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martes, 30 de diciembre de 2025

Barajas es imprevisible. Camino de París.

 


         Es viernes, cinco de diciembre, pero no hace nada de frío. Si nuestro destino hubiera sido tropical -dudamos de volver a Tailandia hasta el final-, no haría falta , que hubiéramos necesitado coger el abrigo para bajar a la estación de autobuses de Valladolid.

          Son las ocho y media de la tarde, cuando tomamos el ALSA, que en tres horas y media y sin novedad  nos deja en la terminal de buses de la T4 de Barajas 

           Nuestro primer vuelo, a Paris, está programado para las seis de la tarde del sábado.

   


      Nos extraña, porque es casi medianoche, y no hay ningún segurata vigilando los accesos a la T4 y en  la nuestra, que es la 2, no nos piden la tarjeta de embarque, como otras veces, desde el pasado mayo.

          La noche va a ser increíblemente tranquila y no, como la de la última vez hace tan solo diez días, cuando volamos al Sáhara Occidental. Tanto, que ni siquiera, como es costumbre, nos levantan del suelo a las cinco de la madrugada. Lo hacemos voluntariamente sobre las ocho y pico, cuando está a punto de amanecer.

          Como debemos aguardar unas cuantas horas, nos dirigimos a un Mercadona, accesible desde  la T3 cruzando un paso elevado sobre una autovía y accediendo al distrito de Barajas. Este atajo lo descubrimos, durante las fiestas de este lugar el pasado septiembre. Compramos algunos snacks y sobre todo, un buen cargamento de cerveza. Regresamos y nos sumimos en el desconcierto, porque hay abiertas muy pocas puertas y en todas un segurata controla las tarjetas de embarque, siendo casi mediodía. ¿ Pero, la vigilancia no era solo de nueve de la noche a cinco de la madrugada?. Ahora, han quitado esos carteles. Lo de este aeropuerto y lo de Óscar Puente es altamente desconcertante, aunque ya nadie hable de ello.

   


      Como hace buen solillo y siguiendo a decenas de personas, nos sentamos afuera a engullir birra tras birra. Después, comemos algo. Entramos al interior y nadie nos pide nada. ¡Lo dicho: aquí, nunca se sabe!

          Los controles de acceso a la zona de tránsito son otra lotería y hoy nos ha tocado el premio gordo, a diferencia de la última ocasión, cuando nos robaron el décimo. Es un decir. Cuanta más gente hay -y ahora hay muchos viajeros marchándose de puente -, más flexibles son. Si podéis, tratar de evitar la madrugada, porque a esas horas se aburren mucho ( menos en el aeropuerto de Málaga, donde hace un par de años y a esas horas nos atendieron unas chicas divertidísimas). 

          El vuelo de Air France, a Paris, va petado. Ni un solo asiento libre. Salimos en hora y aterrizamos dos después, tras servirnos un refrigerio consistente  en un mini bocadillo de queso y un zumo.

   


      No pisábamos  el Charles De Gaulle de Paris desde finales del siglo pasado. Acabamos encantados de la vida, porque es muy confortable, luminoso y no nos vuelven a controlar los equipajes de mano -no hemos facturado nada, que es carísimo -, a pesar de que el vuelo tiene como destino un país, que no es de la Unión Europea.

          Tenemos tan solo dos horas de tránsito, para tomar el AF0116, que en unas catorce largas horas nos depositará en el aeropuerto principal de Shanghái.

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