Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

jueves, 19 de marzo de 2026

Atrapados (parte XI) Coup d' Etat

           En febrero de 2012 comenzamos nuestro quinto viaje largo, algo más tarde de lo previsto, al haber perdido un vuelo de Valladolid a Barcelona por que despegó antes de la cuenta (Ryanair es así).

          Desde Nador -en el norte de Marruecos -, descendimos por todo el país por carretera, para cruzar también el Sáhara Occidental, Mauritania y perdernos unas semanas por el maravilloso Senegal.

          Estábamos en Tambacounda, donde habíamos llegado de forma épica desde Casamance en un destartalado sept places. Este lugar es insulso, aunque no demasiado caótico y cuenta con genuinos bares para darse a la cerveza (como en casi todo el país).

          Nuestro objetivo era Kidira, a unos 180 kilómetros, en la frontera de Mali y nos costó más de siete horas llegar hasta allí, en taxi compartido. Los transportes en Senegal eran un absoluto desastre.

          La frontera de cruzaba andando, entre un maremágnum de camiones con carga, algunos volcados.

          Cruzando un puente, se encuentra la localidad de Diboli, ya en Mali.

          Podríamos haber entrado al país  sin ni siquiera sellar la vida, porque el puesto de control estaba alejado de la carretera principal y además, andában a otra cosa. Pero no quisimos complicarnos  y gestionamos los trámites con paciencia.

          A última hora de la tarde tomamos un incomodísimo microbús a Bamako, circulando por unas carreteras de muerte y bajada a los infiernos.

          A medianoche el vehículo se rompió irreversiblemente y allí nos quedamos hasta las diez de la mañana del día siguiente. Lo que más recuerdo son las inquietantes sombras negras con linternas zigzagueando por todas partes. Dormimos, como pudimos, también, a base de lingotazos.

          Al final, llegó otro bus, pero no cambiamos todos. Nos priorizaron, por ser los únicos extranjeros. No llegamos a Bamako hasta más de las ocho de la tarde, más de 24 horas después de haber partido.

          La entrada de la ciudad era un colapso de soldados y tanques rudimentarios, pero no le dimos demasiada importancia, porque estábamos agotados. De milagro, encontramos un alojamiento, porque no había muchos y varios estaban cerrados.

          A la mañana siguiente el sol lucia esplendoroso en un día de finales de marzo. Pero las calles estaban vacías y todos los negocios se hallaban cerrados. No pudimos ni siquiera desayunar.

          Mi pareja, más o menos, se defiende en francés, así, que pregunto a la única persona, que nos cruzamos y le contesto que el país estaba paralizado por estado de excepción y que todo permanecería cerrado, durante cinco días. La razón: "coup d'Etat.

          ¿Y que será eso nos preguntamos?. Concluimos ingenuamente, que se trataría de una festividad religiosa, tipo el final del Ramadán y nos quedamos tan anchos. A medias mañana comenzaron a aparecer convoyes militares, tanques y soldados armados hasta los dientes, disparando enérgicamente al aire. Nosotros habíamos oído y leído, que muchas fiestas en África se celebran de esta forma, así, que tan campantes de paseíto.

          Fue a la tarde cuando descubrimos el significado de "coup d'Etat ": golpe de estado.

          Lejos de amedrentarnos -hoy ya no somos así -, nos compramos billetes para Mopti para el día siguiente. Allí la actividad era un poco más normal, pero había toque de queda desde las seis de la tarde.

          Tratamos de contratar un servicio privado a Tumbuctu, pero nadie se ofreció voluntario.

          En la tele de nuestro hotel decían, que el tráfico aéreo y las fronteras terrestres estaban cerrados y sin posibilidad de salir.

          Fuimos volviendo lentamente, parando en sitios diversos, incluido el fantastico mercado de los lunes de Djene, un lugar bellísimo.

          Conseguimos escapar del país por la misma frontera, por la que habíamos entrado, aprovechando la noche y huyendo, como fugitivos, evitando sellar el pasaporte y el puesto de control.


Atrapados (parte X). Auto atrapamiento (II)


           Había dos posibles soluciones: o retornar por Mozambique, hasta Malawi o volver a Johannesburgo y volar a Lusaka y entrar en Zambia, a través del aeropuerto, con mayor seguridad. Optamos por lo segundo.

