Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.
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jueves, 15 de septiembre de 2016

14 "pequeños" destinos imprescindibles en África

Frontera entre Sahara y Maurittania
          Afortunadamente, terminó este insoportable verano, lleno de tardes soporíferas, aunque también de fiestas, conciertos, limonadas, barbacoas... Por diferentes circunstancias -que no vienen al caso- el periodo estival ha transcurrido sin un viaje, que llevarnos a la boca. El debate, a fecha de hoy, es si nos iremos 20 días a Grecia, en octubre; arrancaremos el séptimo viaje largo, en noviembre o pasaremos este año en blanco. Ya iremos viendo.
                                                                                                                                       Rosso (Mauritania)
          Mientras tanto y después de tres meses sin publicar, retomo el blog con el objetivo de haceros llegar catorce “pequeños” lugares de África, que no deberíais perderos en los periplos por este continente. No se trata de sitios famosos, pero si entrañables, encantadores o pintorescos. No se exponen ni en orden ascendente, ni descendente, sino simplemente geográfico, de este a sur y de noroeste hacia abajo. Y además, sin repetir un solo país.

          -Bahariya (Egipto): A unas cuatro horas en coche de El Cairo, este oasis no tendría nada de especial, sino fuera porque a unas decenas de kilómetros, se hallan los desiertos Blanco y Negro, muy sorprendentes, poco turísticos y maravillosos.

                                                               Fadiouth (Senegal)
          -Harar (Etiopía): Se trata de la cuarta ciudad sagrada del Islam y aunque es una gran urbe, su centro histórico se presenta bastante recogido y muy atractivo, con casi cien mezquitas de diferentes épocas, bellas casas tradicionales y calles gremiales, a casi 2.000 metros de altitud.
Vilankulos (Mozambique)
          -Lamu (Kenia): La más antigua y tradicional ciudad swahili del África oriental, ofrece encantadoras calles, que parecen haberse detenido en el tiempo, además de gentes muy amables y bonitos paisajes de mar. Quizás, no sea tan bello, como Zanzibar, pero sí, mucho menos turístico.

          -Namanga (Tanzania): Se trata de un pueblo de unos 10.000 habitantes, en la frontera con Kenia, que penetra parcialmente en este país. Es uno de los lugares donde contemplar la cultura masái en estado puro, sin la contaminación de las agencias de viajes y sus tours. Las celebraciones religiosas musulmanas están a la orden del día.
                                                                                                                                                 Djenné (Mali)
          -Chipata (Zambia): A pesar de no ser un núcleo muy pequeño, la ciudad conserva su indiscutible talante rural y agrícola, dentro del parque nacional de Luangwa del Sur. El mercado es puramente africano y sus gentes resultan entrañables, en un país, donde la hostilidad hacia los extranjeros blancos se hace incuestionable.

          -Michinji (Malawi, en la frontera con Zambia): Malawi es de las naciones más pobres del planeta, pero el turista siempre es bienvenido y -en la medida de lo posible- agasajado. Tiene todos los encantos de las pequeñas ciudades de frontera y ninguno de sus inconvenientes. Al menos, durante nuestra estancia, las actividades lúdico-festivas nos llenaron de gozo.
-Vilankulos (Mozambique): Una de las joyas de este país, algo dispersa -como es frecuente, en África-, pero encantadora, donde parece que uno ha retrocedido varios siglos atrás, cuando se observan las artes de la pesca y preciosos barcos, que parecen sacados de una película medieval. Me ha costado decidirrme entre este núcleo urbano y Cuchamano, en la frontera de Zimbabwe, uno de los lugares más entrañables del continente.

                                                                                                Michinji (Malawi)
          -Kariba (Zimbabwe): Disperso enclave de cultura y tradiciones muy rurales, donde contemplar animales salvajes está a la orden del día. Nosotros llegamos a fotografiar elefantes a dos metros de distancia, además de ver hipos, cebras y otras muchas especies. Afortunadamente, nuestras imprudencias no tuvieron castigo.
                                                                                                                                    Mamamga (Kenia)
          -Tozeur (Túnez): Que yo sepa, se trata del mayor palmeral del mundo, donde acabamos odiando y vomitando los dátiles, debido a los excesos, que como otras tantas veces, cometemos. Un lugar con mucho encanto, con pocos viajeros y con ningún pelma.

           -Mulay Idris (Marruecos): Después de siete viajes al país, resulta difícil elegir un sólo sitio. Nos quedamos con este, por ser poco conocido y maravilloso. Enclavado en una roca, se puede disfrutar de sus estrechas calles empedradas, las colinas adyacentes y las cercanas ruinas de Volubilis.            Lamu (Kenia)


          -Frontera de Sahara Occidental: Los cinco o seis kilómetros, que separan este país, de Mauritania, se constituyen en una de las experiencias más alucinantes para el viajero. Territorio salvaje, lleno de minas y coches quemados, donde sin un conductor experto, se pierde la vida, seguro. No hay más población, que los numerosos empleados y buscavidas chantajistas de los puestos fronterizos.
                                                                                    Harar (Etiopía)
          -Rosso (Mauritania): Otra localidad fantástica de frontera, sino fuera por sus lamentables y tenebrosas infraestructuras hoteleras. Existe un mercado -al menos, los domingos-, genuino, muy animado y maravilloso.

