Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

lunes, 23 de marzo de 2026

Atrapados (parte XVI) El tren a New Japalguri

           Había empezado nuestro décimo viaje largo a través de Marruecos y Abu Dhabi -con su baratísima tienda de cerveza y alcohol, con ron cubano a dos euros-, cuando llegamos a Delhi un 27 de enero de 2024, en lo que iba a ser -y fue- nuestro quinto viaje a India.

          Llegar a la capital de noche no nos hizo demasiada gracia y menos, transitar por sus calles, aunque anteriormente, las hubiéramos recorrido cientos de veces. Cada vez, que vuelves, Delhi está peor 

          Aún nos gustó menos, cuando a la mañana siguiente nos enteramos, después de indagar mucho, que habían cambiado la oficina de venta de billetes para extranjeros, sacándola de la estación central. Y todo, mientras nos perseguían comisionistas de todo tipo.

          Llegamos hasta un edificio algo destartalado y solitario, en el que solo una pareja de franceses mayores aguardaba en la ventanilla. Sacaron trayectos para varios destinos, por lo que la espera se hizo algo larga.

          Nuestro objetivo esta vez, era recorrer los siete estados del nordeste del país, además de Sikkim y para ello, sacaríamos billetes para New Japalguri, en un largo viaje, que debería durar unas 31 horas.

          La cosa empezó mal, porque al ir a pagar los boletos nos dijeron, que los billetes de dos mil rupias, que teníamos de viajes anteriores, ya no estaban en circulación. Nos costó varios días canjearlos, con mucho esfuerzo, en el Banco de India.

          En enero, en Delhi hace bastante frío y la ciudad está llena de hogueras. En la clase sleeper de los trenes la temperatura es algo mayor, pero se hace necesario ir bien abrigado 

          El 30 de enero, poco antes de medianoche, partimos para New Japalguri en un tren relativamente tranquilo, para lo que es costumbre en otras épocas del año (especialmente, durante el monzón). La niebla lo invadía todo y era imposible ver algo a través de las ventanillas.

          Comenzaron las constantes paradas motivadas por la incidencia del frío y la humedad en las vías y las catenarias. Consultamos en la aplicación de Indian Railways y a las cuatro de la mañana, ya llevábamos dos horas y media de retraso. A las 5 teníamos, que haber llegado a Kampur, pero no lo hicimos hasta el mediodía, ya habiendo desaparecido la niebla. 

          Allí estuvimos parados otras tres horas, sin tener noticias, lo cual no es una anomalía, en India. Y después, fuimos tirando a arreones hasta el anochecer.

          Tocaba pasar la segunda noche consecutiva a bordo, pero para nosotros no era novedad, porque nos había ya ocurrido en periplos anteriores. Por una vez -y no como en otras ocasiones- llevábamos comida, bebida y alcohol suficiente. Acumulábamos ya nueve horas de retraso.

          Volvió a amanecer y ahí seguíamos atrapados y con mucha paciencia, viendo bajar y subir a la gente. Lo peor era lo de los baños, la mayor guarrada, que hayamos visto en nuestras vidas y eso, que para este título en India hay mucha competencia. Nunca hemos visto mierdas más descompuestas, ácidas y esparcidas, aunque no daré más detalles.

          Llegada la tercera noche desde la salida y con casi 16 horas de retraso, para un total de más de 46, arribamos a nuestro destino y al bajar del tren me empujaron y casi me partió una pierna.

Atrapados (parte XV) El confinamiento

           Transitaba alegremente enero de 2020, cuando aquí, despreocupadamente, nos partíamos el culo de un virus, que les había entrado a los chinos. Hacíamos todo tipo de gracietas, como saludarnos con las puntas de los pies, con los codos o esquivarnos intencionadamente, a carcajadas.

          Aunque ya estaba el Hitler demente en el poder -o sea, Trump-, nosotros nos decidimos a volver a Estados Unidos -donde habíamos estado en 2009- a su mitad este y a la misma zona de Canadá.

