Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

lunes, 4 de marzo de 2019

Sumidos en el caos de las tarjetas SIM de Simyo, de Bankia y las compañías aereas

                                          Todas las fotos de este post son, de Taipei (Taiwán)

          Llevamos buscando vuelo de vuelta a casa, desde hace un par de semanas, cuando aún vagabamos, alegremente por Indonesia. Ya hace de un mes, que habíamos decidido volver antes de Navidades, porque el viaje, tal como estaba planteado, no da más de sí. Pero es, que además, nuestra querida sobrina de 9 años, no para de mandar mensajes al móvil, tocándonos por favor, que no faltemos a la cena de Nochebuena y los niños de esas edades, como sabéis, son realmente persuasivos.

          Decidimos venir, a Taiwan, porque ya habíamos comprobado, que volar a casa, nos salía -incluso-, por unos pocos euros menos, que desde Bangkok, algo que nos resulta extraño. Desde primeros de diciembre, la situación era la que sigue: a partir del 19 de este mes y hasta el 28, los vuelos Taipei-Madrid -ya habíamos intentado hacerlo vía París o Amsterdam, con vuelo directos de la compañía EVA, que no eran caros, pero si el enlace europeo- no bajaban de los 600 euros por persona.

          Decidimos, que no abonaríamos esos importes, así que la opción más ventajosa, que nos quedaba, pasaba por volar el día 18, en cualquier caso, con muy dilatadas escalas. Acabamos optando por la combinación, de China Airlines e Iberia, con un tránsito de dieciséis horas en el aeropuerto, de Shanghái. Los 410 euros por cabeza no nos parecen baratos y más, teniendo en cuenta, que pasar más días aquí, incrementaría notablemente los gastos y ya nada tenemos, que hacer, en Taiwán.

          Hasta ahí, todo bien, pero la pesadilla y el calvario, estaban a punto de empezar. Solo un milagro, de esos, que siempre nos ocurren a nosotros por esos mundos de Dios, podía salvarnos.

          Problema 1 y principal: las malditas tarjetas de los teléfonos. Si, otra vez. Simyo promete tener cobertura en muchos países, que no la tiene (que sepamos, en Australia, Singapur y China y en Taiwán, no hay redes 2G, que es a lo que quedó reducida mi tarjeta -no la de mi pareja- en este viaje y por razones desconocidas.

          Con mi tarjeta SIM fuera de juego, perdemos las posibilidades de reservar vuelo, como lo habíamos hecho a lo largo de todo el viaje, puesto que claves de Bankinter, solo tengo yo -dado que su tarjeta es asociada- y solo está puesto mi móvil para confirmar pagos por SMS.

          La SIM de mi esposa, si que sigue soportando 3G, pero anuncia otra dificultad gorda: al entrar al país, funcionaba, pero ahora parece, que no esta operativa.

          Problema 2: Bankia. Nuestra gestora de cuentas, nos había dicho, que a través de la aplicación del banco, se podía cambiar el número de teléfono, al que se envían los mensajes para confirmar las compras, pero no es verdad, porque el sistema no te reconoce la modificación, si el banco no tiene constancia de ese nuevo número. La maldita y cacareada seguridad, nos está haciendo la vida imposible por el mundo. Aunque, ya hemos aprendido y para la próxima, añadiremos a nuestro equipaje una tarjeta telefónica de una compañía de las grandes, que tenga cobertura en todas partes.

          Problema 3: El wifi. El del alojamiento va de pena y el de la estación -que no es el oficial, ya que no nos da conexión, a pesar de haber obtenido la clave en turismo- que nos lleva dando soporte, durante estos días, hoy, que lo necesitamos con angustia, ni siquiera aparece en las redes disponibles.

          Problema 4: Aunque este es de futuro: China y su maquinaria de papeleo inagotable. Evidentemente, no disponemos de visado para el ingreso en el gigante asiático, aunque es posible -segun hemos leído-, llevando un billete para un tercer país -nuestro caso-, entrar durante 144 horas en algunas ciudades, como Shanghái. La cosa parece sencilla, pero la burocracia china -al igual, que la rusa-, nos aturden. Y efectivamente y viendo el resultado, no íbamos desencaminados.

No hay comentarios: