Partimos para Palma en autobús urbano, contemplando la devastación de la inmensa tarde y noche de lluvia. Pero parece, que ni mucho menos, la cosa va a terminar aquí.
Bajamos en Plaza de España, donde se ubica la acampada de la vivienda. Muchas tiendas están, que se caen. Y nosotros con la caraja, somos incapaces de encontrar la estación Intermodal de autobuses, tren y metro. ¡Vaya por Dios, es que es subterránea!.
Nuestros planes pasan por visitar Alcudia, Pollenza, sus respectivos puertos y la localidad de Sóller, pero por imponderables, irán cambiando a lo largo de la agitada jornada.
Tomamos un confortable autobús hacia el Puerto de Alcudia. El camino de una hora resulta vulgar, aunque el destino -junto a una playa también -, si merece la pena, aún sin emociones exacerbadas.
Por una acera sencilla, aunque aburrida, caminamos los más de dos kilómetros hasta la bonita iglesia de San Jaume y una de las puertas de la muralla.
Alcudia es un pueblo precioso, pero da de sí, lo que da. Una plaza, una calle principal y el resto de callejuelas medievales igual de bonitas, pero casi vacías. A pocos pasos de este casco histórico se encuentra la Ciudad Romana de Pollentia con su Teatro Romano.
Otra vez y durante más de una hora, cae el diluvio universal acompañado de rayos y truenos, por lo que debemos guarecernos con urgencia.
Últimamente y en cuanto a los pueblos pintorescos, que visitamos nos estamos encontrando con el mismo escenario: una plaza principal plagada de restaurantes y bares, pero sobre todo de molestas sillas y mesas. Luego, una larga calle Mayor con los negocios turísticos más típicos y foráneos por toneladas. Y, finalmente, el resto de arterias urbanas vacías y casi abandonadas a su suerte.
Nos llama la atención una cosa, que no puede pasar desapercibida: en Extremadura la oferta gastronómica se basa en los platos regionales, dirigidos al turismo nacional. En Mallorca, ni un solo manjar típico de la zona (ni siquiera el tumbet): tortilla de patatas, calamares a la andaluza, patatas bravas, jamón, queso manchego...¡Todo pensado para los paladares internacionales!.
Con los pies -y algo más- empapados, pretendemos llegar hasta Pollenza.