Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

jueves, 16 de abril de 2026

Nador y sus prolijos alrededores

           Nos vamos seis días -del 22 al 27 de abril - a Nador y alrededores contando la ida y la vuelta, por lo que netos se nos quedan en cuatro. Aunque se podría dedicar una semana o más, porque la zona está plagada de lugares interesantes.

          Llegaremos al aeropuerto e iremos caminando un cuarto de hora hasta la localidad de Alaourin, donde tomaremos el bus 22 o 22B hasta Zeluan (Selouane). Allí visitaremos su famosa kasbah, una antigua fortaleza defensiva del siglo XVII.

          El bus 21 y 26 llevan hasta Nador, que será nuestra siguiente parada. Buscaremos alojamiento y aunque ya la conocemos, recorreremos la ciudad. Por la tarde nos acercaremos hasta la colindante laguna salada de la Mar Chica. 

          Probablemente, el día siguiente viernes -dia sagrado del islam-, arribaremos a Melilla, ciudad autónoma, donde ya estuvimos en 2012. Sus edificios de estilo modernista y la ciudadela fortificada nos esperan.

          El sábado tenemos previsto acercarnos al cabo de Tres Forcas, a unos cuarenta kilómetros al norte de Nador, a disfrutar de sus paisajes espectaculares, acantilados y faros. Se trata de un lugar bastante virgen y poco frecuentado.

          El problema fundamental va a ser llegar hasta allí, dado que parece ser, que no existe transporte público. Un taxi, ida y vuelta, debe costar entre 900-1100 dirhams, por lo que probablemente, nos saldrá más a cuenta contratar un tour de una jornada desde Nador, a través de uno agencia. ¡Habrá, que rascarse el bolsillo!. Lo suyo sería alquilar coche, pero no conducimos.

          Trataremos de acercarnos a algunas playas poco distantes, como La Charrana y Tibouda, en la que se ubica una tranquila y cotidiana aldea de pescadores.

          Para el domingo, lo suyo sería visitar el monte Gurugu -plagado de monos, que "tanto" gustan a mi pareja-, adonde tampoco existe transporte público. Se trata de un volcán extinguido de 600 metros de altura, desde donde se contemplan excelentes vistas de Nador y Melilla. Pero ahora mismo creemos, que no iremos, porque requeriría de otra excursión organizada y con la de Tres Forcas ya tenemos bastante.

          Nos quedan, como alternativa, otras playas, como la de la Bocana o la de Kariat Arckmane, de estilo más familiar y donde avistar numerosas aves migratorias 

          Otra opción es la cueva de Ifri N'ammar, que posee pinturas rupestres del paleolítico. Aunque suponemos, que este sitio arqueológico será de difícil acceso y además, se encuentra a más de una hora de Nador, en coche.

          Oujda y Alhucemas están a unos 130 kilómetros en direcciones distintas, pero ya las conocemos de viajes anteriores.

          Hemos encontrado tres agencias locales en Nador, que ofrecen excursiones por la zona: Kabdani Voyages, Giromarfly y Los Tours Marruecos. Seguiremos investigando.

miércoles, 15 de abril de 2026

El abono único, a examen

           Después de haberle dado medio mes de uso, ya podemos sacar unas conclusiones sobre el bono único de transporte:

          -.¿Compensa?. En la mayoría de los casos sí, si eres menor de 26 años -30€- o resides en un núcleo de cercanías, aunque seas adulto (60€). A poco más, que se viaje, ya sale a cuenta.

          Para el resto de personas se debe estudiar caso a caso. Nosotros en los treinta días vamos a hacer cinco viajes de entre uno y seis días y si hubiéramos tenido, que comprar billete a billete, habríamos cuadruplicado la inversión.

          -.¿ Para que transportes sirve?. Lamentablemente y no estaría mal, no existe un listado de las compañías, que lo han suscrito, por lo que se debe investigar, dependiendo del viaje de cada cual 

          En términos generales y tanto el abono joven, como el adulto sirven para todos los nucleos de cercanías y antiguo FEVE de RENFE, además de los trenes de Media Distancia y asimilables.

          Es válido para ALSA, normalmente, solo para recorridos interregionales. Por ejemplo, no sirve para un trayecto entre Santander y Castro Urdiales -misma comunidad autónoma -, pero si vale para llegar a Bilbao, desde el mismo origen, a pesar de ser más kilómetros.

          El resto de compañías de bus se deben investigar una a una. Las bases hablan de "interregionales estatales", pero el concepto es realmente difuso e indefinido.

