Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

sábado, 17 de enero de 2026

El actual declive de Lonely Planet, ya comenzó con el delictivo foro de Geoplaneta (parte I)

 


         A lo largo de esta basta serie de posts de nuestro último viaje, habíamos hablado muy de soslayo de la Lonely Planet de China de 2025. Ha llegado el momento de hacerle un poco más de caso a este asunto, para darse cuenta, de la deriva imparable y sin vuelta atrás de la editorial australiana, que en su dia -ya lejano- fue referente o la Biblia de los viajeros independientes, que a mí, la palabra mochileros, no me gusta nada.

 


        Sin apenas mirarla -si lo hubiéramos hecho, habríamos tirado de una edición muy anterior -, realizamos el préstamo en la biblioteca más importante de Valladolid de la Lonely Planet de China, edición de 2025.

          Ya habíamos leído por ahí, que desde hace tiempo, la editorial hacia textos mucho más elitistas, olvidándose de los trotamundos de presupuestos más ajustados.

 


        Esa opinión resulta bastante benigna, para lo que es la cruda realidad: la Lonely Planet de China 2025 resulta una total y absoluta basura y lo mismo te cobran por ella, 40€ (no pone el precio en la contraportada como antes). No es, que la hayan hecho para viajeros ricos, sino que ya no es útil para nadie, porque la poca información, que tiene, se puede encontrar sin esfuerzo en internet en cinco minutos.

          Ha desaparecido de golpe toda la información práctica, sin saber los motivos, porque no lo explican y los precios de todo, incluidos los hoteles -supuestamente económicos- ya no aparecen.

 


        A mí me da, que las razones son puramente de presupuesto. O no pueden o no quieren pagar a los antiguos -o nuevos- colaboradores. Es, que ni siquiera aparecen ya, en la mayoría de los casos, las estaciones de transporte y los planos son horribles o inexistentes.

          De verdad, que mejor buscaros otros recursos, porque el otro día vimos una guía de Mallorca y es igual.

 


        Con la reciente, inesperada -al menos para nosotros- y triste muerte de Jorge Sánchez, al que conocimos en su día a través de nuestra antigua web -destituida por Google, en 2023- y del foro de Lonely Planet, recordamos, que el declive de la editorial ya viene de aquellos tiempos de la primera década de este siglo, en la que los editores crearon aquella lamentable herramienta de debate e intercambio de experiencias.

          De aquello y no con muy buenos recuerdos, hablaremos en la segunda parte de este post.




viernes, 16 de enero de 2026

Indice de satisfacción de un viaje

   


       Será una gilipollez mundial, una especie de alivio de los primeros días de un viaje -siempre con la caraja a cuestas, en los inicios-o un triste pasatiempos de un periplo, que empezó regular (como todos, normalmente, que tampoco debemos lamentarnos).

          Tal vez, fue un consuelo, un alivio, para darme cuenta, que este viaje estaba mereciendo la pena, que no es poco y sobre todo, cuando te has largado tan lejos, cuando hace mucho frío y cuando no sabes, si tomaste una decisión adecuada.

          A partir de aquí, el que odie la metafísica, que no siga leyendo, porque para él -ella- va a ser una verdadera perdida de tiempo.


          Hablemos hoy de un baremo, llamado "índice de satisfacción de un viaje" o traducido en vulgares siglas ISV. No se trata de nada complicado, aunque la valoración de los datos no es para nada científica y está llena de interpretación personal.

          En realidad se trata -a modo de consuelo o de paliar el afligimiento-, de saber, el momento, en que un viaje, ya te ha merecido la pena. Y para ello, como matemático de la escuela más cutre del mundo, voy a hacer una clasificación del cero al cien, entendiendo, que llegados a la mitad, el periplo ya ha merecido la pena, estamos satisfechos y nos hemos quitado todos los fantasmas de encima (que alguien dirá, que si no nos los hubiéramos puesto, habríamos acabado antes).

          Pues eso, del cero al cien y según mis caprichosas -absurdas, tal vez-, cuentas:

          -. Preparativos del viaje: en mi juventud, con la magia de las guías, con la escasa experiencia, con la ilusión y otras cuantas cosas más, le habría dado a este apartado treinta de los cien puntos. Hoy en día, no le adjudicó más de cinco, porque resulta muy fácil ir solventando los problemas de camino, sin haber hecho nada antes y además, ya no me hace ilusión, como entonces.


