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lunes, 16 de marzo de 2026

Atrapados (parte VI). Las tarjetas de Caja Madrid

            En ocasiones, el atrapamiento se produce de forma rápida, repentina, abrupta y estragulante. Tener reflejos para no perder el control de la situación resulta crucial. En otras, sin embargo, el problema se cuece más a fuego lento y perdura durante un tiempo. Te encuentras en un callejón sin salida, pero con capacidad de manejar alternativas y posibles escenarios.

          Fue el caso de nuestras tarjetas bancarias de la desaparecida Caja Madrid, durante nuestro segundo viaje largo en verano -otoño de 2008, al sudeste asiatico. Tuvimos, que armarnos de una paciencia infinita, no conocida antes.

          En realidad, no ha sido el único problema de este tipo, que hemos padecido a lo largo de los años en viajes largos. En 2017, nos volvió a ocurrir en Malasia, con las tarjetas de Bankia y un año después, en Taiwán, con la SIM de Simyo.

          Habíamos aterrizado en Bangkok, vía El Cairo, dos días antes, de que España ganara su segunda Euro a Alemania, en Viena. Recorrimos Tailandia con mucha ilusión y asombro, para después acceder por tierra a Laos, Camboya y el sur de Vietnam. ¡Todo perfecto y maravilloso!.

          Por entonces -hace años, que ya no-, había oficinas físicas de Air Asia donde vendían boletos aéreos. En Bangkok, una en una calle lateral de Khao San y otra en el centro comercial del Tesco.

          En la primera, habíamos adquirido billetes entre Hanoi y Kuala Lumpur, trayecto, que se desarrolló sin novedad alguna. A partir de ahí, comenzaron nuestras constantes pesadillas con las tarjetas, que duraron más de diez días, a lo largo de Kuala Lumpur, Lankawi, Melaka, Butterworth... Era absolutamente imposible reservar un vuelo por internet. En el ciber de la capital -hoy ya no existe ni el edificio - llegamos a estar más de seis horas seguidas, mientras el monzón golpeaba con fuerza en el techo de chapa. Ni con Air Asia, ni con Lion Air, ni con Scoot... Todo iba bien hasta el momento del pago de nuestro pretendido vuelo a Jakarta, pero ahí el sistema daba constante error con nuestras tarjetas.

          Hablamos con Caja Madrid. Es cuando te das cuenta, que los del banco no son tus amigos y que en realidad, nos veían como clientes con muchos posibles, a los que vender productos financieros, a veces truños. Finalmente, nos dijeron, que las tarjetas estaban perfectamente y que sería problema de la aerolínea. ¿Pero de las cinco, con las que habíamos tratado de reservar?.

          Hablamos con la familia -otra vez, la familia -, pero también se desentendieron, porque pensaban sin decirlo, que nos habíamos quedado sin un duro y solo buscábamos dinero fresco.

          Y así un día y otro, sin novedad y con el estrés al máximo. Llegamos a valorar, cruzar por tierra todo Sumatra -que horror -, para llegar a Java y Bali.

          Eran las cinco de la tarde -hora local- del 20 de agosto y en el ciber de siempre de Butterworth leímos, que el vuelo 5022 de Spanair había sufrido un accidente fatal. Solo cinco minutos después y haciendo de carrerilla lo mismo de siempre, conseguimos nuestros billetes aéreos a la capital de Indonesia. ¿Que había pasado? ¿Quién había tenido la culpa?. A dia de hoy, aún seguimos sin saberlo.

          Cambiando de asunto, no nos hemos olvidado de los preparativos del viaje gigante de 2027. Los tenemos parados a la espera, de como evolucione la guerra y de que Trump  deje de divertirse bombardeando la isla de Jark.

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