          -.¿Es posible usarlo para recorridos largos?. La distancia  no tiene nada, que ver siempre, que se cumplan  las normas. Por ejemplo, nosotros los hemos utilizado entre Bilbao y Madrid y desde allí, a Granada y vuelta a la capital de España, sin ningún coste adicional.

          -.¿Se debe reservar plaza para llevar a cabo los recorridos?. Evidentemente, no para Cercanías, aunque se debe asociar el pin del abono a una tarjeta física -1€, si no la tienes- en las máquinas de esta modalidad de transporte.

          En los Media Distancia y ALSA se debe reservar una plaza a través de las apps correspondientes o soportes automáticos en las estaciones. Se puede cancelar hasta dos horas antes de viajar.

          -.¿Que ocurre, si reservo, no anulo y tampoco viajo?. Ni idea, porque siempre hemos cancelado antes de no tomar un transporte. De todas formas, una persona seria no debería hacerse esta pregunta.

          -.¿Que otras ventajas tiene el abono único?. Fundamentalmente son cuatro:

          -1. El periodo de validez es de 30 días y no  de un mes natural. Así, que por ejemplo puedes empezar el día 7 de un mes y ser válido hasta el 6 del siguiente.

          -2. Se pueden reservar recorridos simultáneos, anulando el que no uses al final. Por ejemplo, un tren y un autobús para el mismo día y hora a idéntico destino. O varios itinerarios  coincidentes a lugares diferentes.

          -3. Permite el uso gratuito de autobuses nocturnos, lo que supone ahorrar en alojamientos.

          -4. Recorridos ilimitados.

         Claramente, el abono único saca una nota altísima (digamos, un 9).

Atrapados (parte XX) La frontera de Armenia

           Recordaréis, que dedicamos buena parte del mes de marzo en este blog a la saga "Atrapados". A ratos y a medida, que vayamos recordando, iremos añadiendo nuevos capítulos. En esta ocasión se trata del vigésimo, ocurrido en 2012, entre las fronteras de Georgia y Armenia.

          Tomamos un tren entre la bellísima y caótica Tiflis y Ereván. Era un convoy moderno, barato y no demasiado concurrido, no viendo más occidentales, que nosotros, entre el pasaje.

          Entonces -no sabemos ahora- el visado, consistente en una pegatina de hoja entera, se podía obtener de manera sencilla en la frontera.

          Sin embargo, durante los días anteriores habíamos detectado algo alarmante: mi pareja no tenía ni una sola hoja libre en el pasaporte.

          Así, la noche anterior y en el austero hotel georgiano, tratamos de quitar uno de los dos adhesivos de dos años atrás, de Zimbabue. El jodido estaba severamente adherido a la hoja dieciséis y no había forma humana de despegarlo de allí y menos, con las escasas herramientas, que portábamos. Cada acción, que poníamos en marcha hacia más grande la chapuza y carnicería en su credencial.

          Cuándo cogimos el tren íbamos casi convencidos, de que nos devolverían en la frontera. A ella llegamos ya bien pasada la medianoche. 

          Se trataba de un lugar lúgubre y oscuro, convertido en una pequeña oficina improvisada, pero la falta de luz no impedía contemplar nuestra chambonada. Al verla, los polis primero se rieron, pero después, guardaron largo silencio, lo que nos colmó de incertidumbre.

          Afortunadamente para nosotros, no hablaban ni papa de inglés. Trataron de explicarnos por señas, que aquello no era muy serio y nosotros -incluso forzándola-, tratando de no perder la sonrisa y de pasar el mal trago.

        El tren estaba a punto de seguir su camino y dejarnos en tierra de nadie, cuando finalmente e in extremis, nos pusieron la pegatina y el sello de entrada. Pensamos, que nos pedirían una cantidad a mayores de la visa por haber hecho la vista gorda, pero no fue así.

          A la mañana siguiente llegamos a Ereván, sin novedad.

          Tenemos nuestras dudas, de que esto lo hubiéramos conseguido en otra frontera del mundo y menos, gratis 

martes, 14 de abril de 2026

Ligeros de equipaje, como los hijos de la mar

           Resulta más habitual de lo deseable, que le cuentes a alguien, que has conseguido unos billetes de avión muy baratos para un sitio determinado y la pregunta siguiente sea: ¿Pero están incluidas las maletas?. ¿Por qué la primera y más preocupante asociación de viajar, es la palabra equipaje, para la mayoría de la gente?. A mí esa pregunta, me hace casi enfermar, pero trato de aguantar el tipo y responder: "No. No están incluidas las maletas, pero en la mayoría de billetes caros y de aerolíneas de bandera, tampoco".