          -. Precio del vuelo, escalas, compañía aérea, aeropuertos de tránsito... A esto si le daría una importancia vital, porque supone el inicio y final del viaje y eso afecta mucho a los estados de ánimo. Le damos quince puntos y llegado el caso, ya sumamos veinte posibles, como máximo.

         -. A la compañía personal o no -dependiendo de lo deseado por cada uno-, le otorgaría de cero a diez puntos.

 


        -.A las facilidades y/o complicaciones del transporte local en destino otros tantos y a las cualidades del alojamiento los mismos y ya estaríamos en la mitad posible.

          -.El nivel de estrés sumaria otros diez, siendo más puntuable el tener poco.

         -. A la capacidad de reacción ante las adversidades, le endosaría  otros cinco y el resto -que daría una tercera parte-, lo iría dividiendo entre  el numeros de los distintos destinos, uno a uno. ¿Difícil de explicar y solución inútil?. Es bastante probable.

          Pues digamos, que en nuestro caso quedando treinta y cinco puntos y siete destinos, cada uno valdría cinco -como máximo - y si fueran el doble, la mitad. ¡Un auténtico lío!, aunque -sea el único -, yo me entiendo.

 


        Y aunque no sirva para nada, hagamos la valoración final de nuestro reciente viaje: 2+10+9+7+10+8+4+25. En definitiva, el indice total de satisfaccion del viaje a China, es 75 sobre 100. Un 75% de satisfacción de un periplo no es ninguna tontería.

          ¡Quien lo quiera entender, que lo entienda y se asume que podáis dejar de leernos sin ningún remordimiento, por haber maquinado semejante estupidez!.

¡Somos unos perfectos irresponsables!

 


         Corría la tarde del 27 de diciembre, era ya hora del crepúsculo y nos disponíamos a transitar por nuestra última noche en el agradable hotel de Shanghai, unas treinta horas antes de volar, a París y después, a Madrid.

          Después de ducharnos, como casi cada tarde, pusimos un rato la Cadena Ser por internet -no está censurada, aunque es del mismo grupo, que EL PAÍS -, para conocer las últimas noticias patrias y quedamos absolutamente conmovidos y horrorizados.

           De una familia de siete miembros, cinco habían realizado un viaje a Indonesia y tres han desaparecido en un accidente de una embarcación pequeña entre Flores -donde estuvimos hace no mucho - y la isla de los dragones de Komodo.

 


        La verdad, que estás cosas impresionan y más, cuando estás tan lejos, como nosotros y en los últimos días de viaje, fechas, que a nosotros nos dan siempre tanto miedo, porque ya no tienes nada que ganar y si mucho, que perder.

          Entre las informaciones obtenidas -escasas por entonces - y nuestras propias suposiciones, comenzamos a atar cabos y elaborar una teoría.

          Sabíamos, que el barco se había partido por la mitad, salvándose la madre y una hija y quedando desaparecidos abajo otros dos hijos y el padre.

          Y no tardamos mucho más en sentenciar, que se trataba de un golpe de mala suerte, de un accidente, de una tripulación negligente -hoy en día están imputados- y no de una irresponsabilidad o descuido por parte de los pasajeros.

 


        Hemos hecho tres viajes a Indonesia entre 2008 y 2024 y conocemos muchas de sus islas y el lamentable estado de la mayoría de los ferris e incluso, de las embarcaciones privadas.

          Dedujimos, que se trataba de una familia con dinero. Cinco viajes a tan lejano país no los puede pagar cualquiera y además, la excursión a la isla de los dragones y/o a otros lugares de la zona salen carísimas.


          Más adelante sabríamos, que nuestras deducciones eran acertadas, porque el padre había sido un futbolista notable y ahora era entrenador de un filial femenino del Valencia.

          Es decir: lo habían hecho casi todo bien, invirtiendo  el dinero y los medios suficientes y habían sufrido un castigo terrible e insuperable para los supervivientes (padre y los dos hijos perdieron la vida, como se suponía iba a ocurrir, desde que saltó la nefasta noticia).

