Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

viernes, 30 de enero de 2026

Duodécimo viaje largo para 2027: el proyecto más ambicioso de nuestras vidas, que además, queremos compartir


           Tras un 2026 de transición, en el que esperamos llevar a cabo estupendos periplos por el mundo, llegará 2027 con la actual intención de realizar  nuestro duodécimo viaje largo.

          Arrancaremos, probablemente, en cualquier momento del segundo semestre y será el último periplo gigante, que hagamos en nuestras vidas. No, porque no vaya a haber más -esperamos, que sí-, sino por las extraordinarias dimensiones del viaje, con una duración de entre un año y dieciocho meses y con más de veinte países nuevos a visitar.


        Además, mi pareja, deberá pedirse una excedencia y cuando regrese, no podrá solicitar otra, durante cuatro años, por lo que nos meteríamos en 65 o más y esas, son palabras mayores.

          Carecemos de límites de presupuesto, aunque estimamos, que nos iremos  a los 12000-18000 euros por persona. Para que os hagáis una idea, en el periplo más dilatado, que fueron seis meses en el cuarto viaje largo, nos gastamos unos 7000 entre los dos.


        El objetivo inicial es enlazar a cualquier precio, lugares del mundo, que no hemos visitado.

          Empezaríamos por Rusia y por eso sería, lo de comenzar en verano. Tras recorrer parte del país, arribaríamos a Mongolia y desde allí, vuelta a China, para recorrer el Tíbet y salir por Nepal, para tratar de ingresar en Bután y Pakistán.


        Retrocederíamos , para descubrir Arabia Saudí y quizás Yemen y Somalia y desde el Golfo Pérsico trataríamos de llegar al más lejano este de Indonesia, Timor Oriental, Nueva Guinea Papúa y diversas islas del Pacífico por determinar.

          Más adelante, volaríamos a la isla de Pascua y a Chile y recorreríamos el este de Bolivia, Brasil a fondo y Venezuela, Surinam y Guyana, además de diversas islas del Caribe (Cuba, Jamaica, Republica Dominicana, Haití...).


      Finalmente, trataríamos de llegar a Estados Unidos para recorrer el este y Canadá entero.

          Sería nuestra primera vuelta al mundo como tal, aunque nosotros nunca hemos estado obsesionados con esa chorrada, como es común en otros viajeros.


      Estaremos encantados, si el feelling  y las cosas cuadran, de compartir partes o la totalidad de este periplo con otros viajeros y para ello, nos podéis contactar en la dirección de correo electrónico, santyvr@gmail.com. Todo, incluido el recorrido es negociable y adaptable. 

          A ver: somos perros viejos y no nos hemos caído de un guindo. Viajar con otras personas resulta muy complicado. De hecho y salvo en periplos cortos, nunca hemos salido de casa con compañía, aunque si hemos hecho tramos  largos de nuestras aventuras con muchos viajeros y solo en una ocasión no salió bien.


      También somos conscientes, de que este blog no cuenta con demasiada difusión -unas 300 visitas diarias- y va a ser difícil llegar a gente, que pueda estar interesada.

          Probablemente,empezaremos el viaje solos, pero nunca se sabe. Y seguro, que ya on the road, nos uniremos con otra gente, como casi siempre. 


     

jueves, 29 de enero de 2026

De Oporto, al extraordinario podcast de David Jiménez

 


         La noche en el aeropuerto de Oporto transcurre tranquila y acelerada, porque nos toca pegarnos un buen madrugón. A las cuatro y media de la madrugada, ya estamos ingresando en la zona de embarque sin mayor novedad, dado que traspasamos los controles sin problemas, ni demoras.

          El embarque es rápido, en un avión de Ryanair, que va lleno. Nos han tocado los asientos 11A y 22C. ¡Como siempre, la compañía irlandesa nos manda de punta a punta del aparato!.

