Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

miércoles, 8 de abril de 2026

138 euros en cinco días y medio

           En este país y no sabemos por qué -o si-, está muy mal visto, que tengas dinero y aún peor, que lo digas, porque genera socialmente mucho resentimiento y envidia. En el mundo anglosajón si dispones de posibles, la gente te admira. En España, si eso ocurre, el pensamiento común es: "a saber de dónde lo habrá sacado".

          Al hilo de esto decir, que nuestra situación económica resulta muy envidiable y que somos muy, muy, muy privilegiados. No daremos cifras por no asustar, pero por si alguien quiere secuestrarnos y pedir un rescate selalar, que casi todo está bien invertido y la liquidez es solo la suficiente para nuestro desenvolvimiento cotidiano .

          Y, ¿a qué viene hoy esto?. Acaso, ¿de un día para otro nos hemos vuelto presumidos?. Vanidosos o engreídos no lo hemos sido nunca y no lo vamos a ser ahora. Como hemos dicho, tener dinero no supone un problema, pero que los que te rodean lo sepan sí, por aquello de los celos, la rivalidad, la comparación, la petición de favores económicos...

          Entonces, ¿lo publicitamos, porque estamos buscando herederos tras nuestra muerte?. Podría ser, pero tampoco es el caso. Si mis padres me sobreviven -los de mi pareja están muertos- no verán un euro diga la ley, lo que diga y aunque sean legatarios forzosos. Mis hermanas y los de mi cónyuge no recibirán ni un vaso de agua y nuestra única sobrina, tampoco. Dicho eso, nuestros fondos sobrantes y nuestra vivienda irán para obras sociales, que todavía no hemos determinado.

          Pues entonces, ¿por qué airear las riquezas?. Como no podía ser de otra manera, los motivos son estrictamente viajeros. Quienes leéis a menudo este blog -y antiguamente la web- sabéis que nuestra forma de movernos por el mundo es muy austera y no gastamos casi nunca más de lo necesario. Podríamos derrochar, pero no nos da la real gana y así, vivimos super felices. No tenemos, por supuesto, que justificarnos, pero os vamos a dar unos pocos razonamientos:

          -. Viajamos muy asiduamente y eso multiplica los gastos. Tanto lo hacemos, que incluso y en su momento, llegamos a cansarnos y a agobiarnos, por no saber ya donde ir y por encontrar pocas experiencias nuevas. Pero éramos incapaces de quedarnos un mes seguido en casa. Así, que le dije a mi pareja: "anda, preséntate a esa puta oposición, a ver si la sacas y nos amarramos al hogar". Y fue ella -no resultó una sorpresa - y lo hizo.

          -. Disfrutamos mucho más y por más rato encontrando chollos o ahorrando, que gastando. Estamos muy orgullosos y satisfechos de haber empleado en cino días y medio de Semana Santa solo 138€ entre los dos y no nos da ninguna vergüenza decirlo, ni que alguien nos considere cutres o tacaños, porque la opinión de los demás siempre nos ha dado exactamente igual.

          -. Nosotros no disfrutamos gastando, sino ganando -sobre todo yo- y vencer es conseguir las cosas al mejor precio. En Líbano, por ejemplo, nos pasamos tres horas negociando el precio de un hotel, después de veinticuatro sin dormir y dice de un vuelo internacional . ¡Y nos salimos con la nuestra!.

          -. Pero la razón fundamental es la más clara: no nos gusta, que nos tomen el pelo; que nos vean como un euro con patas; que se quieran aprovechar de nosotros por ser turistas -más bien, viajeros-, extranjeros o viejos, que ya vamos camino de ello... Nos gusta ser autosuficientes -aunque humildes y colaborativos-, no formar parte del redil, no ir como la mayoría de veraneantes/excursionistas en rebaño haciendo las mismas gilipolleces y pagando por todo, lo que les pidan, aunque las cifras sean astronómicas, porque total, un día es un día.

          Todos tenemos derecho a viajar donde nos de la gana, pero el turismo de masas está haciendo un daño bestial a los viajeros independientes, a las ciudades, a los entornos naturales y al medio ambiente. Y solo por el ansia recaudatoria de los estados, los propietarios de alojamientos y  la hostelería, que cada día quieren ganar más dinero y sin escrúpulos. Para ellos, el capital es como el agua del mar. Cuanto más bebes, más sed tienes.

          Y lo peor es, que la cosa no tiene remedio.

martes, 7 de abril de 2026

Nuestra canción de Semana Santa (parte II)

           -. Precios desorbitados: este tema es el más complicado de manejar y por eso, la mayoría de las veces, la gente acepta la derrota y se gasta, lo que sea o se conforma, reduciendo los días de estancia. Esto resulta cómodo, pero también derrotista y un error, porque los propietarios del negocio turístico son cada día más ricos y los viajeros, cada vez más pobres y deprimidos.

