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jueves, 14 de febrero de 2019

El convulso 19 de octubre: móviles, herencias y cartas certificadas

                                      Todas las fotos de este post son, de Sydney (Australia)
          Imaginaba yo, una placentera estancia, en Sydney, de unos cuatro días, rodeados de tranquilidad y disfrute sosegado. La realidad ha sido algo distinta.

          Para empezar, hoy hacemos ya seis jornadas aquí -y va para largo- y la quietud solo ha sido lograda a ratos, gracias a los extraordinarios vinos, que tomamos a casi todas horas, sin cortarnos un pelo.

          El día 19 de octubre -fecha, casualmente, que coincide con el aniversario del fallecimiento de la madre de mi pareja-, resultó ser absolutamente vertiginoso. De madrugada y después de dormir muchas horas en el autobús, que nos trajo desde Byron Bay, trato de poner en práctica los consejos de Simyo, de hacer intercambio de tarjetas SIM, para tratar de recuperar la itinerancia de llamadas. Resultado: mi teléfono se bloquea y me pide un código de privacidad, que ni he puesto, ni se, cual puede ser. ¡Ya estamos como el año pasado! Con el otro terminal, aún nos deja consultar el WhatsApp y mi correo.

     Por otro lado, un amigo, desde España, nos habla de una notificación administrativa a mí nombre, de forma certificada, que suena a amenaza. ¡Y más, a casi 20.000      kilómetros de nuestra casa!

          Por otra parte -y también desde España y tras varios meses de pelea- Unicaja nos comunica, que al fin, podremos tener el acceso a la mayor parte de la herencia familiar. ¡Demasiadas cosas para un mismo día!

          A todo esto, caminamos entre las molestas obras, que tiene esta ciudad patas arriba y nos decepcionamos, viendo la bahía copada por un trasatlántico y la diminuta opera, que de cerca, no vale un euro, y el marmotetrico puente (luego, de lejos, gana mucho)

          No recordaba una sensación de desasosiego similar, desde que hace unos 15 años, descubrí las dimensiones de la sirenita, de Copenhague. ¡Y eso, que íbamos advertido!

          Llegamos al hotel, que habíamos reservado para una sola noche. Todo correcto, pero mañana, si queremos seguir en el -al ser viernes-, debemos pagar 30 dólares más. Los fines de semana -al igual que en Japon-, los precios de los alojamientos se disparan, sin justificación alguna, porque no están llenos.

          Resultado: dos noches seguidas durmiendo en la estación de trenes y con los bultos a cuestas. Y lo extraño es, que ni nosotros nos hemos desesperados por este asunto, ni a ningún lugareño le ha asombrado vernos por allí tirados.

          Para el wifi, también hemos tenido que buscarnos la vida, porque el del hostel es de pago. Montamos nuestro cuartel general, cerca de un par de mendigos, frente a una entidad financiera, que promete -y afortunadamente, cumple, aunque de forma precaria y solo, a veces- dar señal inalámbrica gratuita.

          Ya entre semana, hemos regresado al hotel del primer día, donde dan generosas raciones de pollo con arroz y salsa picante -los jueves- y hoy -lunes-, dos perritos con cebolla caramelizada, queso, mostaza, salsa barbacoa...y luego y sin saber quién paga, varios vasos de vino blanco por la cara. Si algo nos está dando bríos y nos alivia en este país, son sus extraordinarios, variados y baratos caldos.

          Esta mañana, cuando hacíamos el check-in, nos hemos encontrado con una pareja de españoles. ¡Que envidia nos dan sus 25 años! Como otros muchos compatriotas, se han liado la manta a la cabeza y han buscado lo positivo de la falta de oportunidades. Vienen a estudiar, a trabajar y a vivir juntos, aunque sea en un piso compartido con otra pareja.

          El ya estuvo diez meses el año pasado por aquí y nos habla, de la facilidad para encontrar trabajos no cualificados en este país -camareros, dependientes de tiendas, limpiadores...- por 800-1.000 dólares australianos, a la semana.

          Para ser recepcionista en un hotel -como hemos visto a muchas sudamericanas y asiaticas- ya te piden un título, generalmente turismo y un nivel perfecto de inglés, pero los ingresos se disparan. ¡Así, que ánimo, chavalas y chavales patrios, que esta es una bonita tierra de oportunidades!

          Como veis, nuestra estancia en Sydney, ha sido de todo, menos tranquila .

1 comentario:

Eva dijo...

Hola, de nuevo

Todavía, nos faltan unos 55 posts por publicar, además de 35 vídeos cortos, grabados durante este octavo viaje largo

Saludos