañas muy bien montadas y vendedores aislados de masajes y flores o de collares de conchas. Guiris, los contados e indios, menos 

          De nuevo, arena blanquísima y otra vez, nos ha pillado la marea baja. Cuando suba, la playa quedará cortita a lo ancho, pero como siempre, a lo largo no tiene fin. Después de seis días aventureros y playeros -aunque solo con dos baños-, por Goa, mi podium de arenales es, por orden descendente, Palolem, Arambol y Benaulim.

          Mañana, si nada lo impide, partiremos para Bombay, empezando las maniobras de aproximación del viaje. Cuando lleguemos a casa, ya no me acordaré, por qué me ofrecen taxi, cuando estoy paseando sin equipaje o iv5 cream, cuando tengo cara de mala hostia y cargo con la mochila, porque no nos aceptan en los alojamientos, con el clásico, "no rooms", "is full" Se nos quitarán ya los granos malignos procedentes de los colchones, el furibundo catarro de un solo día y esperamos a estas alturas, no tener, que escribir más posts de este viaje. Significaría, que ocurra lo que ocurra, es lo esperado y deseado.

domingo, 18 de diciembre de 2022

17 minutos

          Pues sí y para nuestra fortuna, aprovechamos el día muerto de este viaje a tes de partir para Bombay. Tras ir a la estación de trenes y descubrir, que el convoy, a Chador, tiene unos horarios muy limitados, descubrimos, que, los buses , que van a Colva, paran también, en Benaulim. Fueron solo diesisiete minutos unos parecieron muchos más, aunque ya habíamos tomado un par de cervezas, que templaban los nervios. Escalar al cacharro ya cuesta y eso, que en India -a diferencia de otros países-, no arrancan, hasta que sube el último pasajero.

          Era hora punta de ir a la playa y en el pasaje predominan chicas jóvenes, con unas mochilas, que parece, que hubieran decidido irse de casa. Con las ventanas a medio abrir -atascadas por la vejez del vehículo-, el calor es asfixiante, ya que la velocidad es muy lenta, dado que el cobrador no rehuye coger a cualquier persona, a pesar de que los que vamos de pie, cada vez nos van empujando más a la parte trasera del bus, comprimiéndonos.

          La chica de al lado, me clava la mochila en las costillas y me pisa sin inmutarse. La de atrás no sé si me está tocando el culo, apoyando el suyo contra el mío o tratándome de tangara el móvil y el monedero con el dinero del día, ue llevo en los bolsillos de atrás con cremallera, porque no me caben en los de delante.

          Sube gente y más gente y no baja nadie. Llega el cobrador, a hacer su trabajo y se introduce por cualquier recoveco, aplastándonos más. Hay, quién te clava sus nudillos en nuestra huesuda espalda. Menos mal, que hoy vamos sin bulto a cuestas, porque de lo contrario habríamos perdido la respiración.

          El cobrador, que nos había  tranquilizado, con que nos avisaría de nuestra parada, como siempre ocurre en este país, se olvidó de nosotros y bajamos de forma abrupta, saltando por encima, de todo lo que pillamos por el medio. Y, cuando bajas, como siempre, no tienes ángulo de visibilidad y te arriesgas a que te atropelle una moto o un coche o a partirte una pierna.

          Esto es, lo que hay que hacer aquí, para pegarte un día playero, aunque la brutal experiencia te lleva tan solo un poco más de quince minutos. 

viernes, 16 de diciembre de 2022

La misma India para todos

           India es un caos de tráfico a todas horas, incluida la madrugada. Sin embargo, como casi todo en el país, la circulación tiene sus horarios. Por  lo mañana, los vehículos de reparto, los camiones y autobuses siembran el pánico en todo ser viviente, menos en las vacas. Colapsan el tráfico, porque a veces, tienen, que hacer mil maniobras para entrar o salir de calles estrechas o de las atestadas por puestos callejeros, motos aparcadas, motos circulando, personas... Los motoristas, además de salvajes, son unos cracks esquivando todo lo que se mueve o permanece estático. Creo, que deben llegar a casa con dolor de piernas y de cintura, porque además suelen llevar a  , a dos y más personas de paquete, generalmente, adultos.

          Sobre las ,13 o 14 horas, desaparecen los vehículos pesado casi por completo y queda un tráfico fluido de ciclomotores, que te taladra el cerebro,pero, que al menos, no hace recular al peatón.