          Entramos en Sudáfrica por la frontera de Komatiport. El pueblo está a unos cinco kilómetros. Un conductor nos recogió enseguida y nos ofreció su casa para dormir gratis, aduciendo, que en el lugar había pocos alojamientos y muchos peligros. Nos acompañó hasta incluso hacer la compra en el supermercado. ¡Genial!.


        Volvimos a Johannesburgo y allí estuvimos atrapados casi una semana sin saber, que hacer y pasando cuatro o cinco horas en el ciber. ¡Desesperados!.

          Volar en avión a Lusaka costaba más de 300€. La otra opción era atravesar otra vez Zimbabue y entrar en Zambia por las cataratas Victoria y Livingston.


      Optamos por volver a Komatiport, deprimidos. Esta vez, y como nos vio tan desesperados, una blanca nos pagó una noche de alojamiento , la copiosa cena y el desayuno. Más de 100 dólares, que mis entregó su criada negra.

          Al día siguiente, vuelta a la frontera, donde en vez de solicitarnos 25 dólares por la vida, como la otra vez, nos pidieron 80. Evidentemente, nos negamos en redondo. ¡Otra vez, tren nocturno a Johannesburgo. Al menos, visitamos Pretoria, que la habíamos dejado pendiente. Estábamos claramente castigados y desmoralizados, pero había, que ponerse el mono de faena y llegar hasta Victoria Falls, sin más dilación y acabar con la pesadilla. 


        Un largo tren nocturno nos dejó en Musina, en la frontera con Zimbabue, donde pagamos una nueva visa de 25 dólares. De ahí, a Bulabayo -donde ya habíamos estado - y al fin, a las cataratas Victoria, tras más de 1300 kilómetros, casi de un tirón.

          Me sentí feliz, a pesar de haber dado una vuelta de más de 5000 kilómetros y haber gastado un montón de dinero. Porque no habíamos cedido a ninguno de los chantajes, que nos habían tratado de hacer.


        El primer intento de acceder a Zambia se produjo el día 38 de viaje. La entrada real y ya pagando el visado correcto ocurrió la tarde  de la jornada 69, llegando a Lusaka en un buen bus nocturno a la mañana siguiente. ¡Un auto atrapamiento de leyenda!, en el que también conocimos Suazilandia, descartada al inicio del viaje.


        Decir, para finalizar, que Zambia fue de largo, el país más hostil del periplo y eso, que malísimos rollos tuvimos en todos.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Atrapados (parte X) El auto atrapamiento (I)

 


         Mi pareja y yo formamos un tándem viajero, casi perfecto. Yo soy prácticamente infalible ideando y planificando. Ella es muy buena sobre el terreno, cuando hay, que improvisar, porque es más atrevida. Y así, llevamos casi cuatro décadas de éxito por el mundo. Durante el tercer viaje largo tuvimos, que tirar, de todos nuestros recursos e imaginación para poder sobrevivir y salir adelante. Y aún así, caímos en el mayor auto atrapamiento de nuestra historia, que duró más de un mes.

          Estábamos en Kariba, el mejor lugar de nuestras vidas para ver animales salvajes en libertad, gratis y sin necesidad de transporte, aunque con cierto peligro. Habíamos recorrido ya Sudáfrica, Lesoto, Bostwana y Zimbabue.


        Salimos una mañana húmeda y muy calurosa hacia Slavonga, en Zambia. El transporte público no lleva hasta el paso fronterizo, así, que tuvimos, que caminar duro y cuesta arriba siguiendo el curso del Zambeze y el lago y presa Kariba. Llegamos exhaustos.

          Habíamos decidido prescindir de la visita a Mozambique e ir subiendo hacia el norte por Zambia y Malawi.

          Salimos de Zimbabue sin problemas y en el solitario puesto de Zambia nos topamos  con dos impíos mafiosos. Íbamos preparados para pagar los 50 dólares del visado, pero para nuestra sorpresa nos piden 100 por cabeza y pagados en moneda local, con un cambio absolutamente desventajoso.