          Y entonces, entramos en pánico, pensando en todas las cosas, que nosotros hacemos mal, en los casi cuarenta años, que llevamos rulando por el mundo y la suerte, que hemos tenido, al no sufrir apenas, ningún incidente serio.

          Vamos con ellas:

          -. Viajar casi siempre sin seguro, por dejadez, más que por evitar el gasto. Tuvimos una época, en la que íbamos cubiertos por el de una VISA oro gratuito, pero hace más de una década, que lo suprimieron y todavía no hemos reaccionado. Os aseguro, que no somos los únicos.

          -. Dormir en cualquier parte y a veces, por varias noches consecutivas. Y cuando digo en cualquier parte, significa exactamente eso.

 


        -. Comer en lugares dudosos, aunque en ese caso, solo cuando no hay otra opción ( por ejemplo, sitios pequeños, en India).

          -. Trasladarnos en medios de transporte en muy mal estado o abarrotados.

          -. Llevar a cabo trekings peligrosos con calzado inadecuado o sin los recursos necesarios. A esto y en los últimos tiempos, le hemos cogido miedo, pero en 2008, llegamos a subir el Guaina Pichu con niebla, yo con playeros y mi pareja con sandalias de goma de piscina.

          -. Meternos en sitios, donde no deberíamos por razones obvias de seguridad. Lo hicimos mucho en nuestro tercer viaje largo por África austral y oriental, pero también de forma regular.

          -. Beber alcohol en momentos inadecuados o en lugares prohibidos, más veces de la cuenta y con amagos vividos de funestas consecuencias.

          -. Lo que siempre hemos seguido a rajatabla es el asunto del agua -siempre embotellada- y en no llevar o mostrar objetos de valor, porque tampoco los tenemos. Además de no alquilar coches o motos en el tercer mundo.

 


        Por cierto y hablando de desgracias viajeras por el mundo, un abrazo grande a la valenciana Ángela Agudo, víctima de un accidente de moto hace más de un año en Tailandia. ¡Ánimo y recupérate cuanto antes!

jueves, 15 de enero de 2026

¿Es recomendable viajar en diciembre a China?

 


         Como ya sabéis los habituales de este blog, mi pareja el pasado mes de febrero saco plaza en una oposición de funcionaria de nuestro ayuntamiento, comenzando a trabajar el 17 de marzo. En la administración pública, las vacaciones se toman por días hábiless, excluyendo fines de semana y festivos. En este caso, son 23 días anuales, pero al empezar más tarde del 1 de enero, le correspondían 18. Cogimos cinco en julio, aprovechando dos festivos locales y dejamos el resto para diciembre. En total, incluyendo el puente, Nochebuena, Navidad y Nochevieja, conseguimos juntar 26 jornadas 

          Aunque varias veces en viajes largos habíamos usado este mes, nunca habíamos tomado vacaciones anuales. En principio, no  parecía un problema, porque nuestra intención era visitar el norte de Argentina y allí es verano. Pero los vuelos salían  por unos mil doscientos euros y nos parecía un despilfarro para tan poco tiempo.

          Al final, optamos por volver a China, donde ya habíamos estado en 2009. Estuvimos tentados de regresar por enésima vez a Tailandia, pero allí ya no nos queda casi nada por ver y hacer.


          En China, a parte de ser  los días muy cortos en diciembre, las temperaturas son bajísimas, sobre todo en el norte. Lo pudimos comprobar in situ con los dos bajo cero de Pekín de máxima o los trece bajo cero de Datong, como mínima.

          No obstante, nos resignamos y aceptamos el reto. Adivinamos, que el mayor problema iba a ser las esperas para subir o bajar de un transporte, de noche y de madrugada. Debiamos cuadrar ese asunto para nuestro beneficio. Y nos prometimos, que nunca volveríamos a un país gélido en inviernos venideros (nos apetecería Canadá).

          Y, llega la gran pregunta: ¿Es recomendable viajar en diciembre a China?. Si, absolutamente, si y vamos con las razones.

 


        Es cierto, que hace mucho frío, pero con matices, porque no suele correr aire y normalmente luce el sol, con algo de fuerza (solo llovió un día y nevó otro). Cuando fuimos en primavera, cinco días menos -21-, soportamos seis de fuertes precipitaciones.