          Al atardecer, el noventa por ciento de los vehículos de motor, que transitan por el asfalto - cuando lo hay- son motos, pero con una conducción mucho más agresiva y temeraria. Es hora de refugiarse en el hotel, sino se quiere comer riesgos.

          Salvo en las estaciones de buses y de tren, donde el servicio es permanente,, la comida también tiene sus horarios en los tenderetes y negocios de la calle. Por ejemplo, aquí en Margao, nos hemos acostumbrado  a comer a más de las cinco de la tarde, que es cuando empieza la fritura de las bondas, las guindillas, las samosas, los sándwiches... porque al mediodía, la oferta es muy escasa. Hay otros vendedores de mañana, pero son mucho menos y el género suele estar frío y llevar hecho unas cuantas horas (sino de la jornada previa. A medianoche y en las ciudades de tamaño medio a pequeño, es complicada ingerir comida de forma económica.

           En India , lo caro no tiene porque ser bueno, ni lo barato malo. Hemos estado en algún hotel de 1200 rupias, para que el baño -siempre dentro- sea indigno del precio de esta alcoba. Por el contrario, hemos pernoctado en alojamientos de 600, con sus sanitarios nuevos o muy bien mantenidos.

          Pero es que además, India nos iguala a todos: tú puedes estar en un resort de lujo de 6000 rupias y yo, en una cabaña de ,500, pero al salir a la playa, a la calle, al campo...nos vamos a encontrar exactamente lo mismo.

          El hábitat urbano o rural no te protege de mejor manera por tener más dinero o dilapidar lo poco, que poseas, salvo que viajes en una burbuja. Por mucha pasta, que tengas, no podrás eliminar la basura, las aceras destruidas, las vacas, los olores deliciosos mezclados con los nauseabundos, los lodazales sin fondo...

          Esta mañana y en la tienda del alcohol, vimos a unos chicos distraídos y formando cola, preguntando por botellas de cerca de 2000 rupias. Lo que yo bebo por las noches, cuesta 30 y unos y otros, dependiendo del ritmo de ingesta y la cantidad, vamos a conseguir lo mismo por una parte, perjudicarnos y por la otra, relajarnos o mamarnos.

Los autobuses del diablo merodean por Margao

          Solemos victimizarnos y echar la culpa a la India -asi, en general-, de las cosas malas, que  nos suceden en el país. Y, no faltando os razón, debemos asumir, que muchos de los momentos difíciles, dependen de nuestros erróneos actos o falta de cálculo. No es el caso de tener, que tomar cinco autobuses, para menos de 100 kilómetros, tres de ellos en cacharro infernal, carretera demoníaca, música diabólica y cargas y descargas de pasajeros, casi satánicas.

          Por cierto, hemos descubierto, que para destinos secundarios, en Goa, operan destartaladas empresas privadas, con pocos horarios y vehículos muy deteriorados, que ponen a los autobuses estatales, casi a la altura del lujo.

          Tampoco dependió de nosotros, que se hayan ido las lluvias y cada día haga más calor insufrible y humedad. Pero sí, fiarnos de nuestros recuerdos anteriores y abordar andando el largo y peligroso camino, que comunica las estaciones de bus y tren, de Margao. El sofoco y el estrés,podrían haber por si solos habernos dejado KO, pero es que además, por poco acabamos debajo de un coche de gama alta, en un peligroso cruce.

          Cuatro viajes a India y aún no se responder, si es mejor circular siendo el último mono de la calzada o por las imprevisibles aceras llenas de todo tipo de cosas y de asfalto irregular. En un momento dado y al bajarse de una moto, un salvaje me pega una patada, sin ni siquiera mirarme. Al menos, esta disparatada excursión por la caótica Margao, nos sirvió para controlar un par de hoteles en el centro, de precio adecuado.

          Pero, no. No nos recogimos en uno de ellos y nos fuimos, a Colva, con los bultos a cuestas, en otro descontrolado bus, que avanzaba a trompicones y con música religiosa -cristiana, con ritmos indios- a todo volumen. Ya habíamos estado allí, hace ocho años y no fue nada fácil encontrar alojamiento. Colva es un lugar pretencioso y no de trotamundos, como Palolem o Arambol. Ni siquiera pudimos comer, más que snacks y galletas, porque por una maldita tortilla francesa, nos pidieron tres veces más, de lo habitual. Cuatro fotos de la concurrida playa, un vídeo y regreso a Margao, en otro cacharro conducido y cobrado por el mismísimo Belcebú.