          Teníamos ganas -y seguimos teniéndolas, aunque hoy en día es imposible- de hacer este viaje desde hacía tiempo y la cosa se nos puso a huevo al encontrar un vuelo Madrid -Toronto-Madrid, con escala en Nueva York, por tan solo 150€. Estábamos dispuestos a comernos todo el frío de marzo de la zona y a resbalarnos por los inmensos lagos helados.

          Los preparativos fueron fluyendo con normalidad y diligencia. Tramitamos la ESTA de Estados Unidos y la ETA de Canadá sin mayores contratiempos, mientras todos nos empezábamos a tomar algo mas en serio -tampoco mucho-, lo del exótico virus chino.

          Y llegó un sábado de marzo, un día antes de nuestra partida y ya con todo el equipaje preparado, cuando el país entero nos pusimos delante de la televisión, para escuchar al presidente, Pedro Sánchez: España quedaba confinada -algunos no habían oído esa palabra en sus vidas- sine die, aunque en general, aquello seguía sonando un poco a chufla.

          Sin dar nuestro brazo a torcer, aún nos pasamos todo el domingo buscando recovecos para hacer el viaje, aunque nos teníamos, que los vuelos de Air Canadá iban a ser cancelados. Incluso, llegamos a sacar los billetes del ALSA, desde Valladolid, hasta el aeropuerto de Barajas, mientras mi madre me repetía: "no os van a dejar, no os van a dejar". Y si. Por la tarde, todo se desmoronó, como un castillo de naipes.

          Nuevamente, estábamos atrapados en casa el día de empezar un viaje y está vez -como todos sufrimos- por larguísimo tiempo.

          Yo aproveché la pandemia para escribir un libro, tomar más cerveza de la cuenta, engordar unos kilos y tratar de recuperar el dinero de los pasajes aéreos.

          Los habíamos comprado con Budgetair, una agencia digital, que habíamos utilizado decenas de veces antes y que hasta entonces, no nos había dado ningún problema.

          En esta ocasión, sin embargo, nos trataron bastante mal. Empezaron  mintiéndonos descaradamente diciendo, que los vuelos si habían salido y que habíamos llevado a cabo un "no show" -no presentarnos al embarque -, cuando en nuestro perfil de usuario de Budgetair ponía claramente, que habían sido cancelados.

          Y así, anduvimos durante meses, con tiras y aflojas, sin que nos hicieran demasiado caso.

          Finalmente y después de más de medio año, recibimos un correo de Air Canadá, directamente, en el que nos pedían disculpas y nos reintegraban el dinero a la tarjeta. Curiosamente, todo, menos la comisión de la maldita e insensible Budgetair.

          Y como somos gilipollas, posteriormente hemos vuelto a comprarles billetes.

domingo, 22 de marzo de 2026

Atrapados (parte XIV) Echando el resto, en Taiwán

           A veces, después de haber estado en más de 150 países, rodeados de aventuras y peligros tenemos la sensación de que moriremos de la forma más estúpida. Tropezando con un bordillo y estampanándonos la cabeza en una farola o por un alimento en mal estado o caducado.

          De hecho, el jueves pasado mi pareja cayó al suelo y se ha preparado una buena en la cara.

          Pero bueno ¿Que importa eso ahora, cuando estamos a un corner de la tercera guerra mundial?.

          Volvamos a 2018, año de nuestro octavo periplo largo por Tailandia, Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Indonesia, Singapur y Taiwán.

          Ningún problema con las tarjetas hasta llegar a este último país, pero no estaba todo el pescado vendido.

          Llegamos a Taipei con solo cuatro días para explorar el país. Nos habría gustado estar más tiempo, pero queríamos ir a la vez a las cenas navideñas a toda costa para ver a nuestra sobrina, por entonces, de nueve años. Ni nos lo agradeció entonces, ni nos lo agradece ahora, ni lo hará en el futuro. Y nos gastamos un pastizal en los vuelos.