          Hoy en día, hacer una escapada de Semana Santa o puente cuesta el doble, el triple o más, que antes de la pandemia y no ha pasado tanto tiempo de aquello.

          Los restaurantes y bares se han subido a las nubes, pero son evitables, yéndote al supermercado. La entradas a los lugares a visitar han disparado su precio, porque es una forma sencillísima y poco esforzada de aumentar la recaudación estatal o autonómica y seguimos -siguen, más buen-, picando, como tontos.

          El grueso del aumento del gasto son sin duda los alojamientos, porque no se puede viajar sin pernoctar, lo que supone un concepto, que los fondos de inversión inmobiliaria manejan y que entienden hasta los más tontos. El problema no es el coste en si -que también -, sino que la mayoría de la gente ha naturalizado, que pagar 150€ por una habitación con baño compartido es normal o barato, "porque para una semana al año, que salgo...".¡ Nos tienen pillados por todas nuestras partes íntimas y además, sin remedio o esperanza alguna!

          -. Si a los precios añadimos la masificación turística insoportable, la cosa ya pasa de castaño oscuro. Se trata de un asunto muy complejo, porque la masa la formamos todos y cada uno y cada quién, puede ir a donde le da la gana sin restricciones. La solución es imposible -no se me ocurre ninguna racional-, pero a río revuelto, ganancia de pescadores (tenedores de alojamiento e instituciones). Tenemos la sensación, de que cuanto más sube todo, más demanda hay. Pero como bien sabe la becaria del boletín informativo horario de turno todo es culpa de la guerra de Irán.

          -. Retenciones: pues sí. Es otra variable a plantearse, sino somos super gilipollas, para salir cuatro días y tirarnos dos de ellos en innumerables atascos de tráfico con una resignación más, que cristiana. Somos animales de costumbres y ni siquiera nos planteamos dejar de hacer cosas, que deberíamos. Es más: nos empeñamos constantemente y con pasión en justificarlas. ¡Porca miseria!.

          -. La climatología, para finalizar. El tiempo en Semana Santa suele ser una ruleta rusa y casi siempre, terminas perdiendo. Aparte de la lluvia -dos de los cinco días y de forma copiosa- en el norte hemos pasado frío con abrigo, gorro y bufanda y en el sur, nos hemos asfixiado, al margen  de cargar con toda esa ropa a cuestas, al viajar en transporte público.

          En resumen, como diría la inteligencia artificial: los que no habéis podido salir está Semana Santa de casa, no nos tengáis demasiada envidia, que no es oro todo, lo que reluce.

Nuestra canción de Semana Santa (parte I)

           Nuestra semana de Pasión -dejémoslo en Santa, porque de lo otro cada vez nos va quedando menos- ha resultado bastante distinta a la planificada. Eso en si, no es ni bueno, ni malo, siempre, que tengas capacidad de reacción y no te desmorones y nosotros ambas cosas las llevamos bien y con mucha naturalidad.

          La música del viaje suena muy bien: más de 2259 kilómetros recorridos en cinco días, seis comunidades autónomas y doce provincias transitadas, 138€ de gasto total para los días en transporte público y alojamiento...

          Pero la letra ya es otra cosa y debimos de trabajar mucho la introducción, la estrofa, el preestibillo, el estribillo, el puente y la salida de esta canción de primavera.

          Y esta composición ha estado marcada por una serie de palabras, que iremos enumerando y posteriormente, desgranando: Abono Único, refuerzo -y no precisamente en forma de snack-, precios abusivos, masificación, retenciones -y no fiscales- y climatología incontrolable.

          Contemos la canción:

          -. Abono Único: ha sido el indestructible gran aliado de este viaje. Pagamos por él 60€ y ya llevamos gastados 165 reales y aún, con 25 días de uso. Nos ha servido, por supuesto, para desplazarnos -diez autobuses y un tren de Media Distancia-, pero también, como modo de alojamiento cogiendo recorridos nocturnos para dormir a coste cero, aunque fueran innecesarios para el itinerario. Y es, ¡que el precio de los alojamientos en épocas clave resulta ser una estafa!

          ALSA, compañías regionales de autobuses, Media Distancia y Cercanías -el abono se vincula en las máquinas de esta categoría de RENFE con la tarjeta física - han sido nuestras grandes fortalezas. El Abono Único cuenta además con otra ventaja crucial: puedes reservar cuantos recorridos quieras, incluso simultáneos, para barajar varias alternativas en ruta, porque todos los trayectos se pueden anular sin coste hasta dos horas antes de la salida. Hemos llegado a tener reserva para tres lugares diferentes a casi la misma hora, decidiendo justo al límite.

