Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

sábado, 28 de marzo de 2026

Atrapados (parte XIX) Popurrí indio

 


       Hemos llevado a lo largo de más de una década seis dilatados viajes por India. En total y sumados, más de un año. Para ser tanto tiempo, no es uno de esos lugares, donde nos hayamos visto especialmente atrapados, porque el país resulta muy versátil y generador de alternativas.

          Pero en algunas ocasiones sí nos hemos sentido así. He aquí una relación de situaciones, descritas sin orden cronológico, tal, como se nos van ocurriendo:


        -. En Jalgaon, cercano a las preciosas cuevas de Ajanta, nos vimos atrapados de forma múltiple, por una habitación sin apenas electricidad, la diarrea de mi pareja y un autobús a Surat, donde unos sinvergüenzas me propinaron varios golpes en la cara sin motivo, empapándome de sangre (viaje 1°).

          -. En la tranquila Khajuraho, debimos pasar dos días a mayores de los planeados, por ir todos los trenes a Varanasi completos. Finalmente, viajamos en asientos separados (viaje 1°).


        -. Queríamos ir de Dhera Dun a Shimla de forma directa. Pero una festividad religiosa y una avería de trenes nos dejaron atrapados en el primer lugar. Al final, debimos dividir el recorrido en tres partes y al llegar a Shimla, un vehículo volcado en el puente de acceso nos dejó clavados en el mismo sitio y con un interminable atasco, debiendo bajar y llevar a cabo los últimos kilómetros caminando (viaje 3°).

          -. Una semana atrapados en Delhi, buscando un vuelo de precio razonable para regresar a casa. Los hoteles de la capital de categoría económica no son el mejor lugar para estar por largo tiempo (viaje 3°).


       - .El cuarto periplo fue el único, que desde el inicio, tenía fecha de fin, dado que se trató de vacaciones de casi un mes en un periodo laboral. Creedme, si os digo, que es horrible y estresante viajar con tan escasa flexibilidad, en India.

          -. Más de siete horas atrapados en Kholapur, buscando un transporte para Bijapur y nadie nos sabia decir más, que no había ninguno directo. Cuando ya estábamos desesperados y barajabamos otros planes, una amable chica nos colocó en un incómodo microbús, aunque efectivo, que nos llevó de forma directa y menos mal porque Bijapur es una de las ciudades más bonitas de India (viaje 4°).


        -. Uno de los atrapamientos más inquietantes nos ocurrió en Matheran, al final del quinto viaje largo. Estábamos sentados en la terraza exterior del hotel y de repente, empezaron a llegar monos por todas partes. Al menos, eran diez. Nos metimos para adentro de la habitación deprisa cerrándolo todo y dejando fuera parte del equipaje. Allí estuvieron tomando el lugar y merodeando por la puerta, hasta que se nos ocurrió abrir un instante y lanzarles un buen cubo de agua.


        -. Como no teníamos reserva, nos colocamos de pie en un vagón de tercera, en un tren de Bangalore a Hassan. En India es muy peligroso beber alcohol por la calle y aún más, en el transporte público. Por hacer un giro inverosímil con un vehículo en la calzada te caen cien rupias, mientras por tomar una cerveza en un banco te aseguras una multa de más de cinco mil, además de riesgos penales. El caso es, que íbamos tomando algo despreocupadamente. Nos pareció, que gente de nuestro alrededor hablaba de nosotros y de estar consumiendo bebidas espirituosas. No le dimos más importancia, hasta que en Mysore, se subieron dos policías y se sentaron enfrente de nosotros.


        Todavía tenía la botella de la mano, pero no se percataron. La conseguí esconder sin que la vieran, porque estaban más pendientes de un móvil con archivos de procedimientos administrativos, que daban pánico. De momento, ni nos hablaron. Y nosotros tratando de hacerles ver, que estábamos más frescos que una lechuga y que no llevábamos encima ni una sola gota de alcohol. Llegaron las preguntas y finjimos no hablar demasiado inglés.