 


        A las nueve menos cuarto -ya con la hora cambiada- aterrizamos en la T2 de Barajas. Hace frío y para variar, llueve a cántaros. Encontramos dos sillas vacías -cada vez hay menos - y conseguimos conciliar el sueño hasta más de las diez.

 


        ¡Que recuerdos, de los casi tres años, en que los Cercanías fueron gratuitos!. Pero hoy toca coger el bus 200 en llegadas, que en un cuarto de hora nos deja en la concurrida estación de autobuses de Avenida de América. Ha dejado de caer agua, pero hace muchísimo aire.

          Toca andar por Francisco Silvela para arriba, hasta Manuel Becerra y tomar a continuación la calle de Alcalá para llegar al centro. El ambiente es de domingo, aunque hay muchas cosas abiertas, entre ellas, la mayoría de los supermercados.

          Entretenemos la mañana tomando cervezas y paseando. Nos acercamos al concurrido Rastro, donde ya veníamos, cuando teníamos veinte años y estudiábamos los primeros cursos de periodismo. ¡ Que fantásticos recuerdos del imbatible Madrid de los años 80!.

 


        Después de almorzar, queremos acercarnos  a las exposiciones de Caixa Forum y de la cercana Serrería Belga, para además, evitar el desagradable frío.

          En el primer sitio, ya no quedan entradas para hoy y en el segundo, cuando llegamos, están a punto de cerrar por ser festivo. ¡Todo nuestro gozo en un pozo!.

          A las diez de la noche y tras entretener la tarde con escasa creatividad, tomamos el ALSA para Valladolid, donde arribaremos de madrugada.

   


      Mi pareja duerme -trabaja mañana- y yo, escucho mi típica música indie en Spotify, pensando, en que este periplo ya ha muerto. Pues, ni mucho menos, porque aún queda uno de los mejores momentos.

          De repente y sin saber el que, toco algo en el teléfono móvil y me sale un podcast alucinante y que os recomiendo eufóricamente escuchar.

          Se trata de una entrevista a David Jiménez, el que fuera reportero de El Mundo en infinitas zonas del planeta -vió morir a unos cuantos compañeros en diversos conflictos- y luego fue nombrado director del periódico, durante un solo año.

          Cuando accedió al puesto le dieron tres consejos: "Toma este teléfono y habla con el  de lo que quieras, porque los poderosos te van a estar escuchando. Vigila muy bien el tema de tus impuestos y por supuesto, a la becaria, ni tocarla".

 

      El resto de la historia, sus conflictos con el poder y su convulsa salida, a modo de película de El Padrino, debéis escucharlo en este extraordinario documento sonoro o leerlo en el libro "El director" -nosotros estamos en ello- del propio autor. ¡Una vida increíble, de alguien, del que ni siquiera teníamos noticia.

Santa Clara, Vila do Conde y sus extraordinarias playas


           La jornada de ayer ha sido dura, así, que no madrugamos y no salimos a las calles hasta más de las diez. Los charcos son incontables, extensos y desbordantes, por lo que no tardamos mucho tiempo en empaparnos los pies.

          Nos encaminamos  al no muy lejano Mercado de Bon Succeso, que a estas horas  funciona a medio gas. Pero nos encanta mucho más, que el de ayer, porque su diseño es más estiloso e informal. Eso sí, los precios igual de caros.

 


        Volvemos al Prima Prix, a comprar más hamburguesas y tomamos la línea roja del metro, en Bolhāo, que tras unos cincuenta minutos y veintiocho estaciones nos deja de forma directa en Vila do Conde.

          No nos gusta el sistema de cobro del metro de Oporto, por complejo. Debes "adivinar" la zona de tu destino y comprar una tarjeta personal, que cuesta sesenta céntimos, además de los billetes, que consideres. No hay torniquetes, ni a la entrada, ni a la salida, por lo que es cosa de cada uno, arriesgarse y colarse. No es nuestro caso.