          -. Refuerzo: nosotros no somos mucho  -mas bien nada - de planificar con antelación o de reservar transporte o alojamiento semanas o meses antes. No va con nuestro estilo de vida y lo consideramos poco práctico, porque solo ofrece la ventaja de garantizarte algo con tiempo, que lo mismo luego, no puedes cancelar o tiene costes, cuando ya no lo necesitas.

          Naturalmente, en fechas puntuales, como Semana Santa, la mayoría de los ALSAS van petados desde el principio. Pero la compañía dispone de los llamados buses de refuerzo. Los ponen con poco margen de tiempo para los recorridos habituales. Cuestan lo mismo y mantienen los horarios. La desventaja es, que no son propios, sino subcontratados y suelen ser peores en materia de espacio, wifi y enchufes para cargar, pero a nosotros el modelo nos compensa.

lunes, 6 de abril de 2026

Filosofía barata de una Semana Santa

           Ha sido una Semana Santa distinta, extraña, estresante en general -aunque finalmente placentera-, en la que el poco guión, que teníamos para desarrollarla ha saltado por los aires. La cuestión es, que no hemos vuelto ni contentos ni cabreados, sino básicamente, reflexivos y con más preguntas, que respuestas, con más enigmas, que soluciones.

          Me resulta difícil escribir este artículo, sin que a estas alturas, ya lo hayáis dejado de leer, por excesivamente metafísico y hasta pedante.

          Pero, es que en este día posterior al fin del viaje se mezclan demasiadas emociones sobre temas tan diferentes, que me está costando llevar a cabo una mezcla digna, comprensible, edificante y clara: lo que nos ha pasado, lo que ocurre en general, lo que está por venir -generalmente, malo-, lo que ya no tiene remedio, las nuevas oportunidades -que también las hay -...

          En fin. Voy a ver, si soy capaz de ir desbrozando y poniendo orden a sucesos, sentimientos y emociones.

          Podríamos partir de una pregunta muy directa y contundente: ¿Merece la pena hacer un viaje semana santero de cuatro o cinco días con las circunstancias, condiciones y exigencias actuales?. La respuesta es abrupta, aunque cristalina: no y de casi ninguna de las formas posibles y trataré de explicarlo a mí manera, desordenadamente, pero que no traiciona mi lógica mental. ¡Dadme tiempo y espacio!.

          En el mundo actual existen muchos problemas -evidentemente-, pero dos de ellos, nos afectan de una manera muy cotidiana a casi todos y además -por mucho que nos cabreen-, no tienen ningún remedio a corto o medio plazo: la imposibilidad de conseguir una solución de vivienda digna sin arruinarse -afortunadamente, este no es nuestro caso- y la cada vez más imposible manera de disfrutar de un ocio vacacional, sin altos costes psicológicos y económicos, debido a la masificación turística y a los cada vez más elevados costes, que encima, muchos acaban considerando normales, por dejadez o por presumir, de que pueden permitírselo.

          España está muriendo de éxito con más de cien millones de viajeros/ turistas/visitantes anuales, a los que se atiende cada vez peor y de los que solo se busca su dinero. Pero no únicamente tienen la culpa los sanguinarios, impíos y nada empáticos gestores del sector turístico, que cada vez dan menos por más y con exiguas y malhumoradas explicaciones, sino todos nosotros, que cada vez, les dejamos más margen de acción y peleamos muy poco.

          La gente ya considera normal, que ahora ya solo pueda salir cuatro días, cuando antes disfrutaba de diez; pagar 100 o 150€ por una pequeña habitación con un minúsculo baño compartido o gastarse cuarenta euros por chupar cáscaras en un restaurante a través de un poco elaborado arroz con bogavante (homarus gammarus).

          No parece para nada normal, que una pareja sin hijos -por poner un minimo- haya aceptado con toda naturalidad, que cada día de disfrute de Semana Santa, puentes o verano les salga por 200€, solo entre alojamiento, comer fuera y las disparatadas entradas a los lugares a visitar.

          Leíamos el otro día, que solo el 23% de los españoles se ha podido tomar unos días de viajecito esta Pascua. Y lo primero, que piensas es: ¡qué injusticia!, ¡pobrecito el resto!, ¡en que país más pobres vivimos!...

          Pero la realidad y la pregunta es: ¿cómo iban a ser las cosas, si estando, como están, ese porcentaje subiera al, por ejemplo, 50%?. La respuesta es sencilla: doble precio, mitad de calidad y lo que hay en ambos aspectos, ya es ahora insufrible. 

          Pero nosotros seguimos haciendo la guerra por nuestra cuenta y no nos va mal, aunque con mucho estrés y volantazos constantes.

          Y los demás, a tragarse el cuento: "todo es culpa de la guerra de Irán" (como lo fue de la ya olvidada de Ucrania).