          Unas bondas calentitas, en un puesto, que no estaba esta mañana, fueron la recompensa final del día. Mi pareja dice, que ha sido una jornada horrible. Yo no estoy de acuerdo, porque a pesar de todo, se han cumplido los objetivos principales. De todas formas, el día que hagan el  "Cuéntame" de India, yo no me perderé ni un solo capítulo.

jueves, 15 de diciembre de 2022

Cambio drástico de planes

           Este post se podría haber titulado, el día de los cinco autobuses +tres de ellos infernales -, la mañana en que casi morimos atropellados, 35 grados y un 80 por ciento de humedad o el duro constipado, que duró menos de 24 horas. Pero le hemos dado este titular, porque fue el hecho más relevante del día. Pues sí, solemos tomar muchas decisiones esperando, que caigan por su propio peso y eso ha pasado una vez más.

          Teníamos enfrentados desde tiempo atrás entre si -como el Diwali confronta el bien y el mal, la luz y la oscuridad- dos planes bien diferentes: el lento e incierto, para llegar, a Bombay, ascendiendo y parando en tres o cuatro sitios de camino o el  rápido y más  cómodo, de bajar a Margao y tomar un expreso nocturno, a la capital de Maharastra desde donde deberemos, volver, a España.         

          Las ventajas de la primera opción eran muy pocas o casi ninguna. Los inconvenientes, casi todos. Un único bus al día, a Malwan desde Mapusa, perdiendo toda la mañana -es muy difícil cambiar de estado con buses directos y sin trasbordo-, mucho esfuerzo y, probablemente, tener que pasar, otra noche en un incomodo vehículo estatal; los precios del alojamiento y el alcohol, en Maharastra, la incertidumbre de la valía de los destinos seleccionados y sus conexiones. Es verdad, que teníamos tiempo suficiente para eventualidades, pero ninguna gana de afrontarlas.

          Tomada la decisión definitiva, solo quedaba volver, a Margao, con varios trasbordos y comprar los billetes del expreso, esperando en pleno ,Diwali, que los hubiera para nuestra fecha. A pesar de haber cambiado todo el emplazamiento de las reservas en la terminal de esta ciudad, este trámite -otrora, con momentos difíciles -lo resolvimos bien y con brevedad. Nos quedan cinco días de periplo y la duda ahora es, si los utilizamos de paso para visitar sitios pendiente, como Matheran o Nasik o nos acomodaremos y dejaremos morir el viaje.

miércoles, 14 de diciembre de 2022

Arambol

          Nos despertamos mucho antes de lo necesario y no fue por culpa del estrépito de las cercanas olas o de los persistentes graznidos de los numerosos cuervos. En este entorno rural y disperso de Anjuna, hay mucha más vida animal, que en nuestros anteriores destinos. Están además los aburguesados perros, que apenas se levantan del suelo y sobre todo, una tropa de poderosas vacas con sus crías, que estuvieron a punto de jugarnos una mala pasada. Estábamos en el exterior de un hotel con wifi libre, cuando llegaron en tropel a las cercanas charcas y tuvimos que dejar la zona y las descargas, antes de salir trasquilados a cornada limpia. Debemos añadir las moscas, que pululan en torno a ellas y las agresivas hormigas rojas, que caen, constantemente, desde los frondosos árboles.

          Iremos hoy al cuarto destino, de Goa, en este caso, Arambol. Como en otros viajes hay ratos bien largos -a veces, incluso dias- en los que estamos hartos de la India. En Goa, estamos especialmente cansados del calor extremo y del transporte público, mucho más salvaje que en otros estados. A veces, para hacer 50 kilómetros hay, que coger dos o tres autobuses y no es raro tener que viajar de pie, botando como loco sobre los speed breakers.

          Pero, también estamos hasta las narices de lo brutos , que son los indios; del olor a incienso, a basura y a fritanga; de las hamacas y sombrillas desplegadas hasta la orilla de la playa...vamos, lo de siempre. La India es dura, pero lo es mucho más, como en este viaje, sino tienes trenes expresos, donde viajas relativamente rápido y estás protegido en tu litera.