          Va a llover intermitentemente, a lo largo de toda la mañana, aunque pasadas las tres de la tarde se consolida el sol y un aire huracanado de frente, que nos hace  muy esforzado el caminar.

 


        Al bajar del metro, contemplamos un extraordinario y largo  acueducto de una sola planta. Después, retrocedemos hasta la parada de Santa Clara, donde hay un par de iglesias chulas y un bonito monasterio (lamentablemente en obras).

          Ahora toca llegar hasta el centro de Vila do Conde, que alberga bonitas calles y una extraordinaria iglesia románica. Más adelante y llegando al mar, una fortaleza y una ermita, casi metida en el agua.

          Un inesperado Lidl nos salva la vida en cuanto a las compras del día. En Portugal y a diferencia de España, los supermercados no abundan.

   


      A partir de aquí, comienzan casi diez kilómetros de extraordinarias playas, que quitan el hipo. Y más, teniendo en cuenta, que el oleaje es, bestial, para llegar, finalmente, a Póvoa de Varzim, donde coger el metro para el aeropuerto, sobre las cinco de la tarde (con cambio de linea en la estación de Los Verdes y en poco más de media hora). En Póvoa de Varzim, no hay demasiados atractivos, pero sí destaca una iglesia moderna con forma de proa de barco, en memoria de más de cien pescadores fallecidos en el mar a finales del siglo XIX.

   


      El aeropuerto de Oporto resulta bastante tranquilo y no te piden la tarjeta de embarque para pasar la noche. En él hace un pelin de frío en esta época del año. Puedes dormir en el suelo, sin ser molestado o en algunas sillas sin reposabrazos intermedios. Además, existen numerosos taburetes tipo bar, con accesos a enchufes para cargar el móvil, pero no es fácil encontrar comida o bebida abandonadas.


        Teníamos muchas expectativas depositadas en la excursión de hoy, pero definitivamente, estás han sido absolutamente desbordadas, por lo que estamos encantados de la vida.

          Mañana volamos a Madrid, a las seis y media de la madrugada.

miércoles, 28 de enero de 2026

Oporto


           No ha caído una sola gota de agua en las cinco horas, que llevamos en Aveiro: aunque el suelo sigue encharcado. Pero estamos alarmados, porque en nuestra aplicación del tiempo aparecen -ni más ni menos- cuatro alertas rojas, cosa, que no habíamos visto jamás. Una es de olas descomunales -hasta doce metros-, otra por fuentes vientos -de más de cien kilómetros - y dos por lluvia y nevadas. ¿Nieve, si estamos  a nueve grados?. Finalmente, no, pero si dos fortísimos y breves trombas de grueso granizo. Por lo demás, lluvias intermitentes, que con paraguas, no nos impiden llevar a cabo nuestros planes.

          Queremos tomar el tren de Cercanías de las 10:23, a Oporto, pero no va a ser posible, porque se ha averiado. Todo el mundo se lo toma con calma, incluidos un par de venezolanos, que están poniendo a parir a los inmigrantes musulmanes y reclamando un dictador de derechas para el país. No caen en la cuenta, de que ellos también son foráneos.

 


        Siempre, que viajamos por España, Italia y Portugal, tenemos problemas con los trenes. También  nos pasaba en Grecia, antiguamente, pero allí la mayoría de las líneas fueron clausuradas. ¡Muerto el perro...!.

          Finalmente y cabreados, partimos con una hora de retraso, que es casi el mismo tiempo, que tardamos en llegar al destino, después de parar en mil sitios.


          En el trayecto, vamos reservando el hotel, que tiene muy buena pinta y unos comentarios excelentes. Se trata del hostel Cashinas no Carolina y pagaremos 26€ por la habitación doble.

          Nos bajamos en la estación de Sao Bento, actualmente en obras por la ampliación del metro. Cerca, se halla la discreta y enorme catedral ubicada en una plaza  con vistas extraordinarias , a pesar de la neblina.

