Habíamos estado en dos ocasiones anteriores en Nador. Una , en 2010 con una amiga, camino de Alhucemas y Chaouen. La otra, dos años después, en el inicio de nuestro quinto viaje largo, que nos llevó a cruzar el desierto por Sáhara Occidental y Mauritania, hasta Senegal y Mali. En este periplo actual, queremos dedicará la ciudad y alrededores algo más de tiempo.
Y por eso, pasaremos aquí todo el día de hoy. Mañana nos acercaremos hasta Melilla, donde ya estuvimos hace catorce años. El sábado trataremos de hacer la excursión al cabo Tres Forcas y a Tibouda y La Charrana. Y para el domingo podríamos dejar las playas de La Bocana y Arckmane.
Finalmente, el viaje real iba a ser algo distinto, aunque iremos poco a poco y por partes.
Para nuestra sorpresa, además de ser un lugar muy barato, la mayor fortaleza de Nador es su excelente y económico sistema de transporte público, gestionado por una empresa de Alicante. Por unos pocos dirhams te llevan a casi todas partes, incluidas algunas playas casi vírgenes y algo alejadas.
Existen tres estaciones en la ciudad: la de transporte urbano explotada por Vectalia. La antigua, también en el centro y abandonada. Y la nueva del transporte interurbano, camino de Zeluan y el aeropuerto.
Sin embargo, al Cabo de Tres Forcas no arriba ningún transporte colectivo. Existen algunas agencias de viajes en la ciudad, pero no gestionan esa excursión o es más cara, que negociada con un taxista.
A pesar, de que estamos muy cansados, no nos acostamos un rato, como otras veces y nos encaminamos a una de las numerosas a una de las numerosas paradas de taxis compartidos, cercana al hotel. Existen vehículos de este tipo para llegar hasta Tibouda, pero el problema es la vuelta, dado, que allí no hay parada estable - ni casi alojamientos-, por lo que habría, que gestionar el retorno por teléfono y en vehículo privado, lo que puede salir más caro y problemático.
Por eso, un amable "charlas" nos ofrece por 70€ un transporte hasta la zona -unos 43 kilómetros -, tres horas de espera del conductor, para que podamos llevar a cabo las visitas y el retorno. No llegamos a negociar los detalles, como las paradas concretas. Nos parece algo caro, pero nos da la sensación, de qué son lentejas y no vamos a encontrar otra cosa. De todas formas y hasta el sábado, nos lo vamos a pensar.
A ratos llueve y otros no, pero el potente viento no desaparece nunca. Desde luego, la metereología - y las previsiones son malas- va a marcar enormemente el devenir de este periplo.
De momento y tras recorrer el centro, enfilamos -mirando el mar-, la parte derecha del paseo marítimo, por donde no transita casi nadie. Son tres cuartos de hora de agradable paseo hasta llegar a un puente y a una reserva ornitológica, que en la actualidad -desconocemos hasta cuando - se encuentra cerrada. De camino se contemplan las agradables vistas sobre la laguna salada llamada Mar Chica y una playa algo más fea, debido al color de su arena.
Deberíamos haber llegado hasta el final del refugio de los pájaros, pero estamos demasiado cansados y lo dejamos para otro día. Tanto, que a la vuelta nos tumbamos a dormir un rato en un banco, hasta que la lluvia nos despierta. ¡Y nosotros sin paraguas!.
Ahora toca recorrer el paseo marítimo hacia el otro lado, una vez, que hemos dejado atrás las letronas típicas con el nombre de la ciudad. Se trata de un tramo sensiblemente más corto, que finaliza con la contemplación de un morabito, tumba de piedra blanca y coronada por una cúpula que alberga los restos de un santon o ermitaño musulmán en el Magreb.
En Nador -como en el resto de Marruecos - son infinitos los gatos, que se agolpan en las calles (casi más, que personas). Están ampliamente alimentados por la mayor parte de la población, a diferencia de los perros, que además, resultan escasos. Esto se debe, a qué los felinos son más independientes y pueden ser protegidos por toda la comunidad, a diferencia de los canes, que necesitan dueño propio.