          -Fadiouth (Senegal): Conectada por un largo puente de madera con la población de Joal, esta isla artificial llena de conchas, resalta la cotidianidad y convivencia de cristianos y musulmanes -con sus respectivos cementerios- en plena Petite Coté. ¡Un momentazo!.

          -Djenné (Mali): Sus construcciones tradicionales en adobe, hacen de este lugar un destino incomparable, sobre todo, si se visita los lunes, día del animado y bullicioso mercado, donde conocer gente y comer mil cosas distintas, resulta bastante factible. ¡Recomiendo las sabrosas albóndigas de pescado!.
Entradas  a monumentos egipcios

miércoles, 23 de marzo de 2016

¡Vaya putada: perder la vida en la carretera!

          Interrumpo la serie de posts sobre lo que hemos hecho por la cerveza, para atender a la actualidad del mundo y a mis sentimientos. Pero volveremos, en breve, con los dos artículos, que restan.
                                                                                                                Ecuador
          Como persona y como periodista, siento indignación y tristeza, ante la actuación de casi todos los medios de comunicación españoles, que han decidido dividir a los muertos de forma violenta en tres categorías: premium, normales y low cost.

          Los primeros -víctimas de atentados terroristas del primer mundo-, ocupan centenares de horas de información, reciben todo tipo de condolencias y se habla sobre su dolorosa e injusta pérdida, cuán martillo pilón. Sobre los segundos se dice: “ay, pobrecitos, que mala suerte han tenido”, para pasar a pensar en otra cosa (caso de las chicas muertas en el accidente de autobús, de Cataluña). Los terceros -refugiados sirios; victimas de atentados, de Daesh, en Irák, Turquía o Siria o de Boko Haram, en Nigeria o Camerún- no importan. Ellos, apenas ocupan 20 segundos en el telediario o diez minutos en el Intermedio, de Wyoming.
Laos
          Para mi, todas las muertes violentas son lo mismo. Esa -muchas veces- falsa solidaridad patria de postureo con los damnificados de los atentados, de Bruselas, se transforma, en mi caso, en sincero sentimiento hacia las chicas, que murieron el domingo, en el accidente de autobús. Y es, que a mi, si me hubieran quitado la vida con ventipico años, me habrían hecho una gran putada.

          Como peculiar, irreverente -tal vez- y personal homenaje hacia ellas, os voy a contar las ocho veces en nuestros viajes, que estuvimos a punto de perder la vida en la carretera.
                                                                                                               Filipinas
          1º.- Ecuador, en abril, de 2.008. Viajamos, desde Piura, en Perú, a Loja. El autobús llega con retraso y ha hecho el camino inverso, anteriormente. Les toca conducir, a los mismos conductores, que ya vienen. Partimos. Nos despertamos en mitad de la noche, parados. Nos cuentan, que ha habido un derrumbe y no se puede seguir, hasta que despejen la carretera mañana. Somos tan inconscientes, que nos enfrentamos a los chóferes, exigiendo continuar, fuera como fuera. Cuando amaneció y al ver por donde circulábamos y el cansancio de quienes nos guiaban, nos dimos cuenta, de que habíamos comprado muchas papeletas para nuestro voluntario suicidio.
Mozambique
          2º.- Laos, en julio -nuestro mes favorito para perder la vida en carretera, como veréis-, en 2.008. Trayecto, entre Luang Nan Tha y Luang Prabang. Lleva tres días lloviendo y la carretera es inhumana. Veinte segundos antes de llegar a un determinado punto, se produce un incontrolado y abrupto derrumbe, que tapona toda la calzada (por así llamarla).

          3º.- Filipinas, en septiembre, de 2.008. Viajamos de noche, desde Baguio, a Banaue, en un vehículo de antigüedad y comodidad aceptables, que esta a punto de caer por un precipicio, dejando dos medias ruedas fuera del asfalto. Yo dormía.
                                                                                                              Etiopía
          4º.- Mozambique, en enero, de 2.011. Hemos pasado de forma arriesgada la noche al raso, en Inhanbane, para tomar un autobús, a Maputo, a las cuatro de la mañana. En un cruce, nuestro conductor se encara con otro, por conservar la preferencia y hacen varios amagos de aceleración, para pasar, sí o sí, aún chocando con el otro, en plan Teoría de Juegos. Nervios insoportables, para que nuestro agresivo chófer se saliera con la suya.

