En febrero de 2012 comenzamos nuestro quinto viaje largo, algo más tarde de lo previsto, al haber perdido un vuelo de Valladolid a Barcelona por que despegó antes de la cuenta (Ryanair es así).
Desde Nador -en el norte de Marruecos -, descendimos por todo el país por carretera, para cruzar también el Sáhara Occidental, Mauritania y perdernos unas semanas por el maravilloso Senegal.
Estábamos en Tambacounda, donde habíamos llegado de forma épica desde Casamance en un destartalado sept places. Este lugar es insulso, aunque no demasiado caótico y cuenta con genuinos bares para darse a la cerveza (como en casi todo el país).
Nuestro objetivo era Kidira, a unos 180 kilómetros, en la frontera de Mali y nos costó más de siete horas llegar hasta allí, en taxi compartido. Los transportes en Senegal eran un absoluto desastre.
La frontera de cruzaba andando, entre un maremágnum de camiones con carga, algunos volcados.
Cruzando un puente, se encuentra la localidad de Diboli, ya en Mali.
Podríamos haber entrado al país sin ni siquiera sellar la vida, porque el puesto de control estaba alejado de la carretera principal y además, andában a otra cosa. Pero no quisimos complicarnos y gestionamos los trámites con paciencia.
A última hora de la tarde tomamos un incomodísimo microbús a Bamako, circulando por unas carreteras de muerte y bajada a los infiernos.
A medianoche el vehículo se rompió irreversiblemente y allí nos quedamos hasta las diez de la mañana del día siguiente. Lo que más recuerdo son las inquietantes sombras negras con linternas zigzagueando por todas partes. Dormimos, como pudimos, también, a base de lingotazos.
Al final, llegó otro bus, pero no cambiamos todos. Nos priorizaron, por ser los únicos extranjeros. No llegamos a Bamako hasta más de las ocho de la tarde, más de 24 horas después de haber partido.
La entrada de la ciudad era un colapso de soldados y tanques rudimentarios, pero no le dimos demasiada importancia, porque estábamos agotados. De milagro, encontramos un alojamiento, porque no había muchos y varios estaban cerrados.
A la mañana siguiente el sol lucia esplendoroso en un día de finales de marzo. Pero las calles estaban vacías y todos los negocios se hallaban cerrados. No pudimos ni siquiera desayunar.
Mi pareja, más o menos, se defiende en francés, así, que pregunto a la única persona, que nos cruzamos y le contesto que el país estaba paralizado por estado de excepción y que todo permanecería cerrado, durante cinco días. La razón: "coup d'Etat.
¿Y que será eso nos preguntamos?. Concluimos ingenuamente, que se trataría de una festividad religiosa, tipo el final del Ramadán y nos quedamos tan anchos. A medias mañana comenzaron a aparecer convoyes militares, tanques y soldados armados hasta los dientes, disparando enérgicamente al aire. Nosotros habíamos oído y leído, que muchas fiestas en África se celebran de esta forma, así, que tan campantes de paseíto.
Fue a la tarde cuando descubrimos el significado de "coup d'Etat ": golpe de estado.
Lejos de amedrentarnos -hoy ya no somos así -, nos compramos billetes para Mopti para el día siguiente. Allí la actividad era un poco más normal, pero había toque de queda desde las seis de la tarde.
Tratamos de contratar un servicio privado a Tumbuctu, pero nadie se ofreció voluntario.
En la tele de nuestro hotel decían, que el tráfico aéreo y las fronteras terrestres estaban cerrados y sin posibilidad de salir.
Fuimos volviendo lentamente, parando en sitios diversos, incluido el fantastico mercado de los lunes de Djene, un lugar bellísimo.
Conseguimos escapar del país por la misma frontera, por la que habíamos entrado, aprovechando la noche y huyendo, como fugitivos, evitando sellar el pasaporte y el puesto de control.























