        Estábamos muertos de sed y al fondo vimos  unas Coca-Colas  y preguntamos por su precio. ¡10 dólares por cada botellín!.

          Sabíamos, que volver sobre nuestros pasos nos generaría incertidumbre y muchos más gastos, pero nuestra dignidad nos impedía soportar semejantes atropellos. Nos dimos la vuelta.

          Tuvimos suerte y un amable conductor nos devolvió a la frontera del lago Kariba. Ahora el problema era, que en Zimbabue nos dejarán volver a ingresar con el mismo visado de una sola entrada. ¡Lo conseguimos!, aunque nos quedaba la duda de si no tendríamos dificultades al salir por otro sitio.


        Kariba es el único lugar del mundo donde hemos visto luciérnagas y a miles. Pero también, hay otros seres nocturnos mucho más indeseables y que estuvieron a punto de lograr el objetivo de asaltarnos. ¡Otra vez, nos salvó nuestra pericia!.

          Decidimos, que volveríamos a Harare -la capital- y de ahí a la frontera de Mozambique, en Nyanapanda.

          Había muchísima gente y tardamos un buen rato en cruzar, tras pagar 25 dólares de visado. No hubo problema para salir de Zimbabue, a pesar de tantos sellos.


      Al otro lado nos esperaba Kuchamano, un lugar pequeño y cutre, con un alojamiento más básico todavía. A medianoche nos despertó una discusión entre un cliente y una prostituta, que acabó llevándose una buena paliza.

          No había transporte público, por lo que nos enrolamos con un camionero, que iba hasta Chimoio, a 409 kilómetros al sur.


        Y de una fatalidad meridiána en la frontera Zambiana, arrancó un bonito periplo por Mozambique, visitando lugares como, Beira, Inhamabane, Maputo -donde nos comieron las pulgas y otros bichos -, Resano García, Vilanculos... Entonces, el país era caro y los transportes insufribles.

Atrapados (parte IX) Huelga de controladores aéreos de 2010

 


         2010 fue un año de asueto y repleto de viajes cortos -máximo dos semanas-, llevados a cabo por razones obvias, que ahora no vienen al caso. La mayoría por diversas regiones de Italia y Marruecos y un bonito colofón con Malta y Sicilia en noviembre.

          El seis de diciembre debía comenzar nuestro tercer viaje largo y el territorio elegido era la inexplorada África subsahariana. En concreto, la zona austral y la del este, hasta Kenia.

          Habíamos comprado por 250€ cada uno, dos billetes aéreos a Johannesburgo, desde Madrid, vía Trípoli, un recorrido algo exótico. La compañía estatal libia Afriqiyah Airways era totalmente desconocida para nosotros -ni hemos vuelto a volar con ellos-, así, que estábamos a la espectativa.


        Todo parecía ir bien, hasta que llegó el viernes 3. Ese día y sin tener noticias previas, comenzó una salvaje huelga a nivel nacional de controladores aéreos, que propicio, que se cancelaran todos los vuelos de la jornada y buena parte de los del sábado.

          ¡Otra vez atrapados en casa!.

          Y nosotros, sin perder detalle en la tele, minuto a minuto. A ratos, rezando a Dios y otros, al por entonces -ya malogrado- ministro del interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, para que se arreglara la situación y pudiéramos irnos el lunes temprano.


          El domingo, cuando partimos a Madrid en autobús, aún había bastantes incidencias, aunque muy lentamente, la situación se iba recuperando. En Barajas, más tranquilidad de la cuenta con muchos vuelos retrasados en mitad del puente de la Constitución y de la Inmaculada. ¡Fin de semana absoluto de nervios y de montaña rusa!.

          Finalmente, tras dormir tirados en el suelo de la Terminal 1 -como otras tantas veces-, facturamos y salimos en hora, rumbo a la capital libia.


        Por entonces, todavía gobernaba Gadafi y la experiencia en el aeropuerto de Trípoli en una larga escala, resultó impactante. Era, como haber retrocedido varios siglos en el tiempo, con pantallas de estructura y formato anterior a la llegada del Spectrum, a principios de los ochenta, cuando éramos adolescentes. En las paredes, enormes y constantes fotos del líder supremo, todo en posturas de muy buen rollo.


