Siete y cuarto de la tarde, 37 grados y completamente despejado. Salimos de nuestra casa en La Cisterniga -a cinco kilómetros de Valladolid - para contemplar el eclipse. Nuestro punto de observación está a unos veinte minutos caminando, en una pequeña colina despejada hacia el oeste donde se ubicó hace años el antiguo campo de fútbol.
El tránsito de personas es ordenado. Hay gente, aunque menos de la que imaginábamos. La explanada es amplia, ha sido allanada, pero está sin asfaltar y es polvorienta. El ambiente es muy festivo, con familias enteras, sombrillas, toallas o mantas, sillas de camping y comida y bebida en neveras. ¡Un auténtico eclipse de picnic!
El rango de este fenómeno en nuestra posición es 19:36 - 21:24, con la oscuridad total y durante minuto y medio, a las 20:30. La verdad es, que el proceso de tapado del sol se hace muy lento y tedioso, bajo la sombra de nuestro paragüas.
Hasta que la luna consigue, que el sol sea una simple raspa. De repente y en diez segundos, la noche cae de golpe, como quien abre un grifo en busca de agua. Asoma con nitidez y espectacularidad la maravillosa corona de diamantes, que nos deja a todos boquiabiertos, antes de que la luna diga: "me las piro", a más de 3600 kilómetros por horas.
Yo mismo, abrí el melón de si iba a ser mejor el eclipse o el sol de medianoche noruego. Es difícil decidirse, porque ambos son fenómenos extraordinarios y aunque sean fenómenos astronómicos, resultan bastante diferentes.
El eclipse es un impacto y con eso no hay quien pueda. Además, ocurre cada mucho tiempo, aunque vengan tres más hasta julio de 2028. Por el contrario, el sol de medianoche se disfruta a fuego lento y lo tienes ahí varios meses y todos los años.
Pero el eclipse y la oscuridad serán absolutos y en todo el territorio nacional después de las elecciones del año, que viene. Y entonces, será de cuatro años, no de minuto y medio