          Recordábamos a Oporto, como la capital mundial de las cuestas y las escaleras y no tenemos mala memoria. Debemos descender unos cuantos centenares de ellas, en no muy buen estado, hasta llegar al Duero y al puente de Don Luis I. El paseo peatonal, a lo largo del río es magnífico y tiene  muy bonitos -algo decadentes- inmuebles. Enfrente, las bodegas del vino de Oporto.


        Ahora, volvemos por las calles del centro y sus correspondientes y esforzadas cuestas, topándonos con iglesias, edificios civiles, plazas extraordinarias y la fantástica y original Torre de los Clérigos, para finalizar en la Capilla de las Almas, ese bello inmueble encajonado y construido con azulejos blancos y azules.

          Compramos hamburguesas baratas en un Prima Prix -no sabíamos, que los hay en Portugal - y gelatinas de mango, que nos sirven de comida. 

          Finalizamos la jornada, a punto de anochecer y siendo más de las cinco de la tarde, en el cercano y carísimo Mercado de Bolhāo, muy coqueto, por cierto. Pero, seis gambas, seis ostras y dos erizos, cuestan la friolera de 25€. Anteriormente, habíamos visitado el de Ferreira Borge, que es un poquito raro y desangelado.

   


      El hotel no nos decepciona. Todo lo contrario. A pesar de tener el baño compartido, la alcoba es grande, luminosa, la cama es buena y la calefacción y el wifi potentes. La dueña resulta amable, aunque algo pesada.

          Durante el resto de la tarde y de la noche cae la mundial, a veces también, en forma de granizo.        

martes, 27 de enero de 2026

Aveiro


           Son las cinco y veinte -hora portuguesa-, cuando desembarcamos en la estación de autobuses de Aveiro. Como se encuentra cerrada, nos vamos a la de trenes, que se ubica al lado. Aquí hace algo menos de frío, aunque no nos sobra ni una de nuestras numerosas prendas. Y es que, entre Méndez Álvaro ayer, Aveiro y Oporto hoy y el aeropuerto el domingo, vamos a sufrir más ambiente gélido aquí, que en veintiséis días en China, siendo allí las temperaturas, infinitamente inferiores. Y es, que no siempre cuentan los grados, sino si hay sol, humedad o viento y sobre todo, como están los lugares acondicionados para combatir la fresca. Y en la mayoría de los sitios públicos de España y Portugal, las condiciones son pésimas.


          Por el momento, no llueve, pero seguro, que lo hará pronto y no tenemos una sola esperanza de lo contrario. Ayer, en el centro de Madrid y dispersos, había decenas de personas vendiendo paraguas o unbrellas. Cada dia hay en España más gente buscándose la vida, como en el tercer mundo. Quedan aún más de dos horas para amanecer y permanecemos sentados en un incómodo banco corrido en una pequeña estancia desangelada, que cada vez, se va llenando más. Aprovechamos para desayunar un bocadillo de bonito, pero después y aunque lo intentamos, no conseguimos conciliar el sueño.

 


        Son las ocho menos cuarto de la mañana, con un cielo negro negrísimo, cuando salimos a la calle. Estamos a poco más de un kilómetro del centro, por un camino sencillo, por el que no transita nadie. Llegamos al canal principal, flanqueado por bonitas edificaciones algo decadentes y ocupado a tramos por unas bellas embarcaciones, llamadas Moliceiros, que en otros tiempos sirvieron  para la recolección de moliços -unas plantas acuáticas- y hoy ofrecen servicios turísticos.

          A pesar de que la catedral y sus iglesias no destacan mucho, Aveiro resulta una ciudad agradable, provinciana y de atractivas calles y extensas plazas, como la del Marqués de Pombal, donde todavía no han removido la decoración navideña. El Mercado del Pescado, de tipo gourmet y carísimo -incluidos algunos puestos de fruta-, se trae un aire al de la Ribera de Lisboa, aunque con la debida modestia.

