Arabia Saudí es, como cuatro veces España -algo más de dos millones de kilómetros cuadrados- y cuenta con fronteras a ocho países diferentes. De ellos conocemos seis y nos faltarían Irak y Yemen. Al primero no tenemos previsto ir por el momento y al segundo ya veremos.
Solo conocemos a una persona, que haya estado en Yemen y eso ocurrió hace casi dos décadas, por lo que su experiencia ya no es valiosa hoy, evidentemente. Pero si nos sirve para dudar de las informaciones oficiales y buscar otras, sobre todo en los países fronterizos.
Cuándo ella fue -sola además- en 2007 estaba recomendado en letras negras y mayúsculas no acceder al país bajo ningún concepto o situación. Sin embargo, lo que allí encontró fue muy diferente: tranquilidad y una población enormemente hospitalaria y colaborativa. Por eso, mantendremos el destino en la agenda hasta el final. Harina de otro costal son Somalia, Somalilandia y Yibuti, que vemos algo más complicados.
Evidentemente, la inteligencia artificial nos indica, que todas las zonas del país son extremadamente peligrosas y la situación resulta muy volátil. Existen un conflicto armado activo, atentados terroristas, secuestros -serán a sus propios ciudadanos, porque no creo, que haya muchos extranjeros- y una grave crisis humanitaria. La referida guerra comenzó el 16 de septiembre de 2014, aunque ya hubo muchos conflictos internos anteriores ( cuatro en poco más de cincuenta años). No dudamos, de que todo esto sea verdad, pero queremos una información menos general y repetitiva y más detallada.
En cuanto al visado, para poder gestionarlo no debe haber un solo sello de Israel en el pasaporte, aunque cuando estuvimos allí en 2014 ya no los ponían y te daban un papel aparte. Es recomendable gestionar la visa a través de un operador turístico autorizado. Recientemente se ha puesto en marcha un visado electrónico (e-visa). Cuesta 150 dólares y vale para un mes. También puede ser obligatorio presentar una prueba negativa de VIH y hepatitis B y C.
Deberíamos conocer también como están los medios de transporte colectivo, aunque no tendríamos ningún problema en gastar más y contratar un conductor experto o sumarnos a un tour organizado, que parece, que los hay, al menos a la isla de Sokotra. Como ya se ha dicho , el dinero no va a ser un problema en este viaje gigante.
Las zonas de visita resultan meramente orientativas y se ofrecen, como recopilación, más, que como deseo o realidad.
Sokotra es un lugar bastante exótico, conocido como "las Galápagos del Océano Indico" y donde ver los árboles de sangre del Dragón, la playa de Shoab, la laguna de Detwah, la cueva de Hoq y la reserva marina de Dihamri
Después está la región de Hadramaut y su arquitectura histórica, situada al este, con Shibam -la Manhattan del desierto -, el Wadi Do'on -valle con acantilados - y la ciudad portuaria de Al Mukalla.
Quedaría el Patrimonio de la Humanidad en tierras altas: Ciudad vieja de Saná -un museo vivo con casas torre decoradas con intrincados frisos y ventanas de cristal coloreado-, Dar Al-Hajar -un palacio real construido sobre una formación rocosa- y Bab Al-Yaman, que es la puerta que da acceso a los antiguos zocos de Saná.





















