          Como el recorrido empezó tan duro, me obsesionaba con la frase "quiero que no amanezca nunca para no dejar este hotel". Cuando llegó lo bueno cambie a "quiero que lleve mañana, para seguir disfrutando" Cuando me cansé, pase a ," quiero que llegue pronto el final del viaje" Y desde hoy, a punto de tocar la vuelta a Marahastra, regreso a la primera premisa.

          Arambol, cuenta con aceras -aunque no al final de la calle principal, plagada de tiendas de casi todo- y con una extraordinaria playa, en la que desemboca una agradable callejuela comercial. El arenal de tonalidad blanca, cuenta con unos bonitos acantilados, un enorme mercado en la parte derecha y una zona más accesible para el baño a la izquierda. Como en casi todas las playas de Goa, nunca se ve el final. Aquí estamos con un buen wifi y hasta con toallas en el hotel, por segunda vez en todo el periplo.

          Arambol tiene más similitud con Palolem -también en el tipo de alojamiento+, que con Candolim y Anjuna.

          Las noticias son algo preocupantes, en cuanto a nuestro retorno, a Maharastra. En la ventanilla de la estación de Mapusa nos han dicho, que solo hay un bus al día, a Malwan, pero hay carteles donde se indican más. Otra vez, con informaciones cruzadas con los horarios del transporte. Lo que hace desde varios días que nos pongamos nerviosos.

          Hoy es la segunda jornada de Diwali y para celebrarlo, se ha ido la luz durante dos horas en todo el pueblo. ¡Porca miseria!.

martes, 13 de diciembre de 2022

Cambiar dinero, pesadilla olvidada

          Estamos en Goa y aquí puedes cambiar dinero desde una joyería, una agencia de viajes o hasta la tienda de la cerveza. Esto, que ahora es una anécdota, nos causó bastantes problemas en la primera semana del viaje. Ni en la mismísima Bombay, encontrábamos forma de convertir nuestros euros en rupias. Tuvo que ser un señor muy mayor de un puesto callejero, al que ayudaron a juntar la cantidad otros comerciantes de la zona. El nos sacó del apuro. Sin pretenderlo, nos regaló 1.000 rupias , pero nosotris no hicimos nada por corregir el error.

          No vimos ni un solo sitio donde cambiar, hasta días después, en Kolhapur. Dos simpáticos chicos de una agencia de viajes y transferencias de dinero, a los que habíamos ido a preguntar por autobuses a Bidar, nos canjearon 100 euros por la mañana y otros tantos por la tarde, a una tasa muy razonable. El siguiente cambio fue en Gokarna, lugar donde hemos visto más guiris hasta ahora. Se produjo en otra agencia de viajes, aunque nuestro primer hotel, también lo ofrecía.

          Aunque anteriormente, habíamos llevado a cabo tres viajes largos, a India, nos sorprendió el asunto de la dificultad de la conversión de divisas, porque en ellos siempre tiramos de cajero, con las tarjetas de ING o de Evo Banco, que ya no tenemos. Caixa Bank, nuestro banco principal actual, te sangra por sacar en el extranjero, un cinco por ciento de la cantidad extraída. ¡Un robo más, de los habituales de los bancos!

          Convertir nuestras rupias en euros, a la vuelta en el aeropuerto, de Bombay, nos salía tan tremendamente abusivo, que nos las trajimos para casa, esperando utilizarlas en el quinto viaje al país, tal vez, el año, que viene.

lunes, 12 de diciembre de 2022

Anjuna

           Seguimos transitando por Goa con la vista más o menos puesta en nuestro regreso, a Maharastra, entre un extraordinario calor y muchísima humedad. Hace dos días, que ya no nos acompañan las tormentas vespertinas. Continuamos bebiendo mucho y bien, aunque ya somos conscientes después de dos días, a base de snacks y galletas, de que no vinimos a este estado por su gastronomía. En Gokarna, por 90 rupias, te comías un generoso thali de pescado fresco y por 20 más, 9 trozos de pollo al curry. Aquí, un triste biriyani vegetal te cuesta 150.