          5º.- Etiopía, en julio, de 2.011. El concurrido y viejo bus, que va desde Harar, a Addis Abeba, transita por una carretera montañosa, apenas asfaltada, estrecha y con enormes precipicios al borde izquierdo. Llueve. En una curva, vemos caer, nítidamente y desde la ladera de la montaña, amenazantes rocas de tamaño considerable, que golpean el techo del vehículo, que se tambalea de lado a lado, ante el griterío del pasaje. Cuando parece, que vamos a caer -no nos habrían encontrado nunca-, la pericia del conductor consigue controlar el vehículo y salvarnos la vida.
India 
        6º.- Una forma “divertida” de morir, es hacer el montañoso y breve trayecto, entre Dharansala y Mcleod Gang -junio, de 2.014-, que llevan a cabo a diario cientos de autobuses. La carretera es estrecha y no caben dos de frente, por lo que son constantes las maniobras -muchas hacia atrás y al borde de precipicios, aunque nunca hostiles- para organizar el tráfico. A los indios les parece normal, pero a los extranjeros nos acojona bastante.
Bangladesh
          7º.- Bangladesh, en julio, de 2.011. Tomamos un rickshaw para ir desde el centro, de Chittagong, a la estación de autobuses. A los mandos del cacharro, el conductor más suicida y psicópata, que nos haya transportado jamás. Ha desayunado fuerte y nos lleva a una velocidad de vértigo, por calles llenas de profundos y deformes baches, con curvas y cuesta abajo. Vamos dando botes y apenas mantenemos la estabilidad, aferrados a una estrecha y corta barra metálica oxidada. Para colmo, las mochilas en el regazo y el infernal tráfico, de frente y al lado, Milagrosamente, nada nos ocurrió, salvo caer mareados, al bajar.
                                                                                     Corea del Sur
          8º.- De esto, hace tan sólo cuatro meses. Estábamos en Gyeongiu -Corea del Sur-, recién llegados y algo despistados, dado que es un lugar disperso. Para acceder a un monte, no había otra forma -o no la descubrimos-, que atravesar a las bravas, una autopista de cuatro carriles, sin mediana. Por apenas centésimas de segundo, no fuimos atropellados, violentamente, por un vehículo a más de cien por hora.


          Siento enormemente, CHICAS -aunque, no pueda ni imaginar el dolor de vuestras familias-, que la suerte no os sonriera, como a nosotros, habiendo sido vosotras mucho menos imprudentes y aventureras. ¡Os habéis perdido algo grande, que este mundo!.  ¡¡¡Vaya mierda!!!.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Feliz 2.013 y felices viajes

                                                                                     Kajuraho (Inidia)
            Como este, muy probablemente, será el último post de este año, quiero aprovechar para felicitaros estás fiestas –que tan poco me gustan- y desearos, que la entrada, en 2.013, sea favorable. Espero también, que llevéis a cabo fascinantes viajes y que os sigáis pasando e interesando, por los contenidos de este blog.
                   Mapa de Bangladesh
            Si el retorno a la vida laboral no lo impide –cosa, bastante improbable, tal como andan las cosas-, es bastante factible, que el nuevo año, sea el de nuestro sexto viaje largo. Sobre el papel, el proyecto está muy avanzado, dado que al ser el más aventurero de los llevados a cabo, precisa de buenos preparativos (muchos más, que los de los anteriores periplos).

            Partiríamos desde Milán, a Dacca (Bangladesh), en vuelo de la compañía, Saudi Arabian Airlines (unos 275 euros). Visitaríamos el país y haríamos la visa de India, adonde entraríamos, por Calcuta. Tras hacer un circuito, en forma de media luna, por puntos que no visitamos en el anterior viaje al país, saldríamos por la frontera de Wagha, a 29 kilómetros de Amristar, rumbo a Pakistán (visa en Delhi, presentando una carta de la embajada española).
                                                                                       Lalibella (Etiopía)
            Visitaríamos el país, en un periplo, fundamentalmente, urbano y semi urbano, para salir hacia China y entrar., en Kirguistán. De ahí, intentaríamos llegar, a Uzbekistán y hacer un circuito por esta nación, para posteriormente, volar a Emiratos, atravesar Omán y hacer un recorrido por Yemen (aún tenemos mucho que comprobar, en cuanto a la seguridad de este país, pero estamos en ello).

            En Aden (Yemen), embarcaríamos en uno de los barcos –son diarios, según hemos constatado-, que enlazan con Yibuti: De ahí, atravesaríamos, a Somalilandia y mataríamos el viaje, en Addis Abeba (Etiopía, ya lo conocemos). ¿Alguien se apunta?.
             Mapa de Yemen
            De alguna forma, nos gustaría incluir, Corea y Japón –aunque solo fuera Tokio-, en este viaje. Pero me temo, que por presupuesto, va a ser imposible.

            En los comentarios de este post, se irán detallando los recorridos, país por país.

            A lo largo de enero y en este blog, seguiré publicando las entradas, que faltan, sobre nuestro primer viaje largo: Navegación en velero, desde Cartagena de India, a Panamá y continuación por tierra, a Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador y México.   

jueves, 26 de julio de 2012

Adiós a la moda

                            Cristianas a la puerta de la iglesia, en Addis Abeba (Etiopía)
Cuando era pequeña, ya soñaba con ser diseñadora de moda. Me pasaba los días dibujando maniquíes con toda clase de vestidos y complementos. Y cuando me aburría, me dedicada a vestir a mis muñecas e incluso a los Madelman de mis hermanos. No me quería encasillar sólo en ropa femenina.
Tienda de ropa interior para musulmanas, en Damasco (Siria)
            Los años fueron pasando. Estudié con fervor. Día a día, iba consiguiendo crear mi propio estilo. Mi familia estaba orgullosa de mí. Hice algunas aproximaciones a desfiles, pero Cuando era pequeña, ya soñaba con ser diseñadora de moda. Me pasaba los días es muy difícil entrar en un mundo, que es muy cerrado para todo el que llega de fuera y sin ninguna recomendación.

