2010 fue un año de asueto y repleto de viajes cortos -máximo dos semanas-, llevados a cabo por razones obvias, que ahora no vienen al caso. La mayoría por diversas regiones de Italia y Marruecos y un bonito colofón con Malta y Sicilia en noviembre.
El seis de diciembre debía comenzar nuestro tercer viaje largo y el territorio elegido era la inexplorada África subsahariana. En concreto, la zona austral y la del este, hasta Kenia.
Habíamos comprado por 250€ cada uno, dos billetes aéreos a Johannesburgo, desde Madrid, vía Trípoli, un recorrido algo exótico. La compañía estatal libia Afriqiyah Airways era totalmente desconocida para nosotros -ni hemos vuelto a volar con ellos-, así, que estábamos a la espectativa.
Todo parecía ir bien, hasta que llegó el viernes 3. Ese día y sin tener noticias previas, comenzó una salvaje huelga a nivel nacional de controladores aéreos, que propicio, que se cancelaran todos los vuelos de la jornada y buena parte de los del sábado.
¡Otra vez atrapados en casa!.
Y nosotros, sin perder detalle en la tele, minuto a minuto. A ratos, rezando a Dios y otros, al por entonces -ya malogrado- ministro del interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, para que se arreglara la situación y pudiéramos irnos el lunes temprano.
El domingo, cuando partimos a Madrid en autobús, aún había bastantes incidencias, aunque muy lentamente, la situación se iba recuperando. En Barajas, más tranquilidad de la cuenta con muchos vuelos retrasados en mitad del puente de la Constitución y de la Inmaculada. ¡Fin de semana absoluto de nervios y de montaña rusa!.
Finalmente, tras dormir tirados en el suelo de la Terminal 1 -como otras tantas veces-, facturamos y salimos en hora, rumbo a la capital libia.
Por entonces, todavía gobernaba Gadafi y la experiencia en el aeropuerto de Trípoli en una larga escala, resultó impactante. Era, como haber retrocedido varios siglos en el tiempo, con pantallas de estructura y formato anterior a la llegada del Spectrum, a principios de los ochenta, cuando éramos adolescentes. En las paredes, enormes y constantes fotos del líder supremo, todo en posturas de muy buen rollo.
Partimos, rumbo a Johannesburgo, con más de tres horas de retraso, pero eso ya daba exactamente igual.
La experiencia con Afriqiyah fue espectacular con un avión nuevo, espacioso, un personal super amable y una comida abundante y para chuparse los dedos.
Había comenzado con éxito nuestro tercer viaje largo, el más complicado de nuestras vidas -hasta el momento - y que nos iba a llevar a través de diez países del increíble África subsahariana, desde Sudáfrica, a Kenia.
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