          Los autobuses estatales en India, viajan con las puertas abiertas y no llevan música. En Goa, las cierran, mientras te machacan con esas canciones de señorita de voz aguda y algo desafinada. Además, ponen los destinos en nuestro alfabeto y las referencias a Jesucristo y a la Virgen son constantes. Nos da la sensación, de que aquí el transporte está en manos de particulares, porque los cobradores y conductores, tampoco llevan uniforme, cómo es habitual.

          En India y en Goa también, todo pica: la comida, los granos de la piel, el sol... Nos vamos alternando mi pareja y yo, en animada competición, a ver quién es el que más se rasca.

          El destino de hoy ha sido Anjuna. Nos ha costado algo más de tiempo encontrar alojamiento, a pesar de que están casi vacíos. La mayoría, prefieren más no dar su brazo a torcer, que bajar el precio y ganar un cliente. La habitación, normalita, pero con una terraza desde donde se divisan unas impresionantes vistas marinas y de los acantilados. Llevamos en este viaje doce alojamientos, y solo tres han tenido wifi, aunque nos buscamos la vida por otras partes.

          Anjuna es un lugar algo disperso y sin aceras, resulta muy animado en la zona de su agradable bazar -sobre todo al atardecer - y en la extraordinaria playa, que mezcla zonas rocosas con un colosal arenal. En ella, los indios hacen el bestia, reposan en las hamacas o se dan al drinking en los bares cercanos a la orilla. No demasiados guiris, un templo hindú y una iglesia cristiana ponen la guinda a este agradable lugar 

          Hoy, ha comenzado el Diwali, que ya vivimos en 2011 en Utar Pradesh y Madya Pradesh. No hemos visto espectáculos de luces, como entonces, aunque si cohetes y fuegos artificiales, un poco fallidos.

          Mañana partiremos para Arambol o regresaremos a Maharastra. En este caso, adiós a la cerveza India, que tan bien entra fría y tan asquerosa está caliente. ¿Será la maldita glicerina?.

domingo, 11 de diciembre de 2022

miércoles, 7 de diciembre de 2022

Candolim

           Cerramos una semana casi perfecta, desde que el domingo pasado llegamos a Bijapur. Hoteles asequibles y fáciles de conseguir; lugares atractivos, que son patrimonio histórico; playas y algún wifi, que otro, que nos ha permitido conocer, dos victorias consecutivas del Madrid y del Valladolid.

          El día comenzó con pereza, por dejar nuestra coqueta cabaña y esta deliciosa playa, ahora con la marea alta y casi desaparecida. Nos esperaba un rosario de cuatro autobuses en un entorno de calor abrasivo, cada día, más.

          Primero y tardando en venir a Canacona. Luego,a Margao por una carretera lamentable y en un vehículo cacharro. Queríamos ir , a Chandorm, una cercana ciudad colonial, pero nadie nos supo decir, cómo. Así, que optamos por otra playa, la de Candolim, para la que primero, tuvimos que llegar a Panaji, por una flamante autovía y con un autobús con aire acondicionado. Y, después, sufrir de pie, en una dificultosa sauna rodante, hasta llegar agonizando a nuestro destino.

          Si en Palolem, eran deliciosas cabañas en la playa, aquí son alojamientos más tradicionales. La ciudad tiene unas cuantas aceras vacías, lo que es de agradecer y cuenta hasta con dos supermercados muy concurridos y bien abastecidos, que venden cerveza y alcohol, cosa, que no habíamos visto nunca, en India, en los viajes anteriores.

           No sé, si por ser domingo, pero el núcleo central de la playa está masificado y plagado de tumbonas y sombrillas. Oleaje más fuerte y arena muy fina, pero nosotros echamos de menos el día de ayer.

          Seguimos bebiendo cervezas, como si no hubiera un mañana y hasta nos hemos encontrado un combinado de vodka y naranja, que hemos enfriado en el frigorífico de nuestro alojamiento -el primero en el país -, al igual que la ducha de agua caliente, cuando en el exterior estamos a 35 grados y con un 95 por cierto de humedad. 

          Empieza la última semana, con cierta incertidumbre, aunque esperamos, que con menos sufrimiento, que la primera. Por cierto, hoy nos evitaron las tormentas y comimos snacks y galletas, porque aquí los restaurantes tienen precios desproporcionados y estratosféricos.

martes, 6 de diciembre de 2022

Empezamos Goa, en Palolem

           Pues, podíamos haber empezado por aquí y nos habríamos ahorrado una parte del sufrimiento del principio del viaje. Parece, que después de una semana de zozobra, hemos enderezado el rumbo, desde que llegamos, a Bijapur. Nosotros hemos puesto algo de nuestra parte, pero India y en este caso Goa, aún ha puesto más.

