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martes, 15 de mayo de 2012

Sorprendente, pacífica y aburrida, Mauritania

           Tras diversas indagaciones matutinas y con dolor, decidimos cancelar la visita a Chinguetti. Es complejo: tendríamos que tomar el Tren del Acero, hasta Choun, llegando por la noche, sin saber si hay alojamientos. De ahí, transporte a Matar y nuevo cambio a Chinguetti, donde tampoco, sabemos si hay hoteles (es un lugar pequeño).
                                                                          Nouadhibou
Las circunstancias propician, que nos veqmos avocados a pasar un día más en Nouadhibou, pero más que para aburrirnos, nos sirve para exprimir las esencias de la ciudad, descubriendo un concentrado mercado, donde de lo que venden, no querría ni el 70% de las cosas, regaladas. Poco ambiente y puestos muy juntos, aunque bien estructurado.

Junto a tanta cacharrería, sólo un puesto de pescado y tres de carne. Más concurridas se hallan las incipientes galerías comerciales, donde venden teléfonos móviles, portándolos de la mano, en el exterior de las tiendas. Además, nos topamos con diversas zonas gremiales, en las que almacenan productos perecederos o venden centenares de maletas y bolsos. Algún día, es seguro, que llegaran los compradores. Pero, no se intuye próximo

            A la jornada siguiente, nos encaminamos a Nouakchott, en un moderno microbús de 16 plazas, donde viaja un empresario alicantino, relacionado con el pescado, que negocia a voces, lenguados rubios y tigres. España tiene bastante presencia empresarial en Mauritania, también a través de la construcción.
Nouakchott
 Nouakchott es una ciudad sin estructura –en este sentido, la peor capital de África- donde el sky line, lo debe constituir un edificio de tres plantas, de la mayoría, que aún siguen en paralizada construcción. El deporte nacional en este país, es amontonar piedrecitas y arena, y cargar conchas de la playa, en camiones, con fines desconocidos, aunque suponemos, relacionados con la construcción.

Tal vez, Mauritania sea el país más aburrido del mundo, aunque sus habitantes, parecen felices, sin ocio alguno conocido. No hay terrazas donde tomar té, ni pantallas gigantes donde contemplar el fútbol. Apenas, unos cuantos vendedores callejeros de café touba –una variedad poco cargada de café sólo, algo especiada y muy agitada-.

Para los escasos guiris que pululamos por el país –la mayoría franceses-, la vida es tan expectante, como tediosa: sin cerveza o alcohol, con comida repetitiva, con albergues caros y nefastos, con camas sin somier, sin apenas variedad de frutas, verduras o dulces, sin especialidades culinarias locales, sin ni siquiera la posibilidad de fumar algo, para el que lo quiera (no es nuestro caso)…
                                           Nouakchott
Senegal nos espera. Aunque, para que todo salga bien, deberemos cruzar la afamada y nefasta frontera de Rosso y esperar, que los conflictos, que se han iniciado en el país vecino con motivo de las elecciones, no vayan a más.

Mauritania ha sido una novedosa experiencia, pero con una vez, ¡BASTA!.