Destino desconocido
sábado, 15 de agosto de 2026
jueves, 13 de agosto de 2026
En la vertiginosa oscuridad
Siete y cuarto de la tarde, 37 grados y completamente despejado. Salimos de nuestra casa en La Cisterniga -a cinco kilómetros de Valladolid - para contemplar el eclipse. Nuestro punto de observación está a unos veinte minutos caminando, en una pequeña colina despejada orientada hacia el oeste donde se ubicó hace años el antiguo campo de fútbol.
El tránsito de personas es ordenado. Hay gente, aunque menos de la que imaginábamos. La explanada es amplia, ha sido allanada, pero está sin asfaltar y es polvorienta. El ambiente es muy festivo, con familias enteras, sombrillas, toallas o mantas, sillas de camping y comida y bebida en neveras. ¡Un auténtico eclipse de picnic!
El rango de este fenómeno en nuestra posición es 19:36 - 21:24, con la oscuridad total y durante minuto y medio, a las 20:30. La verdad es, que el proceso de tapado del sol se hace muy lento y tedioso, bajo la sombra de nuestro paragüas.
Hasta que la luna consigue, que el sol sea una simple raspa. De repente y en diez segundos, la noche cae de golpe, como quien abre un grifo en busca de agua. Asoma con nitidez y espectacularidad la maravillosa corona de diamantes, que nos deja a todos boquiabiertos, antes de que la luna diga: "me las piro", a más de 3600 kilómetros por hora.
Yo mismo, abrí el melón de si iba a ser mejor el eclipse o el sol de medianoche noruego. Es difícil decidirse, porque ambos son fenómenos extraordinarios y aunque sean acontecimientos astronómicos, resultan bastante diferentes.
El eclipse es un impacto y con eso no hay quien pueda. Además, ocurre cada mucho tiempo, aunque vengan tres más hasta julio de 2028. Por el contrario, el sol de medianoche se disfruta a fuego lento y lo tienes ahí varios meses y todos los años.
Pero el eclipse y la oscuridad serán absolutos y en todo el territorio nacional después de las elecciones del año, que viene. Y entonces, será de cuatro años, no de minuto y medio
Las gafas del eclipse
Cuando hace un par de semanas fuimos a nuestro ayuntamiento, para recoger las gafas gratuitas del eclipse, me vino a la mente el día de Reyes de 1984, cuando tenía 16 años.
Aquellas Navidades -aparte del anuncio de Freixenet-, habían sido las de las gafas anaglifas. Eran de cartón y con lentes de celofán azules y rojas. Por 125 pesetas te daban tres unidades y se vendieron más de millón y medio.
Y es, que TVE, había anunciado a bombo y platillo para el día 6 de enero, la emisión de la primera película en tres dimensiones. Concretamente, "Fort Ti", del género del oeste.
Aquello fue un auténtico fiasco. Los menos damnificados -mi caso- no vimos nada anormal, visualmente, salvo,que el film de 1953 era una mierda. Hubo gente, que sufrió mareos, vómitos, malestar general y borrosidad.
Las gafas del eclipse me recordaron a este momento, porque parecían tan endebles y vulnerables, como aquellas, a pesar de que su código alfanumérico estaba perfectamente homologado.
En realidad y a toro pasado, las gafas del eclipse sirven para bien poco, porque los momentos impactantes del mismo , se ven sin ellas.
Y..., llegó el día, como vais a comprobar, en nuestro siguiente post.