          La espera fue larga y tratamos de hacerles entender de todas las formas posibles e imaginables que la denuncia era falsa. Llegando a Hassan, finalmente, nos dejaron en paz y sin registrarnos. Y menos mal, porque en India no solo es delito beber alcohol en un tren, sino que basta con transportarlo (viaje 3°).


        La parte XX de esta serie de artículos será la última, sobre atrapados por la familia, después de Semana Santa.

viernes, 27 de marzo de 2026

Atrapados (parte XVIII) Gorakpur


          Queríamos ir en tren, desde Lucknow y de un tirón, hasta New Japalguri. Imposible. Solo billetes para dos días después y en la clase más cara con aire acondicionado. En los cinco primeros no, pero en el sexto viaje a India, tuvimos muchas complicaciones con unos cuantos trenes sin plazas, durante días, permaneciendo atrapados varias veces.

          Al final, decidimos ir avanzando a tramos y no sin esfuerzo logramos unos boletos para Gorakpur, en una clase -la D-, que nunca antes habíamos utilizado y después tampoco. Está bien para lo que pagas. Se trata de vagones de segunda clase con reserva de las plazas, colocadas por hileras.
 

        Llegamos a Gorakpur con el monzón apretando a fondo y con las calles -algunas sin asfaltar- anegadas por el pastoso  barro. Eran las diez y media de la noche y la ciudad estaba escasamente iluminada.

          En frente de la estación había decenas de hoteles. Preguntamos en más de veinticinco de ellos y en la mayoría, las mismas cantinelas y mentiras de otras veces: "no rooms", "Is full".

          Tan solo nos aceptaban en tres, de precios muy desorbitados. También eran caras las habitaciones de la propia estación de ferrocarril.

          Nos empezamos a temer, que por primera vez en India y en seis periplos, nos iba a tocar dormir en la calle. ¡Atrapados sin un alojamiento!.


        De repente, un policía llamó nuestra atención. Nos comentó, que un señor allí presente nos quería ofrecer alcoba y nos fuimos los cuatro para las habitaciones de la estación. La oferta nos pareció muy rara, porque antes nos habían solicitado diez veces más: ahora solo 150 rupias por dormir los dos. Una vez en el mostrador el amable poli se despidió de nosotros y la encerrona estaba al caer.
     
          Primero, nos pidieron la misma cifra a cada uno y ya estando en el cuarto y con los pasaportes retenidos nos requirieron quinientas y poco después mil, con la probable intención de seguir subiendo.
   

      Montamos un escándalo tremendo, recuperamos  la documentación y la totalidad del dinero entregado y salimos de allí por piernas. Caímos en la cuenta, de que esa persona nos había ido siguiendo, cuando habíamos ido preguntando por los hoteles.

          Seguía lloviendo. Nos fuimos a la no muy lejana estación de autobuses, en busca de algún medio de transporte o de comprobar, que fuera buen sitio para tumbarse y dormir. Pero, al poco tiempo, debimos huir después de ser acorralados por tres perros muy agresivos.
   

      Volvimos a la terminal de trenes y tras cenar unos bocadillos de tortilla francesa y siendo las cuatro de la mañana, nos tumbamos en el suelo, como muchos mendigos o centenares de peregrinos vestidos de naranja. Fue la primera y única vez, que nos hemos quedado en India sin alojamiento por causas ajenas.

          La mañana tampoco empezó muy bien, porque en la confusión, mi pareja perdió su mochila. Volvimos sobre nuestros pasos y un amable chico nos dijo que la habían entregado a la policía, que nos la devolvió después de hacernos un par de fotos conjuntas.
  

