Dejamos a nuestro pesar el glorioso hotel de Nanjing y nos vamos a tomar el tren, que nos devuelve a Shanghai.Proviene de Chengdu, casi dos mil kilómetros más al oeste, allí donde quisimos ir en su momento, pero no fuimos. Llega puntual y aunque los asientos son tan incómodos, como siempre, hoy son solo tres horas y media de viaje.
Volvemos a las temperaturas más benignas, con dos únicos objetivos para hoy. Llevamos -sin éxito- varios días intentando encontrar un Banco de China, para cambiar dinero. En Shanghái, lo tenemos localizado, pero dudamos, que hoy sábado este abierto a estas horas, cuando nos aproximamos a las cuatro de la tarde. Afortunadamente, nos equivocamos y nos atienden en un plis plas. ¡Logro conseguido!. Es modesto, pero ayuda a la autoestima en estos momentos cercanos al final del viaje.
Ahora, toca hacer el largo camino, que nos lleva al hotel, donde estuvimos hace tres semanas. Tenemos la mosca detrás de la oreja, porque en oriente -Japón y Corea incluidos-, suelen cobrar más por la habitación, durante los fines de semana. Nos facturan 20 yuanes a mayores, que entonces, pero no por este motivo, sino porque entonces nuestra alcoba no tenía ventana y ahora sí. No vamos a discutir por eso, pero estos chinos no dan puntada alguna sin hilo.
Pasa la noche, con tanta generosidad de calefacción, como hemos tenido en todos los hoteles, a lo largo de este casi finiquitado periplo. Nuestro vuelo parte a las 22:15 a Paris y aún, debemos entretener el día.
Hoy, domingo, sin equivocarnos, como el día de nuestra llegada, volvemos a los jardines Yu Yu An, que están abarrotados de turismo nacional. Y, también, regresamos al Bund. Por primera vez en Shanghái aparece la niebla, esa, que tanto nos acompañó en nuestra primera visita al pais, en 2009. Aunque, también había mucha contaminación, que hoy, visiblemente, no se detecta.
Disfrutamos de las últimas horas en China, como enanos o como si no nos quedara un solo día más de vida. ¡Lo hemos vuelto a hacer y estamos completando con éxito una aventura increíble, marca de la casa!.
Lo que nos espera ahora es tedioso y sufrido, pero no queda otra, que pasarlo, con el debido estoicismo y resignación.
Llegan, al fin, las catorce horas y media de vuelo a Paris, está vez sin sobresaltos y sin toqueteos de piernas de por medio. Después, siete horas de escala en Charles de Gaulle, en las que aprovechamos para subir al blog, los 94 vídeos, que los chinos nos han impedido colocar día a día.
En Madrid, otras seis horas y media, que atenuamos, yendo a comprar al Mercadona por el atajo descubierto hace meses. Y finalmente, tres horas de ALSA desde Barajas, para completar el regreso. En nuestros cuerpos y ya no nos sorprende, sufrimos mucho menos cansancio, que cuando hace casi cuarenta años, llevábamos a cabo nuestros primeros interrailes. ¡De algo, tienen, que valer, la maldita vejez y la consolidada
experiencia!.





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