            Decidí entonces, dedicarme a diseñar ropa que hasta ahora, nadie hubiera hecho: moda religiosa para mujeres.

            Antes de lanzarme de lleno, pensé en visitar diversos países para comprobar in situ, como estaba este tema en la actualidad.
                                               Muro de las Lamentaciones, en Jerusalén (Palestina ocupada)
            Empecé con la religión cristiana, por ser la más próxima. Todas las féminas siguen un mismo patrón: faldas largas hasta los tobillos, blusones o camisas que tapen los hombros y, por supuesto, pañuelo en la cabeza. Da igual, que la iglesia sea católica, ortodoxa, protestante…Todos los religiosos se encargan, de que la mujer vista decorosamente y si hace falta, disponen de policías o militares controlando el acceso a los lugares santos.
                                                   Buda gigante, en Mandalay (Myanmar)
            Continué con la religión musulmana. Aquí, todavía está más claro. Ellas no sólo visten pudorosamente dentro de las mezquitas, sino en todos los ámbitos de la vida en los que tengan relación con la gente, que sea extraña a su familia más próxima. Largos velos, túnicas, pañuelos, guantes y calcetines, cubren cada centímetro de su piel.

            A continuación, dirigí mis pasos hacia el judaísmo. Otra vez, más de lo mismo. La mujer prudente y respetuosa con las tradiciones, debe cubrir sus cabellos, llevar falda hasta los tobillos y por supuesto, rezar separada de los hombres.

            Parece ser, que los budistas y los hindús son algo más tolerantes con la vestimenta de las mujeres, aunque no con la estima que les merece el sexo débil.

            Viendo como está el panorama, creo que mis sueños de llegar a ser la “Coco Chanel” española, sólo se han quedado en una pesadilla. Volveré a casa y me dedicaré como tantos compatriotas, a buscar mi primer empleo, si la crisis y los políticos me lo permiten.
                                                         Mujeres lavándose en el río Ganges, en Varanasi (India)

jueves, 15 de diciembre de 2011

Todo sigue igual


Lalibella
Otra vez voy al monasterio. Como siempre, al llegar, cubro mi cabeza y mis hombros con el chal blanco, que sólo uso para estas ocasiones. Es una herencia de mi madre, que a su vez ,lo recibió de manos de mi abuela. Yo lo cuido con mucho amor, pues es el único recuerdo, que me queda de mi familia.

En los antiguos muros de piedra, rezo mis oraciones a Jesús. Dentro, ya se ha formado un grupo numeroso de hombres, que sentados, esperan a que comiencen las charlas que todas las tardes tienen lugar aquí. Como yo soy mujer, no tengo derecho a tomar parte en ellas.

Siempre las religiones, coartan nuestra libertad. Mi vecina Lisbet es musulmana y ella tampoco tiene las mismas prerrogativas, que los hombres dentro de la mezquita. Sin embargo, no sé que harían en nuestros hogares sin nosotras:  ¿quién cuidaría a los niños?, ¿quién sembraría y cosecharía los campos?, ¿quién vendería los productos de nuestro trabajo en el mercado ?
                                           Aksum
Mientras tanto, la vida sigue igual que todos los días. Los niños juegan al balón o a la tanga, mientras que las cabras y las ovejas pacen a su alrededor, la hierba que crece entre las piedras del suelo y las paredes cubiertas de musgo. Los negocios todavía siguen abiertos, aunque a estas horas tienen pocos clientes. No sucede lo mismo con los bares de cerveza, que están llenos de ociosos hombres, bebiendo antes de volver a sus casas. 

martes, 13 de diciembre de 2011

Rumbo al este

                                                                                                    Harar
                                                                                               Harar
           El último día en Etiopía, fue realmente estresante. Todas las circunstancias, que no nos habían ocurrido por separado durante el viaje, se alinearon a lo largo de esa jornada: avería del bus, varios accidentes por la carretera, severos controles policiales, un atasco eterno entre Adama y  Addis...

El peor  acontecimiento de todos –aunque, afortunadamente, quedó solo en un susto-, ocurrió casi nada más salir de Harar. Por las intensas lluvias del día anterior, una enorme avalancha de rocas gigantes, acabó estrellándose contra el techo de nuestro autobús. Cuando, irremisiblemente, nos íbamos directamente al barranco y la gente gritaba de forma histérica, milagrosamente, el conductor pudo controlarlo y salvarnos de una muerte segura.
                                                                                                      Dire Dawa
 Previamente a estos sucesos, habíamos pasado unos días en Dire Dawa y más tiempo del deseado, en Harar, al no encontrar plazas para el transporte deseado. Del primer sitio, no esperábamos nada y nos recompensó con una bonita iglesia y un palacio. Tras cruzar un puente sin río, se desliza la zona histórica, con sus coquetas calles y casas de colores y cierta rugosidad en sus paredes y un mercado muy auténtico, encerrado entre bellas arquerías. ¡Un lugar fantástico y muy genuino!
 