      Gorakpur es un sitio caótico y horrible. Tiene un enorme e insulso lago. En sus alrededores, encontramos amenazantes hombres con serpientes de la mano o colgadas del cuello.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Atrapados (parte XVII) El siniestro aeropuerto de Kuwait (II)

 


         A la ida del noveno viaje largo habíamos ido por Kuwait, para conocer el país. A la vuelta del décimo pasamos por allí, por ser la opción más barata, coincidiendo con los altos precios de la Semana Santa.

          Era algo arriesgado, pero nosotros -sobre todo yo-, somos así. Desde Delhi, volaríamos a Kuwait City con Etihad y 32 horas después, con la nefasta Anadolu, filial de Turkish Airlines y el peor avión de nuestras vidas, a Estambul. En realidad, si salíamos de la zona de tránsito y volvíamos a entrar al día siguiente, no deberíamos tener más problemas, que los gastos del visado (9€).


        Llegamos a Kuwait, desde Delhi a las ocho de la tarde de un día de finales de marzo de 2024. Todo normal, nadie nos pidió abandonar la terminal, porque si en la zona de embarque la vigilancia es intensa, en la de tránsito no parece haber ninguna. Nos tiramos a dormir en las mismas espartanas tumbonas de seis meses antes y padecimos idéntico frío.

          Sobre las ocho de la mañana quisimos salir, gestionando el visado y en realidad, solo para asegurarnos no tener problemas con el vuelo de conexión, porque no íbamos, ni a bajar al centro. Pero nos tocó la ogro de inmigración y nos denegó la visa por no tener contratado un hotel. Le explicamos, que nos íbamos a la madrugada siguiente, que podíamos reservar uno -y anularlo, sin que ella lo supiera, en diez minutos-, pero que no, que no y que no. ¡Otra vez, atrapados!


          La cosa se ponía muy fea. Íbamos a superar por ocho horas, las 24 consentidas en tránsito, por lo que nos podrían denegar fácilmente la tarjeta de embarque del vuelo, a Estambul, deportarnos a nuestro origen -India- o detenernos y encarcelarnos en el país y vete a saber, que más.

          Pasamos el día muy nerviosos, sin comida propia y aprovechándonos de esa cantidad de alimentos enteros, que dejan esos viajeros deshambriados o comistrajas.


        De lo poco bueno, que cuenta el aeropuerto de Kuwait es, que tienes un mostrador dentro para gestionar tarjetas de embarque. No hace falta salir, si llegas con una compañía y partes con otra, que allí te lo arreglan. Pero te suelen pedir la tarjeta de embarque del vuelo anterior y así lo estaban haciendo con el vuelo previo al nuestro, de Turkish.


        Igual, que por la mañana nos  había tocado la hija de puta del aeropuerto, ahora nos atendió una persona muy amable, que nos gestiono todo sin pedirnos nada. Al fin, nos íbamos de allí.

          Hace años, que la palabra "nunca" ha desaparecido de nuestro diccionario, pero nos cuidaremos mucho en el futuro, de volver a volar a Kuwait. Eso, sí los iraníes no han llenado el aeropuerto de minas. O misiles balísticos.


martes, 24 de marzo de 2026

Atrapados (parte XVII) El siniestro aeropuerto de Kuwait (I)

 


         Nuestra inquietante experiencia con el aeropuerto de Kuwait -el más hostil de nuestro mundo conocido - fue doble. A la ida del noveno viaje largo, los problemas los tuvimos en el exterior (zona de embarque). A la vuelta del décimo, aunque salvamos el "match ball", ocurrieron en el interior (espacio de tránsito).

          Llegamos a Kuwait sobre las siete de la tarde de un día de finales de octubre de 2023, con Wiiz Air. Teníamos un vuelo a Mascate, para 36 horas después y con otra compañía (Salam Air). En estas condiciones y en cualquier aeropuerto del mundo , te obligan a salir de la zona de tránsito, al exterior y suele haber dos colas: los que se quedan y los que se van, pero allí nada de nada. 