          Después de trece días a través de Maharastra y Karnataka, en Palolem, además de con una fantástica playa de las tercer mundo -mucha oferta y poca demanda-, nos hemos reencontrado con la cerveza, que dicho sea de paso cuesta aquí el doble, que en un Mercadona patrio. ¡Pero, había ansia! Y eso, que salvo la Foster y hasta las de marca, cualquier cerveza India es asquerosa - no sé, si por la glicerina -, en cuanto se calienta un poco.

          Los problemas irresolubles de los primeros días, en territorio hostil, ahora se resuelven en cinco minutos y con la sartén por el mango. Y es, que llegamos a Palolem muy pronto y con muchas cabañas vacías, por lo que no nos costó bajar el precio a nuestro antojo y que nos mejorarán las condiciones del alojamiento. El único inconveniente, el alto precio de los restaurantes, aquí. Así, que con snacks, galletas y unas latas de sardinas, que nos quedaban de España, salvamos el día. Era más importante beber y atiborrarse a alcohol -cuesta aquí una cuarta parte, que de donde venimos-, que alimentarse.

          Entre dos virulentas tormentas, nos pegamos un buen chapuzón en aguas extremadamente cálidas y sin peligro alguno. Aunque, aquí, viaje tras viaje y vayas al arenal que vayas, siempre hay bandera -trapo- roja desteñida y deshilachada. Supongo, que la mayoría de la gente no sabe nadar y más vale prevenir. En el puesto elevado de un socorrista, a este, le había sustituido una vaca. Al atardecer, los lugareños salen de paseo y también algún guiri, mientras montan terrazas, que llegan hasta el borde del agua, aunque la oferta, supera por mucho a la demanda.

          Llevamos ya unos días, en los que no nos toca caminar por calles caóticas y eso nos desestresa un poco. De todas formas y después de cuatro viajes, a India, que suman casi un año no logro entender la base de todo: por qué los vehículos pitan, cuando en la mayoría de los casos pueden esquivarte, sin más y por que ante tales amenazas, ni peatones, ni vacas, hacen caso. Reflexiones aparte, no nos vendremos arriba, porque sabemos, que dentro de poco, tendremos que volver a Marahastra y nuestra vida, sí o sí, volverá a ser muy dura.

lunes, 5 de diciembre de 2022

Cuatro historias de Gokarna

           1.- EL HOTEL. Cansados y tras siete horas de viaje, nos decidimos por el Guest House Jayalaxmi, porque era la primera opción que encontramos desde la estación de autobuses, tenía un buen precio y en seguida nos dieron una mejor habitación, sin ponernos ninguna pega. Pero nunca debimos ir a ese alojamiento. Está gestionado desde una colindante tienda de joyas y viajes, que solo atiende en horario comercial, que aquí es muy reducido. No hay recepción, ni puerta exterior, ni nadie vigilando. Sobre las 19:45 un individuo, supuestamente acompañado, empezó a golpear nuestra puerta de forma muy sutil y hablando bajo y de forma incomprensible. Quería confundirnos, como si fuera alguien del establecimiento. A la quinta, le gritamos que se fuera, pero aún insistió en una sexta y ya tuvimos, que ser más expeditivos y amenazar con llamar a la policía. Ya no volvieron . Pero pasamos unas horas muy desagradables y con miedo. Es muy probable, que nos hubieran seguido durante la tarde. Por supuesto, nunca se nos pasó por la.imaginación abrir, porque somos dos perros viejos y ya habíamos tenido tres experiencias similares: en Karonga, en Malawi, en Kars, en Turquía y en Cox Bazar, en Bangladés ; pero en estas dos últimas, si había recepción. Evidentemente, a la mañana siguiente, cambiamos de hotel, con excelentes resultados.

          2.-  EL WIFI. Nuestro primer alojamiento no tenía wifi, como el 80% de los económicos de India. Encontramos la red de un banco y como tantas otras veces, simulamos la contraseña 12345678. Nunca nos había funcionado, pero está vez, sí. ¿ Cómo puede tener una entidad financiera nacional, una contraseña tan sencilla? Nuestro gozo en un pozo: a la media hora cerraron la sucursal y apagaron el cacharro. Noche sin wifi, hasta las diez de la mañana del dia siguiente.

