No nos atreveríamos a decir -porque tampoco estamos seguros de ello-, que la cocina española sea la mejor del mundo, aunque sí la más variada y de eso, sí que podemos dar fe.
Sin embargo y a nivel internacional, tradicionalmente no ha tenido mucha repercusión, al margen de un puñado de restaurantes esparcidos por el mundo y especializados, normalmente, en carísimas tapas.
Los hispanos fuimos capaces de dejar América llena de iglesias y edificios de diferente fuste, además de dotar a la población de un nuevo idioma, pero por lo que fuera -no tenemos ni idea-, nuestra gastronomía no caló. Sin embargo, si que hay vestigios importantes de la cocina española en Filipinas, que resultan muy agradables al paladar, porque están mezclados con sabores asiáticos.
Te puedes recorrer el continente desde Patagonia a México y las numerosas tortillas, que encontrarás, no son precisamente de patata, huevo y cebolla.
Los italianos han universalizado cosas tan vulgares -y a la vez, deliciosas-, como la pizza y la pasta. ¿ Y los españoles, qué?
Bien. No todo es oscuridad. Sobre todo si nos referimos a los diez o ultimos quince años.
Aunque a muchos les pueda sorprender, en la actualidad, el elemento más exportado de nuestra cocina son los churros, llamados así, en español -a veces, añadiendo la palabra spanish- en un montón de lenguas. Los hemos visto y probado en países de los cinco continentes tan separados entre sí, como Australia, Corea del Sur, Dinamarca -en Copenhague, con más variedad de rellenos, que en la propia Madrid- o en Marruecos. También, en nuestro aún reciente periplo por China. Y en la mayor parte de los lugares no decepcionan o resultan burdas imitaciones.
Otro elemento nacional muy en auge son las paellas, elaboradas por residentes españoles en todo el mundo y casi exclusivamente de abundante -insisto en el término y más, que en España- marisco. Eso sí: a unos precios de vértigo. Especialmente se las devoran en los países asiáticos, Oceanía - donde hay mucha población de esa zona del planeta - o en los nórdicos.
En el mercado de fin de semana de Melbourne conocimos a un catalán, que nos dijo, que casi se ganaba la vida, vendiendo generosos platos de este guiso ibérico.
La más extraña la vimos -no lo probamos - en el mercado de Chatu Chack de Bangkok, aunque en este caso, el cocinero era autóctono. Predominaba el pimiento rojo sobre cualquier otro ingrediente.
La mejor elaborada, la de Bergen, en Noruega, donde la cola de nórdicos para almorzar era casi infinita.
No es una comida, pero está tomando auge por ahí, la sangría, aunque deben seguir mejorándola.
La tortilla de patatas, la fabada, el cocido madrileño o el pulpo a feira, están aún por exportarse de manera relevante.







