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miércoles, 11 de marzo de 2026

Atrapados (parte III). Los trenes del este

           Pito pito, gorgorito. Pito pito, gorgorito. A ver, ¿con cual me quedo? ¿Con que Juan Roig, después de tirarnos a la cara, que ha ganado 1729 millones de euros en 2025 nos dice, que nos va a subir los precios?

          ¿Con que Netanyahu el carnicero apela  a que los iraníes salgan a la calle a sublevarse?. No es mal plan, así o los mata el propio gobierno persa o los bombardea él y así de paso, se ahorra enviar tropas terrestres israelíes, que muerdan el polvo, mueran y le desgasten.

          ¿O con lo de Ursulita? Esa perra, que babea, cada vez, que huele el trasero de Trump. 

          No sé. Acabo de recordar, que mis padres me robaron una buena parte del dinero de mis becas y se me han quitado las ganas de más. Gracias a ello, mi hermana pequeña tiene una dentadura de ensueño y la mía está hecha un asco. 

          ¿Pero no os he dicho, que en este blog no se habla de política, ni de la familia, que es de viajes y esparcimiento?. ¡Es, que no se puede con vosotros!

           Me he tomado la molestia de preguntar a la inteligencia artificial si aquello de los trenes del gaseo de los años 90 fue verdad y la respuesta es contundente: "mito urbano persistente y generalizado".

          No seré yo, quien ponga en duda  a la IA, pero en aquellos tiempos ese rumor corría, como la pólvora, entre los jovenzuelos, que recorríamos Europa.

          Lo que si podemos constatar con experiencias propias es, que los trenes de la Europa del Este de los noventa tenían su peligro. Y os cuento tres cortas historias.

          Viajando de Cracovia a Praga, íbamos solos y asustados en todo un vagón, cuando apareció un revisor y nos pidió encarecidamente, que no se nos ocurriera dormir bajo ningún concepto, hasta que no abandonáramos territorio polaco y estuviéramos en Chequia. ¡Película de miedo y sin consecuencias!

          Tren entre Budapest y Bucarest, por la línea del norte de Rumanía. Todavía en Hungría un interventor nos dice, que el billete interrail es válido, pero que necesitamos una reserva de plazas. Lo pagamos. Llegamos a la frontera y abonamos el visado. Otra vez, vamos solos en el vagón, no haciendo mucho tiempo, de la muerte de Ceausescu. Entra otro revisor con muy malas pulgas, uniforme marcial y botas militares y nos vuelve a  pedir el pago de otra reserva. Nos negamos y la violenta discusión se zanja con el abono de cuatro dólares, que llevábamos sueltos. Creo, que no hace falta detallar, como pasamos el resto de la noche, entre maldiciendo y lloriqueando, por haber subido a ese tren. ! Y es, que la Europa del Este de los noventa era más peligrosa, que cuando recorrimos África Austral y del Este, en 2010.

          Volviendo de Estambul, a Tesalónica, un pica, además de extorsionarnos una pequeña cantidad, acosó sexualmente a mi pareja y solo pudimos librarnos de él, gracias a dos turistas , que iban un par de compartimentos más allá.

          Se me olvidó comentar en el post anterior, que en el mismo viaje del tren del gaseo, tuvimos otro atrapamiento en la estación de Montparnasse de París. Era 14 de julio, fiesta nacional y los TGV'S iban a rebosar hacia España. Nuestro billete era válido, pero sin plaza. Conseguimos saltarnos los controles de seguridad -hoy en día sería imposible - y subir al tren, viajando de pie y pagando un pequeño suplemento al revisor.

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