           Harar, tampoco está mal, aunque no cumplió, ni colmó nuestras  expectativas. La bella y descendente calle de los cosedores, está flanqueada, por otras de casas de diversos colores y mezquitas de distinto fuste. La desmejorada muralla, no recuerda precisamente a la de Jerusalén.
                                            Harar
          Aquí, el ambiente a veces resulta bastante hostil. Los niños son tan agresivos, que tienes que acabar pegándolos, para defenderte y marcar territorio. Nos tiraron piedras, agua y nos llamaron de todo y a todas horas. Especialmente, "farangio" (, que aunque solo significa extranjero, repetido hasta la extenuación y con ánimo de ofender, desquicia al más calmado). De nada sirvió - ni de desahogo siquiera-, responderles "hijo de puta", a cada una de las provocaciones

Este asunto, nos  descuadró bastante, porque en el resto de Etiopía, incluida la cercana Dire Dawa, los niños son afables y maravillosos.

           En Harar, hay gente viviendo de forma permanente en las medianas y las aceras. La lamentable organización del transporte público, estuvo a punto de propiciar que perdiéramos nuestro enlace aéreo, entre Addis y Barhein.
                                                                                              Harar
Después, de llegar al aeropuerto con la lengua afuera, nuestro vuelo al golfo Pérsico, se demoró durante bastantes horas. Adiós a Etiopía, sin lugar a dudas, el país, que merece más la pena –junto a Marruecos-, de los 16 de África, que conocemos hasta ahora.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Historias de "farangis" o extranjeros (parte II de II)

                                                Gondar
Otra cuestión es la imaginación, que pueden llegar a desarrollar para explicar, porqué no hay agua en los hoteles - casi nunca fluye -: desde porque  está lloviendo, no hay luz, hoy hay tormenta...,  hasta casi con asuntos relacionados con la conspiración judeo-masónica. Aunque, algunos más sinceros, te advierten de que ni está, ni se la espera. Deben pensar, que mejor una vez colorado, que veinte naranja.
 
La llegada al hotel de Aksum, fue realmente apoteósica. No había agua y la cerradura de la puerta no casaba entre si. Es decir: por dentro entraba la llave, pero por fuera no. Y así pasaba en todas las habitaciones. Cuando se lo comentamos, aparecen siete tíos, contemplando y manipulando la puerta, como si les pillara de nuevos y con cara de poker. Lo mismo y más de 20 minutos para que pusieran una bombilla en el baño. Y mientras tanto, un niño tan listo como pesado, persiguiéndonos de un sitio a otro, para vendernos tanto lo tangible, como casi lo intangible. Empezó una tormenta y se fue la luz. Ya no volvería nunca, a lo largo de nuestra estancia.
                                         Lalibella
 En esa misma ciudad, al día siguiente y en otro alojamiento, el propietario quiso recuperar el dinero que le había dado a unos niños por conducirnos hasta allí, a pesar de que habíamos llegado solos y por nuestros propias piernas, dado que está enfrente de la estación de autobuses, desde donde partíamos al día siguiente. Y lo trató de hacer, chantajeando a Alex y queriéndole cobrar a mayores y a un precio desrbitado, el colchón extra -en una habitación triple- que le había ofrecido gratis, horas antes. La discusión fue larga, después de venir de tomar unas cervezas y pasadas las 12 y media de la noche.
                                                 Cataratas del Nilo Azul
 En Lalibella, se focaliza la mayor parte del timo o del chantaje psicológico. El día anterior, un guía se nos ofreció para llevarnos por las iglesias. Le dijimos claramente, que no estábamos interesados en sus servicios y a la jornada siguiente cuando nos vio llegar, argumento sin escrúpulo alguno, que llevaba esperándonos desde las 6 de la mañana. Ya en el interior del recinto, tuvimos que pelear muy a fondo, con un falso controlador de entradas, que no soltaba nuestros tickets de acceso y al que se intuían muy malas intenciones.
   
            Ni siquiera, la policía es segura. Un de ellos, nos informó en Mekele, de que había microbuses todo el día, a Lalibella. La realidad es, que a las dos de la tarde, ya no salía ninguno, que no fuera por caro contrato particular. En otra estampa kafkiana, una chica de este cuerpo policial, se nos presentó en la propia habitación del hotel de Addis, porque no le habíamos dejado hacer una fotocopia del pasaporte a la empleada de la recepción, cuando en realidad, lo que le habíamos impedido, es que se fuera a la calle con ellos, perdiéndolos de nuestra vista 
                                                              
Con los de seguridad , hay que andarse también con cautela. Conversación a la puerta de un banco, donde previamente ya te han cacheado: "is there ATM in the bank"?. "Yeees". "Can we use international cards?". "Yeees". Como ya habréis imaginado, no había cajero alguno en la entidad bancaria.
                                                         Aksum
 Molestias menores, fueron -supongo, ya que no se lo he preguntado a él -, que en la mayoría de los alojamientos a Alex y por ir sin pareja, se le ofrecieron con insistencia chicas de compañía o que, cuando vas a orinar a determinadas y pestilentes letrinas en zona rurales - y las urbanas no están en mejores condiciones - y da igual que seas chica o chico, niños de ambos sexos, se te arriman a observarte a muy corta distancia.
 