        Todo empezaba bien, porque aunque queríamos visitar la ciudad, no nos apetecía abandonar la terminal a esas horas. Nos tiramos a dormir en unas incómodas tumbonas de madera. No hemos estado nunca en la Antártida, por tanto, no sabemos si allí hace más frío, que en el aeropuerto de Kuwait City, con sus enormes máquinas de expandir a borbotones aire glacial.

          Nos despertamos a las tres de la madrugada y decidimos, que era hora de salir. Había bastante cola para gestionar el visado y la cosa fue muy lenta, pero no hubo problemas.

          Ya en la zona de embarque nos empezó a perseguir un ambiente hostil y de acorralamiento -peticiones constantes de irnos de allí-, contemplando el siniestro panorama de un hall vacío con todos los negocios abiertos.


        Evidentemente, nos largarnos, tomando todavía de noche el bus a la ciudad. Kuwait es un lugar raro, porque por cada cien indios -ya trabajando en la construcción desde las cuatro de la mañana-, ves un kuwaití. No obstante, el día salió bien y volvimos al aeropuerto, antes de que se hiciera de noche. El wifi funcionaba tan mal, como de madrugada, así, que no pudimos comprar los billetes entre Bangkok y Hanoi para días después.

          Y comenzaron otra vez las persecuciones y los agobios: que no podíamos estar allí, que faltaba mucho tiempo para nuestro vuelo, que nos buscáramos un hotel...Nos sentimos absolutamente vigilados, tanto dentro, como fuera de este pequeño aeropuerto.


        No nos costó descubrir, que en frente había -hoy quien sabe, con la guerra,si seguirá -, otra terminal aún más diminuta, de la compañía Jazeera, de bandera kuwaití y que opera vuelos de bajo coste. El ambiente era algo menos brutal -no amable- y funcionaba el wifi. No obstante, nos advirtieron, de que no teniendo vuelo con ellos, no podíamos estar mucho tiempo allí. Sacamos el vuelo, a Vietnam. 


      Fueron pasando las horas, a ratos dentro y otros fuera, sin dejar de sentirnos acosados. En la terminal general, solo había un sitio cómodo para dormir, consistente en un banco redondo forrado con un cómodo mullido. Allí y en forma de círculo, nos pusimos a dormir con dos japonesas. Pero no había pasado ni una hora, cuando nos expulsaron abruptamente.

          Con la compañía Salam Air, genial, a pesar de no poder hacer el check in on line.


        Lo sabemos, porque finalmente, nos dió tiempo a coger el vuelo a Omán, después de que en la puerta de embarque nos pasarán el equipaje siete veces por la misma máquina de control.

lunes, 23 de marzo de 2026

Atrapados (parte XVI) El tren a New Japalguri

 


         Había empezado nuestro décimo viaje largo a través de Marruecos y Abu Dhabi -con su baratísima tienda de cerveza y alcohol, con ron cubano a dos euros-, cuando llegamos a Delhi un 27 de enero de 2024, en lo que iba a ser -y fue- nuestro quinto viaje a India.

          Llegar a la capital de noche no nos hizo demasiada gracia y menos, transitar por sus calles, aunque anteriormente, las hubiéramos recorrido cientos de veces. Cada vez, que vuelves, Delhi está peor 

          Aún nos gustó menos, cuando a la mañana siguiente nos enteramos, después de indagar mucho, que habían cambiado la oficina de venta de billetes para extranjeros, sacándola de la estación central. Y todo, mientras nos perseguían comisionistas de todo tipo.


        Llegamos hasta un edificio algo destartalado y solitario, en el que solo una pareja de franceses mayores aguardaba en la ventanilla. Sacaron trayectos para varios destinos, por lo que la espera se hizo algo larga.

          Nuestro objetivo esta vez, era recorrer los siete estados del nordeste del país, además de Sikkim y para ello, sacaríamos billetes para New Japalguri, en un largo viaje, que debería durar unas 31 horas.

