Destino desconocido
martes, 13 de octubre de 2026
A Friuli Venecia Julia
Hace ya tiempo, que teníamos ganas de conocer Friuli Venecia Julia, en el noreste de Italia. Era la única región del país, que nos faltaba, donde solo habíamos disfrutado fugazmente de Trieste, en 2004, coincidiendo con la final de la Euro, entre Portugal y Grecia.
Compramos los billetes con Ryanair, desde Santander a Treviso. Desde Madrid, solo hay vuelos al Marco Polo de Venecia y son carísimos. Menos de 50€ cada uno, la ida y la vuelta en este caso
El plan daba para seis días y en un principio y siempre a través del tren, habíamos previsto los siguientes objetivos, con un circuito en forma de semi triangulo: Treviso, Udine, Gorizia, Nova Gorica- en Eslovenia -, Aquilea, Grado y Trieste.
En el desarrollo final, quitamos un par de cosas por motivos logísticos y añadimos el espectacular campo de concentración de Risiera de San Sabba, el único ubicado en el país transalpino. ¡Buena elección!.
Los trenes regionales en Italia siempre fueron muy baratos, aunque esta vez hemos comprobado, que han pegado una fuerte subida. Hay bonos de tres y cinco días, pero debes moverte mucho, para que compensen. Han mejorado mucho los convoyes y no hemos tenido ni un solo retraso, lo cual resulta sorprendente, en Italia.
Íbamos concienciados de antemano del elevadísimo precio de los alojamientos, que por otra parte no abundan.
La estación de tren de Treviso es un buen lugar para dormir, porque abre las 24 horas, aunque las sillas son incómodas. La de Trieste cierra de 00:30 a 04:00 y el aeropuerto trevisiano es caso aparte y se contará en su debido momento.
La experiencia culinaria más típica de esta zona es el tajut con frico. El primero es un vino regional y el segundo, una excelente tortilla cuajada de patata y quesos, que no lleva huevos.
Empezamos el viaje. ¿Os venís con nosotros?
lunes, 12 de octubre de 2026
La larga vuelta a casa
La distancia en kilómetros entre Muxia y Santiago no resulta larga, pero el bus tarda algo más de tres horas, por las numerosas y eternas curvas de la Costa da Morte -con buen firme- y las constantes paradas (fijas y a demanda, como en el tercer mundo).
Llegamos a Santiago, según anochece, pasadas las ocho y media. El hotel más barato cuesta 150€ y nosotros regresamos a casa a las nueve de la mañana. Le damos la razón a Amaral y "toda la noche en la calle, esperando un nuevo día".
Hoy sábado sí, la noche compostelana está muy animada, fundamentalmente por jóvenes residentes -estudiantes o no-, que han desplazado a los guiris pelmazos, que copan la ciudad durante el día.
Hay una muchedumbre increíble entre la "chicane", que comunica la Raiña con la Rua do Franco, en torno, sobre todo a tres bares: La Cueva, Duas Terras y Antollos Raiña, aunque tampoco se quedan atrás, El Orellas, El Gato Negro y María Castaña. ¡Nos sumamos a la fiesta!.
Hace menos frío, que tres semanas atrás, por lo que no debemos recurrir al garaje salvador de entonces. A las cinco, abren la estación de tren y es hora para echar una larga cabezada.
El bus hacia Ponferrada sale en hora y no somos víctimas de incidencias, desagradables, como tan acostumbrados estamos, últimamente, con ALSA.
En la capital del Bierzo la espera es corta y accedemos al siguiente bus con la tarjeta de BUSCYL. El conductor es amable y nos da una charla magistral sobre el sistema de transporte de la Junta, instaurado hace más de un año, a todo el que quiera escucharlo.
Según él, la operativa gratuita es buena, pero tiene tres grandes defectos:
1. Un 30% de los que reservan, ni viajan, ni anulan los billetes.
2. Al viajar más gente, hay más paradas, incluidas algunas a demanda.
3. Consecuencia de esto, mayores retrasos y más quejas de los pasajeros.
Pero asegura -y con razón-, que no va a correr más, porque las multas las paga él y en caso de negligencia puede acabar en la cárcel.
Los buses de la tarde -no así los de la noche- a Valladolid van llenos, así, que toca coger un incómodo tren regional vespertino, que al menos, no llega tarde.
¡Atrapados en Muxia!
Es sábado y nos levantamos con preocupación absoluta. Circulan muchos menos buses, que de diario y los de Monbus -según su web, porque la app es un asco- van todos completos desde Muxia a Santiago.
Afortunadamente, tenemos otra opción, que son los buses XG+un número, protegidos y subvencionados por la Junta de Galicia, operados por diferentes compañías, como Arriva Galicia o Autos Carballo, entre otros. Hay uno a Fisterra a las 11;30 y desde allí, es más fácil buscarse la vida, a Compostela. Pero llega la hora, pasa media hora más y aquí no aparece vehículo alguno. ¡Menuda mierda!.
Nos acercamos a la oficina de turismo. La chica es muy amable, pero en materia de transporte está aún más perdida, que nosotros. Ni siquiera conoce el portal XG.bus. Al menos, nos da un plano de este lugar, que ya conocemos de memoria.
Seguimos desesperados. Enredando en la web de Monbus, ¡Oh suerte!, para el bus de las 17:30 han desbloqueado dos plazas, que adquirimos de inmediato. Alegría contenida, que nunca se sabe.
El día es muy ventoso y con el cielo nublado, habiendo bajado algo la temperatura. Se imponen -ya era hora- el otoño y el jersey.
Aprovechamos el tiempo para conocer playas y lugares más alejados del centro de Muxia, totalmente enriquecedores y muy agradables, mientras bebemos cerveza y posteriormente, almorzamos.
Y a las cinco de la tarde, la gran sorpresa, porque ya no quedan fuerzas para la indignación: el autocar de Monbus va casi vacío. ¡Desconcierto!. ¿Se llenará en las paradas intermedias?. No.
A lo largo del viaje, conseguimos entender un mecanismo incomprensible, diabólico e ilógico: comprar la plaza -sin numerar-, te da derecho preferente a viajar, pero se venden muy pocas por este sistema. La mayoría de la gente sube tan tranquila y paga al contado al conductor, sin problemas, porque nunca -en estos días- hemos visto ningún bus lleno. ¡porca miseria!, ahora, que en unos días, nos vamos a Italia.




















