Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

martes, 6 de enero de 2026

De Pingyao a Xi'am

 


         Me despierto pensando, cual será el próximo sitio, donde nos incrustarán, sí o sí, soja o tofu encubiertos y disimulados y no tardamos demasiado tiempo en obtener la respuesta. La primera, en unas aparentemente inofensivas empanadillas y el segundo, en unas brochetas compradas en un puesto. ¡Odio las dos cosas!.

          Dejamos nuestro fantástico hotel y al  amable propietario, que nos ha guardado el equipaje hasta la tarde. Hay dos cosas, que han cambiado en China en los últimos 17 años, en cuanto a los alojamientos y ambas son para bien: ya no piden fianzas al hacer el check in, ni te llaman al teléfono de la habitación ofreciéndote excursiones, cena o incluso, servicios de prostitutas.


          Dejamos transcurrir el día con calma, paseando por el casco histórico. Hoy, hay menos turistas, que ayer. Los de las tiendas ya nos conocen y no nos ofrecen degustaciones. Han pasado siete días desde la maldita nevada y aquí sigue habiendo restos por casi todas partes.

          En Datong, habíamos comprado los billetes, desde aquí para las nueve de esta noche y tomar el tren , a Xi'am, donde llegaremos a las cinco y media de la mañana. Es el mismo, que nos trajo hasta aquí, así, que no habrá sorpresas.

          El convoy parte con veinticinco minutos de retraso y va casi lleno, aunque la rotacion de pasajeros es altísima. Se trata de nuestro tercer recorrido nocturno -otro diurno- y prevemos que nos quedan otros dos y uno más por el día. Más, que dormir en un asiento duro, lo que nos molesta es la larga espera de noche, hasta que partimos o llegar de madrugada.

 


        Nos toca una revisora simpatiquísima como la chica, que nos guío en el bus, al casco histórico de Datong, que nos indica, que reposemos a pierna suelta y por supuesto, cumple su promesa de despertarnos, después de haber dormitando unas cinco horas.

          Deberemos esperar, como mínimo, hasta las siete de la mañana en esta enorme estación. Vemos, que hay gente tirada por el suelo y no los levanta nadie y los imitamos, para dormir hasta las ocho y media, al final, con algo de frío.

          Nada más hacemos aquí, porque ayer, antes de tomar el tren, habíamos comprado para el sábado 20, los boletos también en asiento para Kaifeng.

 


        Nos decidimos a hacer andando el camino hasta las torres de la Campana y del Tambor y nada más salir nos encontramos con un enorme centro comercial y numerosos puestos -ahora cerrados- de un mercado nocturno. ¡Habrá que volver por aquí!.

          De camino encontramos muchos Bancos de China, pero hoy no necesitamos cambiar dinero. Igualmente, nos topamos con un gran número de hoteles, pero salvo un Ibis, nos resultan caros, sobre todo después de lo que hemos pagado en los dos últimos, en Datong y Pingyao.

   


      Finalmente y por sorpresa, encontramos uno a 95 yuanes en el propio centro (barrio musulmán). Es un poquito peor, que los anteriores, pero mantenemos la calefacción y el baño propio. El dueño es súper simpático y no para de reírse. En el que estuvimos la otra vez ha desaparecido.

          Hemos ganado casi diez grados en el termómetro, en relación a las jornadas precedentes. ¡Un alivio! La bufanda, el gorro, la camiseta térmica y las mallas ya sobran.

Pingyao y la comparación con Datong

 


        Nuestro  hotel está casi en mitad de camino entre la estación de trenes y la puerta norte u oeste del casco antiguo de Pingyao. De la primera nos separan diez minutos y de las segundas veinte.

          Nos lo tomamos con calma y no madrugamos, porque la visita se lleva a cabo sin prisas en unas cuatro horas. Traspasar la muralla y caminar por las calles es gratis. Entrar a determinados lugares del casco viejo cuesta 125 yuanes y los dos templos principales -Confucio y el de la ciudad - , 25 y 35, respectivamente. ¡Nos parece un claro abuso el precio total de las entradas!.

          La calle principal, con sus bellos y conjuntados edificios históricos, está conectada por las puertas norte y sur. La cruzan tres largas vías paralelas entre si  y es en la segunda y en la tercera, donde se encuentran los templos.