        Partimos, rumbo a Johannesburgo, con más de tres horas de retraso, pero eso ya daba exactamente igual.

          La experiencia con Afriqiyah fue espectacular con un avión nuevo, espacioso, un personal super amable y una comida abundante y para chuparse los dedos.


          Había comenzado con éxito nuestro tercer viaje largo, el más complicado de nuestras vidas -hasta el momento - y que nos iba a llevar a través de diez países del increíble África subsahariana, desde Sudáfrica, a Kenia.

martes, 17 de marzo de 2026

Atrapados (parte VIII) China y Venezuela

 


         Con el regreso ayer de Martín desde Corea, a través del corredor aéreo central asiático, ya no conocemos a nadie atrapado al otro lado de la guerra.

          Y mientras tanto, seguimos muy atentos a las clases de inglés de Trump en distintos registros -generalmente, predomina el amenazante y cabreado- y ahora también, a las de geografía. ¿Quién demonios habría sabido donde se ubica la minúscula y petrolera isla de Jark, si no fuera por este hombre?.

          Igualmente, estamos contentos, porque tras el domingo electoral hemos constatado, que no somos  la comunidad autónoma más facha de España, puesto muy disputado. 


      Atrapado se puede estar de muchas maneras. Lo más normal es, que te ocurra por ahí fuera. Pero no es infrecuente -al menos, en nuestro caso-, que el atrapamiento suceda a la inversa, impidiéndote salir de casa, cuando pretendías viajar. Al menos y que recordemos, nos ha ocurrido en cuatro ocasiones. En 2009, perdimos dos vuelos a Hong Kong -ida y vuelta -, por tener, que afrontar mi despido. En 2010 nos ocurrió con Venezuela, por el de mi pareja. Ese mismo año, estuvimos al borde del colapso con la huelga de controladores aéreos en diciembre a punto de arrancar nuestro tercer viaje largo. Y en 2020, no pudimos volar a Toronto -via Nueva York-, por coincidir el vuelo con el primer día del confinamiento. ¡Así han sido nuestras agitadas vidas!

          Iremos contando estos hechos de forma cronológica y cuando toque, como vamos haciendo hasta ahora.


        Corría febrero de 2009, cuando encontramos dos billetes chollo de ida y vuelta a Hong Kong, por menos de 250€ con Qatar Airways. ! Era ir rechazable!. Por entonces, a mí me habían despedido de mi empresa y andábamos de abogados para resolver la indemnización. Una mala comunicación con ellos hizo, que las negociaciones coincidieran con el viaje y debimos suspenderlo, quedando atrapados y deprimidos en casa. Podíamos haber apoderado a un letrado y habernos largado, pero la cifra a conseguir era importante para dejar las cosas en manos ajenas. Resultado: perdimos el importe de los billetes, ganamos una buena cantidad y dos meses después nos fuimos cuatro semanas a China, aterrizando en Shanghái, con la misma aerolinea.

          Lo de Venezuela tuvo sus paralelismos, pero con variaciones sustanciales. 


        Otra vez habíamos comprado billetes ganga ida y vuelta, desde Burdeos a Caracas, por poco más de 400€. Cuatro días antes del viaje a mi pareja se le notificó un despido disciplinario. Debimos suspender esas vacaciones para preparar la demanda, la conciliación y el juicio, volviendo a quedar atrapados en casa. 


        Al día siguiente nos llegó un correo electrónico de Iberia, en el que cambiaban en media hora el horario de salida del trayecto de ida, dándonos la posibilidad de anular y recuperar el dinero. Así lo hicimos. Todavía hoy, no conocemos Venezuela y va para largo la cosa.

          En realidad, hubo otra ocasión, en la que quedamos atrapados en el hogar, en enero de 2012, queriendo iniciar nuestro quinto viaje largo. El trayecto era Valladolid -Barcelona - Lárnaca, con Ryanair y el primero de los vuelos se largó con una hora de adelanto, perdiéndolo.


Atrapados (parte VII). Vacaciones en .Roma

 


         2008 fue el año de nuestras excedencias, que aprovechamos para viajar con constancia, aunque no tanto, como en 2011 o 2024.

          Llevamos a cabo dos viajes largos. Uno por Sudamérica, Centroamérica y México y otro  por ocho países del Sudeste Asiatico. Además, dos de duración media por Túnez y Turquía.

          En nuestras vidas solo  hemos sufrido dos cancelaciones aéreas y la segunda ocurrió el mismo día de inicio del confinamiento por la pandemia. La primera sucedió volviendo de Estambul, el día de la fiesta nacional turca.


      Desde el viejo aeropuerto de la ciudad otomana -hoy ya no existe-, tomamos un matutino vuelo con Alitalia, a Roma, con toda normalidad. Nos quedaban seis horas por delante de escala, para volver a Madrid.

          Nos compramos una botella de Martini de litro en el Duty Free y la vaciamos en los baños en una de Fanta, para mayor comodidad y discreción. De repente, todas nuestras alarmas saltaron, al escuchar por la megafonía la palabra "sciopero".


        No sabemos más italiano, que el de andar por casa, pero conocíamos el término, al haber sufrido una huelga muy exitosa de vaporettos, en Venecia, años antes.

          Todos nuestros temores confirmados. Un paro salvaje de los pilotos de Alitalia había sembrado el caos en Fiumicino. Paralelamente -lo supimos después - en Ciampino había habido un accidente entre un avión y un pájaro y habían cerrado el otro aeropuerto de Roma, para más descontrol en la Ciudad Eterna.

          Nos comunicaron tres o cuatro horas de retraso. Pasadas cinco, nos notificaron la cancelación definitiva del vuelo. Debíamos recoger el equipaje, abandonar la zona de tránsito y buscarnos la vida. Yo aun tenía unos días de margen, pero mi pareja trabajaba al día siguiente.


        Fuera, en el vestíbulo, un solo mostrador de Alitalia abierto, con una cola de más de trescientos metros dando vueltas. ¡No llegaríamos nunca!. Otra vez. ¡Atrapados!.

          Fuimos hábiles. Nos hicimos los encontradizos con dos hermanas, ubicadas a unos cincuenta metros del mostrador y les pedimos, si nos dejaban ponernos con ellas, a lo que respondieron, que sí. Nadie de la cola se quejó, ni advirtió la maniobra, aunque la tensión fue creciendo en general, con escenas de violencia mientras la escasa policía se dedicaba a observar, sin intervenir.

          Como en todas las situaciones complicadas se hacen amistades, que parecen de toda la vida y que se esfuman al día siguiente.


      Al final y con mucha incertidumbre, conseguimos dos asientos en un vuelo de Iberia para las cuatro de la tarde de la jornada venidera, una noche de hotel cuatro estrellas, rica cena y copioso desayuno.

          Tuvimos mucha suerte, porque más de dos terceras partes de la fila se quedaron de momento sin alternativa aérea y más aún, sin hotel, debiendo pernoctar en el suelo o las cintas del aeropuerto.


        A la mañana siguiente aún seguía el caos, agrandado por los pasajeros venidos desde Ciampino. Nosotros salimos puntuales, aplaudiendo fuertemente al piloto de Iberia y desconociendo, como arregló la mayoría de la gente sus problemas.

lunes, 16 de marzo de 2026

Atrapados (parte VI). Las tarjetas de Caja Madrid

 


          En ocasiones, el atrapamiento se produce de forma rápida, repentina, abrupta y estragulante. Tener reflejos para no perder el control de la situación resulta crucial. En otras, sin embargo, el problema se cuece más a fuego lento y perdura durante un tiempo. Te encuentras en un callejón sin salida, pero con capacidad de manejar alternativas y posibles escenarios.

          Fue el caso de nuestras tarjetas bancarias de la desaparecida Caja Madrid, durante nuestro segundo viaje largo en verano -otoño de 2008, al sudeste asiatico. Tuvimos, que armarnos de una paciencia infinita, no conocida antes.

          En realidad, no ha sido el único problema de este tipo, que hemos padecido a lo largo de los años en viajes largos. En 2017, nos volvió a ocurrir en Malasia, con las tarjetas de Bankia y un año después, en Taiwán, con la SIM de Simyo.