          La primera mala noticia fue, que con Simyo no teníamos cobertura ninguno de los dos, para confirmar el SMS. Pero además, el wifi de nuestro hotel tampoco funcionaba. Nos fuimos a la cercana estación de trenes, abarrotada de gente cargando el móvil en unos paneles laterales y la conexión inalámbrica solo era eficaz intermitentemente. ¡Una desesperación!.

          Nunca nos llegamos a rendir -no va con nosotros -, pero lo vimos muy difícil.

          Los pocos ratos en los que funcionaba internet, hacíamos la reserva de memoria, pero no podíamos recibir el código por parte de mi padre por el WhatsApp, porque entre corte y corte se pasaba el tiempo requerido. ¡Estábamos metidos en un verdadero bucle, después de más de diez intentos!.

          Finalmente recordamos, que en el fondo de una de las mochilas teníamos una tarjeta apenas usada de otra entidad (no recuerdo de cuál).

          De repente, la SIM de mi pareja tenía cobertura no sabemos por qué (ella entonces tenía 4G y yo 3G) y no sin dificultad llevamos a cabo la arriesgada compra. ¿Y por qué?. Por un par de razones importantes.

          El vuelo era a Shanghái, desde Taipei, con Air China y a Madrid, con Iberia. De todos es sabido, que Taiwán y China no se llevan muy bien y tuvimos ciertos problemas con las tarjetas de embarque, gracias a Dios resueltos por un trabajador veterano.

          Íbamos con 14 horas de escala, así, que eso no era problema. Pero sí entrar en tránsito en Shanghái, después de una dura cola de más de tres horas (hoy en día no se necesita visado para treinta días).¡Todo salió a las mil maravillas, aunque con mucho sufrimiento!

          De Taiwán solo vimos Taipei y Jiufen y no el norte, así, que volveremos.


Atrapados (parte XIII) La pesadilla de los SMS para confirmar vuelos

          En 2017 regresamos a las andadas y volvimos a tener problemas con las tarjetas, como en 2008, en Malasia continental. En esta ocasión y para añadirle más dificultad y reto, no fue solo con las bancarias, sino además con la SIM de los teléfonos.
         
           Hagamos un poco de historia. En 2008 no había, que confirmar la compra del vuelo con tu banco. A partir de la segunda década del XXI, Bankia o ING -no se el resto de bancos-, te mandaban un SMS con un código, que debías confirmar en la web. Este era telefónico, no por correo, ni en su página. Conclusión: si no tenías cobertura, fuera por lo que fuera, no te llegaba.

          En la actualidad ese problema ha desaparecido, porque se confirma en la propia app deslizando en la pantalla. Basta un wifi cualquiera y ya está y no necesitas una linea telefónica.

          Vayamos por partes. Llevábamos una semana en Bangkok, cuando una mañana apareció mi móvil absolutamente quemado -y la SIM también-, por una brutal subida de la tensión eléctrica. Quisimos comprar otra y un nuevo teléfono en varios centros comerciales, pero las cosas no eran como ahora. Pensamos, en tirar con la SIM de mi pareja y no nos preocupamos más. Pero a las dos semanas también quedó bloqueada, por causas desconocidas.

          Bajamos por Tailandia y hacia el norte de Malasia, cuando en Hat Yai y de milagro, encontramos una agencia física de Air Asia. Compramos  un vuelo de ida a Miri y otro de vuelta desde Kuching, ambos en Borneo. Así, conseguimos ganar un tiempo valioso. 

          Empezamos a darle vueltas, sobre como salir de allí, rumbo a India. Nuestras tarjetas bancarias no estaban bloqueadas para compras físicas, pero si, para las virtuales (especialmente, billetes de avión). El problema fue, que no encontramos en todo Borneo y Brunéi una sede salvadora de ninguna compañía.

          Al final, tuvimos una idea arriesgada, que no hubiera sido posible -ni ahora, ni entonces -, sino lleváramos décadas con los mismos empleados de Bankia (antes Caja Madrid). La protección de datos suele ser inquebrantable.

