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sábado, 26 de mayo de 2012

A tiros por la calle, como si tal cosa


                                                                    Bamako
              Podíamos haber llegado a Bamako, malquiera de los 365 días del año, pero lo fuimos a hacer –para refrendar nuestra forma de coincidir con todas las celebraciones y fiestas-, el día de los Mártires. Todo está cerrado. No sólo las tiendas o los puestos callejeros, sino también servicios tan esenciales, como el transporte, las gasolineras o las farmacias. Nunca habíamos visto semejante escena en el tercer mundo: gente renunciando a un día de trabajo e ingresos, a cambio de ocio ninguno, porque sencillamente o no lo hay o no se lo pueden permitir.

            La opción más festiva del día es, contemplar como los militares pasan a toda leche, en moto, coche o vehículos específicos, pegando tiros al aire, con sus armas reglamentarias, mientras son vitoreados por los lugareños. Se nos encoge el corazón, al ver como un alocado militar, carga aceleradamente, su arma de repetición, a dos metros de nosotros, apuntando para todas partes, como si fuera Rambo.

            Por lo demás, Bamako es una ciudad agradable y muy africana, que nos libera del polvo de los días anteriores. El centro está muy agrupado, con unos cuantos atractivos históricos y mercados, que se entrelazan entre si. Abundan las motos y las bicis, más que en los países anteriores. El calor es severo, a pesar de ese sol, que nunca termina de mostrarse del todo, debido a la neblina.
Bamako
            De momento, Mali está superando lo esperado, sobre todo en materia alimenticia. Además de tortillas francesas y arroces con salsa, hemos comido carne y pescado, a precios muy razonables. La primera, más barata que en Senegal, aunque los precios de casi todo, son idénticos, en ambos países.

En esta ciudad –que no es ciudad, al abandonar el centro-, se encuentra la sede del Banco Central de África Occidental. Es el único edificio alto de Bamako, junto a un mastodóntico hotel. Pero mientras el segundo, está bien acondicionado, los accesos del primero son penosos, con basura a montones, llena de moscas, murallas de chapa, puestezujos y un par de distraídos vigilantes –con uniforme de seguridad, tipo africano-, oteando el panorama.
                                                                          Bamako
A lo largo del día, no hemos visto, ni un solo blanco. Despedimos la jornada contemplando, como niños y niñas, juegan botando sobre aros neumáticos, con canicas o con cualquier cosa, que encuentren en la calle. Los pedigüeños y los pelmas, son menos, que en el vecino Senegal, pero aún debemos de corroborar hechos y sensaciones, a lo largo del resto del país. Si no hay contratiempos, mañana partimos para Mopti. Queríamos habernos largado hoy, pero todo el transporte público, está paralizado.