        Habíamos aterrizado en Bangkok, vía El Cairo, dos días antes, de que España ganara su segunda Euro a Alemania, en Viena. Recorrimos Tailandia con mucha ilusión y asombro, para después acceder por tierra a Laos, Camboya y el sur de Vietnam. ¡Todo perfecto y maravilloso!.

          Por entonces -hace años, que ya no-, había oficinas físicas de Air Asia donde vendían boletos aéreos. En Bangkok, una en una calle lateral de Khao San y otra en el centro comercial del Tesco.


        En la primera, habíamos adquirido billetes entre Hanoi y Kuala Lumpur, trayecto, que se desarrolló sin novedad alguna. A partir de ahí, comenzaron nuestras constantes pesadillas con las tarjetas, que duraron más de diez días, a lo largo de Kuala Lumpur, Lankawi, Melaka, Butterworth... Era absolutamente imposible reservar un vuelo por internet. En el ciber de la capital -hoy ya no existe ni el edificio - llegamos a estar más de seis horas seguidas, mientras el monzón golpeaba con fuerza en el techo de chapa. Ni con Air Asia, ni con Lion Air, ni con Scoot... Todo iba bien hasta el momento del pago de nuestro pretendido vuelo a Jakarta, pero ahí el sistema daba constante error con nuestras tarjetas.


        Hablamos con Caja Madrid. Es cuando te das cuenta, que los del banco no son tus amigos y que en realidad, nos veían como clientes con muchos posibles, a los que vender productos financieros, a veces truños. Finalmente, nos dijeron, que las tarjetas estaban perfectamente y que sería problema de la aerolínea. ¿Pero de las cinco, con las que habíamos tratado de reservar?.

          Hablamos con la familia -otra vez, la familia -, pero también se desentendieron, porque pensaban sin decirlo, que nos habíamos quedado sin un duro y solo buscábamos dinero fresco.


        Y así un día y otro, sin novedad y con el estrés al máximo. Llegamos a valorar, cruzar por tierra todo Sumatra -que horror -, para llegar a Java y Bali.

          Eran las cinco de la tarde -hora local- del 20 de agosto y en el ciber de siempre de Butterworth leímos, que el vuelo 5022 de Spanair había sufrido un accidente fatal. Solo cinco minutos después y haciendo de carrerilla lo mismo de siempre, conseguimos nuestros billetes aéreos a la capital de Indonesia. ¿Que había pasado? ¿Quién había tenido la culpa?. A dia de hoy, aún seguimos sin saberlo.


          Cambiando de asunto, no nos hemos olvidado de los preparativos del viaje gigante de 2027. Los tenemos parados a la espera, de como evolucione la guerra y de que Trump  deje de divertirse bombardeando la isla de Jark.

domingo, 15 de marzo de 2026

Atrapados (parte V). Cartagena de Indias


           Si hay un sitio, donde hayamos sido más largamente atrapados y engañados -con permiso del menos beligerante Johannesburgo-, ese ha sido Cartagena de Indias, en 2008. Afortunadamente, hacia muy buen tiempo y eso nos ayudó, a sobrellevarlo.

          Fue una etapa más, de ese primer viaje largo, que nos condujo desde Río a Patagonia y desde ahí a México, por la Panamericana. ¡Toda una aventura, afortunadamente controlada!.


        Veníamos de Medellín, en un viaje muy accidentado, con el aire acondicionado a tope y con un conductor desquiciado, déspota y constantemente amenazante. Llegamos ocho horas tarde, porque a él le dió la gana, después de haber dejado atrás las estatuas de Botero y a los numerosos niños esnifando pegamento, como sino hubiera un mañana, en Medellín.

          Agradecimos bajar del autobús, antes de mandar a ese insensible tipo a la mierda. Pero pronto nos sentimos agobiados por el insoportable calor y la persistente humedad.

          De camino al centro nos esperaba una humeante plancha de carnes y salchichas, que llevaba escrito en su soporte la palabra "cagalera", pero que no supimos ver. El resultado fue dos días agarrados a la taza del wáter.


        Cartagena de Indias y sus alrededores son un sitio chulísimo, el ambiente es amable -aunque hay, que mantener cautela constante- y las chicas son preciosas. ¡Otra cosa es la comida, que a nosotros el arroz de coco y otras cosas no nos van demasiado!.

