Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

martes, 22 de septiembre de 2026

Vuelta a nuestros templos del pasado

           Con esto de la catarata y la visión borrosa tengo claro, que algún día me voy a esmoñar por ahí. Además, mi esposa tampoco es un buen perro guía, porque está acostumbrada a mi autonomía total y le cuesta hacerse con las riendas de la situación. Pero, nada, ¡a seguir viajando!.

          En Cabanas y con un calor descomunal -36 grados -, tomamos posesión de una buena habitación con baño en un hotel de los clásicos y con desayuno incluido.

          La playa de este lugar resulta algo caribeña y muy acogedora, a pesar de ser domingo y de estar tomada por los críos. Al final de ella salen unas escaleras y después comienza un complicado y mal mantenido sendero, que bordea diversos acantilados, por lo que sin dudarlo, nos damos la vuelta.

          Tomando la carretera comarcal salimos, a un camino más confortable, girando a la izquierda, aunque los ascensos y descensos resultan constantes. Nuestro objetivo es llegar hasta la localidad de Redes.

          En los cinco kilómetros de tránsito, vamos visitando bellas playas iluminadas por un sol tan amenazante, como destellante.

          Redes es un lugar pequeño, coqueto y precioso con sus callejuelas, sus casas indianas de colores, su plaza principal y el litoral, que la circunda.

          El desayuno no está mal de cantidad, aunque si de variedad. Nada, que no sean dulces, mermelada, mantequilla, leche y café. Aunque hemos dormido bien, la jornada de ayer nos ha dejado exhaustos, después del asfixiante calor y más de cincuenta mil pasos recorridos.

          Para llegar a Pontedeume se hace necesario cruzar un largo puente, que bordea la ría de Ares. Sus calles son agradables y destacan algunas bellas iglesias y casas, aunque como vemos últimamente en todas partes, muchas de estas están abandonadas o en venta. Una pena, porque da una sensación de desasosiego y dejadez.

          Sobre las dos de la tarde, tomamos un regional para Coruña y posteriormente, otro para Santiago de Compostela, donde hace quince años de nuestra última visita. La ciudad está irreconocible, con más guiris con pasta, que  peregrinos. Han cambiado la mayoría de los negocios, de tal forma, que casi ni se venden las típicas tartas de Santiago. ¡Los kebabs arrasan en todas partes, además de otros clásicos modernos!.

          En la rua del Franco casi todos los bares han desaparecido o cambiado de propiedad, mientras, en la de la Raiña todavía se conservan unos cuantos de los de toda la vida.

          Una vez ha anochecido, tomamos un convoy para Vigo, a recordar viejos tiempos, dado que fue el primer lugar al que viajamos juntos hace ya casi cuatro décadas. Ha evolucionado negativamente ,sobre todo en su casco histórico, pero sin sorpresas, porque estuvimos en 2011 y ya no era lo mismo, que en los ochenta.

          Nuevamente, toca volver a casa.

lunes, 21 de septiembre de 2026

Galicieando

           Las agujetas de acelerados viajes y conciertos campan a sus anchas a lo largo de nuestro cuerpo. ¡Al borde de los sesenta palos seguimos resistiendo!. Y eso, que últimamente, nos alimentamos de demasiada comida procesada.

          Nuevo autobús a León y ya son chorrocientos, durante los últimos meses. Cuatro horas  nos aguardan, antes de tomar el ALSA a La Coruña. ¡Que recuerdos, cuando vimos las hogueras de San Juan en 2010, en la playa de Riazor, quince días antes de ganar el primer Mundial y dos meses después, de que hubiesen despedido a mi pareja de su trabajo y aún pendiente de juicio!

          Llegamos a destino sobre las diez de la noche y la pasaremos en la playa. ¡Somos los playeros más noctámbulos de España!. De camino, un concierto de "Plan de fuga" nos entretiene y anima. Están contratados por una Feria de Cervezas Artesanas, tan de moda y tan caras. Y mañana veremos otra en Betanzos, donde la banda también está contratada.

          Tumbados sobre la fina arena, nos alegramos, de que el superdepor vuelva a estar en primera, mientras el Valladolid se pudre en sus miserias.

          Partimos para Betanzos sobre las siete y media de la mañana, en un tren regional extremadamente cutre. El lugar, por el que cruzan -ni más, ni menos-, que tres ríos es bastante agradable y bonito, con sus puertas de la muralla, iglesias y memorables callejuelas y plazas. Lástima, que una fiesta ciclista invasiva, lo tenga todo patas arriba. Pasear por los cauces fluviales extramuros resulta muy relajante y satisfactorio.

