Me despierto pensando, cual será el próximo sitio, donde nos incrustarán, sí o sí, soja o tofu encubiertos y disimulados y no tardamos demasiado tiempo en obtener la respuesta. La primera, en unas aparentemente inofensivas empanadillas y el segundo, en unas brochetas compradas en un puesto. ¡Odio las dos cosas!.
Dejamos nuestro fantástico hotel y al amable propietario, que nos ha guardado el equipaje hasta la tarde. Hay dos cosas, que han cambiado en China en los últimos 17 años, en cuanto a los alojamientos y ambas son para bien: ya no piden fianzas al hacer el check in, ni te llaman al teléfono de la habitación ofreciéndote excursiones, cena o incluso, servicios de prostitutas.
Dejamos transcurrir el día con calma, paseando por el casco histórico. Hoy, hay menos turistas, que ayer. Los de las tiendas ya nos conocen y no nos ofrecen degustaciones. Han pasado siete días desde la maldita nevada y aquí sigue habiendo restos por casi todas partes.
En Datong, habíamos comprado los billetes, desde aquí para las nueve de esta noche y tomar el tren , a Xi'am, donde llegaremos a las cinco y media de la mañana. Es el mismo, que nos trajo hasta aquí, así, que no habrá sorpresas.
El convoy parte con veinticinco minutos de retraso y va casi lleno, aunque la rotacion de pasajeros es altísima. Se trata de nuestro tercer recorrido nocturno -otro diurno- y prevemos que nos quedan otros dos y uno más por el día. Más, que dormir en un asiento duro, lo que nos molesta es la larga espera de noche, hasta que partimos o llegar de madrugada.
Nos toca una revisora simpatiquísima como la chica, que nos guío en el bus, al casco histórico de Datong, que nos indica, que reposemos a pierna suelta y por supuesto, cumple su promesa de despertarnos, después de haber dormitando unas cinco horas.
Deberemos esperar, como mínimo, hasta las siete de la mañana en esta enorme estación. Vemos, que hay gente tirada por el suelo y no los levanta nadie y los imitamos, para dormir hasta las ocho y media, al final, con algo de frío.
Nada más hacemos aquí, porque ayer, antes de tomar el tren, habíamos comprado para el sábado 20, los boletos también en asiento para Kaifeng.
Nos decidimos a hacer andando el camino hasta las torres de la Campana y del Tambor y nada más salir nos encontramos con un enorme centro comercial y numerosos puestos -ahora cerrados- de un mercado nocturno. ¡Habrá que volver por aquí!.
De camino encontramos muchos Bancos de China, pero hoy no necesitamos cambiar dinero. Igualmente, nos topamos con un gran número de hoteles, pero salvo un Ibis, nos resultan caros, sobre todo después de lo que hemos pagado en los dos últimos, en Datong y Pingyao.
Finalmente y por sorpresa, encontramos uno a 95 yuanes en el propio centro (barrio musulmán). Es un poquito peor, que los anteriores, pero mantenemos la calefacción y el baño propio. El dueño es súper simpático y no para de reírse. En el que estuvimos la otra vez ha desaparecido.
Hemos ganado casi diez grados en el termómetro, en relación a las jornadas precedentes. ¡Un alivio! La bufanda, el gorro, la camiseta térmica y las mallas ya sobran.















































