Destino desconocido
lunes, 7 de septiembre de 2026
jueves, 3 de septiembre de 2026
Miriam y las gallinas
Salimos desde Torrevieja a Madrid en hora y en un vehículo confortable y bien refrigerado. Hemos prometido firmemente, que no volveremos a este lugar en nuestras vidas, pero me temo, que no tardaremos mucho tiempo en incumplir nuestro compromiso, como os explicaré en otro artículo posterior.
Queremos dormir, pero Miriam, Miriam y Miriam no nos deja y resulta, que Miriam ni siquiera está en el autobús porque lo ha perdido, según sus tres amigas, por ser un poco golfilla, diciendo las cosas suavemente.
Recompongamos la historia, aunque obviamente, nos faltan datos. Las cuatro vivían días playeros y de discoteca en casa de una tal Candela. Está noche y al buscar a su novio, sobre la pista, se lo encontró anclado a su ex. Y claro, la chavala se cogió un cabreo del quince y se amarró sentimentalmente -no sabemos si hubo sexo-, al primero que pasó por allí.
Miriam, Miriam, Miriam. Llamadas multidireccionales, WhatsApps, grupos diversos, Facebook, Instagram y otros formatos para nosotros desconocidos.
Ten amig@s para que te juzguen con esa ligereza y contundencia. Una de las tres calla o trata de amainar. Elsa azuza y pide responsabilidades , como si hubiera visto al ogro negro. Y la tercera se deja llevar como ha hecho con su peso, dado que con poco más de veinte años, ronda los cien kilos.
El tema Miriam continua durante todo el viaje, pero nosotros caemos rendidos, camino de Madrid y por una vez en la vida, sin darnos el sol en la ventanilla.
En el bus urbano de vuelta a casa, otra nueva historia de dos amigas. A una, la podríamos llamar, "por favor, por favor, por favor; que fuerte, que fuerte, que fuerte". Dentro de la imperatividad juvenil por tres conceptos: en plan, literal y obviamente.
Lo que narra efusivamente la otra es que no entiende a su madre, aunque en una ocasión si le dió la razón. Iban a un evento familiar y se puso un vestido amarillo estilo vintage con una medias blancas. Su progenitora se asustó:"si pareces la chica de la curva". Pero ahí no terminan sus aventuras. Ahora vive en la antigua casa de sus abuelos, que tiene un terrenito, que le habría venido bien para pasear y relajarse durante la ya lejana pandemia . Tiene un pastor alemán y varias gallinas, a las que pone nombre, pero es incapaz de distinguir.
Lo curioso y lo narra con total normalidad, es que se fue de vacaciones y el perro se zampó a tres de ellas, dejando solo las plumas.
Viajar cerca o lejos, corto o largo, sigue siendo maravilloso.
Una noche en Torrevieja
Caminamos por el desigual paseo marítimo de Torrevieja. Contemplamos un castillo arenoso perfectamente construido y muy imaginativo. Casi parece de cuento o de los propios templarios (tipo Crac de Los Caballeros, en Siria). Su constructor nos saluda a nuestro paso, pidiéndonos implícitamente algunas monedas. Tiene dos piernas ortopédicas, que se quita por la noche y sin ellas, duerme sobre un banco de madera. Junto a su magnífica construcción han erigido una especie de tienda de campaña montada con varias sombrillas, donde otras dos personas tratan de conciliar el sueño. A escasos 20 metros, gilipollas de todas las nacionalidades previsibles, pagan 200€ por dormir en apartamentos de aluvión, eso sí, en primera linea de playa y con el bañador y la toalla colgando de la barandilla de la terraza.
La luna está llena al completo. La noche no se nos hace larga a pesar de pasar varias horas sentados/tumbados sobre la fina y escurridiza arena, que se cuela por todas las partes de nuestra ropa.
Consecutivamente, contemplamos escenas de todo tipo. Un enorme grupo fiestero y junto a la orilla, se lo pasa en grande con las técnicas tradicionales de toda la vida: alcohol, gritos, risas.
En un banco cercano se aposentan seis jóvenes, que están bastante perjudicados por la bebida y por jugar al "yo nunca". Solo dos son chicas, pero están agriamente enfrentadas y muy agresivas por un conflicto, que les pone al borde de la pelea, sin que el resto del grupo masculino haga absolutamente nada.
Salvo está juventud y alguna otra, la mayor parte de transeúntes nocturnos, que se baten en retirada, son adultos de mediana edad o más. Pero nos preguntamos de dónde vienen, porque desde las dos de la madrugada, la mayoría de los garitos de todo tipo han cerrado. Tal vez -y no digo ninguna tontería- de botellones en las playas o de casas o apartamentos de conocidos o amigos.
Prácticamente, no hay olas y caemos rendidos sobre la arena alrededor de las cuatro de la madrugada con una ligera brisa y el jersey puesto.
Hemos programado la alarma, porque a las ocho de la mañana nos toca tomar el autobús de vuelta a Madrid.
Amanece, arrancamos y queremos dormir en el fresco vehículo, pero nos toca enfrentarnos a la cruenta historia de Miriam.







