Recuerdo, en 1995, cuando trabajaba como locutor en la programación nacional de Onda Cero, que una de las personas primeras, que entrevisté, fue el alcalde de Hervás de la época.
Quedé tan fascinado por sus respuestas, que me prometí cumplir con esta visita, pero por causas diversas, no ha sido posible hasta hoy, más de treinta años después.
Espero, que sea capaz de cumplir mis próximos objetivos con más diligencia y premura.
El logro hoy es visitar esta localidad y por la tarde marchar para Plasencia. En ambos casos, el ALSA y el abono único serán nuestro preciado instrumento (aunque la frecuencia resulta muy limitada).
Hervás resulta una auténtica maravilla, en el entorno natural del río Ambroz. Destacan su plaza principal, sus calles peatonales y el impresionante barrio judío, uno de los mejores conservados de Europa y con sus casas de paredes de tejas contrapuestas, para que no se filtre el agua y la humedad.
Conserva varias iglesias -una de ellas, también castillo- y presume del apacible y relajado puente romano de La Fuente Chiquita.
En Hervás, va a ser, donde vamos a encontrarnos con la gastronomía más auténtica y genuina de Extremadura.
Su tradición culinario combina las recetas de la dehesa y la montaña, con las de origen judío sefardí, teniendo gran protagonismo las cerezas, además de las castañas y las setas.
No os perdáis la cazuela -guiso de patatas, pan y bacalao-, las patatas escabechadas, la caldereta de cabrito o cordero y las migas extremeñas.
Pero nuestros favoritos son el espectacular zorongollo -pimientos rojos asados, tomates, cebolla y huevo duro-, la morcilla patatera -de origen judio- y un postre, al que han llamado Gamusinos.




















