Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Cuando nadas y nadas... y casi mueres en la orilla

                                   Esta y la de abajo son, de la Senda del Oso (Asturias)
          Después de haber viajado, durante más de 25 años por las destartaladas o inexistentes carreteras de India, Myanmar, Etiopía, Guatemala, Mali, Bolivia, Filipinas, Mozambique, Sri Lanka..., sin el más mínimo percance.

          Tras haber dormido tirados en playas, parques, desiertos, puertos pesqueros o de recreo, estaciones de trenes y aeropuertos, pasajes subterráneos urbanos, a veces a bajo cero y otras junto a los amistosos e inofensivos mendigos del lugar, nunca nos pasó nada reseñable.

            Carta de cachopos de un restaurante, en Oviedo. Debajo, la persona que nos atropelló, el 5 de noviembre
          Después de haber atravesado fronteras terrestres intimidatorias y de muy mala fama, sobre todo, en África y Sudamérica, salimos siempre indemnes y normalmente, con una sonrisa, por parte de los funcionarios locales o de los persistentes buscavidas del lugar (la mayoría de las veces, eso sí, menos agresivos, que cualquier maruja patria con prisas o chismes que contar, que un conductor de tu ciudad despiadado, que un consentido criajo con mal carácter -de los de hoy en día- o que una anciana gruñona).

          Tras haber comido en bares de menú del día -o a la carta, también-, engullido tapas infames, bebido en antros miserables del supuesto primer mundo, tuvimos mejor estómago almorzando en puestos callejeros y modestos garitos o carromatos del supuesto submundo en vías de desarrollo. De hecho, casi medio año en India, no fue tiempo suficiente para coger una sola diarrea, mientras unos pocos días en Lombardia hicieron, que mi incontinencia intestinal fuera incontrolable cada cuarto de hora, que pasaba.
Luanco (Asturias)
          Después de haber follado en el rellano o las escaleras -en cualquier caso, zonas comunes- de la casa de mis padres o de los de mi pareja, en servicios de bares, restaurantes o discotecas, en parques, playas, baños de trenes..., sin siquiera haber sido descubiertos.

          Bueno. Pues después de todo eso y más, el pasado 5 de noviembre y muy cerquita de casa -noche de perros, lluviosa y lúgubre- fuimos atropellados en un paso de cebra de una estrecha e inofensiva calle, a 10 kilómetros por hora, por un señor ya entrado en años, que al parecer, tenía otra cosa más importante, que hacer, que mirar al centro de la carretera.

          Como se observa en la foto de más arriba, esta persona tiene familia y hasta parece, que la quiere. Pero, a nosotros, nos ha dejado dolores bastante molestos en el cuello y hombros. ¡Y pudo ser peor, porque no nos vio y casi acabamos debajo del coche!. Quien dijo, que nunca sabes donde la tienes, sabía mucho de la vida y debería ir impartiendo conferencias gratuitas por todo el mundo, a cada rato, sobre esta inadvertida materia.
                                                                                                          Lastres (Asturias)
          Sirva todo esto para explicar, que hemos tenido que suspender nuestro viaje a Grecia, Albania y Montenegro y conformarnos -que no es poco- con un periplo por Asturias de cuatro días, en los que hemos visitado Villaviciosa, Tazones, Colunga, Lastres, Gijón, Luanco, Candás, Oviedo y la sorprendente, poco conocida y muy acogedora Senda del Oso -a pesar de la persistente lluvia-, que recorrimos parcialmente -actualmente, un tramo está cortado por obras de mantenimiento- en absoluta soledad.
Tazones (Asturias)
          A lo largo de los dos próximos posts, se darán detalles de nuestro breve, aunque intenso periplo. La lluvia no nos fastidió demasiado, el ocre desgarrado del otoño nos lleno de energía y optimismo y vivimos rodeados de huellas de dinosaurios, osos, aguas marinas agitadas, chigres -tabernas de sidra-, cachopos -carnes o pescados rellenos de cosas diversas, aunque generalmente, se trata de embutidos, tipo cecina o queso de cabra-, bugres -crustáceo del que aquí se habla: https://ast.wikipedia.org/wiki/Homarus_gammarus-, potes asturianos -distintos a la fabada, no confundir, aunque también lleven alubias- y carnes gobernadas al estilo de Oviedo (o Uvieu, que así se denomina a la ciudad en asturianu).