          En cuanto a las esperas en el transporte, las estaciones son grandes y bien aclimatadas y si dispones de billete puedes permanecer en ellas durante horas.

          Y de los hoteles, ya hemos hablado largo y tendido: los mejores, que hayamos ocupado en mucho tiempo y con precios de risa (salvo en Pekín y Shanghai). Habitaciones a casi treinta grados, pudiendo estar en bragas o gayumbos (unas con calefacción central, otras con aparatos de calor regulables).

          Las visitas y actividades las ajustas a las horas de luz y te vistes con cuatro capas de ropa. Listo.

 


        El único inconveniente es, si te cae una nevada. Vas a estar padeciendo nieve y hielo, durante una semana.

          Paradójicamente, recomendaríamos más  ir a China, en diciembre, que al norte de Marruecos, India o Tailandia. Al primero por las bajas temperaturas y los gélidos hoteles económicos.

          A los otros dos, porque aunque las temperaturas son un poco menos altas, que durante el monzón, hay sol todo el día y no llueve. Esto hace, que tragues polvo y contaminación hasta en el cerebro. Y la vegetación, que te rodea está triste, mustia y seca. En el norte de India, además y en las grandes ciudades, existe el problema de los cientos de miles de hogueras, que prenden para calentarse y que llenan las urbes de humo.

 


        Por razones diversas, somos unos enamorados del monzón.

Los sentimientos de un viaje.

 


       Empezamos  a follar y a viajar desde muy jóvenes, rabiosamente y alocadamente jóvenes. Para lo primero no había manual, ni tutoriales. Para lo segundo, estaba la Biblia -Lonely Planet- o en un escalón algo más bajo, la Guía del Trotamundos.

          En aquella época los viajes tenían un ritual, casi estricto: se trataba de comprar la guía y empaparse de todos sus contenidos, hasta ser capaz de sacar una oposición sobre ella, sin fallar una sola pregunta.

          Desafortunadamente, hoy la Biblia se ha convertido en el apocalipsis, sobre todo, viendo las últimas ediciones de la Lonely Planet, incluida la de China.

 


        A ver y a pesar , de lo que pudiera parecer, no voy a hablar de si eran mejores los viajes de antes o de ahora, de la pésima calidad de las guías actuales o de dar clases magistrales de viajero con más de 150 países a la espalda.

          Vamos a referirnos, a otro asunto más importante: a sentimientos. Os vamos a contar, como nos sentimos nosotros desde hace tiempo, cuando viajamos en periodos largos o medios (excluimos escapadas de menos de una semana o diez días).

          Preparativos, ya no hay casi ninguno y creedme, no los echo de menos, más allá de comprar los billetes de avión, normalmente, con muy escasos días de antelación. Eso, de reservar con meses de anticipación para tener un mejor precio, hace tiempo, que pasó a la historia.


          Da igual, conozcamos el destino o no, los periplos siempre comienzan con descontrol, aturdimiento y riñas. Sabemos, desde hace tiempo, que es el rango, en el que más errores -a veces, de mucho bulto-cometemos, pero a la vez, es el periodo, en el que más cosas arriesgadas nos atrevemos a hacer.

          Tras pasada la adaptación llega, la relativa calma, en busca de lo que yo llamo, índice de satisfacción del viaje, sobre lo que escribiré en un post posterior. Básicamente, se refiere a ese momento, en el que dices: "Está aventura y este gran esfuerzo, ya me han compensado y puedo vivir, dormir y viajar tranquilo". 

 


        A partir de ahí, nos llenamos plenamente de paz interior, aunque vamos bajando el ritmo y renunciando a determinados destinos, que al principio eran innegociables e imprescindibles.

          Y al final, llega la época de la precaución y el miedo de que lo que no has logrado en noventa minutos, no lo pierdas en el descuento, a modo de simil futbolístico. Para nosotros, se trata de la etapa más angustiosa del viaje. Está dominada por lo absolutamente irracional y por el surgimiento de fantasmas con cadenas muy pesadas.

