El dato resulta esclarecedor y escalofriante, aunque con matices. Los turistas chinos realizan quinientos millones de viajes anuales por su país, mientras los extranjeros llevamos a cabo solo treinta y cinco. Hay, que tomar el dato con pinzas, porque ellos realizan varios desplazamientos interiores al año, mientras nosotros, normalmente, solo hacemos uno.
De todas formas y viendo estás cifras, parece normal, que se preocupen de su negocio patrio y nos dejen un poco de lado a los viajeros internacionales. Aunque, aún así, estamos de suerte, porque China se está abriendo y cuando ellos se lo proponen, suelen arrasar. La eliminación del visado para determinadas nacionalidades y la apertura a qué los extranjeros seamos ya bienvenidos en los bien dotados y baratísimos hoteles, antes solo para chinos, allanan mucho el camino, para que las cifras de visitantes foráneos en los próximos años se multipliquen .
El dato es esclarecedor e irrebatible. Dejando al margen los vuelos, nosotros gastamos 1200€ en tres semanas hace diecisiete años. En este viaje de 26 días hemos completado nuestro periplo con un desembolso de tan solo 640€ en todos los conceptos. ¿Quien se resiste a probar una magnífica experiencia a tan bajo coste?
Dicho todo esto, vamos con una tercera entrega de las curiosidades chinas (habrá una cuarta o tal vez más).
Capitulo de transporte: ya no hay asientos blandos en los trenes, como en 2009. Ahora existen los duros -como entonces, pero menos espartanos- y las literas duras -cuestan el doble, que una butaca- y las blandas, infinitamente, más costosas.
Las tarifas de los trenes entre Shanghái y Pekín y viceversa, son mucho más elevadas, que el resto de recorridos por el país, sea por lo que sea.
A mí modo de ver, la alta velocidad no compensa, de ninguna de las maneras, porque ni los trenes son tan rápidos -suelen tardar solo la mitad-, las estaciones están muy lejos y los precios equivalen a los de un vuelo para ese mismo destino. Lo mejor, viajar en trenes normales y de noche.
En China nadie usa patinetes. Les va bien con las putas e insoportables motos eléctricas.
Hablemos del metro, porque en cada ciudad funciona de una forma distinta y eso, no ayuda, precisamente, al viajero.
En Shanghái, resulta imposible pagar en metálico. O lo haces con el maldito Alipay o con tarjeta de crédito en los tornos, al acceder y al finalizar tu trayecto (así te recalculan el importe).
En Beijing y en Xi'am las cosas son mucho más sencillas y puedes abonar el billete en efectivo, comprándolo en las maquinas y en inglés. Y la peculiaridad mayor, llega en el suburbano de Nanjing, que funciona por tokens, pero no permite transbordos con la misma ficha, por lo que se debe salir y volver a entrar, si cambias de línea. El efectivo sí se admite.
Los billetes de tren en China hay, que comprarlos en la ventanilla, porque en las maquinas automáticas, te requieren un número de teléfono local (+86). De todas formas, los empleados son tan eficientes y rápidos, que no merece la pena pensar en otra alternativa.




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