          Nuestra intención no era otra, que llegar a Panamá, pero entonces -no sé ahora -, resultaba bastante complicado.


      Las opciones pasaban por volar a precios desorbitados -casi 300€-, por buscar un convoy, que atravesará el tapón del Darien, lleno de minas, guerrilleros y mosquitos malariosos o por embarcarse en un velero para guiris -con salidas inciertas- de casi una semana de duración. Hasta valoramos -desesperados y después de que un lugareño nos quisiera estafar-, enrolarnos en un carguero y pagarnos el billete trabajando. Las autoridades portuarias nos quitaron esa idea de la cabeza, afortunadamente.

          Parecía el día de la marmota, durante una larga semana. Todas las mañanas al puerto, al ciber -no había móviles inteligentes - y vuelta con la cabeza gacha al hotel, a pagar una noche más y a escuchar a la recepcionista vacilándonos sonriente: "¿Qué, hoy tampoco, no?".

   


      Finalmente y gracias a un tipo apellidado Palencia y a cambio de 300 dólares cada uno, conseguimos partir en un crucero de bandera sueca -marino con novia colombiana y perfecto español-, junto a una extraña pareja japonesa y Catherine, una inglesa, que había vendido hasta su alma -casa incluida-, por lograr su libertad.

          Fue una de las experiencias más alucinantes de nuestras vidas con susto incluido, al entrar una avalancha de agua en nuestro camarote, durante una de las noches.


Atrapados (parte IV). Israel


           Trump podía haber sido un buen hombre. Sí. Un buen maestro de inglés de la España rural o vacía. Y no lo digo, porque lo quiera degradar a él o porque en España se hable peor inglés en los pueblos, que en las ciudades, que en todas partes se conversa muy malamente. Ni el primer presidente anglófono Sánchez de la democracia -Anas Botellas aparte-, ha conseguido, que mejoremos esto, que será endémico de por vida.

          Mira, que llevamos cuatro décadas viajando por el mundo, y siempre hemos tenido dificultad para entendernos con los estadounidenses. Parece, que escupen palabras distorsionadas y excesivamente moduladas. ¡Vamos, que nosotros tampoco somos los nietos de Shakespeare!.


        Pero Dony, no. Tomádmelo , como ironía, pero también, como certeza. Es el gringo -bueno, a medias, porque tiene pasado inmigrante-, con el que nunca necesito un traductor. 

          Habla lento, sonoro, profundo y constante y se le entiende todo de un tirón, especialmente, cuando amenaza, que es a todas horas.

          Además, utiliza palabras de un buen nivel de segundo de primaria, para que las vayas afianzando en tu vocabulario: "terrible", "épico", "fantástico", "terrorífico", "bonito", "inolvidable", "espeluznante"... Bueno, así también locutaba  Piqueras. ¿O no?.


        Como veis, hoy si que hablamos de política, aunque prometo, que no de la familia, aunque ganas y bilis no me faltan.

          Y conversamos de ella, para referirnos, a cuando nos vimos atrapados en Israel, en 2007. Todo extranjero, que llega al país judío -también en 2014, en una segunda visita - es presuntamente sospechoso de algo y tratarán de averiguarlo o mejor, de inventárselo. Lo de matar palestinos, libaneses o iraníes ya es una versión premium.

          Nosotros nunca tuvimos intención de visitar Israel. En 2007 y juntando días de vacaciones y de matrimonio, pretendíamos ir a Siria, Jordania y Líbano. Pero, como este país había sido bombardeado -una vez más-, por los hebreos, pues lo cambiamos por Israel y Cisjordania.


      Salimos una noche de Alepo, en un tren nocturno, rumbo a Damasco, con Ana y Longi, a los que habíamos conocido en nuestro periplo sirio. La idea era llegar a Israel cruzando el puente de Allemby, en Jordania, pero era Viernes Santo y cerraba a las doce del mediodía.

          Cambiamos de planes y nos fuimos por la frontera norte, la del jeque Hussein. ¡Y fuimos bien atrapados!


