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jueves, 1 de enero de 2026

El feliz reencuentro con Shanghái


           Son las nueve de la mañana, cuando descendemos del metro en la estación de Nanjing East, situada en la mitad de la calle peatonal más famosa del centro de Shanghái. Poco ha cambiado aquí en diecisiete años, aunque evidentemente si, algunos negocios hoy en auge. Ni más, ni menos, que cuatro tiendas de White Rabbit y una enorme de M&M's, donde se venden más complementos imaginativos de la marca, que las propias y famosas pastillas de chocolate.

          Toca organizarse, como siempre, que llegamos a un país (nuevo o no). Preguntamos en el primer hotel y quedamos muy sorprendidos: nos escriben, 116 yuanes la doble, precio casi imposible. Nos vamos corriendo al Banco de China -mejor tasa de todos, siendo casi la oficial -, ubicado en la Plaza del Pueblo. Y cuando volvemos, ya se han arrepentido, más bien, el empleado se había equivocado y son 650. ¡Bajonazo!

 


        Seguimos buscando en otros de la zona y en el más económico nos piden 300 (de ahí, hasta 2500).

          Decidimos, marcharnos al famoso barrio de los jardines Yu Yu An y nos equivocamos estrepitosamente de camino, haciéndolo mucho más largo. Son bastante históricas nuestras carajas y cagadas, durante los primeros días de viaje.

          Tampoco ha cambiado mucho este turístico barrio, aunque se echa de menos al Snack Temple, ese glorioso restaurante, donde mejor hemos comido en China. Ahora, hay un patio de comidas más vulgares y grasientas (mucho rebozado).

 


        Mucho turismo interior y escasos guiris, en esta zona antigua de casas de madera con tejados chinos, el absorbente y fantástico lago, un par de interesantes templos y decenas de tiendas de casi todo para los visitantes, animados por los gritos agudos de sus dependientas y con músicas estridentes y achinadas.

          Regresamos y nos topamos con la primera tienda de alcohol y cervezas, a precios de risa. ¡Otro asunto solucionado!. Comemos algo.


          Para sorpresa de muchos, Shanghái es una ciudad peligrosa, porque abundan las bicicletas y sobre todo los coches y las motos eléctricas. Estás suponen el mayor y grave problema de la ciudad, dado que se saltan todas las normas de tráfico, no respetando los semáforos, los cruces, las direcciones y circulando a gran velocidad a través de las aceras.

        Otros agobios proviene de los anchisimos y constantes cruces y de la duración de los semáforos en rojo, que llegan hasta los cuatro minutos. Sin embargo, parecen haber mejorado mucho en materia de contaminación y accesibilidad, con todas las escaleras señalizadas con franjas amarillas.


          Queremos llegar andando hasta la alejada estación de trenes, cruzando el río, pero a mitad de camino estamos muy cansados, no hay hoteles por aquí y las aceras son estrechas e irregulares. Con mucho pesar, por tener, que deshacer el camino, para alojarnos en el hotel de 300 del centro. Pero como otras tantas veces, Dios se nos termina apareciendo.

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