lunes, 29 de diciembre de 2025
sábado, 6 de diciembre de 2025
jueves, 4 de diciembre de 2025
¡Última llamada para mis obsesiones!
Si todo sale conforme a lo planeado, este será el último post antes de partir para China, con el invierno acorralándonos, aquí y allí. De momento, no estamos muy contentos con Air France, que nos manda más mensajes intimidatorios, que resolutivos. Qué si para volar a Paris -Unión Europea, pura y dura-, necesitamos no se que documento. Qué si ahora, "el ready to fly", un mensaje en inglés -ni siquiera en francés-, en el que te invitan a rellenar muchos campos -algunos imposibles y en color gris- para supuestamente, agilizar unos trámites, que resuelves en un mostrador en dos minutos con una persona física, por incompetente que sea.
Y luego , solo puedes llevar a cabo el check in online con treinta horas de antelación. Está muy bien, que Ryanair juegue esas bazas porque así viajas casi gratis, pero resulta indecente, qué una compañía de bandera -asi se llamaban antes-, utilice esas tretas, cuando por cada maleta -nosotros ninguna, evidentemente -, te cobran la friolera de 179 €.
A nosotros, nos ha pasado de todo en los últimos años en Barajas y aunque somos robustos, creedme, que no vamos preparados para todo. ¡Chulitos, lo justo!
En fin, os animo a viajar, a pesar de las diferentes penurias, que por ADN, tenemos todos.
Veréis: hoy, que todo me da igual, menos que llegue mañana y nos larguemos de una vez, os quiero contar las cuatro limitaciones importantes y absurdas, que han condicionado mi vida y que he superado o estoy en camino.
- Miedo a volar, que me entró en el 2000 y superé seis años después, por mi mismo y sin ayuda alguna. ¡Seis años perdidos, dependiendo de autobuses y trenes y ahora, me parece una gilipollez, pero entonces...
- Pánico, a no poder seguir respirando, vamos que me fiaba de todo el mundo menos de mi funcional hipotálamo, que controla sin estrés esas cosas.
- Miedo a atragantarme y morir ahogado/asfixiado. Ese pánico constante está por superar porque encima, mi dentadura me da razones constatables para ese temor.
- Dificultades palpables para el enfoque visual, cuando me pongo nervioso. Es mi última pelea y mi pareja y yo tratamos de lidiar con ello, pero no es fácil en una personalidad absolutamente obsesiva, como la mía. ¿Oculista o inteligencia artificial?. Esta última aclara, que lo que me pasa es normal y que cuanto más inseguro sea, mi vida será más borrosa.
Llevo treinta años sin ir al médico, tengo 58 tacos -creo, que ahora se llaman palos-y nunca nunca -ni gripes, ni catarros- he estado enfermo. No quiero, ni imaginar, como habría sido mí vida con un poco de menos suerte.
Y tengo, como asignatura pendiente, aprender a pedir ayuda y quitarme esa soberbia. ¡+Eso es imposible!.
En fin, que no me rindo y mañana, si puede ser -con permiso de Air France y de los hijos de puta de Barajas-, nos vamos a China.
miércoles, 3 de diciembre de 2025
Ha empezado la cuenta atrás y se nota ansia
Además de la versátil y útil trip.com para el transporte ferroviario debemos contar con la app oficial de los trenes chinos llamada 12306. La hemos descargado y lo hemos intentado todavía poco, pero detectamos ciertas dificultades para registrarnos. ¡Seguiremos intentándolo con esmero!.
En China, existen trenes de alta -incluso altísima - velocidad, que tardan poquísimo, en casi cualquier recorrido y otros mucho más lentos, como los de toda la vida. La diferencia es el precio, que puede ser cinco veces mayor e incluso superior, a llevar a cabo ese trayecto en avión. Las clases normales son asientos duro y blando y mismas categorías para las literas, que sepamos.
De momento y como ocurrió en 2009 no tenemos información sobre el universo autobuses, pero estamos en ello. Aparte de un nocturno con literas, la otra vez, solo los tomamos para recorridos cortos (menos de 200 kilómetros). No nos queremos agobiar, así, que poco a poco.
El alojamiento es Booking y Booking, no existiendo otra maldita posibilidad conocida. La buena -diria buenísima - noticia es, que los precios resultan muy competitivos, la calidad general es buena y a diferencia de Europa, casi nada se paga por adelantado y se puede anular hasta el mismo día. ¡Esa si, que resulta una ventaja notable!
Como ya hemos dicho y no es broma, los españoles y hasta esta Nochevieja, estamos exentos de visado. Lo agradecemos mucho -esperamos-, los que otras veces nos hemos batido el cobre con las autoridades -a veces, insensibles - chinas.
¡Vaya subidón, a falta de poco menos de cuarenta horas para arrancar!.
En 2009, llevamos a cabo un exitoso circuito en forma de óvalo, de la manera siguiente: Shanghái, Hangzhou, Suzhou, Zhouzhuang, Shenzhen, Hong Kong, Macao, Suzhai, Guilin, crucero por el río Li, Yangshuo, canal Ling, Xi'am, soldados de terracota, Bampo, Beijing y Badaling (zona más turística de la muralla china).
