Había dos posibles soluciones: o retornar por Mozambique, hasta Malawi o volver a Johannesburgo y volar a Lusaka y entrar en Zambia, a través del aeropuerto, con mayor seguridad. Optamos por lo segundo.
Entramos en Sudáfrica por la frontera de Komatiport. El pueblo está a unos cinco kilómetros. Un conductor nos recogió enseguida y nos ofreció su casa para dormir gratis, aduciendo, que en el lugar había pocos alojamientos y muchos peligros. Nos acompañó hasta incluso hacer la compra en el supermercado. ¡Genial!.
Volvimos a Johannesburgo y allí estuvimos atrapados casi una semana sin saber, que hacer y pasando cuatro o cinco horas en el ciber. ¡Desesperados!.
Volar en avión a Lusaka costaba más de 300€. La otra opción era atravesar otra vez Zimbabue y entrar en Zambia por las cataratas Victoria y Livingston.
Optamos por volver a Komatiport, deprimidos. Esta vez, y como nos vio tan desesperados, una blanca nos pagó una noche de alojamiento , la copiosa cena y el desayuno. Más de 100 dólares, que mis entregó su criada negra.
Al día siguiente, vuelta a la frontera, donde en vez de solicitarnos 25 dólares por la vida, como la otra vez, nos pidieron 80. Evidentemente, nos negamos en redondo. ¡Otra vez, tren nocturno a Johannesburgo. Al menos, visitamos Pretoria, que la habíamos dejado pendiente. Estábamos claramente castigados y desmoralizados, pero había, que ponerse el mono de faena y llegar hasta Victoria Falls, sin más dilación y acabar con la pesadilla.
Un largo tren nocturno nos dejó en Musina, en la frontera con Zimbabue, donde pagamos una nueva visa de 25 dólares. De ahí, a Bulabayo -donde ya habíamos estado - y al fin, a las cataratas Victoria, tras más de 1300 kilómetros, casi de un tirón.
Me sentí feliz, a pesar de haber dado una vuelta de más de 5000 kilómetros y haber gastado un montón de dinero. Porque no habíamos cedido a ninguno de los chantajes, que nos habían tratado de hacer.
El primer intento de acceder a Zambia se produjo el día 38 de viaje. La entrada real y ya pagando el visado correcto ocurrió la tarde de la jornada 69, llegando a Lusaka en un buen bus nocturno a la mañana siguiente. ¡Un auto atrapamiento de leyenda!, en el que también conocimos Suazilandia, descartada al inicio del viaje.
Decir, para finalizar, que Zambia fue de largo, el país más hostil del periplo y eso, que malísimos rollos tuvimos en todos.






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