          Al mediodía el calor es asfixiante, llegando a los 36 grados en la costa atlántico-cantábrica de Coruña, cuando arribamos a Cabanas, a medio camino entre Coruña y Ferrol. Aquí, tenemos tres objetivos: un hotel normal no demasiado caro y visitar las localidades de Redes y Pontedeume, antes de partir mañana para Santiago de Compostela, donde nos hicimos novios hace cuarenta años y a donde no vamos desde hace quince. 

Carolina Durante

           Dudamos y mucho, sobre si volver a Lugo y continuar el viaje hacia otras partes de Galicia, País Vasco o incluso, Extremadura o volver a casa y asistir en las fiestas de Valladolid al concierto de Carolina Durante, a los que ya hemos visto dos veces, anteriormente.

          Lo bueno, que tiene el abono único es, que con ALSA, RENFE u otras compañías, reservas y cancelas a tu gusto sin cargo o preparas múltiples opciones.

          La realidad es tozuda y nos obliga a volver a casa y no va a ser un mal plan, antes de retornar a Galicia pasado mañana.

          Es viernes, hace calor y se celebra la octava jornada de fiestas de Valladolid, de las diez previstas. Después de habernos recuperado algo de tanto trajín, por la tarde asistiremos a tres conciertos, poniendo nuestro cuerpo y espíritu, una vez más, a prueba. ¡Hasta que se pueda!.

          Comenzamos en la plaza de Cantarranillas con "A mamarla", grupo punk y golfete de versiones y con algún tema propio. Calentamos motores en un ambiente de botellón y actitudes y pensamientos alternativos, siempre saludables.

          Ya en la plaza Mayor, nos empapamos de "Bravo Maldonado", grupo local de rock con temas correctos. No los conocemos, pero necesitamos tomar sitio para el grandioso espectáculo de Carolina Durante y no quedarnos fuera del recinto, que a pesar de acoger a 25.000 personas, se va a llenar. Y así sucede.

          Carolina Durante no se vale de grandes artificios ni momentos explosivos. Simplemente, tocan su bestial repertorio de canciones viejas y nuevas. No hacen, ni buscan, nada más.

          Diego Ibáñez, con su característica voz -y cuñado de Rosalía -, es -o parece- timido. Ninguna voz más alta que otra, ni largos discursos sustanciosos y comprometidos. Ni siquiera presenta a la banda, algo tan recurrente.

          Solo se explaya un poco, al agradecer al colectivo Laika, que confiaran en ellos, cuando no eran nadie y les contrataran para tocar en la Pérgola del Campo Grande de Valladolid, donde hace ya unos años estrenaron su famosa canción "Cayetano". Después de hora y media de concierto no hay bises y a mí me gusta, porque no van de estrellas por la vida y se hacen de rogar.

          Lo único, que le preguntaría a Diego es, si en la canción "Hamburguesas", el orden de preferencias es el de la letra: "Hamburguesas, el fútbol, mi madre". Nosotros, también nos quedamos con las primeras y sin la última.

          "Probablemente tengas razón", será la balada mítica del siglo XXI, como "La chica de ayer",lo fue en el XX

          Mañana, a Coruña.

Rutas de los Molinos y del Miño, con O Cebreiro, como colofón

           Amanece absolutamente despejado, sin rastro de la tremenda e interminable tromba de agua de ayer, ¡Así es Galicia, así nos gusta y la queremos!.

          Las dos rutas andarinas, que queremos llevar a cabo hoy tienen un inicio común: el famoso puente romano, alejado bastante del centro y al que se arriba por un camino descendente.

          Debemos cruzarlo y girar a la derecha, para atravesar diversas aldeas y enfilar por la Ruta de los Molinos, preciosa, pero muy mal mantenida y plagada de sombríos alisos, robles y pinos. Cuánto más te adentras, más bonito y fluvial es el paisaje pero más difícil resulta la senda, llena también de enormes raíces, piedras y árboles caídos.

          Las dos pasarelas, que cruzamos están medio rotas y un señor de la zona nos aconseja, que no sigamos más allá, porque la cosa se pone aún mucho peor y no merece la pena asumir el riesgo. A las autoridades se la suda, mantener en condiciones este precioso sendero.

