Ver y oír,para creer. Un mamarracho malnacido -mejor, que hijo de puta, que las trabajadoras del sexo no tienen de esto ninguna culpa-, que se gasta más de mil millones diarios en una guerra injusta e ilegal y dice, que en realidad, lo suyo ha sido una pequeña excursión y una partidita de juego de los barcos. Y el picnic del mediodía, de que ha sido: ¿bocadillos o dónuts?. O quizás, las viandas, que Caperucita llevaba a su abuelita.
Y mientras tanto, Merz, el alemán -no confundir con Merde, aunque podría ser- diciendo, que en Irán hay muchos terroristas y que Trump y Netanyahu, lo hacen a su manera, como si la cosa fuera solo cuestión de método.
Mientras Macron, el único con armas nucleares en la UE, se quiere ir de chuloputas al estrecho de Ormuz, a poner orden, porque él lo vale.
Meloni o calla o grita sin término medio. Quiere sacar a España del protagonismo internacional, sin darse cuenta, de que en PIB per cápita -riqueza por cabeza-, le damos sopas con honda a Italia desde hace años.
¿Y, Pedro Sánchez?. Pues, en cuatro palabras: "hace lo que puede", con Albares como cómodo pop rockstar.
Dicen, que Israel mató a Jamenei y a casi toda su familia en el mismo ataque. Eso nunca hubiera pasado en la mía, dado que creo, que solo estuvimos juntos un par de veces. Mi padre, calzonazos con carácter. Mi madre, autócrata castradora. Y mis dos hermanas, tratando de solucionar sus problemas quemando energías en la piscina, como sirenitas. Debe ser, porque nuestra progenitora siempre anduvo, como martillo pilón con el ejemplo de una tal Irenita, hija modélica de una amiga suya y superior a sus hijos.
Al lío, tío Darío, que este no es un blog ni de política, ni de familia. Hablamos de estar atrapados.
Nuestros viajes se pueden dividir en dos: entre 1988 y 2004 por Europa y su contorno y desde entonces hasta hoy, arrasando por el mundo. Separémoslos, por tanto, entre antiguos y modernos. En tres ocasiones nos vimos atrapados en los primeros.
Corría 1989, habíamos terminado tercero de Periodismo y nos fuimos de vacaciones a Vigo. Teníamos cartillas de la entonces Caja Postal, donde el estado ingresaba nuestras becas para estudiar en Madrid, pero carecíamos de tarjeta bancaria (entonces los bancos abrían los sábados).
No teníamos casi efectivo, pero nos llegó para ir a Pontevedra, donde vivía un amigo mío, compañero de residencia en segundo. Todo el día a gastos pagados, sin darnos cuenta, que el día siguiente era domingo y como colofón, una borrachera épica, ahora, que está de moda la palabra.
Tuvimos, que volver al camping de Vigo gracias a la caridad de nuestros amigos y tirar todo el día con unos bocatas de conservas y escasas latas de cerveza cuando lo habitual era pulirnos mil duros diarios en cañas, ricas viandas y copas. ¡Atrapados en Samil, hasta el lunes, que abrió el banco!.
En 1994, volvíamos de un interrail, que nos había llevado desde Madrid, a Estambul, a través de los países del este y que nos devolvió por Grecia e Italia. Al llegar a Patras y tratar de tomar el ferry, a Brindisi, ni una plaza libre y previsiones, de no haberlas en varios días. ¡Atrapados en la estación de tren, durmiendo en los andenes entre enormes ratas!. Final y milagrosamente, conseguimos dos butacas para la jornada siguiente.
El tercer atrapamiento fue físico y ocurrió en 2004, volviendo de los Nórdicos y las Bálticas. Desde primeros de los 90 se hablaba mucho de los trenes del gaseo, entre Polonia, Alemania y Checoslovaquia. Se decía -creo, que era verdad, aunque no conocimos a ningún implicado -, que te gaseaban con somníferos para robartelo todo.
Compramos dos literas entre Varsovia y Berlín y al ir solos en el compartimento, amarramos la puerta con todo, lo que pillamos a mano. Recuerdo, que no dormí en toda la noche. A la mañana siguiente nos vinieron a pedir los pasaportes y no podíamos abrir. Con dificultad, los entregamos por una rendijita. No recuerdo, como salimos, pero nos costó casi una hora.
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