 Sin duda, la higiene de los baños -todos- y la constante falta de agua para ducharte o para lavar la ropa, son los mayores quebraderos de cabeza del viajero en Etiopía. Lo demás, son puros gajes habituales en el oficio de viajero.

Historias de "farangis" o extranjeros (parte I de II)

Normalmente, los etíopes son afables y tranquilos, aunque depende también de la zona del país. No es lo mismo el excelente trato recibido en Gondar, que las piedras, agua o insultos, de los que fuimos víctimas en Harar.
                                                                            Bahir Dar
Los timos no están muy generalizados, aunque hay quién trata - sin escrúpulos - de conseguir un extra, por lo que hay que preguntar por los precios de todo: desde un "mastika" (chicle) a la compra más elevada, que necesitemos acometer. Poruqe, nos hemos topado con incautos, a los que les han llegado a facturar 30 €, por una simple ronda de refrescos.

Las mayores molestias se producen en los restaurantes. Dado que, a Anna, Joan y Alex y a nosotros, no nos ocurrió por separado, pensamos que actúan cuando los grupos son más numerosos y los suponen menos atentos a la cuenta. Los espaguetis, comida central y socorrida del farangi (literalmente, extranjero, en la lengua local) suelen ser el elemento estelar.

Pase, que te los tarden dos horas en traer - para que sigas bebiendo cervezas y agrandando la cja-, pero lo que ya no cuela, es que intenten cobrarte dos raciones, habiendo pedido sólo una y no habiéndolos cocinado siquiera ( el pobre Joan, se quedó casi sin comer en Lalbella, por esta kafkiana causa). Y aún tuvieron bemoles, para discutir hasta 10 minutos, incluso cuando la propia cocinera, reconocía su error, de intentar facturarlos.
Dire Dawa
              En  la localidad de Weldiya, solicitamos tres platos de espaguetis  y uno de macarrones y no sirvieron una de las raciones de los primeros. Reclamamos "one more" y nos traen y nos sueltan con violencia  sobre la mesa, otros tres platos de espaguetis y otro más de macarrones. La pelea fue cruenta, para pagar sólo lo adecuado, cosa que acabamos consiguiendo, no sin pasar un rato bien desagradable.

            Otra de las técnicas, es hacerse los locos, con que no saben los números en ingles, a la hora del pedido y luego, te recitan la cuenta de corrido, con un acento mejor y más atinado, que el de  anglosajón de nacimiento. De esta forma en Mekele, tuvimos que pagar 35 birr por unos apestosos espaguetis con salsa de tomate, cuando no suelen costar, más de 15 o 20 y además, en la carta no había nada. que respondiera ese importe o se aproximara..
                                            
                              Monasteio del lago Tana
              La cerveza, también se lleva su protagonismo. En Aksun, se nos cayó y rompió una botella casi entera y no sólo, no nos pusieron otra, sino que además de cobrarla, nos requirieron una cantidad desorbitada por el envase. En Mekele - según un lugareño - la Castell valía a 9 birrs. Poco después y con las birras ya en la mesa, vino a pedirnos perdón, dado que el propietario le había dicho, que eso era ayer: hoy ya costaba 13 (y menos mal, que no le dio por decir, 50).

Idéntica y larga y larga discusión, mantuvimos en Weldiya, donde por la mañana habíamos abonado 10 birrs por un tercio de cervez y por la noche, nos solicitaban 12, alegando tarifa nocturna. ¡Lo que tienen estos es mucha cara a todas las horas del día!. Pero, no se salieron con la suya

             De surrealismo, se puede calificar a las cervecerías, que no disponen de cervezas o a las teterías, de té y aunque tú estés viendo tomarlo al resto de clientes, te dicen con absoluta normalidad, que no te lo sirven, porque no tienen.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Rarezas etíopes e incertidumbres

Reposando en un bareto, en el fin del mundo, después de la excursión por las iglesias del Tigray, con Anna, Joan y Alex
              Si se cree un poco atolondrado, después de aterrizar en el aeropuerto de Addis, tras varias horas de vuelo, tal vez es que lo esté. Pero no se asuste, si al llegar a la estación de autobuses le han vendido un billete para Bahir Dar, con fecha 11 de noviembre de 2003, creyendo estar a 18 de julio de 2011. Ni se ha vuelto loco, ni ha realizado un maravilloso viaje en el tiempo (a pesar, de que paseando por "Mercato" lo parezca), ni le han tratado de timar (cosa no infrecuente aquí).
      
             No se frote los ojos, si observa en un calendario, que Navidad cae el 7 de enero, el Año Nuevo el 11 de septiembre o que el propio año, dispone de 13 meses (12 de 30 días y 1 de 5). Simplemente cuando toda la cristiandad, decidió adoptar el calendario gregoriano, estos decidieron seguir a su bola, con el juliano.
                                    La Libella
           Tampoco hay que irse corriendo a la cama, si pregunta por la hora del check out del hotel y le indican, que es a las 6 a.m (o sea, de la mañana). También funcionan con horario propio. El día para ellos, comienza a nuestras 6 de la mañana por lo que a su hora local, hay que sumarle 6 más y preguntar, para más seguridad si es "etyopian hour" o "international hour". Sobre todo, si te dicen, que habrá agua "in the evening", piensa que no debes encontrarla a las 6 de la tarde, sino a partir de las 12 de la noche.
 
