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domingo, 4 de enero de 2026

Del Templo del Cielo, al viaje a Datong

 


        Nos quedan dos días , en Pekín, uno entero y el otro con los bultos a cuestas, a entretenerlo hasta media noche, hora mágica, en la que partiremos para Datong.

          Madrugamos menos, que ayer y no pisamos las calles hasta las once de la mañana. La mayoría de ellas siguen en un estado lamentable, debido a los demoledores efectos de la nieve. Y eso, que hoy luce el sol y el cielo está azul, como si nada hubiera ocurrido.

 


        Tras comernos un par de helados cada uno para desayunar, nos encaminamos hacia el complejo del Templo del Cielo, que está abarrotado de visitantes nacionales, de nieve y de peligroso hielo, sobre todo, en algunas de las varias escaleras asesinas.

          Hay dos precios: uno más barato para acceder al parque y otro para visitar los demás templos y el resto de edificios religiosos o logísticos. El más famoso es, el que consta  de tres pisos en forma circular y con tejado cónico. Además, existen un grupo de pabellones, en los que se exhiben numerosos restos arqueológicos y escultóricos.

 


        Desde Qianmen es sencillo -hoy no, claro-, acceder hasta el Templo del Cielo y la única dificultad viene, porque se debe retroceder un poco para atravesar por uno de los dos pasos elevados existentes, donde nuestros pies se entierran en la blanca nieve. El camino se lleva a cabo en una media hora. Quizás menos, en un día normal.

          Regresamos y nos empapamos  del barrio de Qianmen, de casi todas sus espléndidas calles y de sus bellos edificios, que suelen ser restaurantes, tiendas y lugares oficiales. Seguimos degustando té y dulces -los primeros exquisitos, los segundos vulgares-, antes de recogernos en el hotel.


          Empieza nuestro último día en Beijing con los deberes hechos. Apuramos nuestros paseos por Qianmen y sobre las dos, tomamos el metro. Debemos hacer seis estaciones, un transbordo y después, otras tantas. A diferencia de Shanghái, aquí se puede pagar con dinero en efectivo y es un alivio.

          Como en 2009, no visitaremos el bonito Palacio de Verano -hemos visto muchas fotos de él-, porque está lejísimos y las combinaciones de metro y otros transportes resultan un auténtico galimatías.

 


        Llegamos a la estación de Fengtai, tan grande y funcional, como fea. Con las ventanillas a medio gas, compramos  sin problemas los billetes para Datong, en asiento duro (51,5 yuanes).

          La zona está llena de restaurantes y tiendas, y a pesar de ser domingo al mediodía, se encuentra  muy animada. Pero aquí, hay bastante más nieve en el asfalto, que en el centro.

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