          Mandamos a mi padre a la oficina, para que en lugar de mi número de teléfono en la cuenta, pusiera el suyo. De esta forma, le llegaban a él los SMS'S y él  me los mandaba por WhatsApp, pudiendo confirmar el código.

          Dos fueron los problemas iniciales. Los recelos al principio de mi progenitor, ya mayor por entonces y que solo había un margen pequeño de minutos para validar la operación y debíamos coordinarnos.

          Finalmente, todo salió bien al tercer intento y pudimos viajar a Chennai, vía Kuala Lumpur.

          Fue la maravillosa vez, en que llegamos a Leh por carretera y volvimos por Srinagar, zona cargada de conflictos políticos y militares.

          Evidentemente, para volver desde Delhi a Madrid, utilizamos la misma fórmula, ya perfeccionada.

          Decir, que en nada ayudó, que nuestra operadora fuera Simyo. Es una compañía buena y barata, pero entonces tenía muchos problemas de asociación con estados exóticos y lejanos. Por ejemplo, Borneo -no Malasia continental - y Taiwán. Y por eso, al año siguiente, volvimos a sufrir, como ya veréis.

viernes, 20 de marzo de 2026

Atrapados (parte XII) Socializar para cargarse a un gobierno

 


         Corría mayo de 2014. Todavía nadie hablaba de TACO -Trump always chicken out- Donald (no confundir con el patito del mismo nombre).

          Tras un gravísimo conflicto familiar, comenzamos nuestro sexto viaje largo, que nos debía llevar por segunda vez a India. Pero antes y vía Zurich, volvimos a Tailandia. 

          Era el cuarto viaje al país, en un Bangkok arrasado por las obras, como nunca antes habíamos visto.


          Fue un periplo muy interesante, porque conocidos ya los atractivos principales, nos centramos en esos pequeños destinos, a los que casi nadie va. 

          Al volver a Bangkok, para pasar los últimos días, antes de partir hacia Chennai -me gusta más Madras-, quedamos realmente impactados. Unas cuantas avenidas colindantes con la plaza de la Democracia, cercana a Khao San , se habían llenado de gente organizada en una enorme acampada festiva, social y colaborativa. Habían montado, además, pantallas gigantes desde donde se arengaba a los participantes, con mensajes contundentes, de contenido para nosotros desconocido, porque seguimos sin saber tailandés.


        No entendíamos nada, ni tampoco lo investigamos, pero vivíamos tan felices de tanta hermandad y buen rollo. Y sobre todo, porque comíamos y cenábamos gratis las más ricas y variadas viandas, que hayamos degustado nunca en el país (ni siquiera, en los tradicionales mercados nocturnos).

          Y así, jornada tras jornada, durante casi una semana, tan contentos.


        En realidad, las protestas pacíficas venían de siete meses atrás, aunque se habían incrementado durante los últimos días. Iban contra un gobierno corrupto, represivo y que quería aprobar una ley de amnistía para beneficiar a alguno de sus miembros.

          El 22 de mayo, día de nuestra partida desde Dong Muang, comenzamos a ver movimientos militares inquietantes.


        Tenemos constancia, de que el golpe de estado se produjo estando nosotros aún en el país, en el aeropuerto, pero no se cerró hasta el día siguiente el tráfico aéreo, pudiendo escapar por los pelos y esquivando un atrapamiento muy incierto.

jueves, 19 de marzo de 2026

Atrapados (parte XI) Coup d' Etat

 


         En febrero de 2012 comenzamos nuestro quinto viaje largo, algo más tarde de lo previsto, al haber perdido un vuelo de Valladolid a Barcelona porque despegó antes de la cuenta (Ryanair es así).

          Desde Nador -en el norte de Marruecos -, descendimos por todo el país por carretera, para cruzar también el Sáhara Occidental, Mauritania y perdernos unas semanas por el maravilloso Senegal.

