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miércoles, 31 de diciembre de 2025

Pesadilla en el vuelo AF0116. Pánico a bordo (pate I de III)

           El avión, que nos debe transportar desde Paris, a Shangái, es un mastodóntico Boing 777, con diez asientos por cada fila (3-4-3), como si fuera un sistema de equipo de fútbol.

          Lo que, en un principio podría ser baladí, va a convertirse en el asunto más importante de este y los siguientes posts. Mi pareja va sentada en el 49J -pasillo-, yo en el  49K -central- y una chica relativamente joven -es difícil adivinarles la edad, a las asiáticas-, en la ventanilla (49L).

          Partimos media hora tarde después de un embarque larguísimo y tedioso, porque el avión va completo. Dejamos atrás la Ciudad de la Luz, que por cierto, en el aterrizaje y despegue se ven bastantes.

          Sobre la medianoche, nos sirven la cena, consistente en una bandeja de rico pescado con arroz -mi pareja pide pasta-, una especie de ensalada de bulgur y un postre, además de quesito, mantequilla, mermelada... Pedimos vino blanco y tinto ( mejor este último).¡Buen y generoso menú, acompañado de un copazo de champán francés!

          Nada más terminar, Ana se pone a ver una película y yo caigo frito, para relajarme y tener un vuelo tranquilo y corto. 

          Sobre la una y media de la madrugada me despiertan, abruptamente, unos gritos histéricos en inglés, por parte de mi compañera de asiento. Entiendo entre sueños algo de pierna. Mi pareja me intercambia el asiento y paso al pasillo, a seguir durmiendo y la china parece, que se queda tranquila.

          Pero al cabo de un par de minutos vuelve el desconsolado griterío. Quiere, no que la cambien de asiento, sino que la pongan en uno a ella sola. El par de azafatas, que han venido le explican , que es imposible, porque el vuelo va completo. Ahora, me entero, de que me acusa de haberle tocado la pierna. Me limitó a decir, que no tengo ni idea, de lo que está hablando, porque sencillamente, iba durmiendo. Puede ser, que se me haya caído una mano encima, aunque desde luego no de forma voluntaria.

          Aunque a mí pareja le extraña, porque me asegura, que yo en los transportes duermo con los brazos cruzados.

          Hacemos un rápido cambio de asientos con un chico de la fila de atrás y parece, que ya todo queda solucionado.

          No le doy más vueltas, pero ya empiezo a ver algo raro. Si solo le he tocado una pierna, lo normal hubiera sido, que me hubiera quitado la mano o me hubiera despertado y advertido, de que me separe un poco y yo habría entendido el mensaje. Sería lo normal y no montar semejante follón. Otra cosa sería si hubiera habido abusos.

          Pero bueno. Como parece, que el asunto ha quedado zanjado y sigo teniendo sueño, decido no investigar más.

          Me despierto unas cinco horas después y todo transcurre con normalidad. Sigo sesteando a ratos, porque me aburro y no tengo ganas de interactuar con la pantalla del asiento. Una hora y media antes del aterrizaje llega una cajita con el desayuno. No está mal de cantidad, pero la calidad podía ser muy mejorable. Como algunas cosas concretas y sin ganas y el resto se las doy a Ana, que las acepta con gratitud. Estamos deseando aterrizar después de casi catorce horas de vuelo, pero aún así, continuo sesteando.

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