          No se puede generalizar, pero la mayoría de los que esto proclaman son personas que han viajado poco o nada; que están acostumbrados a vacaciones en coche particular o que enseñan como único y valioso trofeo un viaje a Punta Cana de luna de miel. ¡A Punta Cana ocho días/siete noches, teniendo las preciosas islas y playas, que poseemos en España! . De los tres, solo entiendo a los segundos y tampoco del todo.

          Son los que nosotros denominamos turistas "porsi", en relación a empezar a meter una cosa tras otra en el petate, por si acaso, hasta parecer cargueros andantes o generosos portadores de ayuda humanitaria.

          Igual, que hoy en día no eres nadie si no paseas a tres o cuatro perros a la vez, la gente parece competir en los aeropuertos para ver quién lleva más maletas y más grandes. ¡Es absurdo, pero real, plantearse un viaje, como si fuera una mudanza!.

          Muchos, no pueden ni manejarlas y otros, lo hacen con gran temeridad, arrollando todo, lo que pillan de por medio y normalmente, sin inmutarse por ello. ¡He pasado más miedo, por hablar de un par de ellos, en los aeropuertos de Delhi o Shanghái, que en las calles de esas dos ciudades y no exagero!.

          Se van reduciendo paulatina y afortunadamente, aunque siguen siendo mayoría, los viajeros con bultos con ruedas a sus espaldas. Deberían estar prohibidos y penados, dado que resultan incontrolables, salvo para los pasajeros con ojos en la nuca. Más soportables son, los que se llevan lateralmente, aunque la forma ideal sería, transportarlos por delante.

          Luego además, estos tráilers humanos suelen quejarse de tener, que pagar por el equipaje o por el exceso de peso, alegando, que debería estar incluido. Como, que si pagará lo mismo por un café, que si le añades un pincho de tortilla y un zumo de frutas.

          Nosotros siempre -más bien, desde hace casi dos décadas- viajamos con dos mochilas pequeñas de unos tres/cuatro kilos de peso y unas dimensiones adaptables a todas las compañías aéreas del mundo. Da igual, que sea un fin de semana o puente, que irnos un año entero. Es sencillo de entender, pero por extrañas causas, la gente no suele asociar, que la mayoría de las cosas, que llevan en sus voluminosos bultos, se pueden comprar en los lugares de destino. Y en muchas ocasiones, hasta más barato, que en tu propio país.

          Nosotros en los tres últimos lustros, apenas hemos facturado dos o tres veces y siempre fue, por llevar a países musulmanes más cantidad de alcohol de lo permitido en cabina.

          La mayoría de los viajeros parece tampoco entender, que solo con equipaje de mano te ahorras pasar -normalmente- por el mostrador a la salida y por la cinta giratoria a la llegada con el consiguiente valioso ahorro de tiempo y gestiones. Y sobre todo, evitas perdidas y otras sorpresas desagradables.

          Naturalmente, no siempre fue así. Nosotros también fuimos víctimas del mal del injustificable equipaje, hasta que dijimos basta y no necesitamos pasar por terapia (individual o grupal).

          Cuándo los primeros interrailes de finales de los ochenta, íbamos de camping y llevábamos la casa a cuestas. Vivíamos todavía con nuestros padres y obviamente, hacíamos cada uno nuestro propio equipaje. Deshaciendo el de mi pareja, le llegué a contar doce camisetas. Es verdad, que por entonces éramos un poco guarretes y lavábamos muy poco. El lema era: "ir auténticos". O sea: llenos de mierda.

          El cambio radical se produjo casi al inicio del tercer viaje largo, estando en Pietersmaritburg (Sudáfrica). Hacia un calor de muerte en pleno mes de diciembre y pasamos sed -ni tiendas, ni bares de camino-, hasta casi la extenuación. Finalmente y al borde del colapso encontramos una cerveza -allí las típicas son de 75 centilitros - y engullimos de un trago una cada uno. Tomamos aliento y dijimos: "estás mochilas tan grandes, nunca más". Y hasta hoy.

lunes, 13 de abril de 2026

Medina del Campo

           Aprovechando la vigencia actual de nuestro bono único,  decidimos pasar el domingo en Medina del Campo. No resultó una determinación correcta, porque a pesar de haber sol, la temperatura era baja, el aire intenso y molesto y terminó lloviendo a cántaros. A pesar de estar a poco más  de 50 kilómetros de Valladolid, nunca habíamos visitado esta localidad a fondo.

