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miércoles, 28 de octubre de 2026

De Extremadura a Mallorca, de un tiron

           Desde mayo del año pasado y tras las terribles medidas restrictivas, en Barajas se han relajado mucho las cosas, aunque la situación sigue siendo de incomodidad, dado que más, que de pasajero, sigues teniendo la sensación de ser un delincuente de los más buscados.

          A la puerta sigue habiendo seguratas, que hacen la vista gorda, mientras cansinamente, contemplan -que no miran- el móvil.

          En el interior han desaparecido esos sabuesos hijos de puta, que te humillaban a la mínima, aunque portaras tu tarjeta de embarque. Hasta han vuelto a dejar, que la gente se tumbe en el suelo, mientras cada día, eliminan más sillas de las zonas de espera. Como pasajero, estás obligado a estar de pie y no te quejes, porque si no y probablemente, te pongan hacia la pared y a sujetar una pila de libros en cada mano.

          No logro dormirme en la Terminal 1, pero sí en el avión de Ryanair -practicamente vacio-, que nos deposita en hora en Mallorca, con todo el día por delante y con el cielo nubladîsimo. ¡La DANA, que nos espera, según las fatídicas previsiones meteorológicas!.

          No habíamos estado nunca antes, pero nos encanta el aeropuerto de Palma por moderno, ágil y funcional. Lo mismito, que en Barajas.

          No estamos dispuestos a pagar los cinco euros, que vale el bus exprés al centro de la ciudad, por lo que decidimos ir andando hasta Can Pastilla -unos cuatro kilómetros - y luego, ya veremos. ¡Estamos cansados y evidentemente, eso juega en nuestra contra!.

          La cosa empieza mal, porque nos enfrentamos a una complicada, agresiva y peligrosa rotonda de salidas y entradas múltiples. Pero el panorama va mejorando por carreteras comarcales poco transitadas, carriles bicis y peatonales y por el paseo marítimo de El Arenal -Big Germany-, donde sin darnos cuenta hemos llegado.

          No era nuestro objetivo inicial, pero lo cierto es, que aquí se encuentran los alojamientos más económicos de Mallorca y nosotros estamos muy bajos de energías.

Plasencia y Mérida

           Son las cinco de la tarde y con más de media hora de retraso, partimos hacia Plasencia. Por el camino no perdemos el tiempo y vamos organizando a marchas forzadas el viaje de Mallorca.

          Aún llegamos de día para visitar esta recogida y fantástica ciudad, que gira en torno a su Plaza Mayor y al famoso Abuelo Mayorga. Es viernes y hay bastante animación en las calles. 

          No dormiremos en ningún alojamiento de aquí, porque lo más barato supera los 75€ y no nos da la gana pagarlos y hacer ricos a los más ricos. Sobre las tres de la madrugada, tomaremos un bus a Mérida, para dormir unas tres horitas y tras la visita de esta ciudad, roncaremos otro tramo hasta Cáceres, donde por la tarde y tras otro paseo medieval, nos dirigiremos en tren a Madrid, para empezar nuestro periplo balear.

          Amanece en Mérida, después de echar una buena cabezada, también en la estación. Está vez -a diferencia de 2010-, no nos van a estafar con el alto coste del teatro romano y de otras atracciones.

          Lo fácil es y en todo el mundo, ya lo han entendido, que duplicar o triplicar el precio de los puntos de interés turísticos,  da sus pingües réditos económicos. La gente es gilipollas y paga igual, porque un día es un día. Hoy piden diez, mañana treinta y  pasado cincuenta y lo abonan sin inmutarse.

          Pero en Mérida hay cosas gratis, como el templo de Diana, el exterior de la majestuosa Alcazaba , el acueducto de los Milagros y el de San Lázaro, el arco de Trajano, el Portico del Foro Municipal y sobre todo, nos encanta el Puente Romano y el magnífico entorno del impresionante Guadiana.

          Retornamos a Cáceres y visitamos las cosas pendientes, cansados de las destructoras e impías hordas turísticas. ¡Esto, sí es una invasión y no lo de Ceuta!.

          El abarrotado tren para Madrid sale puntual y nos deja en Atocha Cercanías, para el inicio de nuestra siguiente aventura.

martes, 27 de octubre de 2026

Hervás y su influencia judia

           Recuerdo, en 1995, cuando trabajaba como locutor en la programación nacional de Onda Cero, que una de las personas primeras, que entrevisté, fue el alcalde de Hervás de la época.