          En esta ciudad, al menos, vemos unos poquitos guiris, que en Datong, ninguno.

          Existen tiendas de muchas cosas, pero predominan claramente tres: de disfraces de emperador/emperatriz o cortesan@s, cuyos portadores  se desplazan por las calles y se hacen numerosas fotos -incluso en tronos reales-; de masajes en los pies y de ánforas enormes de las que mana para su venta vino caliente y fuertecito y soja fermentada. Te dan numerosas degustaciones, bien en la arteria principal o entrando en determinados comercios.

          Habría un cuarto sector significativo, que son los numerosos restaurantes. Demasiados negocios abiertos, al menos, para esta época del año.  El casco histórico de Pingyao es parcialmente peatonal .

 


        No vemos, sin embargo, algo, que si veníamos buscando: agencias con tours para explorar los alrededores, donde se encuentra un templo, una aldea, unas grutas, un Buda gigante y un castillo subterráneo, no accesibles, en ningún caso, en transporte público.

          Habíamos reservado la jornada de mañana para ello y ahora, no sabemos, que hacer.

          Y llega la innecesaria comparación: ¿Que es más bonito: Datong o Pingyao?. Para mí, hay empate técnico. Pingyao es más un conjunto histórico, antiguo y armonioso, pero Datong es más elegante y cuenta con monumentos más espectaculares, incluida su calle peatonal y su impresionante muralla de tres puertas. Es verdad, que está reconstruida. ¿Y, qué?. La de Dubrovnik también y resulta preciosa.

 


        Nunca he estado en contra de restaurar las cosas, sí así, mejoran. Jamas he entendido a los que argumentan lo contrario.

          A la vuelta, por la tarde y no muy lejos de nuestro hotel, encontramos un centro comercial con el supermercado más grande, que hemos visto hasta ahora. Paradójicamente, en el lugar más pequeño -48000 habitantes-,en que hemos estado.

 


        Nos abastecemos generosamente de alcohol, cerveza -bastante baratos en toda China- y viandas diversas.

          Llevamos unas horas pensando, darle un volantazo brusco al viaje en su segunda parte, del que hoy cumplimos la mitad. Dejaremos de ir a Chengdu y Leshan -en este caso una pena- y desde Xi'am iremos volviendo a Shanghái, a través de dos ciudades muy prometedoras como son Kaifeng y la histórica Nanjing, donde hace casi cien años, los japoneses mataron a entre doscientos y trescientos mil civiles y violaron a veinte mil mujeres.

          Como ayer, dormimos de cine en este fantástico y barato hotel.        

De Datong a Pingyao

 

        Como el tren a Pingyao es a las tres de la tarde, apuramos el check out en el hotel de Datong casi hasta mediodía.

          Después, buscamos un Banco de China para cambiar dinero. Tenemos suerte y no tardamos demasiado tiempo en encontrar uno. Pero nos advierten con el traductor, de que al ser una sucursal y no la central, la cosa va para largo. Tras una hora, conseguimos el objetivo, después de que la chica de la caja nos interrogue , sobre si preferimos monedas de plata o renminbi (dinero del pueblo).
  
          Quinto día desde la nevada y salvo en la zona de tiendas y negocios, todo sigue exactamente igual. Me temo, que nos iremos de este país el día 28 y todo seguirá tal cual. Pasamos el resto de la mañana tomando cervezas.

   

      Sobre las dos y tras pasar el control de equipajes , nos vamos a las ventanillas para comprar los billetes de Pingyao a Xi'am para la noche de pasado mañana. De nuevo, no hay nadie y como nos están tocando chicas listas, en un par de minutos conseguimos nuestro objetivo. ¡Esto de los trenes está siendo  mucho más sencillo de lo esperado!

 

        Partimos puntuales y el tren , que es como el de la otra noche, va bastante completo. Pero esto no es India y la gente viaja mucho más tranquila. Las paradas resultan numerosísimas. El paisaje es plano y nevado y solo aparecen montañas tras cruzar un larguísimo túnel. Después de acabar las cervezas me termino durmiendo, sin siquiera comer nada. Aunque hemos descubierto, que en los trenes, que viajan de día sí hay agua caliente para sopas y cafés, que incluso te venden en tu asiento.

