La arena es demasiado marrón y gruesa, lo que convierte a esta pequeña y estrecha playa de Los Nietos, en demasiado vulgar.
Comenzamos a caminar hacia la derecha. Una vez termina la barriada de casas molineras, humildes, debemos circular por calles interiores para evitar el puerto. Y después, debemos atravesar un largo y abrupto camino agropecuario, hasta la playa de Mar de Cristal.
Este, si que es un arenal estupendo y ancho. La anterior no tenía ni olas en esta parte oeste del Mar Menor. Y el paseo marítimo está acorde con la valía de la playa.
Tras tanto placer, nos toca cruzar otra senda agropecuaria alejada del mar y aún más larga -aunque más ancha-, que la anterior. Tras este bajón, donde no existe ni una sombra, ni nada de interés, atravesamos diversas playas, como las del, Castillico, Playa Honda y Playa Paraíso pero ninguna, como la de Mar de Cristal, hasta el momento. Hay un tramo final de un par de kilómetros, que son por carretera, rotondas y pasos elevados sobre la autovía. Es algo peligroso y se deben tomar las debidas precauciones.
Después de casi dos horas y media llegamos a Cabo de Palos, donde también hay casas unifamiliares en primera linea de playa, pero de más fuste, que hasta ahora. La playa está bien y el faro domina el pueblo de forma majestuosa, aunque los hemos visto más altos y coloridos. A ambos lados se concentran extraordinarios acantilados y calas de aguas cristalinas, sin apenas nadie.
Palos es un lugar muy bonito y tranquilo -al menos en esta época-, porque apenas hay turismo, pero los precios de los alojamientos están por las malditas nubes.
A la entrada de Palos, habíamos tenido un desagradable incidente en un enorme Spar. La cajera quiere, que abramos la mochila y nos negamos, explicándole la ley a ella, al segurata y al encargado. Solo puede registrar la policía y con indicios. Nos dejan por imposible, aunque algo de culpa tenemos, porque no hemos visto las consignas.
Al menos, nos hemos llevado una tortilla con cebolla de 600 gramos por 49 céntimos, con un 80% de descuento, porque caduca mañana.
La vuelta se hace larga, larguísima, requetelargísima y el sol mata. Habríamos querido llegar a La Manga, pero el GPS nos deja en mitad de la nada a doce kilómetros de nuestro destino. ¡No nos había pasado nunca!.
Sobre las seis y media de la tarde tomamos el tren para La Unión.