          Quedé tan fascinado por sus respuestas, que me prometí cumplir con esta visita, pero por causas diversas, no ha sido posible hasta hoy, más de treinta años después.

          Espero, que sea capaz de cumplir mis próximos objetivos con más diligencia y premura.

          El logro hoy es visitar esta localidad y por la tarde marchar para Plasencia. En ambos casos, el ALSA y el abono único serán nuestro preciado instrumento (aunque la frecuencia resulta muy limitada).

          Hervás resulta una auténtica maravilla, en el entorno natural del río Ambroz. Destacan su plaza principal, sus calles peatonales y el impresionante barrio judío, uno de los mejores conservados de Europa y con sus casas de paredes de tejas contrapuestas, para que no se filtre el agua y la humedad.

          Conserva varias iglesias -una de ellas, también castillo- y presume del apacible y relajado puente romano de La Fuente Chiquita.

          En Hervás, va a ser, donde vamos a encontrarnos con la gastronomía más auténtica y genuina de Extremadura.

          Su tradición culinario combina las recetas de la dehesa y la montaña, con las de origen judío sefardí, teniendo gran protagonismo las cerezas, además de las castañas y las setas.

          No os perdáis la cazuela -guiso de patatas, pan y bacalao-, las patatas escabechadas, la caldereta de cabrito o cordero y las migas extremeñas.

          Pero nuestros favoritos son el espectacular zorongollo -pimientos rojos asados, tomates, cebolla y huevo duro-, la morcilla patatera -de origen judio- y un postre, al que han llamado Gamusinos.        

Reencuentro con Cáceres, muchos años después

           Partimos para Cáceres en autobús diurno. El viaje se hace largo, debido a las múltiples paradas y descansos y a la escasa educación de unos cuantos pasajeros, que aún no han descubierto el mundo auriculares.

          La estación se halla alejadísima del centro. De camino, encontramos un hostal adecuado, que ya habíamos visto en Booking, pero decidimos reservarlo directamente, dado que la plataforma con sede en Amsterdam, cada día nos da más asco.

          Hace un calor y un bochorno brutales, a pesar de estar a mediados de octubre. Recorremos de pe a pa el maravilloso casco histórico y solo nos incomodan las numerosas escaleras y sobre todo, que haya tantas calles abiertas al tráfico rodado. Deberían cuidar más una joya como esta. Son casi las nueve y media de la noche y aún siguen las peroratas de los guías a algunos grupos organizados. ¡Esto es la nueva esclavitud consentida en el actual y lamentable mundo del turismo.

          Hemos tenido suerte, porque hoy se celebran un par de conciertos gratuitos de grupos tributo de nuestro gusto, pero estamos demasiado cansados para dar botes y total, ¡para un día que tenemos hotel...!

          Nos recogemos y hacemos planes para mañana. Pretendíamos visitar la inigualable Hervás, pero nos damos cuenta y no estaba previsto, que también, podemos volver a Plasencia, donde ya estuvimos hace casi dos décadas.

          De dormir allí, nada de nada, porque los precios son infinitos. Utilizaremos nuestro abono único para viajar a Mérida por la noche, visitarla de nuevo -sin el timo del teatro romano- y volver a Cáceres por la mañana y así ir alternando dulces sueños y visitas.

          ¡Tal vez, estamos demasiado mayores para este tejemaneje y más, teniendo una economía y situación patrimonial excelente, pero somos así y aún dista mucho, quien nos quiera convencer de lo contrario.

lunes, 26 de octubre de 2026

Extremadura y Mallorca en el mismo lote

           Han pasado solo tres días desde nuestro viaje a Friuli Venecia Julia y tras diversas gestiones necesarias, ya estamos otra vez, "on the road".

          Se trata de un viaje extraño. Una de esas creaciones inverosímiles, que me caracterizan , no por ser un tipo genial y creativo, sino porque no hay otro remedio, al tener buena parte del mundo -ahora de España- muy trillado.

          Nos vamos a Extremadura, con nuestro bono único. Queremos volver a Cáceres, después de dieciséis años y visitar la icónica localidad de Hervás, uno de los pueblos más bonitos de España y con un barrio judío de quitar -y poner- el hipo. Además, lo que salga a mayores..