          Llegamos solo diez minutos tarde y nos tranquilizamos , al comprobar, que en los algo abruptos y nevados alrededores existen numerosos hoteles, que no parecen muy caros. Preguntamos en un par de ellos, donde nos indican que solo aceptan pasaportes chinos. En un tercero nos solicitan 179 yuanes. Podríamos haber aceptado, pero aguantamos y acabamos encontrando un Oyo -como en Indonesia, Malasia o India-, por tan solo 100 yuanes. En realidad , este hotel es solo para nacionales y debemos dar las gracias al dueño , que hace la visita gorda.
 
          La habitación es grande, luminosa, con cortinas automáticas, wifi, calefacción, baño completo, dos camas, hervidor, televisión. Todo un paraíso  a 11,50 la noche.


          Estamos encantados con los  hoteles en los que nos hemos alojado en China. Por el momento, en cuatro diferentes y con una un media  de gasto de 23€ por noche (Shanghái y Beijing elevan mucho esa cifra)

          En todos hemos tenido camas muy grandes, calefacción suficiente, baño completo en el interior, wifi capado -cosa del gobierno, no de los hosteleros -, amplio escritorio, iluminación suficiente y con gusto y amplio ventanal (salvo en Shanghái).

 

        Además suelen ser habituales determinados extras, que te hacen la vida  más agradable: hervidores de agua para sopas y cafés, zapatillas, té, botellas de agua y productos de aseo -incluido el kit dental-, chanclas para la ducha, secador de pelo, toallitas húmedas, luz en el contorno de los espejos, toallas... Vamos, ¡una auténtica maravilla!.

lunes, 5 de enero de 2026

Datong

 


          La tarde en espera de tomar el tren, desde Beijing hasta Datong se hace bastante larga. El convoy, que parte puntual a la medianoche,es bastante peor, que el que nos trajo aquí desde Shanghái. La parte de la izquierda del vagón tiene tres asientos y la de la derecha dos. No son confortables, pero al menos, no destrozan el cuerpo. El tren va lleno, pero en la siguiente ciudad de nombre impronunciable se baja la mayoría de la gente. Me duermo hasta el destino.

          Son las seis y media de la mañana y la temperatura en las oscuras y nevadas calles es de trece grados bajo cero. Hay muchos hoteles, que no parecen caros, pero deberemos esperar un par de horas, para que no nos cobren esta noche, sino la de mañana.

      De momento , no investigamos más, porque se nos están empezando a congelar los pies y las manos.

 


        Nos colocamos en la estrecha zona de accesos a los andenes, que hay antes de los controles de equipajes, junto a un radiador gigante, sobre el que nos recostamos. Desayunamos sobras.

          A las ocho y media y siendo de día, preguntamos en un par de hoteles, que son tremendamente baratos. Nos quedamos en el 7 days Inn, que junto a Jinjiang Inn, Ibis y Home Inn, son las cadenas más competitivas de China.

          Dos simpáticas jóvenes nos hacen un rápido check in y accedemos a una cama doble, generosa ventana, baño completo, wifi castrado -como todos- y una potente calefacción central, que nos mantiene asfixiados, a casi treinta grados. ¡Vaya contraste con el exterior!.

 


        Nos quitamos, con esfuerzo, todas nuestras capas de ropa y sin querer y sin abrir la cama, nos quedamos dormidos. Cuando nos despertamos son las once menos cuarto. Por cierto: por esta alcoba hemos pagado 118 yuanes (menos de 15€).

          Preguntamos a las chicas de recepción, donde y qué autobús debemos coger para llegar al casco histórico de Datong y nos indican, que  casi enfrente para el número 4 (dos yuanes). No tarda ni cinco minutos en aparecer y sin cambiar de calle, nos deja en nuestro destino en trece minutos. 

 


        Hace sol, pero la temperatura sigue siendo muy baja y  los frecuentes restos de la nevada de hace cuatro días, nos siguen complicando mucho la vida.

          Accedemos por la puerta oeste, a través de una entrada triple de muros. Esa muralla está reconstruida y por tanto, está entera. Tiene 7, 2 kilómetros de perímetro.

