Dicen, que el viejo mundo creado a mediados del siglo pasado ha muerto y que súbitamente, hemos entrado en un Nuevo Orden Planetario. Lo primero es cierto, pero lo segundo resulta una gran mentira y se desmonta yendo palabra por palabra.
-Nuevo. La situación actual no tiene nada de nueva. Ya la vivimos -más bien, la vivieron nuestros abuelos y sus padres-, durante la Segunda Guerra Mundial, en la que murieron 27 millones de rusos y seis de judíos. De momento estamos lejos de esas cifras y los muertos son de otras nacionalidades, pero todo se andará. Acabamos de conocer ataques israelíes con fósforo blanco sobre zonas residenciales de Líbano. Así que..., de nuevo nada y lo digo en cuatro palabras: "vuelta a las andadas"
-Orden. Diríamos, más bien, caos, desorden, confusión, embrollo, vorágine, anarquía, enredo, quilombo... No puede ser nada ordenado, que en diez días de guerra, Trump haya dado más de una decena de causas distintas de porqué hace, lo que hace.
-Planetario. Francamente, a Estados Unidos y a Israel, el 90% del planeta les importa una mierda.
Así, que de nuevo Orden Planetario lo dejaremos en "caótica vuelta a las andadas en los sitios de casi siempre". Ya se, que es más largo, pero a veces, la verdad cuesta ser explicada. Y aún se entiende menos, como hablan de estarse defendiendo, los países que empiezan los ataques y que los mantienen en el tiempo, teniendo una superioridad indiscutible.
Y, ¿de Europa y de la fragata?. Bueno. De eso, ya os hablo otro día , que yo ando ahora de "fregata" de los platos de la comida (somos tan antibélicos, como antilavavajillas). Además, este blog es de viajes y de actividades lúdicas -nos espera un buen concierto el próximo día 21- y no de política o de conflictos.
Afortunadamente y poco a poco, ya van repartiendo a los españoles, que voluntariamente lo han solicitado, desde la zona hostil, donde estaban ATRAPADOS.
Y es esta palabra la que nos va a servir para ofreceros una larga serie de artículos sobre situaciones viajeras, en las que nos sentimos de esa manera, que han sido -y serán probablemente en el futuro - más de las deseadas.
Y lo vamos a hacer, con una especie de normas, ahora, que en el mundo no existe casi ninguna. Se trata de estar atrapados, no retrasados o a la espera. Por ejemplo, sí cuenta, cuando nos cancelaron un vuelo en Roma, en 2008, volviendo de Turquía. Pero no computa, cuando nos devolvieron a Abu Dhabi en aterrizaje de emergencia por una rotura en el avión. Porque desde un principio nos hablaron de que iba a ser una demora de unas pocas horas.
La cuestión temporal carece de importancia -como en el juego de los detectives-, porque suele ser peor estar atrapados por unas horas y sin salida momentánea, que estar retrasado uno o dos días. Incluso teniendo, que volver a trabajar al día siguiente.
Da igual las circunstancias causantes del atrapamiento. En nuestro caso nos referimos a aeropuertos, transportes inexistentes inesperados, fronteras, circunstancias climatológicas, golpes de estado, quedarse sin dinero...
Damos por valido el auto atrapamiento, cuando todas las alternativas son peores, que también nos ha ocurrido. O ser cabezota y negarse a algo por principios, como nos sucedió en Zambia o Mozambique, en 2010, en el delirio más disparatado de nuestras vidas.
Finalizaré la serie con el incipiente atrapamiento, que sufri en mi juventud del bachiller, debido a mi autoritaria familia. Y es, que odio más a mi madre, que a los dos empleadores, que me despidieron siendo fijo en dos milenios diferentes.
Eso sí: me siguen dando más asco Trump y Netanyahu, el carnicero, que mi progenitora.



















































