Cuatro y solo cuatro, son las sombras, que debes sortear en cualquier viaje a China y no sabría en qué orden ponerlas, porque todas son especialmente irritantes y muy recurrentes. Lo más normal sería, empezar hablando de la situación política, pero yo voy a dejar este asunto para el final. Aunque este pueda ser el más trascendente, no lo es del todo para el viajero común, si no fuera por la severa censura de los recursos de internet, que los occidentales usamos cotidianamente, día a día.
Las motos eléctricas -junto a la bicicletas, en menor medida- son la mayor molestia en China y un factor muy importante de peligro real. Da igual la ciudad, más que nada, porque la mayoría cuentan a sus habitantes por millones. Resultan esos constantes entes, casi silenciosos, que te abordan por cualquier parte y a gran velocidad y que no respetan ni una sola norma de tráfico en la calzada, incluyendo ir mirando el móvil o saltarse el semáforo. Parece inexplicable, que en un país de anchas e inmaculadas aceras, no hayan puesto coto a esta práctica irresponsable, absolutamente irritante e inhumana. Para nosotros y sin lugar a dudas, el mayor factor de estrés del viaje y extraña, que dejen campar a esta gente a sus anchas, en un país tan milimétricamente organizado.
El segundo elemento, menos significativo, pero que cabrea, es el que cobren por visitar todo y además, a capricho. Te puede salir más barato recorrer la Muralla China o la Ciudad Prohibida, que una triste Pagoda ruinosa en un lugar perdido. Los chinos cobran absolutamente por todo -menos por los cuidados y frecuentes baños públicos, que tanto nos han salvado la vida - y se encargan de ponerte todas las complicaciones, para que no puedas disfrutar de un centímetro de nada gratis.
Es entendible -porque la mayoría del turismo es interior-, pero poco presentable, que los chinos solo piensan en sí mismos a la hora de organizar las infraestructuras turísticas. Los pocos wifis públicos solo admiten registros en chino. Los destinos del tren solo están en mandarín. Y ya el mayor desprecio: para muchas actividades o adquisición de entradas debes tener la red social webchat, que debes descargarte antes de arribar al país, avalado por un ciudadano chino (así es, aunque no conozco los detalles).
Para finalizar y sobre el tema político decir, que a los turistas no nos afecta especialmente en nuestro transitar y en la vida cotidiana. La falta de libertad y el bloqueo del pensamiento individual son evidentes. Y jode más, porque en el resto de cosas es un país muy armónico y casi modélico. Pero, no hay bien superior , que este por encima de la democracia y la libertad y en China , no tienen ni idea de estos dos conceptos. La prosperidad de un país -que la hay- y la justicia social evidente, no pueden estar nunca avalados por la falta de libertades. Y me temo, que para nuestra desgracia, mucho de eso nos queda por ver en occidente con la pesadilla de la ultraderecha. La seguridad nunca, nunca, nunca, por encima de la libertad y de la identidad personal.
Los extranjeros y es bastante molesto y frustrante, si que estamos severamente afectados por la censura de internet. Todas nuestras aplicaciones, que más usamos, están capadas, incluidas Google, WhatsApp, Youtube, Netflix o Instagram y la lista es mucho más larga. Además, hay bloqueo por IPS, por palabras clave y por DNS venenosa. También han conseguido, que la fórmula VPN sea absolutamente inviable.
A pesar de la injusticia, en pleno siglo XXI, se puede sobrevivir y más, cayendo en la cuenta, que nosotros hicimos un fantástico viaje por China en 2009, sin visitar un solo ciber (entonces, no había móviles inteligentes). ¡Que la tecnología y la fatal censura, no nos hagan perder dotes naturales analógicas de toda la vida!.





No hay comentarios:
Publicar un comentario