Hemos llevado a lo largo de más de una década seis dilatados viajes por India. En total y sumados, más de un año. Para ser tanto tiempo, no es uno de esos lugares, donde nos hayamos visto especialmente atrapados, porque el país resulta muy versátil y generador de alternativas.
Pero en algunas ocasiones sí nos hemos sentido así. He aquí una relación de situaciones, descritas sin orden cronológico, tal, como se nos van ocurriendo:
-. En Jalgaon, cercano a las preciosas cuevas de Ajanta, nos vimos atrapados de forma múltiple, por una habitación sin apenas electricidad, la diarrea de mi pareja y un autobús a Surat, donde unos sinvergüenzas me propinaron varios golpes en la cara sin motivo, empapándome de sangre (viaje 1°).
-. En la tranquila Khajuraho, debimos pasar dos días a mayores de los planeados, por ir todos los trenes a Varanasi completos. Finalmente, viajamos en asientos separados (viaje 1°).
-. Queríamos ir de Dhera Dun a Shimla de forma directa. Pero una festividad religiosa y una avería de trenes nos dejaron atrapados en el primer lugar. Al final, debimos dividir el recorrido en tres partes y al llegar a Shimla, un vehículo volcado en el puente de acceso nos dejó clavados en el mismo sitio y con un interminable atasco, debiendo bajar y llevar a cabo los últimos kilómetros caminando (viaje 3°).
-. Una semana atrapados en Delhi, buscando un vuelo de precio razonable para regresar a casa. Los hoteles de la capital de categoría económica no son el mejor lugar para estar por largo tiempo (viaje 3°).
- .El cuarto periplo fue el único, que desde el inicio, tenía fecha de fin, dado que se trató de vacaciones de casi un mes en un periodo laboral. Creedme, si os digo, que es horrible y estresante viajar con tan escasa flexibilidad, en India.
-. Más de siete horas atrapados en Kholapur, buscando un transporte para Bijapur y nadie nos sabia decir más, que no había ninguno directo. Cuando ya estábamos desesperados y barajabamos otros planes, una amable chica nos colocó en un incómodo microbús, aunque efectivo, que nos llevó de forma directa y menos mal porque Bijapur es una de las ciudades más bonitas de India (viaje 4°).
-. Uno de los atrapamientos más inquietantes nos ocurrió en Matheran, al final del quinto viaje largo. Estábamos sentados en la terraza exterior del hotel y de repente, empezaron a llegar monos por todas partes. Al menos, eran diez. Nos metimos para adentro de la habitación deprisa cerrándolo todo y dejando fuera parte del equipaje. Allí estuvieron tomando el lugar y merodeando por la puerta, hasta que se nos ocurrió abrir un instante y lanzarles un buen cubo de agua.
-. Como no teníamos reserva, nos colocamos de pie en un vagón de tercera, en un tren de Bangalore a Hassan. En India es muy peligroso beber alcohol por la calle y aún más, en el transporte público. Por hacer un giro inverosímil con un vehículo en la calzada te caen cien rupias, mientras por tomar una cerveza en un banco te aseguras una multa de más de cinco mil, además de riesgos penales. El caso es, que íbamos tomando algo despreocupadamente. Nos pareció, que gente de nuestro alrededor hablaba de nosotros y de estar consumiendo bebidas espirituosas. No le dimos más importancia, hasta que en Mysore, se subieron dos policías y se sentaron enfrente de nosotros.
Todavía tenía la botella de la mano, pero no se percataron. La conseguí esconder sin que la vieran, porque estaban más pendientes de un móvil con archivos de procedimientos administrativos, que daban pánico. De momento, ni nos hablaron. Y nosotros tratando de hacerles ver, que estábamos más frescos que una lechuga y que no llevábamos encima ni una sola gota de alcohol. Llegaron las preguntas y finjimos no hablar demasiado inglés.
La espera fue larga y tratamos de hacerles entender de todas las formas posibles e imaginables que la denuncia era falsa. Llegando a Hassan, finalmente, nos dejaron en paz y sin registrarnos. Y menos mal, porque en India no solo es delito beber alcohol en un tren, sino que basta con transportarlo (viaje 3°).
La parte XX de esta serie de artículos será la última, sobre atrapados por la familia, después de Semana Santa.








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