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jueves, 15 de enero de 2026

¿Se puede viajar, hablando poco inglés o sin tecnología?

 


         Leímos ayer, a no recuerdo, que filósofo, algo, que nos hizo pensar, pero con lo que estamos totalmente de acuerdo: "los jóvenes están sobreprotegidos en la vida real, pero abandonados en la digital"

          Entre este pensamiento, entre que ha sido la primera vez, que tenemos, que realizar un viaje sin la ayuda de internet, en más de dos décadas y para, que engañarnos, que y durante los últimos días del viaje a China, le llevábamos dando vueltas al asunto, pues vamos aquí, con una parida -o paja mental-, que no sé si será muy compartida por el común de los viajeros.

          Vaya por delante - nos queda un par de años para llegar a los sesenta -, que nosotros somos la generación más agraciada de la historia. Mamamos lo analógico y la vida nos dio la oportunidad, aún no siendo viejos, de empaparnos de lo digital. Somos esa especie de híbridos indestructibles -entiéndase con ironía -, que todo lo pueden .

 


        Y lo hemos notado recientemente, en nuestro último viaje a China. Como, al carecer casi al completo de internet por causa de la censura, hemos sacado lo mejor de nosotros mismos y tirando de nuestros recursos antiguos, como una guía -muy mala, por cierto-, la intuición, mapas de hace la torta, preguntar a todo bicho viviente -aunque sepamos de antemano, que no nos va a dar una respuesta-, salir a lo bestia de nuestra zona de confort...

          Y nos ha funcionado a las mil maravillas. Yo no pido a los jóvenes, que abandonen el móvil y se vayan alocadamente a buscar los mapas medievales de Juan Sebastián el Cano para organizar sus viajes. Sería de gilipollas por mi parte, despreciar la tecnología, con todos los beneficios y comodidades, que nos aporta 

          Lo que si quiero defender es, que igual, que se puede viajar con muy poquito inglés -y sin echar la culpa a los lugareños, de, que no lo hablen-, llegado el caso, valen más los recursos personales, la experiencia, la inquietud y la curiosidad y la simpatía, que todo un saco de aplicaciones y el último modelo de iPhone de más de mil euros, que te tiras pagando a plazos media vida y encima te sientes orgulloso de semejante estupidez.

 


        Durante la época gloriosa de la gratuidad de los trenes de Media Distancia y Cercanías tuve la oportunidad de escuchar centenares de conversaciones de chicas y chicos muy jóvenes,con su mono dependencia de Google y toda su pléyade de subplataformas. Es triste ver, como se quedan paralizados y absolutamente indefensos, cuando les sacas de ahí.

          Uno debe ser creativo, ya sea viajando, trabajando en una tesis doctoral o echando un polvo, habiendo bajado el listón a las cinco de la madrugada, habiéndose bebido hasta el agua de los floreros y mientras te comes una cazuela de lentejas sin calentar y con toda su grasilla rebosando por encima.

 


        Abramos la mente, centrémonos en la comunicación y no echemos toda la culpa a los demás o a la falta de tecnología, de lo que nos pasa, mientras nos mortificamos.

          Hasta de una dictadura, como la de China, se puede aprender algo. Entre otras cosas, porque no debemos confundir a un pueblo con sus dirigentes.

          Y la pregunta final: ¿Eran mejor los viajes de antes, cuando solo chapurreábamos inglés y no había tecnología y lo basábamos todo en planes de autor y guías físicas?. Pues no. Eso sería, como decir, que se vivía mejor en el siglo II, que en el XXI.


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