          La cosa empezó mal, porque al ir a pagar los boletos nos dijeron, que los billetes de dos mil rupias, que teníamos de viajes anteriores, ya no estaban en circulación. Nos costó varios días canjearlos, con mucho esfuerzo, en el Banco de India.


        En enero, en Delhi hace bastante frío y la ciudad está llena de hogueras. En la clase sleeper de los trenes la temperatura es algo mayor, pero se hace necesario ir bien abrigado 

          El 30 de enero, poco antes de medianoche, partimos para New Japalguri en un tren relativamente tranquilo, para lo que es costumbre en otras épocas del año (especialmente, durante el monzón). La niebla lo invadía todo y era imposible ver algo a través de las ventanillas.

          Comenzaron las constantes paradas motivadas por la incidencia del frío y la humedad en las vías y las catenarias. Consultamos en la aplicación de Indian Railways y a las cuatro de la mañana, ya llevábamos dos horas y media de retraso. A las 5 teníamos, que haber llegado a Kampur, pero no lo hicimos hasta el mediodía, ya habiendo desaparecido la niebla. 


          Allí estuvimos parados otras tres horas, sin tener noticias, lo cual no es una anomalía, en India. Y después, fuimos tirando a arreones hasta el anochecer.

          Tocaba pasar la segunda noche consecutiva a bordo, pero para nosotros no era novedad, porque nos había ya ocurrido en periplos anteriores. Por una vez -y no como en otras ocasiones- llevábamos comida, bebida y alcohol suficiente. Acumulábamos ya nueve horas de retraso.


        Volvió a amanecer y ahí seguíamos atrapados y con mucha paciencia, viendo bajar y subir a la gente. Lo peor era lo de los baños, la mayor guarrada, que hayamos visto en nuestras vidas y eso, que para este título en India hay mucha competencia. Nunca hemos visto mierdas más descompuestas, ácidas y esparcidas, aunque no daré más detalles.

          Llegada la tercera noche desde la salida y con casi 16 horas de retraso, para un total de más de 46, arribamos a nuestro destino y al bajar del tren me empujaron y casi me partió una pierna.


Atrapados (parte XV) El confinamiento

 


         Transitaba alegremente enero de 2020, cuando aquí, despreocupadamente, nos partíamos el culo de un virus, que les había entrado a los chinos. Hacíamos todo tipo de gracietas, como saludarnos con las puntas de los pies, con los codos o esquivarnos intencionadamente, a carcajadas.

          Aunque ya estaba el Hitler demente en el poder -o sea, Trump-, nosotros nos decidimos a volver a Estados Unidos -donde habíamos estado en 2009- a su mitad este y a la misma zona de Canadá.

          Teníamos ganas -y seguimos teniéndolas, aunque hoy en día es imposible- de hacer este viaje desde hacía tiempo y la cosa se nos puso a huevo al encontrar un vuelo Madrid -Toronto-Madrid, con escala en Nueva York, por tan solo 150€. Estábamos dispuestos a comernos todo el frío de marzo de la zona y a resbalarnos por los inmensos lagos helados.   


      Los preparativos fueron fluyendo con normalidad y diligencia. Tramitamos la ESTA de Estados Unidos y la ETA de Canadá sin mayores contratiempos, mientras todos nos empezábamos a tomar algo mas en serio -tampoco mucho-, lo del exótico virus chino.

          Y llegó un sábado de marzo, un día antes de nuestra partida y ya con todo el equipaje preparado, cuando el país entero nos pusimos delante de la televisión, para escuchar al presidente, Pedro Sánchez: España quedaba confinada -algunos no habían oído esa palabra en sus vidas- sine die, aunque en general, aquello seguía sonando un poco a chufla. 


      Sin dar nuestro brazo a torcer, aún nos pasamos todo el domingo buscando recovecos para hacer el viaje, aunque nos teníamos, que los vuelos de Air Canadá iban a ser cancelados. Incluso, llegamos a sacar los billetes del ALSA, desde Valladolid, hasta el aeropuerto de Barajas, mientras mi madre me repetía: "no os van a dejar, no os van a dejar". Y si. Por la tarde, todo se desmoronó, como un castillo de naipes.

