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domingo, 25 de diciembre de 2016

España y su hipotermia congénita

                                                Esta y las cinco siguientes son, de Mojácar (Almería)
          En invierno, España dispone de una gran variedad de climas. Mientras en Valladolid hace 4 grados, por ejemplo, en Almería o Melilla tienen 17, diez en Oviedo y 21 en Tenerife. Pero, hay algo que no falla y podéis comprobarlo en vuestros viajes: durante esta estación: todos llevamos las mismas prendas de abrigo, independientemente de la temperatura, que haga. Es tan curioso, como real.

          Son las 11 de la mañana, cuando llegamos a una soleada Almería. Los termómetros marcan 18 grados y mientras nosotros paseamos distraídamente en manga corta, los lugareños portan parkas y chambergos gruesos, como si nos halláramos en Groenlandia. Algunas chicas, incluso -sobre todo, jóvenes- cubren sus cabezas con gorros de lana y caminan medio encogidas o castañeando los dientes.


          Como digo, no se trata de un hecho aislado. Aún recuerdo a una canaria, en Las Palmas, decirnos, que estaba llegando el invierno, cuando un luminoso marcaba 19 grados. O a una señora mayor, en Melilla, quejarse del frío, estando a dieciocho.

          Aunque la gente es muy amable y hospitalaria, no se debe perder demasiado tiempo en Almería capital y si en la provincia. Encadenamos dos post sobre ella. Este de núcleos urbanos y el próximo, de parajes naturales.

          El mayor atractivo turístico de Almería es su bella y elevada Alcazaba. Dos buenas noticias: es gratuita y está muy bien cuidada. Además, destacan la catedral y la plaza del ayuntamiento, con sus zonas de bares, donde tapear sin prisa y tomar unos vinos. El alojamiento resulta algo caro, razón de más para largarse pronto de aquí.

          El otro núcleo urbano, que visitamos, fue Mojácar, que se convirtió en la decepción del viaje. No, porque esté mal en sí, sino porque mis recuerdos de infancia de hace 39 años atrás, lo hacían mucho más bonito.

          Dispone de dos zonas, separadas por unos 3 kilómetros. Abajo la playa, llena de una hilera de interminables hoteles, apartamentos y restaurantes -vacíos en esta época-, diseñados para el disfrute turístico de los poco exigentes veranetontos, donde pasan su vida de mierda estival, una vez dejan atrás su mierda de vida de invierno.

          Dado, que la visita coincidió con un agresivo y furibundo temporal, sus aguas estaban embravecidas y de color muy marrón. Creo recordar, que esta desoladora fila india de despropósitos, no existía hace casi cuatro décadas.

                                                            Esta y las dos siguientes son, de Almería
          Visto el panorama y al mismo precio, decidirnos alojarnos en el pueblo, en el peor
establecimiento del viaje. Viejo, parcialmente inundado, caro -35 euros-, con baño compartido, sin televisión y con la wi-fi caída. Vamos, que resulta más difícil entretenerse dentro de la habitación, que en la propia Bangladesh.

          El pueblo se ubica en lo alto de una colina y está compuesto por una bonita iglesia principal -de pórtico trasero arqueado-, rodeada de calles estrechas y serpenteantes, de casas blancas en diferente estado de conservación. También, vimos un par de cuevas, deliciosas vistas sobre el mar tricolor -marrón cagalera, azul claro y oscuro, por este orden y de dentro a afuera- y una curiosa fuente -de agua insípida y caliente-, donde vienen a coger agua desde muchos puntos de los alrededores. No permiten llevarse más de 100 litros por persona, pero nadie controla este posible hecho.


          A diferencia de Granada, las comunicaciones por bus con la provincia, no resultan demasiado frecuentes, así, que se hace necesario planificar mucho de antemano y a veces, pegarse buenos madrugones, porque sólo existe un servicio de transporte al día. La cosa empeora, durante los fines de semana.