          Todos los autobuses, salen a las "eleven" (cinco de la mañana y sin mucho retraso), tan solo uno al día, para destinos largos. Si ya de viaje, veis a los pasajeros sudando, con las ventanas cerradas y tres camisetas de manga larga y un polar, no tratéis de persuadirlos de nada y preocuparos más por vosotros. ¡Y por supuesto, nada de intentar introducir algo de aire fresco en el vehículo!
 
          Una rareza muy esperanzadora -aunque nos ofenda a los trotamundos-, es que muchas veces, no se bajan del burro, ante nuestras arrolladoras pretensiones occidentales, de rebajar los precios de algunas cosas. En casi cualquier parte de África, lo hacen si con ello sacan, aunque sea un mínimo beneficio. Aquí no.
                                                                                                                                                   Harar
          Del tema de las rarezas religiosas, habría para escribir un libro entero, a pesar de que a los agnósticos, nos preocupan menos. Aunque, llamar la atención, si que clama, que al menos a nosotros, los ritos nos parezcan más mezcla de musulmanes y budistas, que de católicos y protestantes de hoy ( y eso que los etíopes, parecen los más arraigados con sus iglesias precristianas y el cristianismo primitivo)
 
           En cuanto a las incertidumbres, dejo sólo una reflexión múltiple:
 
           -¿ Porqué el país con el tercer lago más grande de África –el Tana- y con una copiosa época de lluvias -padeciéndola en nuestros huesos y carnes-, carece del líquido elemento a todas horas, incluso en la propia capital?.

           -¿Qué misteriosa idea -para nosotros- les llevó, a gastarse un dineral en la construcción de dignísimas carreteras -para África y la orografía del país-, por donde sólo circulan camiones -vuelcos y vuelcos espectaculares-, a cada tramo de viaje, por conducción temeraria, por el medio de la carretera y a no tratar de montar, una minima red de abastecimiento de agua?.
 Addis Abeba
            Es África, donde no falta la luz, falta el agua, el asfalto... Y así seguirá siendo, previsiblemente, por los siglos de los siglos.
      

Por cierto, cerca de Mekele, presenciamos un aparatos accidente, donde de forma horrible e inolvidable, vimos sacar muertos -de entre los restos de un microbus-, sin siquiera una camilla o una manta. A varias decenas de metros, paró un autobús de guiris y mientras sacaban fotos de la catástrofe, sin escrúpulos, el guía ponía la ambientación sonora. Si África no tiene remedio, occidente y los occidentales, ni os cuento.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Los chicos del backgamon

A la simpática chica, que nos despertó en Bahir Dar, nos la volvimos a encontrar en Gondar, junto a su novio y un amigo, como compañeros de viaje. Decidimos, sin siquiera pensarlo, hacer un grupo de cinco, de forma indefinida.
Anna y Joan
Hoy, tras once intensos e inolvidables días, nos hemos despedido - al llevar rutas distintas- de eellos y debo decir, que les echamos de menos. Aún sentimos los ecos de la voz de Anna, dándonos información actualizada de las picaduras  de mosquitos y otros insectos varios (la pobre, se los lleva casi todos). O los de Alex, agobiándose por si estaba comiendo mucho o poco y haciendo de padre, a ver si los demás hacíamos lo mismo.

Nos sentimos algo huérfanos, sin el extraordinario sentido del humor catalán de Joan, con el que tanto nos reímos. Y también, sin esos piques -a modo de guerra psicológica-, que se provocaban en las partidas de backgammon -pasión descubierta recientemente por ellos-, a  5 Bir la ronda, que entretuvieron muchos ratos libres.

Pero, lo que más echamos en falta, son esas larguísimas y entretenidas veladas, al calor de unas cervezas, un plato de espaguetis o carne a la plancha o una enjira (especialidad local, base de la alimentación etíope). Hubo bastantes días, que nos levantamos a las 4 de la mañana a coger un autobús y llegada la medianoche, aún seguíamos de cháchara. Nunca, tres barcelonistas y dos madridistas acérrimos, discutieron menos de fútbol y se rieron más de su propia pasión deportiva. Tal vez, porque de los cuatro partidos de abril -a nivel de aficionado sensato-, ya no quedan ni los rescoldos. ¿O sí?            Vida rural en Etiopía

      Con Anna, Alex y Joan, viajamos desde Gondar a Aksum, por una carretera sin asfaltar, que deja a los lados espeluznantes precipicios y maravillosos paisajes. En Aksum, momentáneamente, el grupo se elevó a 8 miembros, al sumarse 3 médicos madrileños, que ya habíamos visto en las cataratas del Nilo azul. Si no se va con muchas expectativas, el lugar no decepciona, por sus ruinas, la iglesia del Arca de la Alianza y sobre todo,  el extraordinario mercado.

             Posteriormente, continuamos hacia Mekele, para explorar las iglesias del Tigray. Por falta de un plan de actuación, iglesias vimos las justas, pero pasamos un extraordinario día, caminando por bonitos paisajes, descubriendo la cotidianidad de la Etiopía rural, rodeados de niños, tomando cervezas en exóticos bares, que parecen sacados de los libros de historia y de los documentales o pegando botes en el remolque de un viejo y trepidante camión, que se apiadó de nosotros, cuando teníamos todas las papeletas para dormir en el campo, sin material de acampada ninguno. Lo de siempre: África te hace sufrir, pero te da una solución, cuando menos la esperas, que te acaba compensando y llenando de euforia.