          A esta historia ya nos hemos referido varias veces en el blog y en la antigua web, así, que la resumo: un trato vejatorio -más a Ana y a Longi, que a nosotros-, más de tres horas de espera e interrogatorios -en inglés y español -, en los que sacaron a nuestros amigos de quicio, hasta llegar al llanto, cuando un soldado imberbe e hijo de puta, le quiso arrebatar un diario personal a Ana. ¡Las fronteras terrestres de Israel eran -y seguro, siguen siendo - de las peores del mundo.


          Y después y una vez iniciado el sabath pesadilla -peor, incluso, que el final de Ramadán y ya es decir-, otras dos horas esperando para gestionar un taxi compartido con otros agotados guiris, a Jerusalén y a un precio absolutamente desorbitado.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Atrapados (parte III). Los trenes del este


           Pito pito, gorgorito. Pito pito, gorgorito. A ver, ¿con cual me quedo? ¿Con que Juan Roig, después de tirarnos a la cara, que ha ganado 1729 millones de euros en 2025 nos dice, que nos va a subir los precios?

          ¿Con que Netanyahu el carnicero apela  a que los iraníes salgan a la calle a sublevarse?. No es mal plan, así o los mata el propio gobierno persa o los bombardea él y así de paso, se ahorra enviar tropas terrestres israelíes, que muerdan el polvo, mueran y le desgasten.


        ¿O con lo de Ursulita? Esa perra, que babea, cada vez, que huele el trasero de Trump. 

          No sé. Acabo de recordar, que mis padres me robaron una buena parte del dinero de mis becas y se me han quitado las ganas de más. Gracias a ello, mi hermana pequeña tiene una dentadura de ensueño y la mía está hecha un asco. 

          ¿Pero no os he dicho, que en este blog no se habla de política, ni de la familia, que es de viajes y esparcimiento?. ¡Es, que no se puede con vosotros!


         Me he tomado la molestia de preguntar a la inteligencia artificial si aquello de los trenes del gaseo de los años 90 fue verdad y la respuesta es contundente: "mito urbano persistente y generalizado".

          No seré yo, quien ponga en duda  a la IA, pero en aquellos tiempos ese rumor corría, como la pólvora, entre los jovenzuelos, que recorríamos Europa.


        Lo que si podemos constatar con experiencias propias es, que los trenes de la Europa del Este de los noventa tenían su peligro. Y os cuento tres cortas historias.

          Viajando de Cracovia a Praga, íbamos solos y asustados en todo un vagón, cuando apareció un revisor y nos pidió encarecidamente, que no se nos ocurriera dormir bajo ningún concepto, hasta que no abandonáramos territorio polaco y estuviéramos en Chequia. ¡Película de miedo y sin consecuencias! 


      Tren entre Budapest y Bucarest, por la línea del norte de Rumanía. Todavía en Hungría un interventor nos dice, que el billete interrail es válido, pero que necesitamos una reserva de plazas. Lo pagamos. Llegamos a la frontera y abonamos el visado. Otra vez, vamos solos en el vagón, no haciendo mucho tiempo, de la muerte de Ceausescu. Entra otro revisor con muy malas pulgas, uniforme marcial y botas militares y nos vuelve a  pedir el pago de otra reserva. Nos negamos y la violenta discusión se zanja con el abono de cuatro dólares, que llevábamos sueltos. Creo, que no hace falta detallar, como pasamos el resto de la noche, entre maldiciendo y lloriqueando, por haber subido a ese tren. ! Y es, que la Europa del Este de los noventa era más peligrosa, que cuando recorrimos África Austral y del Este, en 2010.


        Volviendo de Estambul, a Tesalónica, un pica, además de extorsionarnos una pequeña cantidad, acosó sexualmente a mi pareja y solo pudimos librarnos de él, gracias a dos turistas , que iban un par de compartimentos más allá.

          Se me olvidó comentar en el post anterior, que en el mismo viaje del tren del gaseo, tuvimos otro atrapamiento en la estación de Montparnasse de París. Era 14 de julio, fiesta nacional y los TGV'S iban a rebosar hacia España. Nuestro billete era válido, pero sin plaza. Conseguimos saltarnos los controles de seguridad -hoy en día sería imposible - y subir al tren, viajando de pie y pagando un pequeño suplemento al revisor.