Afortunadamente, los asientos duros de los trenes chinos no son los mismos, que en 2009. Entonces eran una auténtica tortura y te salía más a cuenta dormir tirado en el suelo, aunque fuera entre dos vagones. La cosa era tal, que solo hicimos un Xi'am -Beijing de esta manera y para el posterior viaje nos rascamos el bolsillo y reservamos en las literas duras.
Ahora, no son excesivamente confortables, pero se puede pasar la noche sin agobios, ni dramas.
Partimos en punto y sorprendentemente el convoy va casi vacío, al menos en nuestra clase, algo impensable hace 17 años. Entonces había máquinas de agua caliente para sopas y/o cafés, pero las han sustituido por un vagón bar.
Al principio, el tren lleva a cabo numerosas paradas, que el revisor va gritando de punta a punta del vagón. Más tarde, coge ritmo.
Como hay bastantes asientos libres, me tumbo en la parte derecha, donde son de tres plazas y mi pareja se queda en las de dos de la izquierda. No vuelvo a saber más del viaje, hasta que una hora antes de llegar a Beijing, el pica nos despierta y hace muy bien, porque llegamos a una ciudad, donde suben cientos de personas, que probablemente, van a estudiar o trabajar a la capital.
Llegamos solo diez minutos tarde. La estación central no está muy colapsada y logramos salir de ella sin bajar ni subir un solo escalón o escaleras mecánicas (solo rampas). Iremos andando, hasta Tiananmen, porque no está demasiado lejos y es una ciudad menos caótica, que Shanghái.
El choque climatológico es demoledor. Ayer a estas horas estábamos a 15 grados y hoy, a menos dos. Llegamos a un lugar donde hay una cola tremenda, para darnos cuenta, de que primero, existe un control de documentación y después otro, donde presentar el QR con la entrada a la mítica y demoníaca Plaza. Estamos descolocados.
A los polis de los check points, les han puesto traductores en los teléfonos. Mi pareja le pregunta a uno de ellos, que podemos hacer y el hijo de puta responde: "no se puede entrar a la plaza sin QR, así, que volved a aquel semáforo y seguid el camino que queráis, basura". Pero, bueno: ¿Por qué nos insulta este imbécil de mierda?.
Creedme, si os digo, que no existe una puñetera forma de entrar en Tiananmen sin el maldito QR. Hay controles en las dos calles posteriores a cada uno de los cuatro lados de la Plaza. Y, ya no es , que no te dejen acceder, sino, que debes dar muchas vueltas para ir a otras partes, como la Ciudad Prohibida, las torres del Tambor y la Campana, el Templo de los Lamas o hutongs muy chulos.
Para más inri, los controles son móviles, lo que causa mayores molestias y los maderos no muestran una actitud amistosa.
Nos sorprende, aún más, que también haya vigilancia en los accesos al barrio colindante de Qianmen, quizás, el más turístico de toda China. ¿Que van buscando, exactamente?.
No sabemos, desde cuándo se ejerce este control en la Plaza y la necesidad de una entrada, desconociendo, si es de pago o no. Las razones pueden ser económicas o estar más relacionadas con motivos políticos. El proceso de obtención del maldito QR es difícil para los no chinos, debiéndose gestionar a través de la red social webchat. Hay agencias, que se dedican, ademas de la excursión a la Gran Muralla y otras, a obtener para ti el pase a la Plaza. También te lo pueden gestionar en tu hotel.
En 2009 la Plaza era totalmente transitable y la recorrimos mil veces.
Nota: hoy sabemos, que entrar es gratis.




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