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domingo, 25 de diciembre de 2016

Enamorarse de Granada o encontrar el amor en Pampaneira

                                                     Pampaneira (Granada) y debajo, seis seguidas de la capital
          Hay ciudades, que se agotan en una sola visita y son la mayoría. Otras, aguantan dos y son las menos, a las que nos gusta volver una y otra vez, sintiendo siempre las mismas emociones y hasta descubriendo lugares y aromas nuevos. Luego está, el retornar a una población en diferentes momentos de tu vida, lo que puede llevar a sensaciones curiosas, poderosas y enriquecedoras. Y es, que una ciudad no es sólo lo que se ve o percibe por otros sentidos, sino también nuestro estado de ánimo el momento vital, por el que estemos transitando.

           La primera vez, que fuimos a Granada, corría el ya lejano 1.990 y pasamos nuestro tiempo, por este orden, follando, bebiendo cerveza y comiendo tapas y paseando. Por supuesto, conocimos la Alhambra -casi gratis, con nuestro carnet de estudiantes- y no perdimos detalle de las numerosas calles donde se encontraban los abarrotados bares.

          La segunda, en el año 2.000 y tras una fatalidad laboral de ambos, el drinking y el tapeo se destacaron en la primera posición. Aún follábamos, entre paseo y paseo, montadito de lomo y cubatas. Puedo recordar, que hasta recalamos en el increíble Albaicín.

          Tuvieron que pasar trece años para que retornáramos a esta fantástica urbe, en un largo puente de diciembre. Fue apenas medio día, sin dormir en la ciudad, camino de Guadix y de Jaén. Apenas nos dio tiempo a refrescar la memoria de sus lugares más típicos y de sus acogedoras y hospitalarias gentes (cuando uno sale de la arisca y gélida Castilla, todo el mundo parece más amable).

          Esta vez, de nuevo en diciembre, hemos dedicado el día entero a los paseos, ascensos y descensos, porque Granada está llena de empinadas cuestas. De lo de follar, las tapas -tapones, como ellos dicen, muy justamente-, las cervezas y los cubatas, ya no queda ni rastro. Eso sí, hemos disfrutado, por primera vez y como enanos, del maravilloso Sacromonte, que se ha convertido en nuestro lugar favorito de la ciudad.

          Y eso, que esta zona, si la conocíamos de nombre. ¿No os acordáis de aquella canción de 091, llamada “debajo de las piedras”, donde se referían a este barrio. Por cierto: el mítico grupo granadino dio su concierto final, sólo dos días después de que abandonáramos la provincia, el 17 de diciembre. ¡Una lástima, el no haber podido vivir este inolvidable momento!. Por cierto: la gira lleva el simpático nombre de, “maniobra de resurrección”.

          Aparte de revivir viejas sensaciones y disfrutar de otras nuevas, el motivo fundamental de la visita, esta vez, era recorrer las Alpujarras. Como el transporte público en esta zona del sur funciona muy bien y resulta muy económico, decidimos acercarnos a cuatro de sus pueblos en una misma jornada, madrugando y retornando tarde.


          Lanjarón tiene fama por su balneario y sus deliciosas aguas minerales, pero aparte de esto, poco más ofrece al viajero. Un casco histórico discreto, aunque agradable, teñido de Navidad en esta época y los lejanos restos de un Castillo en ruinas.

          Órgiva subió el nivel de nuestro periplo, siendo este lugar la capital de las Alpu8jarras. Su zona antigua es más bonita y animada, destacando su iglesia principal, el ayuntamiento, una elevada y bella ermita de siglos atrás, restaurada y su decadente mercado de abastos, que vivió tiempos mejores.
                                        Pampaneira (Granada)
          Capileira se muestra como uno de los puntos más elevados de Andalucía y lo notamos en la menguante temperatura. Se trata de un pueblo ascendente y descendente, de casas blancas, interesante iglesia y magníficas vistas del entorno, si el día lo permite. Resulta un magnífico lugar para iniciar y completar varias rutas de senderismo.

          Y, nuestro enclave favorito: Pampaneira. Cercano a la anterior población, aunque a menos altitud, este tranquilo pueblecito ofrece calles blancas y serpenteantes -algunas, con canalizaciones de agua descendente a gran velocidad en su mitad-, una iglesia y otros edificios de relumbrón y la famosa fuente de San Antonio “Chumpaneira”.
Órgiva y debajo, Lanjarón (Granada)
          Dice la leyenda, que los hombres que beben sus deliciosas y frescas aguas, encuentran mujer esa mima noche. Parece ser, que los efectos vasodilatadores de determinados minerales de sus aguas, la convierten en la viagra de Sierra Nevada. “Dos buenos tragos al anochecer, se convierten en un polvo para enloquecer”.
                       
          Nuestro alojamiento en la capital granadina nos salió por 15 euros la doble, cada noche. Así, que ya no tenéis ninguna excusa para acercaros y disfrutar de la ciudad y de la provincia, plagada de atractivos turísticos. Nos hubiera gustado acercarnos a Baza, pero era difícil encajarla en el itinerario y su visita, nos impedía acercarnos al imprescindible desierto, de Tabernas. ¡Otra vez tendrá, que ser!.