          Estábamos en Tambacounda, donde habíamos llegado de forma épica desde Casamance en un destartalado sept places. Este lugar es insulso, aunque no demasiado caótico y cuenta con genuinos bares para darse a la cerveza (como en casi todo el país).


        Nuestro objetivo era Kidira, a unos 180 kilómetros, en la frontera de Mali y nos costó más de siete horas llegar hasta allí, en taxi compartido. Los transportes en Senegal eran un absoluto desastre.

          La frontera se cruzaba andando, entre un maremágnum de camiones con carga, algunos de ellos volcados.

          Atravesando un puente, se encuentra la localidad de Diboli, ya en Mali.


          Podríamos haber entrado al país  sin ni siquiera sellar la visa, porque el puesto de control estaba alejado de la carretera principal y además, andában a otra cosa. Pero no quisimos complicarnos  y gestionamos los trámites con paciencia.

          A última hora de la tarde tomamos un incomodísimo microbús a Bamako, circulando por unas carreteras de muerte y bajada a los infiernos.

          A medianoche el vehículo se rompió irreversiblemente y allí nos quedamos hasta las diez de la mañana del día siguiente. Lo que más recuerdo son las inquietantes sombras negras con linternas zigzagueando por todas partes. Dormimos, como pudimos, también, a base de lingotazos.


        Al final, llegó otro bus, pero no cambiamos todos. Nos priorizaron, por ser los únicos extranjeros. No llegamos a Bamako hasta más de las ocho de la tarde, más de 24 horas después de haber partido.

          La entrada de la ciudad era un colapso de soldados y tanques rudimentarios, pero no le dimos demasiada importancia, porque estábamos agotados. De milagro, encontramos un alojamiento, porque no había muchos y varios estaban cerrados.

          A la mañana siguiente el sol lucia esplendoroso en un día de finales de marzo. Pero las calles estaban vacías y todos los negocios se hallaban cerrados. No pudimos ni siquiera desayunar.


        Mi pareja, más o menos, se defiende en francés, así, que pregunto a la única persona, que nos cruzamos y le contesto que el país estaba paralizado por estado de excepción y que todo permanecería clausurado, durante cinco días. La razón: "coup d'Etat.

          ¿Y que será eso nos preguntamos?. Concluimos ingenuamente, que se trataría de una festividad religiosa, tipo el final del Ramadán y nos quedamos tan anchos. A medias mañana comenzaron a aparecer convoyes militares, tanques y soldados armados hasta los dientes, disparando enérgicamente al aire. Nosotros habíamos oído y leído, que muchas fiestas en África se celebran de esta forma, así, que tan campantes de paseíto.

          Fue a la tarde cuando descubrimos el significado de "coup d'Etat ": golpe de estado. 


      Lejos de amedrentarnos -hoy ya no somos así -, nos compramos billetes para Mopti para el día siguiente. Allí la actividad era un poco más normal, pero había toque de queda desde las seis de la tarde.

          Tratamos de contratar un servicio privado a Tumbuctu, pero nadie se ofreció voluntario, ni pagando bien.

          En la tele de nuestro hotel decían, que el tráfico aéreo y las fronteras terrestres estaban cerrados y sin posibilidad de salir.


        Fuimos volviendo lentamente, parando en sitios diversos, incluido el fantastico mercado de los lunes de Djene, un lugar bellísimo.

          Conseguimos escapar del país por la misma frontera, por la que habíamos entrado, aprovechando la noche y huyendo, como fugitivos, evitando sellar el pasaporte y el puesto de control.

Atrapados (parte X). Auto atrapamiento (II)


           Había dos posibles soluciones: o retornar por Mozambique, hasta Malawi o volver a Johannesburgo y volar a Lusaka y entrar en Zambia, a través del aeropuerto, con mayor seguridad. Optamos por lo segundo.

          Entramos en Sudáfrica por la frontera de Komatiport. El pueblo está a unos cinco kilómetros. Un conductor nos recogió enseguida y nos ofreció su casa para dormir gratis, aduciendo, que en el lugar había pocos alojamientos y muchos peligros. Nos acompañó hasta incluso hacer la compra en el supermercado. ¡Genial!.