          El sábado tomaremos un Media Distancia a Madrid y en la madrugada siguiente, un avión de Ryanair hacia Mallorca, donde estaremos tres días. No visitamos la isla desde hace veintitrés años, por lo que algo habrá cambiado y nos tememos, que no siempre para bien.

          Nos amenaza la severa inquietud de una potente DANA, que va a afectar de lleno a Valencia y Alicante, pero también, a las islas Baleares.

          Mallorca es siempre un recurso, si no reservas con mucha antelación, porque la competencia aérea es tan feroz, que casi siempre encuentras plazas a buen precio. Otra cosa son los alojamientos...

          Nuestros planes son flexibles. Además de Palma, queremos hacer un circuito semi circular por Alcudia, Pollenza -y sus puertos respectivos-, Sóller y Valdemosa. 

          Lo más barato para dormir en la isla se ubica en El Arenal, aunque nosotros y en un principio, no tenemos previsto visitar esta zona al sur, que podría ser denominada como, "Big Germany".

De la dulzura del tiramisú, a la agresividad de algunos conductores de ALSA

           Salimos del campo de concentración de Trieste conmocionados. Toca retornar en el autobús local y subirnos en un convoy hacia Treviso. Hoy sí, podemos visitar la ciudad de día y con buen tiempo. 

          Pero, como siempre nos tocan todas las celebraciones -afortunadamente-, hoy nos dejamos encandilar por la Feria del Tiramisú -originario de aquí-, de sus distintas variedades y como siempre -somos expertos- de puro gañote.

          Mientras anochece y con la dulce panza llena, tiramos hacia el aeropuerto, donde haremos noche en un ambiente bastante confortable. Y eso, a pesar de la policía del aeropuerto. Por la noche cierran la terminal. Nosotros estábamos dentro y pensábamos que nos iban a echar en cualquier momento. Los demás pasajeros estaban tan tranquilos. Como no ocurría nada fuera de lo normal, nos echamos a dormir. 

          Al poco rato vienen dos policías a pedirnos las tarjetas de embarque, vale, es lo justo. Pero, también nos solicitan el pasaporte o documento similar. Entregamos nuestros DNI. Ahora, si estamos intranquilos porque tardan mucho en devolverlos. Al final todo vuelve a su ser y podemos descansar hasta la hora del vuelo.

          Pasamos los controles de seguridad y embarque y tomamos el avión hacia Santander.

          Aterrizamos en hora y aún tenemos tiempo para tumbarnos un buen rato en la playa, antes de subir al ALSA de retorno a Valladolid.

          Y ahí, va a venir la parte más desagradable del viaje. El 90% de los conductores de esta compañía son agradables y resolutivos, pero existe un porcentaje de gente peligrosa, quemada, amargada y represora con los viajeros, que la mayoría de las veces, no dicen ni mu.

          La compañía debería controlar la salud mental de estos conductores, por su bien psicolaboral y psicosocial y por el de los pasajeros, dado que nos exponen a riesgos innecesarios.

          En esta ocasión nos enfrentamos a un chulo y desagradable tipejo, que se ha fijado en mi, como objetivo, tal vez, porque tengo un problema visual congénito, que hasta la polarización de la sociedad, todo el mundo veía y entendía.

          Aparte de la vigilancia  hacia mi persona en todas las paradas iniciales, sufro acusación de embriaguez y drogadicción.

          Todos los hechos están en conocimiento de ALSA y han prometido, que me darán respuestas, aunque supongo y como siempre, dejarán, que se pudran las cosas. Dos semanas después, una promesa y ninguna respuesta.

          Viajamos tantísimo, que evidentemente, nos tocan todo tipo de personas, pero en casi sesenta años, nunca vimos tan mala hostia por todas partes.

Risiera di San Sabba

           Abandonada ya la idea el día anterior de ir a Aquilea o Grado, decidimos, que por razones logísticas, tampoco iremos a Palmanova. Centraremos nuestros esfuerzos en el único campo de concentración, que hubo en Italia, el de Risiera di San Sabba y no nos vamos a arrepentir.

          Tomamos un autobús local. El cielo está nubladisimo y eso hace que el ambiente del lugar sea aún más tétrico. Nos bajamos a la altura del estadio y desde ahí, son cinco minutos andando. La entrada es gratuita (solo cuesta la audioguía). No hay nadie.

