Destino desconocido
domingo, 24 de mayo de 2026
viernes, 22 de mayo de 2026
'No me lo puedo permitir "
Hemos perdido la cuenta de las veces, que alguien nos dice, cuando conoce nuestras andanzas viajeras: "Buff, yo no podría permitirme eso, ni de coña". En realidad, se trata de una respuesta casi inconsciente y automática, que la gente no calibra.
Tampoco denota envidia o deseo de hacer lo mismo, que tú, porque lo de viajar a tu estilo, ni lo conocen, ni lo anhelan, más allá de la libertad que da o de ver al fondo una brisa maritima y una playa. Ni reparan, ni preguntan, las minuciosas complicaciones, que conlleva, el moverse a ritmo libre por el mundo.
Pero no quería yo ir a eso, si no a la frase del inicio: "no me lo puedo permitir". Es absurdo, porque la gente se consiente y sin preocupaciones, muchas cosas, que resultan mucho más caras, que viajar, sin ni siquiera reflexionar y hacerse planteamientos.
Haciendo cuentas, groso modo y después de casi cuarenta años viajando, no habremos gastado más de cien mil euros entre los dos, en la totalidad de nuestros viajes de todo tipo.
Eso significa menos cuantía, que criar un solo hijo (ya no digo, los que tienen más). Según la IA, criar a un hijo en España cuesta 758€ al mes, lo que supone 164.000 pavos hasta la mayoría de edad. Pero, como todos sabemos, hoy en día los vástagos no dejan el domicilio familiar a los dieciocho. ¡Así, que suma, sigue y continúa siguiendo!.
A alguien, está comparación le puede parecer entre trivial y cruel: "como vas a frivolizar y comparar, lo que es tener descendencia, con una actividad de ocio, como es viajar". Y voy yo y le compro el discurso y le digo, que me he pasado tres pueblos y que tiene razón.
Entonces, veámoslo de otra manera.
Nosotros tenemos en propiedad un amplio chalé, desde hace 25 años y no pagamos comunidad de vecinos. El ahorro, que hemos podido acumular por este simple hecho puede equivaler a unos 60.000€, dinero, que te da para completar varias vueltas al mundo.
Ya no hablemos del tema tabaco, cafelito de todas las mañanas con pinchin de tortilla, primitivas y quinielas semanales -que nunca tocan-, gastos tontos, diciembres a bajo cero, con la calefacción a tope y desnudo en el sofá...
¿De verdad, que sigues pensando, que no te puedes permitir viajar?. ¿O simplemente y como era previsible es, que no te enteras de nada, de lo que te rodea?
Mejor, antes de jubilarse
Afortunadamente y hasta la fecha, nunca hemos tenido cáncer -tampoco otra enfermedad grave-, pero si algún día y por desgracia nos sobreviene, no seremos de esos, que nos volvamos locos y empezemos a llevar a cabo aceleradamente, una lista de las cosas, que aún nos quedan por hacer.
Para nuestra suerte y en los casi sesenta palos, que nos contemplan -en junio hago 59-, hemos podido hacer todo, lo que habíamos soñado y muchísimas cosas más, lo que para depresión general no suele ser muy común. Por supuesto y en el futuro, nos gustaría seguir cumpliendo objetivos y disfrutando de la vida, pero ya no existe nada, que anhelemos con ansia o que creamos un sueño a largo plazo o peor: irrealizable.
¿Por qué digo esto?. ¿Para mostrar prepotencia o dar envidia?. Evidentemente, no.
Lo comento, porque cada vez conozco más gente de nuestra edad o más mayores, que se arrepienten de no haber hecho determinadas cosas en décadas pasadas y que ahora se sienten con pocas fuerzas -o enfermos- para llevarlas a cabo, pero aún desearían sacarlas adelante. Esto genera ciertos sentimientos y casi todos ellos negativos: sensación de haber perdido el tiempo, frustración, inseguridad, culpa...y el sentimiento tan terrible de encontrarse en un bucle eterno.
Yo era de los que hace treinta años tenía planeadas todas las vueltas al mundo y viajes tras la jubilación. Un día, una de mis dos secretarias de entonces me dijo: "¿De verdad, le ves algún sentido a hacer planes a tan largo plazo?". Y me hizo reflexionar.
Cierto es, que no fueron sus palabras, las que nos hicieron cambiar nuestras vidas hace ya dos décadas, si no un hecho tan desagradable, como maravilloso (he aprendido de Trump a juntar en la misma frase términos absolutamente opuestos).
Éramos los dos indefinidos en nuestros trabajos y dormitábamos despiertos por la vida, cuando mi pareja y yo nos vimos de repente y casi simultáneamente en el paro.
Costó horrores la decisión de lanzarnos al vacío, cambiar de estilo de vida y las prioridades.
Lanzarnos al primer viaje largo fue una auténtica aventura y no sin cierto sentimiento de culpa e incertidumbre. Pero luego llegó el segundo, el tercero...y así, hasta los once actuales, además de decenas de otros de duración media o corta, hasta completar casi 150 países viditados (y los que puedan quedar).
Y de por medio, fuimos trabajando a ratos -mas o menos largos-, viviendo de rentas, del paro, de subsidios, de excedencias...
Hoy, seguimos teniendo la misma solvencia económica, que entonces, pero somos mucho más felices y nos sentimos absolutamente realizados.
Sirva este post para animar a la gente a tener una vida distinta, que no le lleve al arrepentimiento en la vejez. Resulta perfectamente posible y recomendable. Sobre todo -es fundamental-, si no se tienen hijos.