          Retornamos, cruzamos de nuevo el puente romano y giramos hacia el lado opuesto, para acometer la Ruta del Miño, junto al imponente río de aguas hoy oscuras.

          Se trata de un recorrido mucho mejor acondicionado, que pasa por el famoso molino de Olga, que durante años fue el aclamado Mesón O Muiño, mientras el cauce serpentea y enseña sus rápidos de agua. Caminamos una hora, sin terminar la ruta paralela a la A6 y otra de vuelta. Hacia el otro lado del puente la cosa resulta menos interesante, porque abunda la masa forestal y el río queda lejos.

          Como no hay plazas en el alojamiento de ayer, hoy toca hotel de los de toda la vida, algo más caro, con baño interior y sin posibilidad alguna de cocinar nada.

          Amanece un nuevo día y tomamos un bus hasta Piedrafita de O Cebreiro. Existe un camino rural y exigente -testeado por estudiantes de secundaria- para llegar a las pallozas, pero ante la incertidumbre, optamos por hacer los cinco kilómetros por la ascendente y dura carretera. 

          No hay demasiado tráfico. Y eso, que ayer terminaron las Fiestas de la Romería de Santa María la Real y el Santo Milagro. Lástima, de no haber llegado antes, porque se disfruta una extraordinaria y tradicional celebración.

          O Cebreiro es tan bonito, como turístico. Está plagado de negocios, restaurantes y alojamientos enfocados a peregrinos, turistas y domingueros. En el  cuerpo de algunos caminantes ya se ven con claridad las secuelas del Camino de Santiago. Y eso, que restan más de 150 kilómetros para llegar a la meta.

          Mientras desmontan los puestos de comida -sardinas asadas y pulpeiras, fundamentalmente - y los carruseles, deshacemos el camino hasta Piedrafita, lugar que carece de interés alguno.

          Nos espera un largo bus a León, una pausa y otro a Valladolid.

domingo, 20 de septiembre de 2026

Lugo, jarreando

           Toca madrugar mucho, bajar a la estación todavía de noche y tomar un autobús a León, ciudad, en la que esté verano, hemos estado más de diez veces.

          Desde aquí, nos subimos a un ALSA, rumbo a Santiago de Compostela, aunque nosotros bajaremos en Lugo, donde hace veinte años que no arribamos.

          Durante el cómodo viaje, comemos, bebemos y dormimos (aunque no follamos, claro). Este viaje es diurno y no existe problema, pero en un próximo post os hablaré de algunos desquiciados, peligrosos y repelentes drivers nocturnos de ALSA, que ponen los pelos de punta y a los que apenas, ningún pasajero se atreve a enfrentar.

          Cuando llegamos a Lugo caen chuzos de punta y no lo va a dejar, durante toda la maldita tarde. Nada de orbayu o chirimiri, sin paraguas -somos así de listos, aunque lo sabíamos de antemano - y con los pies empapados tras chapotear, constantemente, en los tremendos charcos. Solo hace falta ir a una ciudad monumental, para que te caiga agua de todas partes: de los arcos de los soportales, de las gárgolas, de los contrafuertes, de los muros y de los salientes de las iglesias, de las puertas de la muralla...

          Lugo es una ciudad de excelente casco histórico -aunque pequeño-, de extraordinaria muralla entera -transitable en sus 2,5 kilómetros de perímetro por arriba- y de las tapas gratuitas y generosas más ricas y apetecibles del amplio y variado panorama patrio.

          Hoy, si tenemos hotel. En realidad, no es tal, sino un bajo de toda la vida reconvertido en apartamento turístico, con dos habitaciones exteriores, un baño grande y una cocina perfectamente equipada y útil para casi cualquier tipo de comida. ¡Los tiempos están cambiando y no siempre para mal!.

          Cuando volvemos del Gadis, después de hacer las últimas compras del día, aún no ha dejado de jarrear. Mañana, si el tiempo lo permite -que parece, que sí -, haremos dos caminatas naturales por los alrededores y el martes, llegaremos hasta O Cebreiro, donde yo ya estuve en 1993, cuando hice el camino de Santiago (de aquella manera, que ya he insinuado en otros post y que os cuento otro día).

Salinas y arenales para empezar septiembre

           Después de nuestras incursiones en Santa Pola, Guardamar y la fallida y deteriorada Torrevieja, empieza nuestra tercera aventura consecutiva de fin de semana en Levante, que pretendemos alargar hasta la región de Murcia.

