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viernes, 26 de septiembre de 2014

Dudas y más dudas, al borde de la congelación

                                                            Esta y las cuatro siguientes son, de Calcuta (India)
          La primera de esas consecuencias aeroportuarias fue, que hubo, que cambiarse de ropa, a toda prisa. De la manga y el pantalón corto y los incesantes sudores, a vagar como Papás Noeles, a lo largo y ancho de la amplia terminal, pertrechados hasta las orejas y envueltos en las mantas. Todo ello, dentro de nuestras limitadas posibilidades de vestuario, porque al final y llegando ya casi al estado de congelación, no aguantamos siquiera sentados.

          Y así, ya con menos agobios mentales -el cerebro empieza a crearse sus propios chupiteles de hielo, interiormente- y con quince horas por delante hasta el vuelo, uno empieza a darle vueltas -la mente es maliciosa- a todos los posibles problemas, que podemos encontrarnos al día siguiente, en el aeropuerto de Dhaka. A saber:

          1º.- Denegación de embarque, por no tener el visado hecho o carecer de vuelo de vuelta o hacia un tercer país.

          2º.- En este último caso, ¿aceptarán, que compremos uno allí mismo?.

          3º.- ¿Se podrá hacer, de verdad, la visa “on arrival”, tal como nos han asegurado en la embajada de Calcuta y en varios foros de internet?.

          4º.- ¿Tendremos dólares suficientes para todas las gestiones o nos habremos quedado cortos?.

          5º.- ¿Nos pedirán una dirección y un teléfono en el país?. Sin guía, lo primero lo puedes inventar, pero lo segundo, es más difícil.

          6º.- ¿Nos deportarán a India, como tristes forajidos o inmigrantes sin papeles?.

          7º.- Tal vez, ¿nos torturarán?.

          La noche pasó con un insufrible frío polar, a pesar de toda la ropa, que teníamos encima y que raro, conseguimos dormir unas horas. Hay que reconocer, que a pesar de ser unos toca-huevos-burocráticos-integrales -que si pasa el equipaje por aquí y te lo lacramos/sellamos; que si registro a fondo; que si tantos sellos en la tarjeta de embarque, que no se ven bien los datos en ella impresos...-, que los embarques son muy tranquilos -no hay casi pasajeros- y la espera resulta agradable, con varios sillones mullidos orejeros y con reposapies, incluidos.
                                                                                      Esta y las cuatro siguientes son, de Chittagong (Bangladesh)
          Y, tras aterrizar, tras volar sobre una gordísima capa de nubes, llegaba la hora de resolver los interrogantes. Realmente y aunque todos tenían su sentido y por todos nos preguntron, el muro que se alzó sobre nosotros, fue el punto cinco: número del teléfono del hotel y dirección. Y eso, que como nombre, hemos puesto uno que existe -aunque hoy, como comprobaríamos después, no admiten a extranjeros y es tan cutre, que vete a saber, si tiene siquiera teléfono-. Pero, al mirarlo en la red, tuvimos el descuido, de no recabar ese maldito dato.

          
          Tira y afloja con el proceloso funcionario y de momento, nos manda a pagar, para luego, seguir insistiendo, erre que erre. Le ponemos uno de nuestros móviles. Mirada rara y pregunta: “¿roanning in Bangladesh?. ¡Ni a la de tres!. Reculamos, pero vuelve al ataque y empieza a pintar deo. Un guía de agencia o independiente, -dato para nosotros desconocido-, nos rescata, milagrosamente, negocia con él y finalmente, logramos el objetivo: ¡estamos dentro de Bangladesh!. ¿Y que nos hayan jodido tanto, después de pagar 102 dólares, entre los dos?.

          Le indicamos, al amable hombre, que no pretendemos más servicios de su parte y así, se va sin más pretensiones, cuando nosotros teníamos preparados diez dólares, por las molestias ocasionadas.

          El aeropuerto es viejo, pero idílico, para lo esperado: cajeros que aceptan tarjetas occidentales, oficina de turismo sin planos, garitos de cambio a buena tasa... y relativa calma a la salida, hasta que llegamos a la cercana carretera principal, donde se coge el bus para el centro.


          Entonces, un policía nos tiene que ayudar a cruzar y ni a él le respetan. Otro aporrea -con porra de hierro- un autobús, para que se detenga y podamos subir. Con la colaboración inestimable de otros ciudadanos conseguimos montar, en marcha, en uno atestado de gente. Empieza la trepidante y estresante aventura en este país. De hecho, es por este motivo, por lo que hemos venido y no porque tenga nada atractivo, que visitar.

6 comentarios:

BHK dijo...

Buenos días

Me lo estoy pasando gencial leyendo vuestras peripecias y aparte de que me resulta muy entretenido, si que tengo una pregunta. Realmente, compensa todo ese esfuerzo???. Ja, ja, intuyo que sí, pero no termino de entenderlo.

Saludos

Eva dijo...

Hola

Todo depende, de como quiera viajar cada persona. Yo no iría a India a ver el Tej Mahal un ratito y a estar sentado en las german bakery más cercana o las escasas terrazas, el resto del tiempo. Pero, eso, es una decisión muy personal y respetable.

Viviendo el día a día de India, aún en las más básicas condiciones, te va mejor que a los nativos, así, que a pesar del cabreo, hay que tragar (ja, ja. es muy fácil decirlo).

Viajar así, tiene sus riesgos, como todo, pero cuando vuelves a casa, el sufrimiento, se te multiplica por mil veces, en placer y durará bastante tiempo.

Será una locura, pero es lo que nos dice la experiencia, después -de en ambos viajes-, transitar medio año por la irrepetible e indispensable, India.

Saludos

Max Demian dijo...

Despues de pagar 102 dolares, Bangladesh deberia recibir a sus pocos turistas con los brazos abiertos, pero es algo discutible lo que se paga en conceptos de tasas de turismo y lo que se obtiene.

Eva dijo...

Absolutamente de acuerdo, Max.

Lo que se obtiene, en cuanto a experiencias, es interesante. En cuanto a lugares a visitar, sin embargo, son escasos.

Los 51 dólares de la visa en el aeropuerto (102, los 2), se convierten en 60€/persona, si la visa se obtiene en la embajada de Madrid (donde, a su vez, mienten, diciendo que no se puede obtener, "on arrival").

Pero, es que además, hay que tener otras cosas en cuenta:

-En la embajada de Calcuta no expiden visas de turismo a europeos -parece ser, que antes, sí-, lo que te obliga a volar y a encarecer el viaje.

-la frontera de Benapole, con India, es la única de nuestro mundo conocido -con la excepción del puente de Allemby, en Israel y es por otros motivos-, en cobrar tasas de salida, incluso a sus propios ciudadanos. Y cada año las suben un buen pico.

-En otros aspectos del día a día, también, es evidente la voracidad de los gobernantes, por exprimir económicamente a los escasos visitantes.

fran dijo...

Hola. Interesante tema.

Vaya precios. Me parece de muy poca vergüenza cobrar casi lo mismo por la visa de Bangladés, que por la de India.

Saludos

Eva dijo...

Totalmente de acuerdo, fran