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domingo, 12 de julio de 2026

Serafín

           Estamos visitando la admirable Colegiata de San Pedro Apóstol de Lerma, cuando se nos acerca un hombre septuagenario, que aparenta muchos menos. Sin siquiera saludar, nos empieza a contar la historia del monumento, de la vida en la villa y de Zorrilla. Y nosotros mostramos interés, aunque solo sea, por el enorme perro, que lleva -no sabemos la raza-, llamado Boy, que tiene cara de muy pocos amigos.

          Nos damos cuenta, de que queriendo o no, vamos a tener una larga visita guiada y gratuita (al final, hora y media hasta el anochecer).    

          Serafín, peluquero de señoras, hoy jubilado, es locuaz, amable, aunque no escucha, cuando le hablas y tiene ciertos grados de impulsividad y agresividad. Nosotros, no dejamos de quitar el ojo de encima, por si acaso, a los movimientos de su can.

          Nos dice, que lo de la Colegiata es una vergüenza, que la están dejando caer y que la próxima vez, que vengamos, ya no estará en pie. Lo mismo señala sobre los árboles de los alrededores, casi centenarios. Los están dejando secar, siendo asfixiados por las enormes enredaderas, que los circundan.

          Nos enseña en el puente los peces del río y para que se muevan, les lanza escupitajos, pidiéndonos perdón por ello. 

          Ahora toca la historia del Molino, hoy convertido en albergue y gestionado por la alcaldesa del PSOE, que no le gusta nada.

          Desde aquí, se ve el Palacio Ducal. En la Edad Media para entretener al populacho, se hacían corridas de toros en la Plaza Mayor. No se mataba al animal, sino que se le dejaba, que escapara por una de las ventanas del edificio, cayendo desde lo alto más de un centenar de metros.

          Dice -y no le falta razón, teniendo en cuenta el contexto -, que eso no era una salvajada, porque no habiendo carnicerías, los animales quedaban despiezados, para su venta sin necesidad de trabajo humano, viniendo gente de todas partes.

          Varea un árbol, estando a punto de caer al río y todo, para agasajarnos con un kilo de pequeñas ciruelas rojas. Su perro se las come con tito y todo.

          Nos sorprende con la historia de su perra ya fallecida, Indie, a la que enseñó a atacar gritándole "Puigdemont". No se trata de un farol, porque Boy también lo hace, con tanta agresividad, que me embiste y me hace daño, casi tirándome al suelo. ¡Le pido que pare!.

          En el camino, contemplamos los restos de una paloma torcaz cazada. Pensó, que la había matado un hurón, para descubrir más tarde, que fue un gato asilvestrado. Se sirvió de la noche, cuando no pueden ver y volar y se quedan quietas -ellos ven siete veces en ambientes nocturnos, más que nosotros- y se pegó un buen festín.

          Aunque estos felinos cazan por instinto, sin ni siquiera tener hambre. Serafín asegura, que el gato asilvestrado es muy catastrófico para el medio ambiente y el ecologismo.

          Serafín debió pasar hambre de pequeño. Pescaba enormes barbos en el río y cazaba con carabina -se la habían traído de El Aaiun-, palomas para llenarse la tripa.

          Finalmente y en un descuido, ¡conseguimos escapar!.

La ciudad del duque

           Con un calor insoportable nos dirigimos a la estación de autobuses de Valladolid, en obras casi eternas. Empezaron hace varios meses y no parece, que vayan a terminar nunca y encima, para tratarse de un parche.

          En dos horas ¡mío ALSA por Burgos entrove! Pero no es este nuestro destino final, sino el no muy lejano pueblo de Lerma, adonde arribamos en cuarenta minutos en otro vehículo.

          La terminal está a poco más de medio kilómetro del casco histórico. Falta cuarto de hora, para que comience el fútbol y no hay nadie por la calle. Bélgica no parece un hueso muy difícil de roer -a pesar de Curtois-, pero nosotros no hemos visto un solo partido del Mundial. Últimamente, nos interesa más, lo que rodea a este deporte, que el propio juego. ¡Y total, para que lo robe o se lo regalen a Argentina (de acuerdo con el inolvidable Zico, para los que tenemos una edad)!.

          Al centro se accede por el Arco de la Cárcel, desde donde parte la larga y empinada Calle Mayor, que lleva hasta la plaza del mismo nombre. Existe controversia sobre su posición en el ranking nacional, siendo común leer, que es la segunda en general y la primera porticada, tras la de Medina del Campo. En ella se ubica el Palacio Ducal -hoy Parador Nacional -, otros edificios históricos y la gran mayoría de los bares.

          Hay otras, como la muy bella de Santa Clara con su Mirador de Los Arcos y otras calles de fuste, que albergan diversas iglesias, siendo la más espectacular, la Colegiata de San Pedro Apóstol, que ya no atiende al culto.

          Zorrilla es aquí toda una autoridad, a pesar de que ni nació ni murió en la villa. Recientemente, su casa ha sido adquirida por unos ingleses, cosa, que no ha gustado nada a la gente.

          Es famoso el doble pasadizo interior, que une el Ducal con San Pedro, por el que transitaban el duque de Lerma y las monjas, sin necesidad de pisar la calle. Solo se puede visitar de forma guiada -6 euros - en tours de hora y media organizados por la Oficina de Turismo. No son muchos al día, así, que andaros con ojo.

          Todo lo anterior está en la parte elevada. En la de abajo se encuentra el río Arlanza con poca agua y eso, que ha llovido mucho en los últimos días. Hace casi para ponerse el jersey, con una temperatura inferior en más de cinco grados a la de Valladolid. ¡Que a gustito!.

          A esta placentera zona se accede por unos exigentes y no muy cuidados escalones o dando la vuelta al pueblo y tomando un agradable paseo, hasta llegar al Molino (hoy albergue municipal).

          El entorno es muy relajado y vistoso para caminar un par de horas. Además las vistas del pueblo son excelentes, más todavía de noche.

          El hotel más barato cuesta 77€ y el Parador, en torno a 100. ¡Así, que toca otra noche al raso y para eso, los pantalones cortos no van a ser buenos aliados!.

Fin de semana en Lerma (Burgos)





 

Trifásicos en La Cisterniga


 

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