          Nuevamente, estábamos atrapados en casa el día de empezar un viaje y está vez -como todos sufrimos- por larguísimo tiempo.


        Yo aproveché la pandemia para escribir un libro, tomar más cerveza de la cuenta, engordar unos kilos y tratar de recuperar el dinero de los pasajes aéreos.

          Los habíamos comprado con Budgetair, una agencia digital, que habíamos utilizado decenas de veces antes y que hasta entonces, no nos había dado ningún problema. 


      En esta ocasión, sin embargo, nos trataron bastante mal. Empezaron  mintiéndonos descaradamente diciendo, que los vuelos si habían salido y que habíamos llevado a cabo un "no show" -no presentarnos al embarque -, cuando en nuestro perfil de usuario de Budgetair ponía claramente, que habían sido cancelados.

          Y así, anduvimos durante meses, con tiras y aflojas, sin que nos hicieran demasiado caso.


          Finalmente y después de más de medio año, recibimos un correo de Air Canadá, directamente, en el que nos pedían disculpas y nos reintegraban el dinero a la tarjeta. Curiosamente, todo, menos la comisión de la maldita e insensible Budgetair.

          Y como somos gilipollas, posteriormente hemos vuelto a comprarles billetes.

domingo, 22 de marzo de 2026

Atrapados (parte XIV) Echando el resto, en Taiwán

 


         A veces, después de haber estado en más de 150 países, rodeados de aventuras y peligros tenemos la sensación de que moriremos de la forma más estúpida. Tropezando con un bordillo y estampanándonos la cabeza en una farola o por un alimento en mal estado o caducado.

          De hecho, el jueves pasado mi pareja cayó al suelo y se ha preparado una buena en la cara.

          Pero bueno ¿Que importa eso ahora, cuando estamos a un corner de la tercera guerra mundial?.

          Volvamos a 2018, año de nuestro octavo periplo largo por Tailandia, Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Indonesia, Singapur y Taiwán.


        Ningún problema con las tarjetas hasta llegar a este último país, pero no estaba todo el pescado vendido.

          Llegamos a Taipei con solo cuatro días para explorar el país. Nos habría gustado estar más tiempo, pero queríamos ir a la vez a las cenas navideñas a toda costa para ver a nuestra sobrina, por entonces, de nueve años. Ni nos lo agradeció entonces, ni nos lo agradece ahora, ni lo hará en el futuro. Y nos gastamos un pastizal en los vuelos.


        La primera mala noticia fue, que con Simyo no teníamos cobertura ninguno de los dos, para confirmar el SMS. Pero además, el wifi de nuestro hotel tampoco funcionaba. Nos fuimos a la cercana estación de trenes, abarrotada de gente cargando el móvil en unos paneles laterales y la conexión inalámbrica solo era eficaz intermitentemente. ¡Una desesperación!.

          Nunca nos llegamos a rendir -no va con nosotros -, pero lo vimos muy difícil.

          Los pocos ratos en los que funcionaba internet, hacíamos la reserva de memoria, pero no podíamos recibir el código por parte de mi padre por el WhatsApp, porque entre corte y corte se pasaba el tiempo requerido. ¡Estábamos metidos en un verdadero bucle, después de más de diez intentos!.


        Finalmente recordamos, que en el fondo de una de las mochilas teníamos una tarjeta apenas usada de otra entidad (no recuerdo de cuál).

          De repente, la SIM de mi pareja tenía cobertura no sabemos por qué (ella entonces tenía 4G y yo 3G) y no sin dificultad llevamos a cabo la arriesgada compra. ¿Y por qué?. Por un par de razones importantes.