          Las calles interiores son más bien avenidas y llenas de tráfico. No vemos casi turistas, ni un solo guiri y muy poquitos chinos. Los principales atractivos se encuentran en el eje este-oeste y son varios templos, torres, una iglesia cristiana, el muro de los nueve dragones, un monasterio, un edificio bellísimo de tejados azules... Por supuesto, además de tiendas y restaurantes. Aunque parecen demasiado pollo para tan poco arroz.

          El eje norte- sur es menos interesante -aunque también lo hacemos- y está plagado de barrizales resbaladizos, procedentes de la mítica nevada . La visita se completa con la fantástica calle peatonal llena de torres chinas.

 


        Nos ha encantado Datong, como ciudad monumental elegante. Mucho más de lo que habíamos imaginado. La visita nos ha llevado más de cuatro horas, antes de volver en el bus cuatro. Por cierto: si no pagas el billete exacto, no te devuelven nada y lo pierdes. Debes echar el dinero en una caja.

          De vuelta y sin haber clientes en las ventanillas, compramos los billetes, a Pingyao para las tres de la tarde de mañana . Llegaremos ya de noche.

domingo, 4 de enero de 2026

Del Templo del Cielo, al viaje a Datong

 


        Nos quedan dos días , en Pekín, uno entero y el otro con los bultos a cuestas, a entretenerlo hasta media noche, hora mágica, en la que partiremos para Datong.

          Madrugamos menos, que ayer y no pisamos las calles hasta las once de la mañana. La mayoría de ellas siguen en un estado lamentable, debido a los demoledores efectos de la nieve. Y eso, que hoy luce el sol y el cielo está azul, como si nada hubiera ocurrido.

 


        Tras comernos un par de helados cada uno para desayunar, nos encaminamos hacia el complejo del Templo del Cielo, que está abarrotado de visitantes nacionales, de nieve y de peligroso hielo, sobre todo, en algunas de las varias escaleras asesinas.

          Hay dos precios: uno más barato para acceder al parque y otro para visitar los demás templos y el resto de edificios religiosos o logísticos. El más famoso es, el que consta  de tres pisos en forma circular y con tejado cónico. Además, existen un grupo de pabellones, en los que se exhiben numerosos restos arqueológicos y escultóricos.

 


        Desde Qianmen es sencillo -hoy no, claro-, acceder hasta el Templo del Cielo y la única dificultad viene, porque se debe retroceder un poco para atravesar por uno de los dos pasos elevados existentes, donde nuestros pies se entierran en la blanca nieve. El camino se lleva a cabo en una media hora. Quizás menos, en un día normal.

          Regresamos y nos empapamos  del barrio de Qianmen, de casi todas sus espléndidas calles y de sus bellos edificios, que suelen ser restaurantes, tiendas y lugares oficiales. Seguimos degustando té y dulces -los primeros exquisitos, los segundos vulgares-, antes de recogernos en el hotel.


          Empieza nuestro último día en Beijing con los deberes hechos. Apuramos nuestros paseos por Qianmen y sobre las dos, tomamos el metro. Debemos hacer seis estaciones, un transbordo y después, otras tantas. A diferencia de Shanghái, aquí se puede pagar con dinero en efectivo y es un alivio.

          Como en 2009, no visitaremos el bonito Palacio de Verano -hemos visto muchas fotos de él-, porque está lejísimos y las combinaciones de metro y otros transportes resultan un auténtico galimatías.

 


        Llegamos a la estación de Fengtai, tan grande y funcional, como fea. Con las ventanillas a medio gas, compramos  sin problemas los billetes para Datong, en asiento duro (51,5 yuanes).

          La zona está llena de restaurantes y tiendas, y a pesar de ser domingo al mediodía, se encuentra  muy animada. Pero aquí, hay bastante más nieve en el asfalto, que en el centro.

Hablar y el dinero, dos cosas trascendentales, en China

 


        China  es el país del mundo en el que más se habla y no solo por parte de la generalidad de los gritones chin@s. Todo objeto o servicio, que se precie, se expresa constantemente: desde la escalera mecánica del metro, a los trenes, pasando por cuando introduces la tarjeta electrónica al ingresar a tu habitación. Caso especial es el de todas las tiendas de lo que sea, que cuentan  con unos altavoces modernos, donde graban mensajes cortos y repetitivos con voces femeninas estridentes y agudas. Y, por supuesto, también hablan los cacharros de control de la policía o de los accesos en las colas de los monumentos, o los robots que sirven comida y hasta un perro mecánico de color gris metálico, que vimos en Pekín. ¡Menudo animalito de compañía!.

