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jueves, 9 de abril de 2026

Más de ochocientos kilómetros, casi de golpe

           Tienen suerte los vascos, porque en Euskadi es fiesta jueves y viernes santo, más el lunes de Pascua , pudiendo juntar cinco días.

          Nos encanta pasear por el centro de Bilbao, pero en este caso había, que tomar una decisión sobre que hacer el sábado y el domingo. En apenas un radio de medio kilómetro vimos, una ferviente aglomeración a la puerta de una iglesia, una actuación musical tradicional y un concierto de Tanxuguerias (o imitadoras). ¡Así es Bilbao!

           Y mientras tanto y con perseverancia,no paraba de llover y de hacer aire, teniendo ya los pies empapados 

          Decidimos, un extremis, que nos iríamos esa misma tarde a Madrid, al ver, que había plazas en el ALSA y luego, ya veríamos.

          Pero antes de volver a la Intermodal de autobuses preguntamos, en la estación de Cercanías como funciona el abono único en los trenes de esa categoría. Y para nuestra sorpresa, la chica de la ventanilla nos dijo, que no tiene ni idea. ¡Toma ya!.

          Nos subimos al bus para la capital y nos pusimos en modo locura. ¿Y si nos vamos a Granada en el ALSA de la una y media de la madrugada, puesto, que aún, quedaban algunos asientos libres?. ¡Dicho y hecho!. El único problema iba a ser, que llegábamos a la estación de Avenida de América y saldríamos para Andalucía de la de Méndez Álvaro.

          El viaje a Madrid resultó tranquilo y en cinco horas nos pusimos en nuestro destino. El autobús fue lleno hasta la única parada intermedia -Burgos- y allí, nos quedamos solo a bordo diez personas, contemplando un bonito atardecer, después de dos jornadas lluviosas y desagradables. Las nubes habían desaparecido justo, al abandonar el País Vasco.

          En Madrid la temperatura era muy agradable y nos sobraba toda la ropa. En hora y media y sin problemas, hicimos el camino entre las dos estaciones, paseando. Las zonas de bares estaban abarrotadas, como corresponde a un viernes por la noche. Pero, el resto de la ciudad permanecía realmente tranquila.

          El bus para Granada partió casi en punto y caímos rendidos nada más arrancar, no enterándonos de nada de las cinco horas de viaje y siendo ya la tercera noche sin hotel.

          A las seis y media de la mañana arribamos a la capital andaluza, siendo todavía de noche y con frío (siete grados de temperatura)

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