Nuestro recorrido de ahora es incierto, como no podía ser de otra manera, aunque en un principio, también en forma de óvalo. Ya se ha explicado en otros posts y se ha publicado un mapa-croquis, que volvermos a adjuntar aquí. ¡Haremos, lo que podamos e incluso, algo más!
Andamos dilucidando, si contratamos un seguro médico y de asistencia en viaje, que no solemos hacer, desde que nuestra visa oro de Bankinter y su póliza nos dejaron tirados hace años.
Ultimamos las más importantes cosas del viaje, que va a estar gobernado de cabo a rabo por el impío y desagradable frío, para que este viernes, cinco de diciembre y a las 20:30 horas, podamos estar en la inhóspita estación de autobuses de Valladolid, tomando un ALSA a Madrid e iniciando está compleja y excitante aventura, de la que le pese , a quien le pese, esperamos volver sanos y salvos.
A China, con Air France
martes, 2 de diciembre de 2025
Demasiado tarde para acceder a la Gran Duna
La misteriosa escalera del calentón
No tenemos nada claro, si tras la visita, nos alojaremos aquí, si regresaremos al hotel de El Aaiun de ayer o si tomaremos un bus nocturno a Bojador, donde llegaríamos a las dos de la madrugada (muy mala hora, porque por las noches hace bastante frío). Esta última opción queda descartada, porque todos los buses a este destino y desde aquí y hoy, ya han salido. Habría, que retornar a El Aaiun.
Mientras nos decidimos, nos topamos con el Hotel Granada. Nos dejan una estupenda habitación con baño dentro por tan solo 150 dirhams, por lo que no le damos más vueltas. El check in nos lo hace una mujer mayor. Junto a ella, una jovencita de unos 20 años, que va a protagonizar la anécdota del viaje. Nuestra alcoba está en la segunda planta y debemos subir cuatro empinados tramos de escaleras, casi a oscuras. Delante va mi pareja. La joven, que se da cuenta de mi dificultad visual, ni corta ni perezosa y sin siquiera hablar, me agarra con las dos manos por el brazo derecho y pega sus voluminosos pechos a mi cuerpo. No tengo tiempo para valorar ninguna opción, porque empieza a tirar de mi con fuerza escaleras arriba a una velocidad de vértigo y sin dar la luz. Estamos a punto de caer tres o cuatro veces, pero nada la detiene. Yo, con un calentón tremendo y mi pareja flipando boquiabierta.
Al sofocón, se une el calor de la calle, en la jornada más soleada y de más alta temperatura de este periplo. Es hora de zamparnos un rico bocadillo de sardinas con salsa -nos calientan hasta el pan- y unos calamares.
Lo expongo sin rodeos: Marsa es un lugar horrible. Habíamos leído sobre su puerto antiguo y una bonita playa. Pues nada de nada. El primero es enorme y aglutina barcos de todo tipo, la mayoría de ellos muy viejos. Además es imposible acceder sin permiso al interior, porque lo rodea un muro y verjas. La playa está detrás y no se ve. Hay otra caminando hacia la derecha y enfrente de una mezquita, pero está plagada de escombros y el mar se vislumbra muy lejos.
Nos cansamos de dar vueltas sin ton ni son y después de arrasar con una pastelería de dulces baratos y ricos.
Cuando llegan las cinco de la tarde y como ayer, el cielo comienza a ennegrecerse, mezcla de nubes y polvo del desierto y ya no volverá a despejar. Tenemos el pelo lleno de arenisca, que nos ha traído el viento a pesar de que nos hemos duchado ayer.
Cada vez tenemos más dudas, sobre si mañana iremos a Bojador. Teóricamente, sería factible coger un bus a primera hora, dos o tres de visita y continuar en un nocturno, a Dakhla. De todas formas y con la incertidumbre de los horarios, tal vez no merezca la pena arriesgarse y perder el vuelo ( no hay otro hasta el próximo sábado).
Lo que si hemos descubierto es el bus urbano, que conecta con El Aaiun. Tiene el número 18 y pasa cada sesenta minutos (7 dirhams, por los 20, que hemos pagado está mañana).
Compramos la cena, también a base de pescado y nos vamos a disfrutar de nuestra magnífica habitación. En la recepción ya no está la guapísima chica de este mediodía. ¡Una pena!.
Hay jaleo hasta casi media noche en las calles adyacentes, aunque ni El Aaiun, ni Marsa, destacan por sus mercados. Tan solo, unos pocos puestos de olorosa fruta y en perfecto estado de maduración, lista para ser disfrutada ( y no, como en España).
La ducha -a pesar de caer solo un hilillo de agua hirviendo - resulta reconfortante. Apagamos la televisión, que solo emite programas en árabe y nos damos al indie de Spotify, mientras tomamos una buena dosis de vodka. Las reservas van justas y se acabarán mañana. Dormimos de un tirón, porque llevamos tres noches a medias.