          El andar de los chinos es casi siempre en linea recta. Y no tienen ningún problema en llevarte de por medio, si te encuentras en el camino de sus pies.

 


        Una cosa, que hemos visto con la nevada -aunque también lo usaron  con arena y otros materiales moldeables- y que está muy de moda son los moldes. Los hemos visto de casi todo: patos, bolas, conejos, corazones, Mickey Mouse... Desde el día de la nevada habremos observado más de un millón en las calles de Pekín y de Datong y seguiremos contemplándolos, porque las secuelas de la nieve, van para rato.

          Como ya constatamos en 2009, como la mayoría de lus chin@s  no tienen un pie muy grande, las escaleras son más estrechas, que las europeas y para nosotros son una pequeña tortura.

 


        Y, dejó para el final, el tema del dinero. Los chinos son unos maestros  en sacarte los cuartos y no tienen remordimiento o arrepentimiento a la hora de hacerlo.Por ello, salvo los baños públicos y unos escasos templos de culto, todo cuesta dinero. Desde acceder a un parque, hasta visitar un casco histórico habitado, al estilo nepalí. Con la diferencia, de que estos últimos solo controlan uno o dos accesos y de los chinos no te escapas.

           No solo los taponan todos, sino que recurrirán a material forestal o de cualquier otro tipo, que tapen todas las rendijas y no veas nada desde fuera.

 


        Salvo para cosas gordas, los precios no suelen ser muy caros, pero el goteo es tal, que el bolsillo termina bastante resentido. Diez yuanes por aquí, quince por allá, precios distintos en temporada alta y baja... 

          Además, son unos maestros del despiece y por tanto te cobran por partes: un complejo turístico, un monumento o cualquier cosa, que sea divisible (casi todo)

          Imaginemos, que llegan los chinos y compran la catedral de Milán. La rodearían de árboles, matorrales y demás y te cobrarían por visitarla por fuera. Y, ya por dentro, harían varias particiones, cada una con su precio. El ábside 1€, el altar 2€, la portada 3€...

 


        Finalmente, también establecerían  un precio global, pero en ningún caso sería menor, como es habitual en el resto del mundo, a la suma de todas las partes.

          Mis explicaciones pueden ser un poquito exageradas, pero lo expongo así, para que se entienda.

          

El día de la gran nevada, en Pekin

 


          Es viernes, 11 de diciembre y ha amanecido con el cielo muy negro y con el inicio de una ola de frío, que durará varios días. Son las diez de la mañana, cuando nos incorporamos a las calles. Descartado volver a la Ciudad Prohibida - no nos gustó demasiado la otra vez-, hoy llevaremos a cabo el gran tour de Pekín, caminando. 

          Son las diez y media, cuando comienza a nevar y salvo a intervalos cortos, ya no lo dejará en todo el día. Tomamos la tercera paralela a la derecha de Tianamen y aun así, nos topamos con un control policial a la ida y a la vuelta. ¡Esto supone dar un gran rodeo!.

 


        Llegamos a la Ciudad Prohibida y la rodeamos parcialmente. Hacemos lo mismo con Jinsan, esa colina con un par de templos y con las vistas más  bonitas del centro de la ciudad, aunque, evidentemente, hoy no es el día para contemplar nada.

          Ahora toca recorrer bellas calles comerciales tradicionales. A las lados se asientan los memorables hutongs, unos han sido reformados y otros no. Es muy hermoso ver los serpenteantes tejados chinos llenos de nieve, pero el caminar se va haciendo cada vez más difícil, porque la nieve se va convirtiendo en hielo. 


          Llegamos hasta las emblemáticas torres del Tambor y la Campana, con mucha historia detrás. No debimos haberlo hecho, porque son cuarenta minutos de ida y otros tantos de vuelta, pero somos muy cabezotas y no paramos hasta llegar al Templo de los Lamas, que es impresionante y ya está completamente blanco y nosotros sin paraguas.
  Por las calles de los alrededores dominan las tiendas chinas más genuinas.