          El coche, que toreabas el primer día en la avenida más concurrida y peligrosa, hoy te va a atropellar seguro, saliendo a baja velocidad de un garaje de una calle peatonal. La comida poco hecha de un puesto callejero, donde comías los primeros días, ya no la puedes ni ver y te da pánico hasta la hamburguesa del MacDonalds.

 


        Y te consuelas, pensando: "Mañana a estas horas, ya no estaré aquí, sino en el aeropuerto, ya en lugar seguro camino de casa".

          Y una vez de regreso, nos llega el momento de la euforia irrefrenable, que se va descomponiendo, paulatina y afortunadamente con el paso de los días. Y, piensas: "¿Como he sido capaz de hacer esto?. Si es, que a mí, no me puede ni el cáncer". E incluso, otros pensamientos, que ni siquiera son confesables.

¿Se puede viajar, hablando poco inglés o sin tecnología?

 


         Leímos ayer, a no recuerdo, que filósofo, algo, que nos hizo pensar, pero con lo que estamos totalmente de acuerdo: "los jóvenes están sobreprotegidos en la vida real, pero abandonados en la digital"

          Entre este pensamiento, entre que ha sido la primera vez, que tenemos, que realizar un viaje sin la ayuda de internet, en más de dos décadas y para, que engañarnos, que y durante los últimos días del viaje a China, le llevábamos dando vueltas al asunto, pues vamos aquí, con una parida -o paja mental-, que no sé si será muy compartida por el común de los viajeros.

          Vaya por delante - nos queda un par de años para llegar a los sesenta -, que nosotros somos la generación más agraciada de la historia. Mamamos lo analógico y la vida nos dio la oportunidad, aún no siendo viejos, de empaparnos de lo digital. Somos esa especie de híbridos indestructibles -entiéndase con ironía -, que todo lo pueden .

 


        Y lo hemos notado recientemente, en nuestro último viaje a China. Como, al carecer casi al completo de internet por causa de la censura, hemos sacado lo mejor de nosotros mismos y tirando de nuestros recursos antiguos, como una guía -muy mala, por cierto-, la intuición, mapas de hace la torta, preguntar a todo bicho viviente -aunque sepamos de antemano, que no nos va a dar una respuesta-, salir a lo bestia de nuestra zona de confort...

          Y nos ha funcionado a las mil maravillas. Yo no pido a los jóvenes, que abandonen el móvil y se vayan alocadamente a buscar los mapas medievales de Juan Sebastián el Cano para organizar sus viajes. Sería de gilipollas por mi parte, despreciar la tecnología, con todos los beneficios y comodidades, que nos aporta 

          Lo que si quiero defender es, que igual, que se puede viajar con muy poquito inglés -y sin echar la culpa a los lugareños, de, que no lo hablen-, llegado el caso, valen más los recursos personales, la experiencia, la inquietud y la curiosidad y la simpatía, que todo un saco de aplicaciones y el último modelo de iPhone de más de mil euros, que te tiras pagando a plazos media vida y encima te sientes orgulloso de semejante estupidez.

 


        Durante la época gloriosa de la gratuidad de los trenes de Media Distancia y Cercanías tuve la oportunidad de escuchar centenares de conversaciones de chicas y chicos muy jóvenes,con su mono dependencia de Google y toda su pléyade de subplataformas. Es triste ver, como se quedan paralizados y absolutamente indefensos, cuando les sacas de ahí.

          Uno debe ser creativo, ya sea viajando, trabajando en una tesis doctoral o echando un polvo, habiendo bajado el listón a las cinco de la madrugada, habiéndose bebido hasta el agua de los floreros y mientras te comes una cazuela de lentejas sin calentar y con toda su grasilla rebosando por encima.

 


        Abramos la mente, centrémonos en la comunicación y no echemos toda la culpa a los demás o a la falta de tecnología, de lo que nos pasa, mientras nos mortificamos.

          Hasta de una dictadura, como la de China, se puede aprender algo. Entre otras cosas, porque no debemos confundir a un pueblo con sus dirigentes.