        Volvimos a Johannesburgo y allí estuvimos atrapados casi una semana sin saber, que hacer y pasando cuatro o cinco horas en el ciber. ¡Desesperados!.

          Volar en avión a Lusaka costaba más de 300€. La otra opción era atravesar otra vez Zimbabue y entrar en Zambia por las cataratas Victoria y Livingston.


      Optamos por volver a Komatiport, deprimidos. Esta vez, y como nos vio tan desesperados, una blanca nos pagó una noche de alojamiento , la copiosa cena y el desayuno. Más de 100 dólares, que mis entregó su criada negra.

          Al día siguiente, vuelta a la frontera, donde en vez de solicitarnos 25 dólares por la vida, como la otra vez, nos pidieron 80. Evidentemente, nos negamos en redondo. ¡Otra vez, tren nocturno a Johannesburgo. Al menos, visitamos Pretoria, que la habíamos dejado pendiente. Estábamos claramente castigados y desmoralizados, pero había, que ponerse el mono de faena y llegar hasta Victoria Falls, sin más dilación y acabar con la pesadilla. 


        Un largo tren nocturno nos dejó en Musina, en la frontera con Zimbabue, donde pagamos una nueva visa de 25 dólares. De ahí, a Bulabayo -donde ya habíamos estado - y al fin, a las cataratas Victoria, tras más de 1300 kilómetros, casi de un tirón.

          Me sentí feliz, a pesar de haber dado una vuelta de más de 5000 kilómetros y haber gastado un montón de dinero. Porque no habíamos cedido a ninguno de los chantajes, que nos habían tratado de hacer.


        El primer intento de acceder a Zambia se produjo el día 38 de viaje. La entrada real y ya pagando el visado correcto ocurrió la tarde  de la jornada 69, llegando a Lusaka en un buen bus nocturno a la mañana siguiente. ¡Un auto atrapamiento de leyenda!, en el que también conocimos Suazilandia, descartada al inicio del viaje.


        Decir, para finalizar, que Zambia fue de largo, el país más hostil del periplo y eso, que malísimos rollos tuvimos en todos.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Atrapados (parte X) El auto atrapamiento (I)

 


         Mi pareja y yo formamos un tándem viajero, casi perfecto. Yo soy prácticamente infalible ideando y planificando. Ella es muy buena sobre el terreno, cuando hay, que improvisar, porque es más atrevida. Y así, llevamos casi cuatro décadas de éxito por el mundo. Durante el tercer viaje largo tuvimos, que tirar, de todos nuestros recursos e imaginación para poder sobrevivir y salir adelante. Y aún así, caímos en el mayor auto atrapamiento de nuestra historia, que duró más de un mes.

          Estábamos en Kariba, el mejor lugar de nuestras vidas para ver animales salvajes en libertad, gratis y sin necesidad de transporte, aunque con cierto peligro. Habíamos recorrido ya Sudáfrica, Lesoto, Bostwana y Zimbabue.


        Salimos una mañana húmeda y muy calurosa hacia Slavonga, en Zambia. El transporte público no lleva hasta el paso fronterizo, así, que tuvimos, que caminar duro y cuesta arriba siguiendo el curso del Zambeze y el lago y presa Kariba. Llegamos exhaustos.

          Habíamos decidido prescindir de la visita a Mozambique e ir subiendo hacia el norte por Zambia y Malawi.

          Salimos de Zimbabue sin problemas y en el solitario puesto de Zambia nos topamos  con dos impíos mafiosos. Íbamos preparados para pagar los 50 dólares del visado, pero para nuestra sorpresa nos piden 100 por cabeza y pagados en moneda local, con un cambio absolutamente desventajoso.


        Estábamos muertos de sed y al fondo vimos  unas Coca-Colas  y preguntamos por su precio. ¡10 dólares por cada botellín!.

