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domingo, 4 de enero de 2026

Hablar y el dinero, dos cosas trascendentales, en China

 


        China  es el país del mundo en el que más se habla y no solo por parte de la generalidad de los gritones chin@s. Todo objeto o servicio, que se precie, se expresa constantemente: desde la escalera mecánica del metro, a los trenes, pasando por cuando introduces la tarjeta electrónica al ingresar a tu habitación. Caso especial es el de todas las tiendas de lo que sea, que cuentan  con unos altavoces modernos, donde graban mensajes cortos y repetitivos con voces femeninas estridentes y agudas. Y, por supuesto, también hablan los cacharros de control de la policía o de los accesos en las colas de los monumentos, o los robots que sirven comida y hasta un perro mecánico de color gris metálico, que vimos en Pekín. ¡Menudo animalito de compañía!.

          El andar de los chinos es casi siempre en linea recta. Y no tienen ningún problema en llevarte de por medio, si te encuentras en el camino de sus pies.

 


        Una cosa, que hemos visto con la nevada -aunque también lo usaron  con arena y otros materiales moldeables- y que está muy de moda son los moldes. Los hemos visto de casi todo: patos, bolas, conejos, corazones, Mickey Mouse... Desde el día de la nevada habremos observado más de un millón en las calles de Pekín y de Datong y seguiremos contemplándolos, porque las secuelas de la nieve, van para rato.

          Como ya constatamos en 2009, como la mayoría de lus chin@s  no tienen un pie muy grande, las escaleras son más estrechas, que las europeas y para nosotros son una pequeña tortura.

 


        Y, dejó para el final, el tema del dinero. Los chinos son unos maestros  en sacarte los cuartos y no tienen remordimiento o arrepentimiento a la hora de hacerlo.Por ello, salvo los baños públicos y unos escasos templos de culto, todo cuesta dinero. Desde acceder a un parque, hasta visitar un casco histórico habitado, al estilo nepalí. Con la diferencia, de que estos últimos solo controlan uno o dos accesos y de los chinos no te escapas.

           No solo los taponan todos, sino que recurrirán a material forestal o de cualquier otro tipo, que tapen todas las rendijas y no veas nada desde fuera.

 


        Salvo para cosas gordas, los precios no suelen ser muy caros, pero el goteo es tal, que el bolsillo termina bastante resentido. Diez yuanes por aquí, quince por allá, precios distintos en temporada alta y baja... 

          Además, son unos maestros del despiece y por tanto te cobran por partes: un complejo turístico, un monumento o cualquier cosa, que sea divisible (casi todo)

          Imaginemos, que llegan los chinos y compran la catedral de Milán. La rodearían de árboles, matorrales y demás y te cobrarían por visitarla por fuera. Y, ya por dentro, harían varias particiones, cada una con su precio. El ábside 1€, el altar 2€, la portada 3€...

 


        Finalmente, también establecerían  un precio global, pero en ningún caso sería menor, como es habitual en el resto del mundo, a la suma de todas las partes.

          Mis explicaciones pueden ser un poquito exageradas, pero lo expongo así, para que se entienda.

          

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