          Hemos tardado tres horas y media en venir hasta aquí. Los treinta minutos a mayores, los hemos perdido en el Banco de China, cambiando dinero, sin nadie en la cola, pero con más de veinte trámites. Las aceras ya están casi intransitables. El termómetro marca tres bajo cero. Llevamos hasta cuatro capas de ropa, gorro y bufanda, pero nuestras manos y pies están congelados.

 


        La vuelta es tediosa y larguísima y es seguro, que llegaremos de noche. Por el camino vemos hasta seis accidentes de motos. Hay, que ser inconsciente para cogerla con estas condiciones climatológicas. Nos zampamos dos helados enormes cada uno, en una heladería, que ya habíamos visto y usado en Vietnam e Indonesia. Evidentemente, no se deshacen y no debes rechupetear el cono a cada rato.

          Empezamos a ver las primeras máquinas, que van detrás de operarios, que manualmente van picando el hielo de las calles más concurridas, pero el desborde es monumental. Milagrosamente, no nos caemos al suelo, aunque amagos no nos faltan. Vamos cogiditos del brazo o de la mano, como cuando éramos novios. Surgen voluntarios, que acumulan la nieve en la base de los árboles.


          Llegamos a la ancha calle peatonal, donde hace diecisiete años, ponían el mercado de insectos y bichos exóticos. Parece ser, que ha desaparecido, bien por temporada invernal o bien permanentemente, porque nuestra pésima Lonely Planet de 2025, no habla de él. Tampoco existe ya un patio de comidas subterráneo, donde entonces se servían platos más apetitosos y elaborados.

          Son más de las seis y media de la tarde, cuando llegamos al hotel, totalmente exhaustos. Por las calles comerciales no circula casi nadie y ya vamos por cinco bajo cero.

          Pensábamos irnos a Datong mañana por la noche, pero estamos tan a gusto en el hotel y tenemos tanta pereza, que lo retrasamos hasta el domingo. Mañana iremos al complejo del Templo del Cielo.

sábado, 3 de enero de 2026

Perdidos en los hutongs de Pekín

  


        La verdad es, que nos ha sentado fatal lo de la tiranía, en Tiananmen. Estamos, a la vez, iracundos y depres, por añadir uno más, a los numerosos problemas, que estamos padeciendo estos días. Deberíamos habernos preparado algo más, para viajar a una dictadura. Y además, llegamos a la conclusión, de que si tuviéramos la posibilidad de cambiar el vuelo para mañana, nos iríamos ya .

          Nos vamos a buscar un hotel, que hemos visto en Booking en el turístico barrio, de Qianmen, justo al lado de la Plaza. Ha cambiado mucho desde el 2009. Entonces, era solo la calle del mismo nombre -donde han construido un tranvia- y tres o cuatro peatonales más. El resto eran viejos hutongs limpios pero decadentes y con habitantes muy humildes.

 


        Ahora, se ha convertido en el mayor China Town mundial, ubicado dentro de la propia China. En definitiva, una macro feria. En cada comercio hay un megáfono desde donde se repite constantemente el mismo mensaje. Y, donde se vende todo a caros precios (incluido té de sabores a 150 euros el kilo).

          Suponemos, que a los viejos propietarios de esta zona , les dieron un pisito en las afueras a cambio de su terreno, lo tiraron casi todo y han levantado este macro circo. Pero no se puede negar, que les ha quedado chulísimo.

 


      De camino, vamos preguntado en otros alojamientos, pero se nos salen, claramente de presupuesto. Por fin, llegamos al elegido y quedamos maravillados por la decoración de la recepción, con un gato y un pacífico perro presidiendo la escena. Por solo 60 yuanes  más, que en Shanghái nos entregan la habitación perfecta: una cama doble y otra individual, baño completo, calefacción/aire, nevera -no necesaria, con noches a doce grados bajo cero- y hervidor de agua, además de una ubicación perfecta, en la calle Dazhalan.

          Es la una de la tarde y nos quedan cuatro horas de luz natural. A nosotros, entrar en la Plaza nos da igual, porque la cruzamos miles de veces en el 2009. Lo que nos preocupa es, saber, como evitarla y poder llegar al otro lado donde se encuentran los mayores atractivos de la ciudad.