          Sabíamos, que volver sobre nuestros pasos nos generaría incertidumbre y muchos más gastos, pero nuestra dignidad nos impedía soportar semejantes atropellos. Nos dimos la vuelta.

          Tuvimos suerte y un amable conductor nos devolvió a la frontera del lago Kariba. Ahora el problema era, que en Zimbabue nos dejarán volver a ingresar con el mismo visado de una sola entrada. ¡Lo conseguimos!, aunque nos quedaba la duda de si no tendríamos dificultades al salir por otro sitio.


        Kariba es el único lugar del mundo donde hemos visto luciérnagas y a miles. Pero también, hay otros seres nocturnos mucho más indeseables y que estuvieron a punto de lograr el objetivo de asaltarnos. ¡Otra vez, nos salvó nuestra pericia!.

          Decidimos, que volveríamos a Harare -la capital- y de ahí a la frontera de Mozambique, en Nyanapanda.

          Había muchísima gente y tardamos un buen rato en cruzar, tras pagar 25 dólares de visado. No hubo problema para salir de Zimbabue, a pesar de tantos sellos.


      Al otro lado nos esperaba Kuchamano, un lugar pequeño y cutre, con un alojamiento más básico todavía. A medianoche nos despertó una discusión entre un cliente y una prostituta, que acabó llevándose una buena paliza.

          No había transporte público, por lo que nos enrolamos con un camionero, que iba hasta Chimoio, a 409 kilómetros al sur.


        Y de una fatalidad meridiána en la frontera Zambiana, arrancó un bonito periplo por Mozambique, visitando lugares como, Beira, Inhamabane, Maputo -donde nos comieron las pulgas y otros bichos -, Resano García, Vilanculos... Entonces, el país era caro y los transportes insufribles.

Atrapados (parte IX) Huelga de controladores aéreos de 2010

 


         2010 fue un año de asueto y repleto de viajes cortos -máximo dos semanas-, llevados a cabo por razones obvias, que ahora no vienen al caso. La mayoría por diversas regiones de Italia y Marruecos y un bonito colofón con Malta y Sicilia en noviembre.

          El seis de diciembre debía comenzar nuestro tercer viaje largo y el territorio elegido era la inexplorada África subsahariana. En concreto, la zona austral y la del este, hasta Kenia.

          Habíamos comprado por 250€ cada uno, dos billetes aéreos a Johannesburgo, desde Madrid, vía Trípoli, un recorrido algo exótico. La compañía estatal libia Afriqiyah Airways era totalmente desconocida para nosotros -ni hemos vuelto a volar con ellos-, así, que estábamos a la espectativa.


        Todo parecía ir bien, hasta que llegó el viernes 3. Ese día y sin tener noticias previas, comenzó una salvaje huelga a nivel nacional de controladores aéreos, que propicio, que se cancelaran todos los vuelos de la jornada y buena parte de los del sábado.

          ¡Otra vez atrapados en casa!.

          Y nosotros, sin perder detalle en la tele, minuto a minuto. A ratos, rezando a Dios y otros, al por entonces -ya malogrado- ministro del interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, para que se arreglara la situación y pudiéramos irnos el lunes temprano.


          El domingo, cuando partimos a Madrid en autobús, aún había bastantes incidencias, aunque muy lentamente, la situación se iba recuperando. En Barajas, más tranquilidad de la cuenta con muchos vuelos retrasados en mitad del puente de la Constitución y de la Inmaculada. ¡Fin de semana absoluto de nervios y de montaña rusa!.

          Finalmente, tras dormir tirados en el suelo de la Terminal 1 -como otras tantas veces-, facturamos y salimos en hora, rumbo a la capital libia.


        Por entonces, todavía gobernaba Gadafi y la experiencia en el aeropuerto de Trípoli en una larga escala, resultó impactante. Era, como haber retrocedido varios siglos en el tiempo, con pantallas de estructura y formato anterior a la llegada del Spectrum, a principios de los ochenta, cuando éramos adolescentes. En las paredes, enormes y constantes fotos del líder supremo, todo en posturas de muy buen rollo.


