Esta y las cinco siguientes son, de Hampi (India)
Tras casi medio año de estancias
anteriores, es la primera vez, que vengo a India y no me obsesiono
con nada más, que no sean los olores del país, mientras vamos
viajando. Me he inventado la palabra Invafrimeba, para resumir los
aromas de este entorno, que se van alternado, kilómetro a kilómetro,
pueblo a pueblo, segundo a segundo... A saber, INCIENSO, VACA,
FRITANGA, MEADOS y BASURA.
Por lo demás, hemos vuelto a Hampi y
lo hemos disfrutado como enanos, como si fuera la primera vez. Del
templo de la elefanta -en obras y va para largo-, de los maravillosos
ghats y su vida cotidiana, de los tres baluartes principales -uno, de
pago- y del resto de las ruinas en diferente estado de conservación.
El entorno paisajístico y los escasos visitantes, ayudan bastante a
sentirte cómodo.
Al margen de que pareciera, que nos
hubieran metido guindillas en el culo, para viajar a esta velocidad
-más de mil kilómetros en cinco días-, la jornada de ayer, de
camino a estos lares, no fue nada fácil, aunque el final resultó
ser feliz (algún día no lo será, nos faltará l suerte y nos
lamentaremos).
Nos levantamos, tan complacientes,
como complacidos, después de dormir diez horas, hacer varias
gestiones satisfactorias en el ciber y la tranquila reserva del
sleeper, de Hyderabad, a Delhi. Parecía, augurat un día tranquilo,
que como bien sabemos, en India, casi nunca es posible.
En el sur del país tienen la extraña
manía, que perdura a través de los años, -ya nos pasó en 2001-,
de inventarse horarios de autobuses y hasta los destinos. Como todos
los billetes se compran en el bus y no en las ventanillas, pues nadie
se hace responsable de nada. Los buses, desde Hassan, a Hampi
-Hospet, en realidad-, de las 15:00 y de las 16:00, nunca salieron y
me temo, que el de nas 7:30 y las 10:00 -que habíamos desestimado
por salir muy temprano-, tampoco.
Desesperados y a media tarde, nos
embarcamos en un tétrico bus, para Shimoga, por aquello de ir
avanzando, a la heroica, cosa que, personalmente, odio. Llueve a la
tremenda y la carretera resulta infernal. Bus local, nueve de la
noche, sin planes concrfetos e India, no constituyen un buen
polinomio, que evite hacernos caer en pánico.
Esta y la última son, de Hassan (India)
De repente y como otras tantas veces,
todo gira y la situación se nos vuelve favorable: estación moderna
-hasta con supermercado- y buses, cada media hora, a Hospet, que es
la puerta, de Hampi.
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