          Los edificios de este complejo fueron construidos originariamente, como una fábrica de descascarillado  de arroz. Y así funcionó durante décadas, hasta que el ejército italiano, durante la segunda Gran Guerra, lo convirtió en almacén logístico.

          En el 1943 fue tomado por los alemanes, que lo convirtieron en un campo de concentración con tres fines muy definidos: aniquilación en la cámara de gas de partisanos antifascistas, eslovenos y croatas; centro de tránsito hacia los campos de exterminio de Centroeuropa y lugar de saqueo de los bienes de todas las víctimas anteriores.

          Apenas funcionó, durante un año, pero fueron entre tres mil y cinco mil las personas, que murieron aquí de diversas formas. La más común, su cámara de gas, que fue destruida a toda prisa por los alemanes en su huida.

          La experiencia nos resulta mucho más impactante de lo esperado y eso, que lugares, como este, hemos visto unos cuantos en nuestras vidas.

          Ya a la entrada, se contempla una serie de documentación con inscripciones y cartas de los prisioneros, que impactan bastante, además de placas conmemorativas.

          El museo tampoco te deja frío, con restos de pertenencias de los encarcelados, que estaban hacinados en tres plantas verticales (hoy reconvertidas en una sola). A esta zona se le llama la Celda de las Cruces y a otra contigua, la de la Muerte.

          De la cámara de gas solo quedan unos restos, en los que nunca faltan flores frescas y velas.

          Si venís a Trieste, no debéis perderos está emotiva experiencia.

domingo, 25 de octubre de 2026

Barcolana a la nepalí

           Si Udine o Gorizia son ciudades sosísimas en cuanto a su ambiente lúdico y festivo, con Trieste ocurre todo lo contrario. Existe más animación en sus muelles y el Canal Grande, que en todo el resto de Friuli Venecia Julia junto. A una parte importante de esta contribuyen en gran medida la gran cantidad de universitarios -italianos y de Erasmus- que llenan sus calles.

          Pero es, que además, es sábado y se está celebrando la festividad de la Barcolana, famosa en todo el planeta: la carrera de barcos de vela más grande del mundo, que va a tener lugar este domingo por la mañana.

          Se trata de la 58 edición -tiene ya solera- y se desarrolla siempre, durante la segunda semana de octubre, aunque en realidad, los eventos duran casi quince días. Los lugares centrales son la Plaza de la Unitá de Italia y los muelles, aunque la fiesta se extiende a lo largo de todos los rincones de la ciudad.

          Al estilo azurro, los festejos son muy variados y algo caóticos. Cada uno aporta su granito de arena o coloca su propio negocio, esperando obtener beneficios. Hay actos culturales, ferias gastronómicas, conciertos, talleres ...y mucha mucha música.

          Los lugares más privilegiados para contemplar el evento son las colinas de Corso y el faro de la Victoria.

          Nos inmiscuimos en el ambiente festivo, durante toda la tarde y sobre las diez de la noche, nos acoplamos en la estación de trenes, esperando, como días atrás en Treviso, que abra las veinticuatro horas y podamos pasar la noche con calma. Pero a las doce y media nos ponen a todos de patitas en la calle.

          Sin darnos cuenta, se nos ha acoplado, como una lapa, una joven nepalí , que ni habla buen inglés, ni tiene demasiado interés en ser locuaz. A través del traductor conseguimos saber su nacionalidad, que se llama Sana, que ha quedado la mañana siguiente con su hermano y que tiene la intención de convertirse en nuestra sombra está noche.

          Y desde luego, va en serio, porque no se separa de nosotros ni medio metro, a cada paso que damos. Da igual, incluso, cuando nos sumergimos en la gigantesca rave, que ocupa a estas horas el centro de la ciudad. ¡Una pasada: más de diez DJ'S casi juntos en vivo y en directo y miles de personas enloquecidas!.

          Sobre las tres, volvemos a la estación y junto a nuestra nueva y callada amiga, nos ponemos a dormir en los bancos de la plaza de enfrente.

          Cuando la terminal abre, sobre las cinco, la chica desaparece entre la multitud y no volveremos a saber nada de ella.

Super Ribadavia








 

sábado, 24 de octubre de 2026