Matamos la tarde de Navidad tomando soju de uva -lo hay de muchos más sabores -, esa fantástica bebida coreana de 14°, que no degustábamos desde finales de 2015, cuando visitamos el país.
Ha anochecido y aún seguimos dudando de si quedarnos aquí mañana o marchamos a la ya conocida Suzhou. Finalmente optamos por permanecer en Nanjing, porque encontramos visitas que llevar a cabo y el otro plan supondría más esfuerzo, necesitando de un nuevo alojamiento y la preparación de las visitas.
Nos levantamos y pagamos una noche más de hotel. Parece ser y según pone en la pantalla, que el precio sube hoy a 169 yuanes, pero a nosotros nos respetan el de 100.
Nos vamos al cercano metro de la estación de trenes. Nuestro objetivo es recorrer las nueve estaciones -con un transbordo incluido-, que nos separan del Salón Conmemorativo de la Matanza de Nanjing. El suburbano en esta ciudad es raro. Si cambias de línea, debes salir, cancelar tu token, comprar otro y volver a entrar. ¡Poco práctico!.
Entre el 13 de diciembre de 1937 y el 1 de enero de 1938, los japoneses se cargaron aquí a 300.000 personas y violaron a 20.000 mujeres. Afortunadamente, el memorial está al lado de la boca del metro. Es gratuito y hay mucha gente. Nos ponemos en una cola y tras larga espera nos dicen, que esa es para chinos. Nosotros a la de los guiris, con otros seis más. Deberemos pasar dos controles de pasaportes y uno de equipajes
No os imaginéis algo parecido al Museo de Jerusalén o Austchwich. Es algo más sencillo y menos propagandístico. Empiezas con una escultura de una mujer con su hijo muerto en brazos, para salir a una fosa común tapada y una muralla con relieves de combate y muerte. Después los nombres de las víctimas y un espacio en blanco para las no identificadas. Ahora toca entrar en un recinto cerrado donde hay otras fosas descubiertas con huesos y esqueletos enteros o desmembrados. La visita se termina en la Plaza de la Paz.
Volvemos al metro y nos toca pegarnos con la máquina de los tokens y con atención al cliente, porque no nos acepta ningun billete. En los últimos días de un viaje, con el pescado ya vendido, cualquier cosilla se convierte en un pequeño drama.
Hoy también hace sol y es muy de agradecer. Como ayer le dimos la vuelta al lago, hemos planeado ahora recorrer las cuatro islas conectadas por puentes. Un paseo muy tranquilo, si no fuera por el constante paso de trenecitos y furgonetas turísticas, además de los vehículos de limpieza y mantenimiento.
Contemplamos bellas vistas del lago, además de un templo tibetano con pagoda, una torre y numerosos templetes chinos.
Después de tres días en Nanjing, todavía nos han faltado visitar las ruinas de un palacio, otra puerta de la muralla, el palacio presidencial y un área panorámica en las colinas, pero el metro queda muy lejos de estos lugares y no tenemos un buen plano.
Sí estuvimos el primer día en otra zona escénica cercana a Zhonghua, donde una trabajadora nos salvó el día con sus búsquedas en internet. En este viaje hemos usado el siguiente recurso: pedirle a alguien que nos haga una búsqueda en el Google Maps chino, hacerle una foto con el móvil y tirar con eso. ¡La falta de herramientas te hace ingeniártelas!.
Antes de regresar al hotel hacemos las últimas compras del día y adquirimos los billetes de retorno a Shanghai, para mañana.
Al día siguiente, por la noche, vuelo a Paris y posteriormente, a Madrid.





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