Resulta más habitual de lo deseable, que le cuentes a alguien, que has conseguido unos billetes de avión muy baratos para un sitio determinado y la pregunta siguiente sea: ¿Pero están incluidas las maletas?. ¿Por qué la primera y más preocupante asociación de viajar, sea la palabra equipaje, para la mayoría de la gente?. A mí esa pregunta, me hace casi enfermar, pero trato de aguantar el tipo y responder: "No. No están incluidas las maletas, pero en la mayoría de billetes caros y de aerolíneas de bandera, tampoco".
No se puede generalizar, pero la mayoría de los que esto proclaman son personas que han viajado poco o nada; que están acostumbrados a vacaciones en coche o que enseñan como único y valioso trofeo un viaje a Punta Cana. ¡A Punta Cana ocho días/siete noches, teniendo las preciosas islas y playas, que poseemos en España. De los tres, solo entiendo a los segundos y tampoco del todo.
Son los que nosotros denominamos turistas "porsi", en relación a empezar a meter una cosa tras otra, por si acaso, hasta parecer cargueros andantes o generosos portadores de ayuda humanitaria.
Igual, que hoy en día no eres nadie si no paseas a tres o cuatro perros a la vez, la gente parece competir en los aeropuertos para ver quién lleva más maletas y más grandes. ¡Es absurdo, pero real, plantearse un viaje, como si fuera una mudanza!.
Muchos, no pueden ni manejarlas y otros, lo hacen con gran temeridad, arrollando todo, lo que pillan de por medio y normalmente, sin inmutarse por ello. ¡He pasado más miedo, por hablar de un par de ellos, en los aeropuertos de Delhi o Shanghái, que en las calles de esas dos ciudades y no exagero!.
Se van reduciendo paulatina y afortunadamente, aunque siguen siendo mayoría, los viajeros con bultos con ruedas a sus espaldas. Deberían estar prohibidos y penados, dado que resultan incontrolables, salvo para los pasajeros con ojos en la nuca. Más soportables son, los que se llevan lateralmente, aunque la forma ideal sería, transportarlos por delante.
Luego además, estos tráilers humanos suelen quejarse de tener, que pagar por el equipaje o por el exceso de peso, alegando, que debería estar incluido. Como, que si pagará lo mismo por un café, que si le añades un pincho de tortilla y un zumo de frutas.
Nosotros siempre -más bien, desde hace casi dos décadas- viajamos con dos mochilas pequeñas de unos tres/cuatro kilos de peso y unas dimensiones adaptables a todas las compañías aéreas del mundo. Da igual, que sea un fin de semana o puente, que irnos un año entero. Es sencillo de entender, pero por extrañas causas, la gente no suele asociar, que la mayoría de las cosas, que llevan en sus voluminosos bultos, se pueden comprar en los lugares de destino. Y en muchas ocasiones, hasta más barato, que en tu propio país.
Nosotros en los tres últimos lustros, apenas hemos facturado dos o tres veces y siempre fue, por llevar a países musulmanes más cantidad de alcohol de lo permitido en cabina.
La mayoría de los viajeros parece tampoco entender, que solo con equipaje de mano te ahorras pasar -normalmente- por el mostrador a la salida y por la cinta giratoria a la llegada con el consiguiente valioso ahorro de tiempo y gestiones. Y sobre todo, evitas perdidas y otras sorpresas desagradables.
Naturalmente, no siempre fue así. Nosotros también fuimos víctimas del mal del injustificable equipaje, hasta que dijimos basta y no necesitamos pasar por terapia (individual o grupal).
Cuándo los primeros interrailes de finales de los ochenta, íbamos de camping y llevábamos la casa a cuestas. Vivíamos todavía con nuestros padres y obviamente, hacíamos cada uno nuestro propio equipaje. Deshaciendo el de mi pareja, le llegué a contar doce camisetas. Es verdad, que por entonces éramos un poco guarretes y lavábamos muy poco. El lema era: "ir auténticos". O sea: llenos de mierda.
El cambio radical se produjo casi al inicio del tercer viaje largo, estando en Pietermarizburg ,(Sudáfrica). Hacia un calor de muerte en pleno mes de diciembre y pasamos sed -ni tiendas, ni bares de camino-, hasta casi la extenuación. Finalmente y al borde del colapso encontramos una cerveza -allí las típicas son de 75 centilitros - y engullimos de un trago una cada uno. Tomamos aliento y dijimos: "estás mochilas tan grandes, nunca más". Y hasta hoy.