 


        Tiramos hacia el lado izquierdo de Tianamen,pero no es una buena idea. Nos encontramos con controles y más controles por todas partes y por supuesto, a la Plaza no entras sin el puñetero QR. Nos van desviando de un sitio a otro y al final acabamos  en unos entrañables, acogedores y reposados hutongs, donde la gente lleva a cabo su vida cotidiana, sin hacernos demasiado caso. Tanto nos gustan, tan cómodos nos sentimos y tantas vueltas damos, que nos terminemos perdiendo, poniéndonos nerviosos  -google Maps no funciona en China- porque solo queda una hora para anochecer y porque como era previsible, los lugareños no nos entienden. Al final, nos salva un policía de uno de los controles, algo más amable,que el común de ellos.

 


        El paseo por Qianmen de noche es agradable y nos ponemos hasta el gorro de vasitos de té de sabores, que nos ofrecen como degustación y como cebo.

          Las apps del tiempo -que si funcionan-, dan una fortísima nevada para mañana. Ya veremos, a ver , que ocurre, pero expectantes estamos .

Tiranía en Tiananmen

 


         Afortunadamente, los asientos duros de los trenes chinos no son los mismos, que en 2009. Entonces eran una auténtica tortura y te salía más a cuenta dormir tirado en el suelo, aunque fuera entre dos vagones. La cosa era tal, que solo hicimos un Xi'am -Beijing de esta manera y para el posterior viaje nos rascamos el bolsillo y reservamos en las literas duras.

          Ahora, no son excesivamente confortables, pero se puede pasar la noche sin agobios, ni dramas.

          Partimos en punto y sorprendentemente el convoy va casi vacío, al menos en nuestra clase, algo impensable hace 17 años. Entonces había máquinas de agua caliente para sopas y/o cafés, pero las han sustituido por un vagón bar.


          Al principio, el tren lleva a cabo numerosas paradas, que el revisor va gritando de punta a punta del vagón. Más tarde, coge ritmo.

          Como hay bastantes asientos libres, me tumbo en la parte derecha, donde son de tres plazas y mi pareja se queda en las de dos de la izquierda. No vuelvo a saber más del viaje, hasta que una hora antes de llegar a Beijing, el pica nos despierta y hace muy bien, porque llegamos a una ciudad, donde suben cientos de personas, que probablemente, van a estudiar o trabajar a la capital.

          Llegamos solo diez minutos tarde. La estación central no está muy colapsada y logramos salir de ella sin bajar ni subir un solo escalón o escaleras mecánicas (solo rampas). Iremos andando, hasta Tiananmen, porque no está demasiado lejos y es una ciudad menos caótica, que Shanghái.

          El choque climatológico es demoledor. Ayer a estas horas estábamos a 15 grados y hoy, a menos dos. Llegamos a un lugar donde hay una cola tremenda, para darnos cuenta, de que primero, existe un control de documentación y después otro, donde presentar el QR con la entrada a la mítica y demoníaca Plaza. Estamos descolocados.

 


        A los polis de los check points, les han puesto traductores en los teléfonos. Mi pareja le pregunta a uno de ellos, que podemos hacer y el hijo de puta responde: "no se puede entrar a la plaza sin QR, así, que volved a aquel semáforo y seguid el camino que queráis, basura". Pero, bueno: ¿Por qué nos insulta este imbécil de mierda?.

          Creedme, si os digo, que no existe una puñetera forma de entrar en Tiananmen sin el maldito QR. Hay controles en las dos calles posteriores a cada uno de los cuatro lados de la Plaza. Y, ya no es , que no te dejen acceder, sino, que debes dar muchas vueltas para ir a otras partes, como la Ciudad Prohibida, las torres del Tambor y la Campana, el Templo de los Lamas o hutongs muy chulos.

          Para más inri, los controles son móviles, lo que causa mayores molestias y los maderos no muestran una actitud amistosa.


          Nos sorprende, aún más, que también haya vigilancia en los accesos al barrio colindante de Qianmen, quizás, el más turístico de toda China. ¿Que van buscando, exactamente?.