          Y la pregunta final: ¿Eran mejor los viajes de antes, cuando solo chapurreábamos inglés y no había tecnología y lo basábamos todo en planes de autor y guías físicas?. Pues no. Eso sería, como decir, que se vivía mejor en el siglo II, que en el XXI.


miércoles, 14 de enero de 2026

China: 2009/2025

 


         El asunto resulta recurrente y no podíamos dejar de abordarlo. ¿Que diferencias ha habido entre este viaje a China y el primero en 2009?. No queda otra, que desmenuzar, porque en genérico es muy difícil dar una respuesta concreta.

          -. Preparativos: Fue mucho más complicado armar el viaje de hace 17 años, porque debimos de gestionar dos vuelos internos -uno por internet, otro en Guilin- y no resultó nada sencillo, echándole mucha paciencia y constancia.

          Llevar a cabo el visado de dos entradas -con Hong Kong y Macao por el medio -nos hizo perder mucho tiempo y dinero. Hoy en día y hasta -al menos- el final de este año, no se necesita visa. 

 


        -. Entrar al país. En ambos casos lo hemos hecho por el mismo lugar: Shanghái. En 2009 todo fue muy largo, tedioso y hasta conflictivo. En esta ocasión, no hemos tardado ni diez minutos. Lo mismo para salir.

          -. Desarrollo del viaje in situ. En general, ha sido más complejo esta vez -no mucho tampoco-, precisamente porque no llevábamos casi nada preparado y porque cambiamos de planes sobre la marcha. Pero acabamos antes, si desglosamos:

          a). Transportes. En este caso hemos gestionado siete trenes y en el anterior solo dos. Pero en aquella ocasión -además de los dos vuelos internos directos-, tuvimos que contratar un autobús nocturno, el transporte a los Guerreros de Xi'an y a la Muralla China en Pekín, los medios de traslado a Hungzhou y a Suzhou y un tour por el río Li, a Yangshuo. Además hay que añadir el barco a Macao y el bus de Shenzhen a Hong Kong. Queda claro, que en esta materia, el primer viaje fue mucho más complejo.

 


        b). Hoteles. Claramente, más fácil en esta ocasión, porque nos han permitido acceder a alojamientos muy baratos y buenos, que antes solo estaban disponibles para nacionales.

          c). Gastos. En 2009, el yuan estaba a 9,50 por euro y ahora, a 8,35. A pesar de eso, hemos gastado menos de la mitad en este periplo debido a la ausencia de vuelos internos, de tours, los bajos costes de los hoteles y haber hecho muy pocas visitas de pago.

          d). Comunicación con los lugareños. Mucho más ágil y fructífera en este viaje, debido a los traductores y a qué se habla algo más de inglés, que entonces.

          e). Internet. En 2009 todo iba tan preparado desde casa, que no tuvimos que recurrir a un solo ciber. Es más, no nos suena ni consta en el relato de entonces, que los hubiera. No había en aquella época teléfonos inteligentes, ni siquiera los esperábamos.

 


        En el viaje recién terminado, apenas habíamos descargado un par de aplicaciones locales, previamente y el uso de internet in situ ha sido limitado, debido a la omnipresente censura. Hemos tenido, que adaptarnos a métodos analógicos, que no usábamos desde hace tiempo y hemos descubierto para bien, que no hemos perdido esas habilidades.

          f). Molestias. Entonces y ahora, fundamentalmente, las malditas motos eléctricas.

          g). Imprevistos. A pesar de las diferencias culturales, de alfabeto e idioma, China era y es un país muy previsible y genialmente organizado. A pesar de tener casi la misma población que India, no tiene nada que ver. Allí, hay sorpresas diversas y a diario.

 


        h). Visitas a ciudades repetidas (Shanghái, Pekín y Xi'an). No hemos notado apenas diferencias entre ahora y el viaje de hace 17 años. Shanghai sigue siendo la más cosmopolita, Beijing, la más tradicional y Xi'an la más mágica y bulliciosa.

          i). Contaminación. Sin lugar a dudas, las ciudades más grandes no tienen esa nebulosa característica de 2009. A pesar de los recelos a los cambios del clima, porque los chinos son muy suyos, las mejorías en materia verde son notables.

martes, 13 de enero de 2026

Curiosidades chinas (parte V)

 


         La mayoría de las chicas jóvenes en China llevan gafas. Suponemos, que es una moda, como ya la hubo en España hace unos años.

