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martes, 28 de abril de 2026

Exposiciones en Madrid: un valor refugio

           Hacia algún tiempo, que no pasábamos un fin de semana completo en Madrid. Las razones eran variopintas: expiración de los abonos de transporte gratuitos, hartazgo general, precios abusivos de los alojamientos, masificación insoportable y trivialidad inconsciente y agotadora...

          Pero, avivados por el abono único, decidimos volver a las andadas de paseos capitalinos, exposiciones notables, experiencias variables y propuestas de Samplia.

          No habíamos elegido mal fin de semana, porque el 18 de abril se celebraba el Día de los Monumentos y muchos museos madrileños eran gratis. ¡Otra cosa es lo de las desgastantes y constantes colas!.

          Decidimos, volver al Reina Sofía, donde solo habíamos estado unas vez en nuestras vidas hace más de un par de años. Y no resultó mala elección, porque salvo la aglomeración insoportable en torno al Guernica, pudimos transitar con cierta holgura y tranquilidad.

          Lo bueno de este museo es, que tienes un poquito de todo y no te aburres. Desde lo rompedor, transgresor y original, hasta lo cutre a lo cursi y cada uno, sin más, decide, con lo que se queda. Desde la guerra civil a la movida, pasando por otros varios acontecimientos históricos y estados de ánimo.

          Nuestro segundo recurso fue la cercana Serrería Belga, abarrotada de gente, inusualmente. Nos acogió una agradable exposición de cuadros de Menchu Gal, muy entretenida y después, un cuento de la ciudad de Madrid y sus versatibilidades, dividido en catorce escenas con sus imágenes y texto explicativos. ¡Todo muy fresquito, digerible y recomendable!.

          Y para el domingo -las entradas el sábado estaban agotadas-, dejamos la exposición de Caixa Forum, sobre el inquietante y potente -hace más de 2500 años- imperio asirio, en cooperación con el siempre interesante y expoliador Museo Británico.

          Está civilización ocupó buena parte de Oriente Medio, con base en Nínibe, su capital, que se corresponde con la actual Mosul, en Irak.

          La muestra se centra en Asurbanipal, uno de sus máximos líderes, que llegó al trono por casualidad, porque este estaba reservado para sus hermanos mayores. Y por eso, es de los pocos dirigentes, que sabía leer y escribir, cuando por aquel entonces y para reinar y masacrar -a los tuyos y a los rivales-, no hacía siquiera falta.

          Todo muy interactivo y recomendable, como suele suceder casi siempre en esta fantástica Fundación de CaixaBank, a la que los clientes tenemos acceso gratuito.

Madrid ya es invivible

           Una tarde de hace mucho tiempo, cuando tenía 14 o 15 años, leí en El País, que estábamos a punto de ser 5000 millones de habitantes sobre la faz de este planeta. Y pensé: "¡Madre mía, cuánta gente!.

          Hoy en día, ya sobrepasamos los 8000 y me temo, que una buena parte de esas millonarias incorporaciones se han ido a vivir -o al menos, a residir temporalmente-, a Madrid, especialmente, durante los fines de semana.

          Cada día, la capital de España resulta más insufrible y deteriorada, pero no parece importarle a nadie. De verdad y con toda naturalidad, que hemos perdido todo tipo de sentido, sobre lo que significa -o fue- calidad de vida. ¡Todo vale y ya sin asombro!

          Resulta imposible caminar por Madrid -salvo a unas reducidas deshoras-, hacer algo sin guardar una larga y tediosa cola; visitar una exposición -si es, que hay entrada- sin colección de codazos, transitar por el metro sin que te arrollen sin pedirte perdón con cuerpo o bulto - en Madrid diez de cada cinco personas lo portan-, tratar de coger aliento...

          Y ya no digamos, encontrar un hotel digno y no abusivo, para la noche de un viernes a sábado o a domingo -lo budget supera los 150€- o una vivienda para ser un madrileño más: de 1500€ para arriba por espacios reducidísimos, no aptos para más de dos personas. Pero, todo fluye y se ha normalizado, sin que se vea el cambio de tendencia o el final.

          El caos es tan evidente, disfuncional y recurrente, que ya nadie lo considera tal, en un mundo puro de supervivencia sin normas, que daría miedo, si no fuera, porque nos hemos acostumbrado a todo y a una terrible y constante resignación (que no, resiliencia).

          La vida diaria capitalina resulta un horror mayúsculo, pero los fines de semana todo se transforma en peor, porque la ciudad se llena de eventos y cada uno se cree capacitado y bendecido para llevar a cabo el suyo. ¡Veamos, el finde pasado!.

          El sábado a primera hora, colapso en los entornos de Neptuno, provocado por la policía, que montaba el dispositivo atlético de la final de la Copa del Rey de fútbol.

          No demasiado lejos y en Sol, un solo acto multitudinario por la visita a España de la fascista María Corina Machado, que ha venido a darnos lecciones a los españoles, de cómo se deben hacer unas elecciones limpias y transparentes. ¡Lecciones de los lameculostrumperos Machado y Rute, necesitamos muy pocas y racismo de Carlos Baute -como abanderado de tal causa-, aún menos.

          Para el domingo quedaba el desmontado de vallas coperas, que de nada habían servido, porque la Real le había dado sopas con honda al equipo de Simeone.

          Casi al lado, una carrera popular -con muy buenos objetivos, pero arramplándolo todo -, contra el cáncer: desorden, confusión, embrollo y vorágine vestidas con camiseta verde, en las que llegamos a ver el dorsal cincuenta mil.

          Y casi en paralelo y sin poder respirar -Ayuso colecciona protestas diarias sin pestañear -, una nutrida manifestación de la Enseñanza Pública coreando, que no pueden hacerse cargo de veinte alumnos por clase, cuando en nuestra época éramos cuarenta y ningún profe se quejaba. ¡Se trata de un hecho y no de una opinión, que la mia me la guardo!.

          Y mientras y en cotidiana escena, subsaharianos y musulmanes abarrotando la Plaza de Lavapiés ( los primeros, cargados de latas de cerveza). 

          Vivimos en Madrid casi dos décadas y tenemos una conexión bestial con la ciudad, pero este Revolutum Selvático, ya no hay quien lo aguante. ¡Ni nosotros!.

          O quizás, nos estemos volviendo viejos!