          No sabemos, desde cuándo se ejerce este control en la Plaza y la necesidad de una entrada, desconociendo, si es de pago o no. Las razones pueden ser económicas o estar más relacionadas con motivos políticos. El proceso de obtención del maldito QR es difícil para los no chinos, debiéndose gestionar a través de la red social webchat. Hay agencias, que se dedican, ademas de la excursión a la Gran Muralla y otras, a obtener para ti el pase a la Plaza. También te lo pueden gestionar en tu hotel.

          En 2009 la Plaza era totalmente transitable y la recorrimos mil veces.

          Nota: hoy sabemos, que entrar es gratis.

Internet: la otra gran muralla china

  


        Antes de partir para China leíamos en muchos comentarios de los hoteles, que el wifi funciona bastante mal en la mayoría de ellos. Esta afirmación es un gran error, porque lo que carbura mal en China no son los esmerados hosteleros, sino su tirano gobierno.

          Vayamos por partes. Como ya dijimos en otro post, al aterrizar en Shanghái, quisimos comprar una SIM local. Nos parecieron caras y decidimos esperar a la ciudad, pero en ella no encontramos ninguna. Nos arrepentiríamos de nuestra decisión, pero ahora estamos tan contentos, por lo que explicaremos más adelante.

          Nuestro primer wifi lo tuvimos en el hotel de Shanghái y efectivamente, parecía no ir bien. No nos dejaba hacer búsquedas en Google, ni entrar en el correo -gmail-, ni acceder al Whatsapp, entre otros bastantes  sitios. Pero si nos permitía manejar la mayoría de aplicaciones -trabber, Spotify, app de trenes chinos- y hacer rastreos por internet desde webs favoritas. Podíamos entrar en el Diario.es, el Plural, el Norte de Castilla y el As, aunque no en el País.

   


      Dejamos el buscador de Google y tiramos de un favorito cualquiera. Empezamos a meter palabras escritas  al azar y siempre se nos redireccionaba a un buscador chino, llamado Sogou.

          Evidentemente, nunca nos llevaba a donde queríamos, porque la herramienta no está preparada para encontrar cosas en español.

          Nos pareció todo rarísimo, hasta que recordamos un encuentro en Esaouira con unos españoles, que habían viajado a Cuba y les había pasado algo parecido. Eso, que ocurre allí, es lo mismo, que pasa aquí: censura por parte gubernamental de lo que les de la gana. A ellos, el problema se lo resolvieron los propios habitantes de la isla con un cambio  de VPN, pero nosotros no tenemos ni idea, de como se hace eso y si aquí es posible. Después de haber vuelto a España hemos descubierto, que la autoridades chinas también tienen este tema controlado.

 


        Con los contenidos censurados, el problema no es de los wifis hoteleros. Probablemente y habiendo comprado una SIM con número chino, nos hubiera pasado exactamente lo mismo y habríamos tirado el dinero y la paciencia.

          Nos pusimos a investigar con nuestros escasos medios y descubrimos, que todas las variantes de Google -maps, blogger, Gmail...- están castradas y bloqueadas. Podrías entrar con los datos móviles de tu teléfono español, pero la ruina sería segura. También está prohibido WhatsApp y las redes sociales, X, Facebook, Instagram y YouTube, además de muchos medios de comunicación internacionales.

   


      Booking funciona a medias. Te deja hacer búsquedas, pero para reservar debes tener un teléfono chino y un correo, que no sea Gmail, porque te mandan una verificación, que no puedes abrir.

          Buscamos en Sogou Google, que sale bloqueado. Solo deja clicar en el dominio de Hong Kong, pero cuando lo pinchas, da error. Si pones Yahoo, te indican, que está bloqueado desde 2021.

          ¿Y que estamos haciendo?. Lo que podemos, que no es otra cosa, que un viaje semi analógico ayudados por aplicaciones locales. Tienes el Booking a medio gas para buscar alojamiento, pero reservando in situ y las agencias locales  para posibles tours por la zona (escasas en Shanghái, frecuentes en Pekín). Con los vuelos internos ya no trabajan. Para horarios y precios de trenes, nos valemos de una utilísima aplicación llamada 12306. Pero eso sí, hay que llevarse todos estos recursos descargados desde casa.

          Nunca habíamos tenido un problema parecido en ningún país del mundo y lo peor es, que no veníamos preparados para ello, ni plan B. Evidentemente, durante nuestra estancia en China, no hemos podido subie videos o contenidos al blog.