Jarrea con estruendo y poderosos rayos, mientras nos protegemos debajo de un toldo de una terraza de la plaza principal de Alcudia. De ellos escurre el agua, como si fuera de una violenta catarata. Los regueros por las calles van llevándose todo lo que encuentran a su paso.
Ayer tarde, estábamos durmiendo la siesta en el hotel de El Arenal, cuando el teléfono empezó a chiflar como loco y nos asustó. Era una alerta de la DANA. Nosotros pensábamos, que esto se hacía través de SMS convencional, pero es mucho más bestia y está mejor así.
Aprovechamos el tiempo -ademas de para contemplar el soberbio espectáculo -, para planificar el resto del día. Descubrimos, que el autobús desde Pollenza, a Sóller, solo funciona entre mayo y septiembre, por lo que debemos descartar definitivamente este destino.
Tomaremos un TIB al puerto de Pollenza, si es que deja de llover y desde ahí, recorreremos andando los cinco kilómetros, que lo separan del pueblo.
Hora y media después para el temporal, pero va a ser solo una tregua, porque la DANA tiene ganas de más.
Los buses a nuestro destino son muy frecuentes. Sale el sol con timidez. El Puerto de Pollenza no tiene nada de especial y la cercana playa, tampoco.
Nos dirigimos hacia el pueblo. El camino no resulta complejo, porque alterna carriles bicis y peatonales con senderos paralelos a la carretera, que se hallan repletos de enormes charcos.
Los atractivos de Pollenza están dispersos y los abordamos casi ya, con el crepúsculo.
Por un lado está el modesto puente romano y una senda contigua. Por otro, el Calvario, situado en un elevado cerro y al que se asciende a través de un porron de escaleras o siguiendo las curvas de la carretera (optamos por esto último, tanto para ascender, como para descender).
Y, finalmente, se llega al bonito casco histórico, en torno a su Plaza Mayor y salpicado de calles con encanto y casi siempre, silenciosas.
De todas formas, nos ha gustado más Alcudia, aunque sea excesivamente turístico y agobiante.
Hablar español en Mallorca es una rareza. Te defiendes mejor en inglés o alemán. ¡Bueno, exagero solo un poquito!.
A nuestro entender, dado que somos muy observadores y eso palia la falta de tiempo en los sitios, podemos dividir la isla en tres zonas: el turismo golfo en el sur y El Arenal, capitalizado por los alemanes. En el norte, un perfil más familiar, en torno a su prole, que demanda más tranquilidad.
Y, en Palma, un poquito de todo, como debe ser, destacando los visitantes anglófonos.