        Partimos, rumbo a Johannesburgo, con más de tres horas de retraso, pero eso ya daba exactamente igual.

          La experiencia con Afriqiyah fue espectacular con un avión nuevo, espacioso, un personal super amable y una comida abundante y para chuparse los dedos.


          Había comenzado con éxito nuestro tercer viaje largo, el más complicado de nuestras vidas -hasta el momento - y que nos iba a llevar a través de diez países del increíble África subsahariana, desde Sudáfrica, a Kenia.

martes, 17 de marzo de 2026

Atrapados (parte VIII) China y Venezuela

 


         Con el regreso ayer de Martín desde Corea, a través del corredor aéreo central asiático, ya no conocemos a nadie atrapado al otro lado de la guerra.

          Y mientras tanto, seguimos muy atentos a las clases de inglés de Trump en distintos registros -generalmente, predomina el amenazante y cabreado- y ahora también, a las de geografía. ¿Quién demonios habría sabido donde se ubica la minúscula y petrolera isla de Jark, si no fuera por este hombre?.

          Igualmente, estamos contentos, porque tras el domingo electoral hemos constatado, que no somos  la comunidad autónoma más facha de España, puesto muy disputado. 


      Atrapado se puede estar de muchas maneras. Lo más normal es, que te ocurra por ahí fuera. Pero no es infrecuente -al menos, en nuestro caso-, que el atrapamiento suceda a la inversa, impidiéndote salir de casa, cuando pretendías viajar. Al menos y que recordemos, nos ha ocurrido en cuatro ocasiones. En 2009, perdimos dos vuelos a Hong Kong -ida y vuelta -, por tener, que afrontar mi despido. En 2010 nos ocurrió con Venezuela, por el de mi pareja. Ese mismo año, estuvimos al borde del colapso con la huelga de controladores aéreos en diciembre a punto de arrancar nuestro tercer viaje largo. Y en 2020, no pudimos volar a Toronto -via Nueva York-, por coincidir el vuelo con el primer día del confinamiento. ¡Así han sido nuestras agitadas vidas!

          Iremos contando estos hechos de forma cronológica y cuando toque, como vamos haciendo hasta ahora.


        Corría febrero de 2009, cuando encontramos dos billetes chollo de ida y vuelta a Hong Kong, por menos de 250€ con Qatar Airways. ! Era ir rechazable!. Por entonces, a mí me habían despedido de mi empresa y andábamos de abogados para resolver la indemnización. Una mala comunicación con ellos hizo, que las negociaciones coincidieran con el viaje y debimos suspenderlo, quedando atrapados y deprimidos en casa. Podíamos haber apoderado a un letrado y habernos largado, pero la cifra a conseguir era importante para dejar las cosas en manos ajenas. Resultado: perdimos el importe de los billetes, ganamos una buena cantidad y dos meses después nos fuimos cuatro semanas a China, aterrizando en Shanghái, con la misma aerolinea.

          Lo de Venezuela tuvo sus paralelismos, pero con variaciones sustanciales. 


        Otra vez habíamos comprado billetes ganga ida y vuelta, desde Burdeos a Caracas, por poco más de 400€. Cuatro días antes del viaje a mi pareja se le notificó un despido disciplinario. Debimos suspender esas vacaciones para preparar la demanda, la conciliación y el juicio, volviendo a quedar atrapados en casa. 


        Al día siguiente nos llegó un correo electrónico de Iberia, en el que cambiaban en media hora el horario de salida del trayecto de ida, dándonos la posibilidad de anular y recuperar el dinero. Así lo hicimos. Todavía hoy, no conocemos Venezuela y va para largo la cosa.

          En realidad, hubo otra ocasión, en la que quedamos atrapados en el hogar, en enero de 2012, queriendo iniciar nuestro quinto viaje largo. El trayecto era Valladolid -Barcelona - Lárnaca, con Ryanair y el primero de los vuelos se largó con una hora de adelanto, perdiéndolo.