          3 .- EL CAMBIO. En nuestro primer hotel nos ofrecieron 80 rupias por euro,cambio muy razonable, teniendo en cuenta que la cotización estaba a 80,90, pero en una agencia cercana, nos daban 84. Imaginábamos, que era un timo, pero la avaricia, no tiene límites y probamos. La realidad fue, que lo entendimos mal el dia anterior y la tarifa era 80,40.

          4 .- EL RICKSAWH. Estábamos tan obsesionados con la seguridad, que decidimos, que la día siguiente apuntariamos todas las matrículas de los rickshaws, que nos parecieron sospechosos de algo, así, sin criterios muy claros y especialmente la del vehículo, que nos llevara a las playas de las afueras, la de Kudle y la de Om. El paso de las horas nos hizo entrar en razón y afortunadamente, no lo hicimos.


sábado, 3 de diciembre de 2022

Gokarna y playas cercanas

           Nada más bajar del autobús nos cogieron en el primer hotel, donde preguntamos y lo agradecims, porque estábamos agotados. Y más, cuando nos cambiaron de habitación y nos dieron una mejor por el mismo precio. Gokarna nos pareció raro, aunque agradable desde el principio, a pesar de que el calor húmedo -mayor cada día -, no nos dejaba, ni pensar. Extraño, porque nos chocó, que no hubiera casi gente, ni tráfico, ni basura, ni perros, ni sitios de fritanga o snacks en en centro... Y, agradable, porque no es una de esas típicas ciudades cacharro, que encontramos casi cada día en este país. Tiendas de especias, monedas antiguas, tatuajes, joyería.., no es lo normal, que sueles hallar en todas partes.

          La playa es gigante y no está tan mal como dice la Lonely Planet. Hay paseo marítimo, dos templos cercanos y un estanque sagrado. Al borde de la arena se encuentran unos cuantos restaurantes caros y vacíos -manchurian y arroz frito, como especialidades-, como ocurre en todas las playas del tercer mundo.

          Nos gusta este sitio de calles de agentes, aunque con cierto glamour, de buen asfalto y pocos charcos. Lastima, que tuviéramos que acabar comiendo snacks y galletas, por la falta de fritanga, phakora o sabrosos platos económicos. Casi todo lo que hay, cierra  a mediodía, aquí. Pero. al segundo dia, nos pusimos las pilas y disfrutamos de un exquisito thali de arroz con pescado; pollo al tandori, con cebolla y además, en nuestro hotel nos invitaron -en una celebración de las tantas, que hay siempre en este país -, a merendar, ricas bondas y dulces.

          En Gokarna, es la primera vez en este viaje, que hemos visto el lungi blanco, esa especie de faldamento, que se ponen los hombres y que se sube y se baja con un mecanismo elemental: enrollarlo a la altura de las caderas. Pero, como nada permanece, ni siquiera en India, aquí también ha llegado el velcro para asumir estas funciones.

          Los hombres, por cierto, son más religiosos en este lugar, que las mujeres y abarrotan los numerosos y bonitos templos de diferentes estilos, extraño, porque no suele ser lo más frecuente en el mundo hinduista.

          Gokarna es la segunda ciudad de nuestra India visitada, donde hay más plastas de vaca por el suelo y no resulta fácil esquivarlas. También, hemos visto llover sin haber nubes y la primera puesta del sol del viaje.

          A cinco y a seis kilómetros y pagando 200 rupias por trayecto, en un rickshaws, de encuentran las bellísimas playas de Kudle y Om. Como el resto de las famosas playas del tercer mundo: mucho arroz para tan poco pollo.

viernes, 2 de diciembre de 2022

Siete horas y media para 250! kilómetros

           Lo bueno de levantarte a las siete de la mañana, en India es, que las aceras están despejadas de todo tipo de cacharros y puestos y puedes caminar por ellas siendo de día pero, nosotros no madrugamos por eso, sino por aprovechar parcialmente la jornada, tras un largo viaje.

          La mala noticia en India del sur es, que para la mayoría de tus destinos de tamaño medio y pequeño, tienes que hacer uno o varios transbordos. La buena -siempre la suele haber-, es, que, normalmente, resultan bastante rápidos.