          Si no fuera, porque todos los baños públicos son gratis, habríamos pensado, que los chinos usan código QR hasta para ir a cagar o limpiarse el culo. Todas -y digo bien- las actividades de la vida están ligadas a ese elemento  de claros y sombras y en general al teléfono celular.

          Para tranquilidad del viajero, en China todo suele estar bien indicado, incluso en los lugares menos turísticos. Los nombres de las calles aparecen, normalmente y en las ciudades grandes, en nuestro alfabeto.

 


        En el gigante asiático, apenas existen casas de cambio. La razón principal es, que nadie puede dar más, que el Banco de China, que te ofrece una tasa superior, incluso, a la oficial. Abre los sábados hasta las cinco de la tarde. La pega -salvo en el de la Plaza del Pueblo de Shangái- es que son lentísimos y muy esmerados con los procesos administrativos.

          Los chinos en general, son menos fríos, de lo que parece y dentro de sus posibilidades, te ayudan con lo que pueden. El problema es -cada vez menos, con la tecnología-, que la interconexión con ellos no siempre es fácil.

 


        Derogada a finales de 2015 la política del hijo único, decir, que en China no ves casi niños. Es tal la preocupación del gobierno, que está empezando a subir, aceleradamente, el precio de los preservativos.

          Existe mucha diferencia de precios entre Beijing y Shanghái y el resto del país. En algunos casos, puede llegar hasta el 50% o más. Por hoteles similares, pagamos 32€ en la capital y solo 12€, en Datong, Pingyao y Xi'an (25 en Shanghái ). Una brocheta de frutas caramelizadas, que en Qianmen te cuesta cinco yuanes, en Xi'an te sale por tres.

Curiosidades chinas (parte IV)

 


         Tres cosas para terminar con el alojamiento, en esta serie de curiosidades chinas: las puertas de los baños son casi siempre translúcidas -y no opacas-, nunca existe armario en la habitación y las tarifas a través de Booking -sí que puedes reservar con tu número chino- resultan reembolsables hasta el mismo día de llegada. Nada, que ver con el abusivo modelo actual, en España y en Europa.

          Para finiquitar con el capítulo de la comida y bebida, varias cosas: a diferencia, de lo que se pudiera pensar, los chinos no comen tanto arroz, como pudiera parecer, predominando más en su dieta, la carne y los vegetales. El arroz es más recurrente en el Sudeste Asiatico e India, países más pobres, que China.

          No hemos visto tantos insectos y bichos exóticos fritos, como la otra vez, aunque los sigue habiendo. Buena culpa de ello, la tiene, la desaparición -temporal o permanente, no sabemos -, del mercado nocturno de Pekín.

 


        El té de flores es uno de los protagonistas de casi todas las zonas turísticas de las ciudades chinas. No es nada barato -unos 150€ el kilo-, pero te puedes aburrir -y mear- a base de degustaciones gratuitas.

          Son muy típicos, en Pingyao, el vino caliente o la soja fermentada, que guardan en grandes ánforas de barro y de las que también, dan probaturas.

          No hemos comprado ni una sola botella de agua en este viaje y las razones son varias: el frío clima, el que te pongan todos los días un par de ellas en el hotel -550 centilitros cada una-, y los ricos tés industriales de sabores, -no confundir con los de flores-,  cuyo litro cuesta medio euro o menos, en las tiendas . 

 


        Los chinos -los asiáticos en general -, se ríen mucho. Pero, cuando esto ocurre, es más un asunto de preocupación, que de celebración. Suele ser síntoma, de que se han enojado.

          No veréis cruces más largos en ningún país del mundo, como aquí (especialmente, en la brutal Shanghái, que aglutina a más de treinta millones de seres humanos). Los hay de hasta 200 o 300 metros de longitud y los semáforos en rojo pueden durar hasta cuatro minutos.

 


        Con las restricciones a Google, un buen truco para manejarse es pedir a alguien -mejor en un negocio, que están más tranquilos y quietos- que te enseñe un recorrido con la aplicación de Maps china y tú vas y le haces una foto con tu móvil. Mejor todavía sería, descargarse previamente Baidu Maps, filial del buscador más popular en el país. Es muy buena, pero solo cuenta con versiones en chino. ¡Que le vamos a hacer!. Parece ser, que Gaode Maps tiene versión en inglés.

