Como ya sabéis los habituales de este blog, mi pareja el pasado mes de febrero saco plaza en una oposición de funcionaria de nuestro ayuntamiento, comenzando a trabajar el 17 de marzo. En la administración pública, las vacaciones se toman por días hábiless, excluyendo fines de semana y festivos. En este caso, son 23 días anuales, pero al empezar más tarde del 1 de enero, le correspondían 18. Cogimos cinco en julio, aprovechando dos festivos locales y dejamos el resto para diciembre. En total, incluyendo el puente, Nochebuena, Navidad y Nochevieja, conseguimos juntar 26 jornadas
Aunque varias veces en viajes largos habíamos usado este mes, nunca habíamos tomado vacaciones anuales. En principio, no parecía un problema, porque nuestra intención era visitar el norte de Argentina y allí es verano. Pero los vuelos salían por unos mil doscientos euros y nos parecía un despilfarro para tan poco tiempo.
Al final, optamos por volver a China, donde ya habíamos estado en 2009. Estuvimos tentados de regresar por enésima vez a Tailandia, pero allí ya no nos queda casi nada por ver y hacer.
En China, a parte de ser los días muy cortos en diciembre, las temperaturas son bajísimas, sobre todo en el norte. Lo pudimos comprobar in situ con los dos bajo cero de Pekín de máxima o los trece bajo cero de Datong, como mínima.
No obstante, nos resignamos y aceptamos el reto. Adivinamos, que el mayor problema iba a ser las esperas para subir o bajar de un transporte, de noche y de madrugada. Debiamos cuadrar ese asunto para nuestro beneficio. Y nos prometimos, que nunca volveríamos a un país gélido en inviernos venideros (nos apetecería Canadá).
Y, llega la gran pregunta: ¿Es recomendable viajar en diciembre a China?. Si, absolutamente, si y vamos con las razones.
Es cierto, que hace mucho frío, pero con matices, porque no suele correr aire y normalmente luce el sol, con algo de fuerza (solo llovió un día y nevó otro). Cuando fuimos en primavera, cinco días menos -21-, soportamos seis de fuertes precipitaciones.
En cuanto a las esperas en el transporte, las estaciones son grandes y bien aclimatadas y si dispones de billete puedes permanecer en ellas durante horas.
Y de los hoteles, ya hemos hablado largo y tendido: los mejores, que hayamos ocupado en mucho tiempo y con precios de risa (salvo en Pekín y Shanghai). Habitaciones a casi treinta grados, pudiendo estar en bragas o gayumbos (unas con calefacción central, otras con aparatos de calor regulables).
Las visitas y actividades las ajustas a las horas de luz y te vistes con cuatro capas de ropa. Listo.
El único inconveniente es, si te cae una nevada. Vas a estar padeciendo nieve y hielo, durante una semana.
Paradójicamente, recomendaríamos más ir a China, en diciembre, que al norte de Marruecos, India o Tailandia. Al primero por las bajas temperaturas y los gélidos hoteles económicos.
A los otros dos, porque aunque las temperaturas son un poco menos altas, que durante el monzón, hay sol todo el día y no llueve. Esto hace, que tragues polvo y contaminación hasta en el cerebro. Y la vegetación, que te rodea está triste, mustia y seca. En el norte de India, además y en las grandes ciudades, existe el problema de los cientos de miles de hogueras, que prenden para calentarse y que llenan las urbes de humo.
Por razones diversas, somos unos enamorados del monzón.





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