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viernes, 16 de enero de 2026

¡Somos unos perfectos irresponsables!

 


         Corría la tarde del 27 de diciembre, era ya hora del crepúsculo y nos disponíamos a transitar por nuestra última noche en el agradable hotel de Shanghai, unas treinta horas antes de volar, a París y después, a Madrid.

          Después de ducharnos, como casi cada tarde, pusimos un rato la Cadena Ser por internet -no está censurada, aunque es del mismo grupo, que EL PAÍS -, para conocer las últimas noticias patrias y quedamos absolutamente conmovidos y horrorizados.

           De una familia de siete miembros, cinco habían realizado un viaje a Indonesia y tres han desaparecido en un accidente de una embarcación pequeña entre Flores -donde estuvimos hace no mucho - y la isla de los dragones de Komodo.

 


        La verdad, que estás cosas impresionan y más, cuando estás tan lejos, como nosotros y en los últimos días de viaje, fechas, que a nosotros nos dan siempre tanto miedo, porque ya no tienes nada que ganar y si mucho, que perder.

          Entre las informaciones obtenidas -escasas por entonces - y nuestras propias suposiciones, comenzamos a atar cabos y elaborar una teoría.

          Sabíamos, que el barco se había partido por la mitad, salvándose la madre y una hija y quedando desaparecidos abajo otros dos hijos y el padre.

          Y no tardamos mucho más en sentenciar, que se trataba de un golpe de mala suerte, de un accidente, de una tripulación negligente -hoy en día están imputados- y no de una irresponsabilidad o descuido por parte de los pasajeros.

 


        Hemos hecho tres viajes a Indonesia entre 2008 y 2024 y conocemos muchas de sus islas y el lamentable estado de la mayoría de los ferris e incluso, de las embarcaciones privadas.

          Dedujimos, que se trataba de una familia con dinero. Cinco viajes a tan lejano país no los puede pagar cualquiera y además, la excursión a la isla de los dragones y/o a otros lugares de la zona salen carísimas.


          Más adelante sabríamos, que nuestras deducciones eran acertadas, porque el padre había sido un futbolista notable y ahora era entrenador de un filial femenino del Valencia.

          Es decir: lo habían hecho casi todo bien, invirtiendo  el dinero y los medios suficientes y habían sufrido un castigo terrible e insuperable para los supervivientes (padre y los dos hijos perdieron la vida, como se suponía iba a ocurrir, desde que saltó la nefasta noticia).

          Y entonces, entramos en pánico, pensando en todas las cosas, que nosotros hacemos mal, en los casi cuarenta años, que llevamos rulando por el mundo y la suerte, que hemos tenido, al no sufrir apenas, ningún incidente serio.

          Vamos con ellas:

          -. Viajar casi siempre sin seguro, por dejadez, más que por evitar el gasto. Tuvimos una época, en la que íbamos cubiertos por el de una VISA oro gratuito, pero hace más de una década, que lo suprimieron y todavía no hemos reaccionado. Os aseguro, que no somos los únicos.

          -. Dormir en cualquier parte y a veces, por varias noches consecutivas. Y cuando digo en cualquier parte, significa exactamente eso.

 


        -. Comer en lugares dudosos, aunque en ese caso, solo cuando no hay otra opción ( por ejemplo, sitios pequeños, en India).

          -. Trasladarnos en medios de transporte en muy mal estado o abarrotados.

          -. Llevar a cabo trekings peligrosos con calzado inadecuado o sin los recursos necesarios. A esto y en los últimos tiempos, le hemos cogido miedo, pero en 2008, llegamos a subir el Guaina Pichu con niebla, yo con playeros y mi pareja con sandalias de goma de piscina.

          -. Meternos en sitios, donde no deberíamos por razones obvias de seguridad. Lo hicimos mucho en nuestro tercer viaje largo por África austral y oriental, pero también de forma regular.

          -. Beber alcohol en momentos inadecuados o en lugares prohibidos, más veces de la cuenta y con amagos vividos de funestas consecuencias.

          -. Lo que siempre hemos seguido a rajatabla es el asunto del agua -siempre embotellada- y en no llevar o mostrar objetos de valor, porque tampoco los tenemos. Además de no alquilar coches o motos en el tercer mundo.

 


        Por cierto y hablando de desgracias viajeras por el mundo, un abrazo grande a la valenciana Ángela Agudo, víctima de un accidente de moto hace más de un año en Tailandia. ¡Ánimo y recupérate cuanto antes!

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