Todo comenzará con la emisión de un nuevo pasaporte, que será el octavo de nuestras vidas. No tendríamos margen con el actual, porque aunque todavía quedarían cuatro años para su caducidad, apenas nos restan cuatro o cinco páginas libres de sellos.
Deberemos buscarnos la vida para llegar hasta Estonia en avión, de forma directa o indirecta, según estén las circunstancias y los precios entonces. No prevemos, que la cosa vaya a ser complicada, ni demasiado costosa.
En Tallin, abordaremos los 364 kilómetros, que separan está ciudad de San Petersburgo. En la actualidad y según me chiva la inteligencia artificial, no se puede hacer de forma directa, porque existe un puente fronterizo con Rusia cortado al tráfico (creo, que por obras). Querer ir de un tirón supondría un buen rodeo por otra frontera algo incierta, porque está limitada por razones de seguridad desde 2024.
El plan actual consiste en tomar un autobús hasta el paso fronterizo de Narva, todavía en Estonia. Cruzar el puente andando -es posible -, hasta la localidad rusa de Ivangorod y proseguir en bus hacia San Petersburgo (hay al menos dos empresas, que ofrecen el servicio completo cambiando de vehículo en la frontera).
Desde San Petersburgo, a Moscú, existen muchas opciones y optaríamos por la más económica, aunque sea lenta.
Tocaría entonces y después de la visita de la capital del país, llevar a cabo la distancia de 5627 kilómetros, que desde el mismísimo Kremlin, nos dejaría en Ulán Ude, desde donde poder enlazar con Ulán Bator, ya en Mongolia.
Nada de Transiberiano o tren Rosiya, sino interurbanos de distinta clase y precios, con paradas intermedias en Kazan -destaca por su impresionante mezquita y convivencia entre musulmanes y cristianos -, Ekaterimburgo -frontera entre Europa y Asia con la iglesia de la Sangre Derramada -, Krasnoyarsk -paisajes siberianos y volcánicos - e Irskuk y el magnífico Lago Baikal, que es conocido como el "ojo azul" de Siberia.
Esperamos ampliaros información sobre Mongolia, aunque estamos muy lejos de poder ofrecer un itinerario, cosa evidentemente, que a estas alturas no nos preocupa. En 2010, ya contactamos por correo electrónico con agencias locales, dado que buena parte del país se debe hacer de esta forma por no haber otra y los precios, ya quitaban el hipo y algo más. Como posibles lugares a visitar y además de la exótica Ulán Bator -nos tememos un país con similitudes con la ya conocida Kazajistán -, destacan varios monasterios de mucho calado, el desierto del Gobi en el sur -compartido con el norte de China -, Olggi -al oeste-, paisajes de todo tipo, senderismo -con alojamiento en yurtas-, excursiones a caballo, el despampanante lago alpino Khovsgol y la suerte de poder coincidir con el Naadam con sus torneos de lucha mongola, carreras de caballos y competiciones de tiro con arco (se celebra a mediados de julio).
Tiene pinta, que en este gigante duodécimo viaje largo, Mongolia va a ser el país de recorrido más volátil y uno de los de mayor presupuesto, sobre todo, si no podemos compartir gastos -y experiencias- con otros viajeros .



















