          Así, nuestro día parece una vuelta ciclista por etapas. Primero, bus de Badami, a Hubli, 2,50 horas. Después, dura negociación con un conductor de autorickshaw, para cambiar de estación. Siguiente tramo, 3,20 horas, hasta Ankola y otros cincuenta minutos -con cobradora femenina y joven en el bus-, hasta Gokarna. Salvo los primeros tramos, tocan carreteras infernales 

          En el camino, da tiempo a pensar y a acordarse de cualquier anécdota. Por ejemplo, el día, que en Badami, dos motoristas se enfrentaron en una pequeña calle y ninguno de los dos quería ceder el paso. Al final, obligaron a una mujer de un puesto a quitarse, para poder pasar los dos. O el día, que en Kolhapur, habíamos negociado un plato de arroz con verduras, a 30 rupias y sin titubear, el tendero nos cobra 50 y alega, que ha sido por echar un poco de salsa. Solo cuando protestamos, nos devuelve la diferencia, pero sin vergüenza alguna.

          En nuestros primeros andares por Gokarna, descubrimos a varios guiris. Esto sería un dato insignificante, sino fuera, porque en todos los días de la primera mitad del viaje, solo nos topamos con una.

          Dos noticias nos contrarían y preocupan para el futuro inmediato. A las playas de Kudle y Om, no hay transporte público, solo autorickshaw y a Goa, nada más existe un autobús al día y no es, ni a Palolem, ni a Margao, ni a Panaji, sino a Kadamba, que no viene en ningún mapa. Menos mal, que este estado es pequeño. De todas formas, contrastaremos mañana esa información, porque aquí no te puedes fiar de lo primero que te dicen.

jueves, 1 de diciembre de 2022

Pattadakal: a mitad del viaje previsto

           Mañana será la mitad del viaje previsto y previsiblemente, pasaremos la jornada casi entera, transportandonos, hasta Gokarna. Llevaremos entonces 1.050 kilómetros -mas de un 80% en autobús - y nos quedarán otros 1.000 más para volver,a Bombay.

          Lo que queda por Goa y Maharastra, va a estar más relacionado con playas y mar, que con templos y cuevas, como hasta ahora.

          Hoy ha sido tal vez y hasta la fecha, el día más caluroso del viaje, así que después de haber madrugado, a las dos de la tarde ya estábamos en el hotel, protegidos del sol y del caos de las calles circundantes.

          En la mañana, nos hemos trasladado a la cercana, Pattadakal, donde poder contemplar tres templos magníficos, Virupaksha, Mallikarjuna y Papanatha, este último en obras. Antes eran todos gratis, pero ahora han encerrado los dos primeros y te cobran 600 rupias. No pasa nada, porque  se ven, perfectamente, desde fuera. Parece increíble, que un modestisimo pueblo de1.600 habitantes pueda albergar estás fantásticas joyas. Y, todavía más, que existan más de veinte autobuses diarios, que conectan este lugar con Badami. El que no ha estado en India, no le daría crédito. Pero es, que además van llenos, porque dan servicio a las localidades intermedias y a los sumisos escolares de los alrededores.

          De vuelta, a Badami, todo sigue igual, que ayer. El mercado con su vida vibrante; las callejuelas con las actividades de la vida cotidiana llevadas a cabo por las mujeres -entre ellas, limpiar de residuos con una rejilla, las guindillas o las lentejas -, mientras los hombres reposan sentados o tumbados en la tienda del alcohol o haciendo el bestia con la moto. Aunque, si algo hay igualitario en India entre los sexos es este último aspecto.

          Hay que ver, por cierto, que mal y deformados tienen los pies, los indios, por culpa de las omnipresentes chanclas y peor, las mujeres. A la mayoría se le ha agrandado el espacio entre los dedos donde se engancha el encaje y tienen los talones secos y agrietados, con durezas y callos,duros como piedras. Un callista solvente, haría negocio en éste país.

          La tormenta de la tarde resulta bestial, aunque más corta, que la de ayer. En Tamil Nadul y Karnataka, el monzón se alarga hasta noviembre. Llevamos un 75% de días llovido y no son más, porque los dos primeros transcurrieron en Madrid y Abu Dhabi. Los cortes de luz, cada vez, son más frecuentes, aunque aquí, disponen de generador autónomo.