          La estación de autobuses de Torrevieja no está mal del todo, aunque sus baños resultan un verdadero asco. Tomamos un vehículo de la compañía Costa Azul -Avanza-, que después de miles de rotondas nos deja en Pilar de la Horadada, que a todas luces -y las del sol machacan-, resulta un lugar inhóspito, muy disperso y en definitiva, horrible.

          Debemos andar unos pocos kilómetros, asfixiados y por un camino insufrible hasta llegar a su playa, que sin embargo, no está nada mal y tampoco se encuentra demasiado concurrida.

          Por una senda más agradable bordeamos la costa, sin apenas transeúntes -una señora nos dice, que huyeron a finales de agosto tras las lluvias-, arribamos a El Mojón -vaya nombre-, ya en la región de Murcia. La playa de este lugar es una perfecta y puñetera mierda.

          Nos reponemos, a pesar del insoportable calor y del sol cayendo como un cuchillo candente y afilado. Y es, que llegamos al magnífico Parque Regional de las Salinas y los Arenales, plagado de flamencos y otras aves diversas, que transitan entre aguas de escasa profundidad, regueros de sal seca y montones de arena fina.

          Aún tardamos un rato y por pasarelas diversas para llegar a la maravillosa Playa de la Torre Derribada.

          Nos tumbamos para reposar un largo rato, antes de afrontar el largo y tedioso camino a San Pedro del Pinatar, donde nos reciben un bonito molino, una playa correcta, decenas de edificios de aluvión y escasa actividad local, motivada por la no excesiva proliferación de negocios de venta y locales de esparcimiento.

          Y eso,  que acaban de llegar a su fin de Fiestas Patronales y aún funcionan los carruseles y las cansinas tómbolas.

          Tratamos de buscar alojamiento. En hoteles o en casas particulares resulta imposible, debido al abusivo precio. Había dos pensiones, pero una está abandonada y la otra completa.

          Por tanto, toca recorrer el paseo marítimo hasta San Javier y dormir en la arena de la playa, antes de iniciar el regreso el domingo a mediodía.

Inesperada incertidumbre

           Es viernes, 4 de septiembre y desde el mediodía y hasta el domingo tenemos previsto largarnos a determinados puntos del levante español. Algo moderadamente grave ocurre a media mañana, que nos hace congelar los planes. No sé explica aquí tal acontecimiento, por seguridad e intimidad.

          Salimos de casa sin casi nada más de lo puesto y otras cuatro cosas, a gestionar la nueva situación y una vez llevados a cabo los trámites nos damos cuenta, que con ciertas dificultades, si podremos llevar a cabo el viaje inicialmente previsto.

          Pero si queremos llegar a los transportes contratados, ya no nos da tiempo a pasar por casa. Eso significa, que nos vamos sin ropa de recambio, sin las gafas de ver, sin el estuche ni el líquido de las lentillas y en pantalón corto y sin jerseys, cuando por las noches se prevé algo de frío.

          Lo único, que podemos arreglar es lo de las lentillas, comprando líquidos. Por cierto: tampoco llevamos ningún cargador para el móvil, por lo que deberemos buscarnos la vida.

          Todo esto, debería habernos llevado a renunciar al viaje y dejarlo para próximos días, pero nosotros somos así y no vamos a cambiar a estas alturas de la vida.

          Al menos, si llevamos el DNI, las tarjetas de crédito, el teléfono y toda la documentación del viaje, que no es poco.

          Sin más dilación, partimos para Madrid en el ALSA, a pesar de que no estamos al 100% de nuestras facultades. Tras varios rules por la capital, ponemos rumbo a Torrevieja, en un cómodo y apacible -que raro- vehículo nocturno, que va absolutamente petado.

          Dijimos, que no volveríamos a Torrevieja en la vida y no hemos tardado ni una sola semana en hacerlo. Es muy de nuestro estilo llevar a cabo estos virajes inesperados y repentinos.

          Y aquí estamos, viendo amanecer otra vez en el Mediterráneo, después de recorrer la rectilínea e inhóspita calle estrecha, que lleva desde la estación de autobuses hasta la irregular y maltratada playa.

          Pero nuestro objetivo, evidentemente, no es quedarnos aquí, sino llegar hasta Pilar de la Horadada y adentrarnos en la región de Murcia.

          La temperatura es tan asquerosa, como los fines de semana anteriores y la humedad nos carcome y nos va a derretir. ¡No hay visos, de que finalice este puto y maldito verano interminable!.

viernes, 18 de septiembre de 2026