          En China, se debe diferenciar, muy bien, entre los templos abiertos para el culto y los que no lo están. Básicamente, porque los primeros suelen ser gratuitos o te piden pequeñas donaciones y los segundos, normalmente, salen bastante caros. Un ejemplo estupendo de un santuario sin coste es el complejo tibetano de Xi'am.


lunes, 12 de enero de 2026

Las sombras de China

   


       Cuatro y solo cuatro, son las sombras, que debes sortear en cualquier viaje a China y no sabría en qué orden ponerlas, porque todas son especialmente irritantes y muy recurrentes. Lo más normal sería, empezar hablando de la situación política, pero yo voy a dejar este asunto para el final. Aunque este pueda ser el más trascendente, no lo es del todo para el viajero común, si no fuera por la severa censura de los recursos de internet, que los occidentales usamos cotidianamente, día  a día.

          Las motos eléctricas -junto a la bicicletas, en menor medida- son la mayor molestia en China y un factor muy importante de peligro real. Da igual la ciudad, más que nada, porque la mayoría cuentan a sus habitantes por millones. Resultan esos constantes entes, casi silenciosos, que te abordan por cualquier parte y a gran velocidad y que no respetan ni una sola norma de tráfico en la calzada, incluyendo ir mirando el móvil o saltarse el semáforo. Parece inexplicable, que en un país de anchas e inmaculadas aceras, no hayan puesto coto a esta práctica irresponsable, absolutamente irritante e inhumana.  Para nosotros y sin lugar a dudas, el mayor factor de estrés del viaje y extraña, que dejen campar a esta gente a sus anchas, en un país tan milimétricamente organizado. 

 


        El segundo elemento, menos significativo, pero que cabrea, es el que cobren por visitar todo y además, a capricho. Te puede salir más barato recorrer la Muralla China o la Ciudad Prohibida, que una triste Pagoda ruinosa en un lugar perdido. Los chinos cobran absolutamente por todo -menos por los cuidados y frecuentes baños públicos, que tanto nos han salvado la vida - y se encargan de ponerte todas las complicaciones, para que no puedas disfrutar de un centímetro de nada gratis. 

          Es entendible -porque la mayoría del turismo es interior-, pero poco presentable, que los chinos solo piensan en sí mismos a la hora de organizar las infraestructuras turísticas. Los pocos wifis públicos solo admiten registros en chino. Los destinos del tren solo están en mandarín. Y ya el mayor desprecio: para muchas actividades o adquisición de entradas debes tener la red social webchat, que debes descargarte antes de arribar al país, avalado por un ciudadano chino (así es, aunque no conozco los detalles).

   


      Para finalizar y sobre el tema político decir, que a los turistas no nos afecta especialmente en nuestro transitar y en la vida cotidiana. La falta de libertad y el bloqueo del pensamiento individual son evidentes. Y jode más, porque en el resto de cosas es un país muy armónico y casi modélico. Pero, no hay bien superior , que este por encima de la democracia y la libertad y en China , no tienen ni idea de estos dos conceptos. La prosperidad de un país -que la hay- y la justicia social evidente, no pueden estar nunca avalados por la falta de libertades. Y me temo, que para nuestra desgracia, mucho de eso nos queda por ver en occidente con la pesadilla de la ultraderecha. La seguridad nunca, nunca, nunca, por encima de la libertad y de la identidad personal.

   

      Los extranjeros y es bastante molesto y frustrante, si que estamos severamente afectados por la censura de internet. Todas nuestras aplicaciones, que más usamos, están capadas, incluidas Google, WhatsApp, Youtube, Netflix o Instagram y la lista es mucho más larga. Además, hay bloqueo por IPS, por palabras clave y por DNS venenosa. También han conseguido, que la fórmula VPN sea absolutamente inviable.

          A pesar de la injusticia, en pleno siglo XXI, se puede sobrevivir y más, cayendo en la cuenta, que nosotros hicimos un fantástico viaje por China en 2009, sin visitar un solo ciber (entonces, no había móviles inteligentes). ¡Que la tecnología y la fatal censura, no nos hagan perder dotes naturales analógicas de toda la vida!.