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domingo, 28 de septiembre de 2014

Desconcertante, Cox's Bazar

                                                 Todas las fotos de este post son, de Cox's Bazar (Bangladesh) 
         A Cox's Bazar, se llega entre llanuras verdosas, agua -en sus distintas modalidades y estado de pureza-, chimeneas y montoneras de ladrillos -probablemente, rudimentarias fábricas-, poblaciones estresantes y estresadas y gracias a un buen autobús (como todos los que cogimos en el país, donde todo el mundo lleva plaza y nadie viaja de pie).

          De los desoladores sitios de playa del tercer mundo -son tantos-, Cox's Bazar es uno de los que menos nos gustan -y , eso que la playa es magnífica, pero no le basta con ser la más larga del mundo- y de los que menos entendemos su funcionamiento.

          Se trata de una especie de marina, a unos tres kilómetros de la población principal. La primera linea de playa no da a a la misma. Más bien, en época de monzón como esta, a enormes charcaleras, que parecen estanques sagrados, de lo fétidas y grandes, que son. Edificios en construcción eterna, cacharros irrespetuosos por todas partes -muy pocos de ellos, son coches-, falta de cualquier servicio en la playa: duchas, socorristas o papeleras. aunque sí hamacas y sombrillas de pago.

          Hasta aquí, todo es más o menos comprensible, por cualquier viajero playero del tercer mundo. Pero si les das dos vueltas más allá a la cosa, te entra cierta incertidumbre. Primero, por la agresividad de sus escasos habitantes -la mayoría del sector transporte-, vendedores y buscavidas de la playa. Después, por los miles y miles de plazas hoteleras, que hay desocupadas (rondan el 100%). Más tarde, por la soledad playera y la sensación de peligro. Posteriormente, porque aparte de tomar un refresco, unos snacks o como mucho, tres clases de fritanga -rellenos apestosos, bondas de patata y rebozados vegetales-, no puedes llevarte nada a la boca

          Es verdad, que estamos en Ramadán y hay algunos restaurantes cerrados, pero la proporción, en relación con los inquietantes hoteles, es de 1 a 200. ¿Los turistas, aquí, sólo duermen? Debe ser, porque ni garitos de cambio, ni farmacias, ni supermercados, ni... sólo transporte, para ir a ninguna parte.

          Si el viajero bucea más y se aventura en la segunda linea de charcos -que no de playa-, descubre más de lo mismo: guest houses, hoteles, resorts... Pero ahora en calles, cuyo único asfalto es, el de varios metros cuadrados, rodeando, exclusivamente, sus puertas y accesos. Y, hasta ahí, ¿traen a los huéspedes en brazos?.

          Después de que nos trataran de robar, sin éxito, asistimos a un espectáculo nocturno alucinante, desde nuestra cama, sin necesidad de movernos: la mezquita empieza a lanzar sus bufidos, mientras en el hotel ponen, a todo trapo, el canal Meca 24 horas. Centenares de voces repican el mensaje, mientras en la calle principal, la desordenada algarabía de unos cuantos individuos -los del transporte, que no paran ni para cenar en Ramadán-, nos da aún más inseguridad, a pesar de la sólida puerta de la habitación. ¿se habrán metido algo para el cuerpo? ¡No! ¡Cómo se puede ser tan mal pensado!. Un individuo, en una ubicación cercana, pero desconocida, escupe gargajos -al estilo de aquí, muy sonoro- cada segundo, como si fuera un rifle de repetición, para completar el misterioso escenario

          Al amanecer, todo se desvanece, en uno de los lugares más inhóspitos del mundo y donde los cangrejos en la playa, campan a sus anchas, dejando bonitas y fotografiables marcas.

          En Cox's Bazar, vimos a los siete únicos guiris, contemplados en Bangladesh. Por cierto y hablando de playas, en India compraron una tela roja de miles de metros y se dedicaron a cortarla y a ponerla de bandera en todas sus playas. Así, no se baña nadie y no hay responsabilidades, ni necesidad de socorristas.

          En este caso, Cox's Bazar es muy accesible para cualquiera, que sepa chapotear, que no nadar. Puedes meterte decenas de metros y el agua solo te llega por las rodillas.