Trump podía haber sido un buen hombre. Sí. Un buen maestro de inglés de la España rural o vacía. Y no lo digo, porque lo quiera degradar a él o porque en España se hable peor inglés en los pueblos, que en las ciudades, que en todas partes se conversa muy malamente. Ni el primer presidente anglófono Sánchez de la democracia -Anas Botellas aparte-, ha conseguido, que mejoremos esto, que será endémico de por vida.
Mira, que llevamos cuatro décadas viajando por el mundo, y siempre hemos tenido dificultad para entendernos con los estadounidenses. Parece, que escupen palabras distorsionadas y excesivamente moduladas. ¡Vamos, que nosotros tampoco somos los nietos de Shakespeare!.
Pero Dony, no. Tomádmelo , como ironía, pero también, como certeza. Es el gringo -bueno, a medias, porque tiene pasado inmigrante-, con el que nunca necesito un traductor.
Habla lento, sonoro, profundo y constante y se le entiende todo de un tirón, especialmente, cuando amenaza, que es a todas horas.
Además, utiliza palabras de un buen nivel de segundo de primaria, para que las vayas afianzando en tu vocabulario: "terrible", "épico", "fantástico", "terrorífico", "bonito", "inolvidable", "espeluznante"... Bueno, así también locutaba Piqueras. ¿O no?.
Como veis, hoy si que hablamos de política, aunque prometo, que no de la familia, aunque ganas y bilis no me faltan.
Y conversamos de ella, para referirnos, a cuando nos vimos atrapados en Israel, en 2007. Todo extranjero, que llega al país judío -también en 2014, en una segunda visita - es presuntamente sospechoso de algo y tratarán de averiguarlo o mejor, de inventárselo. Lo de matar palestinos, libaneses o iraníes ya es una versión premium.
Nosotros nunca tuvimos intención de visitar Israel. En 2007 y juntando días de vacaciones y de matrimonio, pretendíamos ir a Siria, Jordania y Líbano. Pero, como este país había sido bombardeado -una vez más-, por los hebreos, pues lo cambiamos por Israel y Cisjordania.
Salimos una noche de Alepo, en un tren nocturno, rumbo a Damasco, con Ana y Longi, a los que habíamos conocido en nuestro periplo sirio. La idea era llegar a Israel cruzando el puente de Allemby, en Jordania, pero era Viernes Santo y cerraba a las doce del mediodía.
Cambiamos de planes y nos fuimos por la frontera norte, la del jeque Hussein. ¡Y fuimos bien atrapados!
A esta historia ya nos hemos referido varias veces en el blog y en la antigua web, así, que la resumo: un trato vejatorio -más a Ana y a Longi, que a nosotros-, más de tres horas de espera e interrogatorios -en inglés y español -, en los que sacaron a nuestros amigos de quicio, hasta llegar al llanto, cuando un soldado imberbe e hijo de puta, le quiso arrebatar un diario personal a Ana. ¡Las fronteras terrestres de Israel eran -y seguro, siguen siendo - de las peores del mundo.
Y después y una vez iniciado el sabath pesadilla -peor, incluso, que el final de Ramadán y ya es decir-, otras dos horas esperando para gestionar un taxi compartido con otros agotados guiris, a Jerusalén y a un precio absolutamente desorbitado.







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