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viernes, 9 de enero de 2026

Arribando a Nanjing en Nochebuena


           El lunes por la noche y el martes de madrugada llega la lluvia copiosa, que golpea en nuestro tejado -estamos en  la última planta-, transmitiéndonos tranquilidad. No había caído ni una gota desde la tremenda nevada del 12 de diciembre, en Pekín. 

          Apuramos el check out en nuestro fantástico hotel hasta las doce de la mañana. Hace algo de fresco y está muy nublado. Paseamos por las cuatro calles del centro y vamos comiendo todo, lo que pillamos en los locales, que se encuentran en nuestro camino (salchichas picantes, pollo, cerdo, helados...) El aburrimiento nos provoca hambre. 

          Finalmente y después de dar un largo paseo por el subterráneo, cogemos el bus número tres a la estación de trenes. Como los alrededores son deprimentes y tenemos las manos heladas, entramos -siguiendo los protocolos estrictos y habituales de las autoridades- sobre las cinco y media de la tarde, ya anocheciendo. Aún nos quedan seis horas y media para nuestro convoy, por lo que la espera va a ser larga.

 


        Es la terminal mas calurosa, en la que hemos estado y se agradece. Tiene dos plantas. La primera  es para los trenes de alta velocidad y la de arriba , para los ordinarios, como el nuestro. Huele a sopa por todas partes y es que hay hasta cuatro tiendas, que las venden, para que las hagas con el agua caliente, que se dispensa a la entrada de los baños. Este popular producto instantáneo te salva muchas comidas durante la estancia en China.

          Cada media hora paseamos y los siguientes treinta minutos nos sentamos. Y así, hasta la hora del embarque. Hablamos de casi todo lo imaginable, pero ya no queremos arreglar el mundo.

          Nuestro tren parte puntual, siendo ya Nochebuena. Es la tercera de nuestras vidas, que pasamos en el extranjero (Gabarone y Kuala Lumpur son las otras dos). Me duermo enseguida y me tiene, que despertar mi pareja, una vez, que llegamos a Nanjing. Me cuenta, que el viaje ha sido muy tranquilo hasta hace una hora. En la ciudad de Chuzhoubei, se ha subido un montón de gente y se ha montado un tremendo alboroto.

 


        Hace un día horrible. Al viento y el frío se ha sumado la niebla. Habíamos pensado alojarnos  en esta zona de la estación y hacer las visitas al centro en el barato metro. Y las de aquí, caminando.

          Tenemos mucha suerte y en el primer hotel, que preguntamos, nos quedamos. Nos piden 99 yuanes, que es más o menos, lo que venimos pagando por los alojamientos, desde que salimos de Beijing ya hace diez días. La habitación es algo más pequeña, que las anteriores, pero dispone de los servicios complementarios de siempre. En todos los hoteles, a los que hemos llegado pronto, no nos han puesto ninguna pega para hacer el check in bastante antes de las doce. Igualito, que en España o Europa, donde debes esperar a las dos o las tres de la tarde.

   


      Hoy no tenemos sueño, así que nos vamos directamente a ver la ciudad, después de desayunar.

           Estamos dándole vueltas a la cabeza, sobre si volver a Suzhou -donde ya estuvimos en 2009- o largarnos directamente a Shanghai de día ( tres horas y media de camino).

 


        Ya veremos, porque estamos muy agotados psicológicamente. ¡ Y eso, que hasta ahora, todo ha ido sobre ruedas!.

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