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martes, 21 de agosto de 2012

Explosión de naturaleza

                                                 Perito Moreno (Argentina)
            Tras unas primeras semanas de viaje, más urbanas y playeras, al aterrizar en El Calafate, llegan días de intenso contacto con la naturaleza. Esta ciudad de Patagonia se articula en torno a una calle principal, donde se encuentran los numerosos restaurantes, que ofrecen especialidades de la zona. Como más destacado, el cordero patagónico, hecho a la parrilla, con un adobo compuesto de aceite, vino blanco, ajo, perejil, sal y ají molido picante.. Pero, como aquí todo es muy caro –incluido el alojamiento-, nosotros nos tenemos que conformar con las deliciosas empanadas del supermercado, La Anónima.
 Parque Nacional de las Torres del Paine (Chile)
            Nos ha recibido una buena climatología, aunque bastante ventosa, que permite que en poco más de una hora, se seque un pantalón vaquero y una gruesa toalla, recién lavados y escasamente, escurridos. Es está época del año –finales de febrero-, aún no ha anochecido, siendo las once de la noche.

Nuestra llegada a este punto tan meridional, ha sido motivada, para llevar a cabo una visita al glaciar, Perito Moreno, que se haya a una hora de autobús. Como bien se ve, en los numerosos videos, que se exponen en las tiendas de la calle principal, el glaciar rompe cada cuatro años y casualmente, es en estos días, cuando debe producirse este fenómeno.
                                                                               Perito Moreno
Lamentablemente, no podemos coincidir con ese acontecimiento, pero sí contemplamos al majestuoso gigante, más rebosante de hielo, que nunca. Tenemos la suerte, de contemplarlo primero, con el cielo absolutamente nublado y posteriormente, estando despejado, siendo las tonalidades cromáticas muy distintas, aunque igualmente, atractivas. El mayor espectáculo consiste en ver caer desde lo alto, los enormes trozos de hielo, sobre el agua y la sonoridad hueca, que provoca.
                                                                 Parque Nacional de las Torres del Paine 
Cuando nos hallamos en lo más intenso de la contemplación, alguien grita a mi lado. No es debido al inmenso escenario, sino a que le ha picado una avispa. “Me cago en la madre, que me reparió”, es su espontánea respuesta.

Cruzar la frontera entre Argentina y Chile, por esta zona, tiene su miga. Los funcionarios de inmigración son bastante tocapelotas, con el tema de los equipajes, que se pretenden introducir en el país, estando estrictamente prohibidos, el queso, la carne, la miel, la fruta y cualquier souvenir, de procedencia animal.
                      Perito Moreno
Llegamos a Puerto Natalaes y por primera vez en nuestras vidas, contemplamos el océano Pacífico, que desde luego, no hace ningún honor a su nombre. Nuestra intención no es otra, que visitar desde aquí, el impresionante parque nacional de las Torres del Paine.

Por diversas razones –relacionadas, fundamentalmente, con la escasa equitación-, decidimos no hacer la “W”, tradicional trekking de cuatro jornadas. Utilizaremos un día, para hacer la larga caminata hasta las Torres del Paine y otro, contratamos una excursión, que nos haga una visita panorámica por el parque.
                             Parque Nacional de las Torres del Paine
En un día despejado –como es el caso-, la vista de las Torres resulta espectacular. La subida lleva vayas horas y se transita por terrenos de dificultad variable. Aunque, salvo el último, eterno y esforzado tramo, en el que hay que ascender –a veces a gatas- por bloques de piedras, no es una caminata demasiado complicada.
                                                                    El Calafate (Argentina) 
En este día trekkinero, están a punto de suceder dos hechos, que pudieron cambiar para siempre nuestras vidas. Además, uno a cada uno: una casi total deshidratación y un resbalón al borde de un precipicio, frenado en el último instante y de milagro. No son pocas las muertes en el parque nacional. Después sabríamos, que una francesa ese mismo día, reposaba en un tanatorio, de Puerto Natales.

Al principio, por la mañana, empezamos la ascensión como un tiro, adelantando a todo el mundo. El día era muy caluroso y escasamente variable, algo raro por aquí. No bebimos lo suficiente y la ascensión se terminó haciendo eterna. En el último tramo, era ascender cinco metros y tener, que parar 10 minutos.
  Parque Nacional de las Torres del Paine
La visión empezó a nublarse y los calambres aparecieron por todo el cuerpo, además de la respiración jadeante. La decisión estaba clara y optamos por la segunda opción, entre un posible fatal desenlace y tomar el agua de los riachuelos, que teníamos más a mano, desconociendo su salubridad.

A una española, que por allí pasa, no se le ocurre otra cosa, que decir: “Pero, no bebas de esa agua, que la está pisando todo el mundo, al pasar”. Pero, ¿esta idiota no se ha enterado, de que está fluyendo, constantemente?.
                                        Perito Moreno
Tres litros de agua y un largo rato sentados a la sombra, devuelven la situación, a la casi total normalidad. Al día siguiente, el guía de la excursión panorámica, nos informa, de que el líquido elemento no solamente es potable, sino que es de unas cualidades extraordinarias.
                              Parque Nacional de las Torres del Paine
Descartamos ir a Ushuaia, por estar lejos y no ser un lugar muy atractivo en esta época del año