        El vuelo era a Shanghái, desde Taipei, con Air China y a Madrid, con Iberia. De todos es sabido, que Taiwán y China no se llevan muy bien y tuvimos ciertos problemas con las tarjetas de embarque, gracias a Dios resueltos por un trabajador veterano.

          Íbamos con 14 horas de escala, así, que eso no era problema. Pero sí entrar en tránsito en Shanghái, después de una dura cola de más de tres horas (hoy en día no se necesita visado para treinta días).¡Todo salió a las mil maravillas, aunque con mucho sufrimiento!


        De Taiwán solo vimos Taipei y Jiufen y no el norte, así, que volveremos.


Atrapados (parte XIII) La pesadilla de los SMS para confirmar vuelos

 

        En 2017 regresamos a las andadas y volvimos a tener problemas con las tarjetas, como en 2008, en Malasia continental. En esta ocasión y para añadirle más dificultad y reto, no fue solo con las bancarias, sino además con la SIM de los teléfonos.
         
           Hagamos un poco de historia. En 2008 no había, que confirmar la compra del vuelo con tu banco. A partir de la segunda década del XXI, Bankia o ING -no se el resto de bancos-, te mandaban un SMS con un código, que debías confirmar en la web. Este era telefónico, no por correo, ni en su página. Conclusión: si no tenías cobertura, fuera por lo que fuera, no te llegaba.
 

        En la actualidad ese problema ha desaparecido, porque se confirma en la propia app deslizando en la pantalla. Basta un wifi cualquiera y ya está y no necesitas una linea telefónica.

          Vayamos por partes. Llevábamos una semana en Bangkok, cuando una mañana apareció mi móvil absolutamente quemado -y la SIM también-, por una brutal subida de la tensión eléctrica. Quisimos comprar otra y un nuevo teléfono en varios centros comerciales, pero las cosas no eran como ahora. Pensamos, en tirar con la SIM de mi pareja y no nos preocupamos más. Pero a las dos semanas también quedó bloqueada, por causas desconocidas.

          Bajamos por Tailandia y hacia el norte de Malasia, cuando en Hat Yai y de milagro, encontramos una agencia física de Air Asia. Compramos  un vuelo de ida a Miri y otro de vuelta desde Kuching, ambos en Borneo. Así, conseguimos ganar un tiempo valioso. 
 

        Empezamos a darle vueltas, sobre como salir de allí, rumbo a India. Nuestras tarjetas bancarias no estaban bloqueadas para compras físicas, pero si, para las virtuales (especialmente, billetes de avión). El problema fue, que no encontramos en todo Borneo y Brunéi una sede salvadora de ninguna compañía.

          Al final, tuvimos una idea arriesgada, que no hubiera sido posible -ni ahora, ni entonces -, sino lleváramos décadas con los mismos empleados de Bankia (antes Caja Madrid). La protección de datos suele ser inquebrantable.

          Mandamos a mi padre a la oficina, para que en lugar de mi número de teléfono en la cuenta, pusiera el suyo. De esta forma, le llegaban a él los SMS'S y él  me los mandaba por WhatsApp, pudiendo confirmar el código.
 

        Dos fueron los problemas iniciales. Los recelos al principio de mi progenitor, ya mayor por entonces y que solo había un margen pequeño de minutos para validar la operación y debíamos coordinarnos.

          Finalmente, todo salió bien al tercer intento y pudimos viajar a Chennai, vía Kuala Lumpur.

          Fue la maravillosa vez, en que llegamos a Leh por carretera y volvimos por Srinagar, zona cargada de conflictos políticos y militares.

          Evidentemente, para volver desde Delhi a Madrid, utilizamos la misma fórmula, ya perfeccionada.
   

      Decir, que en nada ayudó, que nuestra operadora fuera Simyo. Es una compañía buena y barata, pero entonces tenía muchos problemas de asociación con estados exóticos y lejanos. Por ejemplo, Borneo -no Malasia continental - y Taiwán. Y por eso, al año siguiente, volvimos a sufrir, como ya veréis.