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martes, 24 de marzo de 2026

Atrapados (parte XVII) El siniestro aeropuerto de Kuwait (I)

           Nuestra inquietante experiencia con el aeropuerto de Kuwait -el más hostil de nuestro mundo conocido - fue doble. A la ida del noveno viaje largo, los problemas los tuvimos en el exterior (zona de embarque). A la vuelta del décimo, aunque salvamos el "match ball", ocurrieron en el interior (espacio de tránsito).

          Llegamos a Kuwait sobre las siete de la tarde de un día de finales de octubre de 2023, con Wiiz Air. Teníamos un vuelo a Mascate, para 36 horas después y con otra compañía (Salam Air). En estas condiciones y en cualquier aeropuerto del mundo , te obligan a salir de la zona de tránsito, al exterior y suele haber dos colas: los que se quedan y los que se van, pero allí nada de nada. 

          Todo empezaba bien, porque aunque queríamos visitar la ciudad, no nos apetecía abandonar la terminal a esas horas. Nos tiramos a dormir en unas incómodas tumbonas de madera. No hemos estado nunca en la Antártida, por tanto, no sabemos si allí hace más frío, que en el aeropuerto de Kuwait City, con sus enormes máquinas de expandir a borbotones aire glacial.

          Nos despertamos a las tres de la madrugada y decidimos, que era hora de salir. Había bastante cola para gestionar el visado y la cosa fue muy lenta, pero no hubo problemas.

          Ya en la zona de embarque nos empezó a perseguir un ambiente hostil y de acorralamiento -peticiones constantes de irnos de allí-, contemplando el siniestro panorama de un hall vacío con todos los negocios abiertos.

          Evidentemente, nos largarnos, tomando todavía de noche el bus a la ciudad. Kuwait es un lugar raro, porque por cada cien indios -ya trabajando en la construcción desde las cuatro de la mañana-, ves un kuwaití. No obstante, el día salió bien y volvimos al aeropuerto, antes de que se hiciera de noche. El wifi funcionaba tan mal, como de madrugada, así, que no pudimos comprar los billetes entre Bangkok y Hanoi para días después.

          Y comenzaron otra vez las persecuciones y los agobios: que no podíamos estar allí, que faltaba mucho tiempo para nuestro vuelo, que nos buscáramos un hotel...Nos sentimos absolutamente vigilados, tanto dentro, como fuera de este pequeño aeropuerto.

          No nos costó descubrir, que en frente había -hoy quien sabe, con la guerra,si seguirá -, otra terminal aún más diminuta, de la compañía Jazeera, de bandera kuwaití y que opera vuelos de bajo coste. El ambiente era algo menos brutal -no amable- y funcionaba el wifi. No obstante, nos advirtieron, de que no teniendo vuelo con ellos, no podíamos estar mucho tiempo allí. Sacamos el vuelo, a Vietnam.

          Fueron pasando las horas, a ratos dentro y otros fuera, sin dejar de sentirnos acosados. En la terminal general, solo había un sitio cómodo para dormir, consistente en un banco redondo forrado con un cómodo mullido. Allí y en forma de círculo, nos pusimos a dormir con dos japonesas. Pero no había pasado ni una hora, cuando nos expulsaron abruptamente.

          Con la compañía Salam Air, genial, a pesar de no poder hacer el check in on line.

          Lo sabemos, porque finalmente, nos dió tiempo a coger el vuelo a Omán, después de que en la puerta de embarque nos pasarán el equipaje siete veces por la misma máquina de control.

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