   


      Existen  otros canales secundarios. Hoy el agua y en todos ellos, tiene un color un tanto turbio y desagradable. A las diez de la mañana comienza a aparecer algo de gente y abre el incipiente sector turístico, que está orientado a llevarte a las marismas y a las playas cercanas (en torno a quince kilómetros de distancia).

          A ellas se puede llegar de tres maneras distintas, de menor a mayor precio: autobús público, tuck tucks privados modernos -como los de Madrid - o cruceros a través del canal principal. Como el día está tan feo y ninguna fórmula es barata, decidimos posponer la experiencia para otra vez. Pretendemos tomar el tren de las 10:23 y pasar el resto del día en Oporto, a la que no vamos desde hace dieciséis años, pernoctando en un hotel, que todavía no hemos reservado.

   


      El caro dulce más típico de Aveiro son los ovos moles: yemas de huevo con azúcar, recubiertas generalmente por una oblea fina con formas de especies marinas. ¡Muy vistosos!.

lunes, 26 de enero de 2026

Viaje a Aveiro, Oporto y Vila do Conde


           Nos preparamos para nuestro primer viaje de 2026 y tercero a Portugal, en menos de un año. Aprovechando un festivo local muy bien colocado, nos largaremos al país luso a mediodía del jueves 22, para retornar el lunes 26 de madrugada.

          Iremos hasta Aveiro, en autobús, desde Madrid, con ALSA. Nos ofrecen un descuento importante por haber viajado mucho con ellos en 2025 y el precio nos sale mucho más a cuenta, que con Flixbus (9€ por billete). Regresaremos con Ryanair, desde Oporto, por 16€ cada uno. Será una noche de bus, otra de hotel y una tercera de aeropuerto.

     


    Buscamos patrimonio histórico relevante, playas salvajes, francesinhas, pasteles de bacalao y de nata, Ginjinha, vino de Oporto... Y lo que vamos a encontrar seguro es, lluvia a mares, según las previsiones meteorológicas de las aplicaciones del tiempo, gracias a la brutal borrasca Ingrid.

          Partimos a las dos de la tarde, tras salir mi pareja del trabajo. Tomamos el ALSA, a Madrid, que va casi vacío. Nos han tocado los asientos 3 y 4, que son los peores del vehículo. Llueve a cántaros, durante todo el camino. Llegamos algo tarde, debido a un monumental atasco en los accesos a la capital de España. Tenemos algo más de cinco horas de espera en esta terminal.

   


      Podríamos habernos quedado aquí, tranquilamente, pero como somos culos inquietos, nos vamos hasta el centro a probar turrones gratuitos en las tiendas del ramo y degustaciones de Samplia. Las numerosas obras y la incesante y cansina lluvia, nos dificultan, enormemente,el cadente tránsito.

          Madrid se halla casi vacío y tremendamente encharcado. En la Plaza Mayor, cada vez se agolpan  más mendigos bajo los soportales. La mayoría moran  en el interior de cajas de cartón reconstruidas, aunque los hay más sofisticados, que han montado tiendas de campaña en forma de iglú. La estación de Méndez Álvaro si se encuentra bastante concurrida de viajeros.

   


      A las 23:45 y en hora, partimos para Aveiro, después de habernos acomodado en la parte de arriba de un bus de dos pisos. Viajamos casi al completo, en unos asientos de confortabilidad media. Me duermo enseguida y no me despierto ni una sola vez, hasta nuestra llegada al destino. Ha seguido diluviando, durante toda la noche.

          Hoy, pretendemos visitar Aveiro -nunca hemos estado - y la memorable Oporto, a la que no venimos desde 2010. Para mañana, dejaremos el imponente patrimonio histórico de Vila do Conde y sus fantásticas playas. El domingo, volaremos de regreso y pasaremos el día en Madrid.