Destino desconocido
domingo, 26 de julio de 2026
sábado, 25 de julio de 2026
jueves, 23 de julio de 2026
Arden Osuna y Marchena
Toca madrugar, para regresar hasta la estación de Santa Justa. Marchena y Osuna se hallan en la linea de Málaga, pero no paran todos los trenes, por lo que no circulan demasiados al día. Ya hace bastante calor.
Seguimos con el tremendo cabreo de la denegación de embarque y otras dos cuestiones que también nos preocupan: sigo rascándome las alergias contraídas en el parque de el Retiro y se han borrado accidentalmente, la mitad de los vídeos grabados ayer.
Tomamos el Media Distancia y me duermo, durante la hora y media del recorrido, a Osuna. La estación no está lejos del centro, ni tampoco los tres grandes supermercados de este bello pueblo, que están juntos: Lidl, Mercadona y El Jamón.
Osuna es una localidad de casas blancas bajas, por lo que a pesar de sus escasos 17000 habitantes, no dejas de andar. Además, todo está bastante disperso y evidentemente, casi no existen sombras por ninguna parte.
Comenzamos por la bellísima calle de Don Pedro, llena de palacios barrocos como el Hotel Palacio Marqués de la Gomera y la Cilla del Cabildo.
En Osuna las aceras son estrechas o inexistentes, así, que cuesta y molesta transitar, porque apenas las hay peatonales.
Una que si lo es, es la empinadísima, que conduce al centro histórico, formado por la magnífica Colegiata, el Monasterio de La Encarnación, la Antigua Universidad y un fantástico mirador.
Otros atractivos a las afueras son las ruinas de una Necrópolis Romana, gratuita y bien conservada y El Coto de las Canteras, que algún escritor famoso ha comparado con Petra, pero este sitio hoy está cerrado. Ya solo nos quedan la Puerta de la Pastora y la encajonada Plaza de Toros, que ha sido escenario en la quinta temporada de Juego de Tronos.
Marchena es una población con casa más altas, aunque de estructura general más cutre y abandonada. El asfalto -cuando lo hay-, es accidentado y con restos de grava.
Tiene dos iglesias de relumbrón y otra más en la arqueada y decadentes Plaza Ducal. Podemos completar la visita con la Puerta de la Rosa y la agradable calle de Las Torres, donde han construido las casas, juntándolas unas con otras y la Alcazaba.
Cuando por fin, llegamos al hotel cansados, pero contentos, es más de medianoche.
Sevilla tiene un calor especial
Tomamos el Ouigo a Sevilla, pero no nos enteramos de nada, porque nos dormimos antes de la salida del convoy.
La estación de Santa Justa está bastante alejada del centro y el camino es anodino, hasta adentrarnos en el barrio de Santa Cruz y sus simpáticas y estrechas callejuelas.
Hace un calor insoportable, a pesar de que son solo las nueve y media de la mañana. La zona de la catedral y los Alcázares Reales ya está abarrotada de gente, sobre todo de enormes y molestos grupos. No podemos más y nos echamos sobre un banzo a la sombra para sestear. Nadie nos incomoda.
Ahora toca acercarse hasta la plaza de España, donde hay animosos cantaor@s improvisados. Nos gustó mucho más, cuando estuvimos en 2001, porque en esta visita el agua de los estanques y canales está inmóvil y tiene un color verde podrido. Aquí se hacen conciertos durante todo julio.
Atravesando por el parque de María Luisa, arribamos a la Torre del Oro, cuando el termómetro ya marca los 38 grados y el sol cae, como un cuchillo. ¡Resulta insufrible!.
Cruzando el puente de San Telmo llegamos a nuestro hotel.
Se trata del Futurotel y por nuestra cápsula vamos a pagar 25€, un gran precio. Hemos estado en muchos de este tipo en el extranjero y en Madrid o Bilbao y no llegaban a este nivel, porque la cabina es grande, está muy bien equipada, buen aire acondicionado y magníficas instalaciones complementarias, para poder hacer vida fuera del habitáculo.
Descansamos un par de horas y volvemos al centro, algo menos animado, que esta mañana. Paseamos por el entramado de las calles Sierpes, Tetuán y Cuna. Han desaparecido las tiendas y bares tradicionales habiendo sido reemplazados por franquicias nacionales e internacionales. Ni negocios de trajes de faralaes, de torero, de recuerdos típicos o tabernas de chopitos o gambas de Huelva.
Es una pena, porque las ciudades en occidente son todas iguales en el centro y han perdido su personalidad propia.
Nos acercamos a la plaza de la Encarnación, donde está el complejo de las famosas setas y el mirador, construido hace unos quince años. Nos encanta por su estructura y originalidad. Aunque no lo parezca, son de madera.
Triana está a solo trece minutos del hotel, pero el calor nos derrite, así, que para otro día.