                                            Alex, con un grupo de niños
            La iglesias de Lalibella, no decepcionan, a pesar de que algunas, cuenten con andamios y marquesinas para protegerlas de las inclemencias del tiempo y del paso de los años (la entrada, eso sí o es algo cara o se nos pegó cierto catalanismo ahorrativo).

En la misma zona, el treking al elevado monasterio de Asheton, también colmó nuestras expectativas, a pesar de ser algo esforzado. Sin embargo aún nos encantó más, el mercado que los sábados se desarrolla en Lalibella, que es realmente pintoresco, colorido, caótico y realmente extraordinario.


            La vuelta a Addis, a través de Dessie, fue algo tediosa y larga (dividida en dos jornadas). Este tramo- por unos 30 euros- ya que no ofrece los paisajes más espectaculares del país, debería, de todas, todas, hacerse en avión. Para Anna, Alex y Joan nuestros mejores deseos, en las más de dos semanas, que les quedan por el sur. Nosotros viramos hacia el este, para visitar Dire Dawa y Harar y en seis días, hacia Dubai (Emiiratos), vía Manama (Barhein).

lunes, 5 de diciembre de 2011

Gondar: uno de los lugares más maravillosos del mundo

                                                                                                         Gondar
            Al contrario de lo que algunos viajeros pudieran pensar, Gondar no es sólo un excelente castillo (recinto real), patrimonio mundial de la humanidad. Son tantos sus encantos, hasta en la desquiciante época de lluvias, que lo convierten en uno de los lugares más maravillosos del mundo (y no exagero ni un ápice).                            A izquierda, a derecha y debajo, Gondar 


No hay agobios, como en Addis o en Bahir Dar. El asfalto es compartido amistosamente por personas, cabras, vacas, ovejas, carros de época tirados por caballos, tuck-tucks, coches y todo aquel o aquello que se quiera sumar a la perfecta fiesta de la convivencia y armonía urbanas.. Y todo ello, mientras los animosos niños, saludan, dan la mano y tratan de fotografiarse, con los pocos blancos que pululamos por las calles (sobre todo, saliendo de la víaa principal y sus perpendiculares). Nunca vi tanta ternura y a cambio de nada, porque aquí raramente piden dinero, bolígrafos, carameles o chocolate.                                              Gondar 
      
Hasta las adolescentes, se aferran a nuestros brazos -del orden de seis o siete por cada uno- con el fin de manosearnos, achucharnos y sobre todo, tocarnos el pelo. Un zarandeo en toda regla, pero con toneladas de cariño. Gondar es una isla, en la sufriente Etiopía. La mayoría de  sus calles están asfaltadas y las casas, son de una original belleza. Unas, pintadas de colores y otras, construidas en elegante piedra. No tenemos la certeza, pero se intuye, que esta población ha gozado de una situación privilegiada, respecto al resto del país. Además de la calidad de las viviendas, apenas hay puestos callejeros y los vendedores ambulantes, se reducen a niños, comercializando chicles. No sabemos de que vivirán, pero no es de ni de la venta, ni afortunadamente, tampoco de estrangular a los viajeros.
      Gondar 
Después de varios contactos con el -para nosotros- sorprendente cristianismo etiope, quedamos maravillados por las numerosas iglesias, que circundan el castillo o que se hallan en los barrios. Inmediatamente, nos recordaron al budismo, por tratarse de espacios cerrados y arbolados, con el templo en el medio, además de con las casas de los monjes e incluso, tumbas y cánticos repetitivos y estresantes. Por otro lado, nos vino a la mente al Islam, debido a los colores vivos de sus paredes y a la simplicidad o ausencia de simbología religiosa.
      
A la indiscutible autenticidad de Gondar -no contaminada por el rodillo turístico, que en Etiopía tampoco es muy aplastante-, se une la hospitalidad de sus gentes, que tratan de agasajarte y curiosean sobre la nacionalidad, los planes inmediatos o la vida del viajero.
                                                               Gondar
En este sentido, nuestra llegada resultó ser apoteósica, al recalar en un bar enfrente del hotel, de decoración muy conseguida. Varios jóvenes sentados en una mesa, nos hicieron de encantadores anfitriones. Charlamos y en un momento dado, mandaron callar a unos que discutían, para que nos sintiéramos más agusto. Finalmente, nos invitaron a dos jarras de cerveza a cada uno y aun chupito de ginebra, tras el que se ingiere media lima, para sosegar al estómago. Les decíamos que no, pero ellos insistían, con la contundente frase:  "yes. We can pay". Sus teléfonos táctiles -tan poco frecuentes aquí- nos hacían sospechar, que realmente podían. La sesión terminó, algo atolondrados por el alcohol con fotos varias e intercambio de e-mails. Algún día, contaremos la turbulenta relación que ellos intuyeron, entre los padres de de Cesc Fábregas y nosotros. Ja, ja, ja....                                                                   Gondar