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miércoles, 1 de febrero de 2017

Un inesperado viaje, a Cantabria, gracias a que ALSA, está que lo tira

                                           Esta y las tres siguientes son, de la comarca de Liébana (Cantabria)
          Es 31 de enero. Hace 20 grados en la calle y un sol espectacular. Caminamos carretera arriba, armados de cachivaches y de ropa invernal sobrante, tratando de acceder desde las maravillosas playas de Suances, al pueblo. Tenemos dudas, sobre como llegar y preguntamos a una chica, que viene despistada, de frente. Se trata de una amble y joven “smombie” -a la que ya, le sobran unos kilos-, que no separa los ojos de su pantalla digital y que nos responde: “mirad, yo tampoco soy de aquí y estaba tratando de aclararme, mirando el google maps”.

          Una simpática lugareña entrada en años, aunque no en carnes, que escucha la conversación, se ofrece a ayudarnos desde la acera de enfrente: “si cruzáis, os puedo enseñar un atajo, siguiendo unas escaleras, que hay aquí mismo; siempre tenéis, que seguir pegados a la pared, porque si no, os metéis en un barrio raro y así os ahorráis más de un kilómetro, hasta volver a tomar la ascendente carretera”. Así lo hacemos, con notable éxito.

                                             Las dos de abajo son de las playas, de Suances (Cantabria)
          A pesar de peinar canas hace años, yo soy mucho de tecnología y de andar todo el día con el GPS en los viajes. Sin embargo, me causa gran emoción -orgullo y satisfacción, que diría el antiguo Rey-, que aún y aunque parezca lo contrario, la forma más sencilla y eficiente de llegar de un sitio a otro, siga siendo la cálida comunicación entre los seres humanos. ¡¡¡Chúpate esa, google maps!!!.

          La verdad es, que este viaje de cinco días, a Cantabria, surgió de la nada. Retozando en el sofá mi aburrimiento, escuche uno de esos tantos pitidos, que da el móvil, cada rutinario día. ALSA nos ofrecía, viajar a mitad de precio, a un montón de destinos, pero sólo teníamos cinco horas para reservar. A duras penas, me desperecé, renuncié a ver El Intermedio, de Wyoming y compatibilicé la serie televisiva de turno, con averiguaciones varias, sobre un itinerario posible, en nuestra trillada España. Y además y como siempre, ¡que fuera factible en transporte público!.

                                                             Las dos siguientes son, de Potes (Cantabria)
          Con esfuerzo y constancia, me salí con la mía y sólo cinco minutos antes de que se acabara la oferta, reservé billetes, a Santander, ida y vuelta, a 6,5 euros, desde Valladolid. A partir de ahí, había que labrar un periplo de destinos nuevos, sobre unas bases ya hechas de siempre -mezclar ciudades, pueblos pintorescos, montaña y playas- y no era fácil, porque en Cantabria, ya hemos estado muchas veces.
Las tres siguientes son de la comarca, del río Besaya (Cantabria)
          A Potes y al monasterio de Santo Toribio, de Liébana, le teníamos ganas desde hace mucho tiempo, pero o siempre nos pillaba a trasmano o nos daba pereza, porque se encuentra alejado de cualquier ruta. Baste decir, que se hace necesario entrar en Asturias -vía Panes-, para volver a Cantabría, por el bonito desfiladero de La Hermida. La información práctica existente en internet, sobre esta ruta es escasa, confusa y muchas veces, equivocada. Así, que a ver, si en un próximo post, aporto algo de luz.


           Eso sí y como cabía suponer, en la red no hay ningún problema para encontrar detalles sobre los frascos de anchoas, de Santoña -a más de 40 euros el kilo- los caricos -finas y suaves alubias rojas- con chorizo, el cocido montañés, el lebaniego o la carne de tudanca (raza de vaca algo oscura, aunque parece, que muy rica). Porque a la hora de subir cuestas o callejeear, hay muy pocos voluntarios, pero a la de yantar, son multitud, los que se apuntan.
Carrejo (Cantabria)
          La cuestión “pueblos con encanto”, parecía más difícil, aunque es verdad, que en la cornisa norte de España, lo son, casi todos. Optamos por la comarca del Besaya, que acoge bonitos destinos, como Cartes o Riocorvo. También por la de Cabezón de la Sal, con pintorescos enclaves, como Carrejo y Santibañez, donde un domingo cualquiera y como hace décadas, la gente vestida para la ocasión, sigue reuniéndose delante de la puerta de la iglesia -muy chula y norteña, por cierto-, después de misa, para debatir sobre asuntos de interés particular, general -las menos veces- o poner a parir a todo lo que se mueve (las más).
            A continuación, tres de Cabezón de la Sal (Cantabria)
          Quedamos tentados, de acercarnos, a Liérnagues, pero ni la logística, ni las ganas de más de lo mismo, ni la economía, nos echaron un capote.

          En cuanto a playas, quedamos maravillados, arribando a Suances y a Tagle (lástima, que no nos dio tiempo a llegar, a la de Santa Justa, a unos dos kilómetros de esta última). La de la Concha, muy tranquila y donde para que te cubra, debes caminar hasta aburrirte, destinada para mayores y familias poco activas. La de Los Locos, para surferos y gente más activa. Y la del Tagle -o del Sable-, para bañarse en aguas algo bravas y en un agradable y rocoso entorno. Siempre, las arenas doradas y finas, ¡lo que resulta una delicia!.

          Para finalizar, decir, que aunque compramos billetes, a Santander, nunca llegamos a dejarnos caer por esta ciudad. Establecimos, como centro base principal, Torrelavega, donde encontramos un alojamiento muy barato (hasta hicimos la ruta del Colesterol, en esta ciudad, que es más esforzada y tediosa de lo que a simple vista, parece).



          Nos surgieron muchas alarmantes dudas, sobre si podríamos abordar el regreso, desde esta parada intermedia, sin avisar a la compañía de autobuses. Nos arriesgamos y no hubo más problemas -afortunadamente-, que en ALSA están implantando una nueva tecnología de control de pasajeros, que de momento, da demasiados quebraderos de cabeza a los conductores, por estar en fase de experimentación.