          Habíamos estado allí decenas de veces, especialmente de jóvenes, porque era punto necesario para tomar trenes de largo recorrido, que se dirigían al norte -esencialmente a Galicia-, pero no habíamos ido más allá de los bares, que se hallaban cercanos a la estación, donde los camareros nos dejaban boquiabiertos con las historias de un delincuente local, apodado "el choto", no sabemos, si verdaderas o meros bulos ochenteros.

          La estación vieja se ubica algo alejada del centro, aunque no hace falta llegar hasta él para visitar la atracción principal del pueblo: el bello Castillo de la Mota, que cuenta con torres redondas y otras más cuadradas.

          La localidad cuenta con la Plaza Mayor más grande de España  -la de la Hispanidad-, donde se encuentra la Colegiala de San Antolín -algo mamotreto -, el ayuntamiento y el palacio testamentario de la reina Isabel. Muchas calles peatonales la rodean , donde los bares estaban a pleno rendimiento en el mediodía del domingo.

          Además, la villa tiene un buen número de iglesias y conventos tradicionales de bonita factura, aunque demasiado clásicos.

          El alóctono río es el Zapardiel, que se halla seco, no sabemos desde cuándo. Sin embargo y junto al cauce, se extiende un extraordinario y cómodo Paseo de Versalles.

          También tiramos por la calle de Salinas, en lo que parecía una senda prometedora, pero donde terminamos arribando fue a la moderna y pequeña estación del AVE.

          El fin de semana, que viene, nos largamos a Madrid, gracias de nuevo al abono único, a ponernos al día  con diversas exposiciones y eventos.

          Del 22 al 27 de abril, volamos a Nador, en Marruecos, para transitar por los diversos alrededores, especialmente, por el cabo Forcas, aprovechando una fiesta autonómica y un par de días de asuntos propios.

          Y el último finde del bono, el del puente de mayo, nos dirigiremos a Asturias.

Castillo 🏯 de la Mota




 

Castillo 🏯🏰 de la Mota, en Medina del Campo


 

viernes, 10 de abril de 2026

¡Adiós a la Semana Santa!

           Habíamos pegado un buen volantazo y en tan solo un par de horas de toma de decisiones habíamos cambiado  con éxito el rumbo de nuestro viaje semanasantero, después de hallarnos atrapados en el fango psicologico -además de la lluvia y el viento- de Cantabria y País Vasco. No nos arrepentimos, ni de haber hecho esos más de 800 kilómetros entre Bilbao y Granada, ni de la larga vuelta a casa, ni de solo haber pasado poco más de 24 horas en la siempre agradable Andalucía.

          El domingo amaneció soleado y caluroso. Dejamos con mucha pereza la habitación del hotel y nos dirigimos por otro anodino camino a la estación de autobuses. Otra vez nos tocaba vehículo subcontratado y no de ALSA -Montijano-, pero al menos tenía tomas USB para cargar el móvil. Una cosa muy buena, que ha puesto en marcha la compañía de transportes asturiana es, mandarte un WhatsApp al celular, con el número de matrícula de tu autobús, unos minutos antes de la salida.

          El amable conductor y antes de ocupar nuestras plazas ya nos advirtió, de que probablemente tomaríamos retraso sobre el tiempo de viaje previsto. No se equivocó.

          Partimos en hora, a las diez de la mañana y todo iba sobre ruedas hasta llegar a La Carolina, donde sufrimos las primeras severas retenciones, aunque no las más serias del viaje. El tráfico también se ralentizó al cruzar Despeñaperros y sobre la una de la tarde paramos media hora a almorzar y a necesidades varias -era un bus sin baño- en un concurrido complejo de comidas de Almuradiel.

          Estábamos ya en la tercera provincia más grande de España, después de Badajoz y Cáceres. La situación volvió a la normalidad, hasta que llegamos a Valdepeñas -pueblo donde yo pasé dos buenas semanas en 1997, haciendo un curso-, donde volvieron las desagradables y desesperantes retenciones.

          Pero aun faltaba por llegar el premio gordo y eso ocurrió al atravesar Puerto Lapice, una localidad citada cuatro veces en Don Quijote de la Mancha y también famosa por sus casas blancas estilo manchego y su bello patrimonio. Nos hubiera gustado bajar a verla, en vez de tirarnos casi hora y media para recorrer cuatro kilómetros en el atranque más importante del día. No sabemos si Quijote y Sancho sufrieron algo parecido.

          Nos temimos  lo peor y no llegar a conectar con nuestro Media Distancia a Valladolid, por lo que tomamos un plan B, reservando billetes con ALSA para casi la media noche. En el mapa interactivo de la DGT, que vimos por internet, aparecían dos accidentes en esta zona, pero en la realidad, no contemplamos ninguno.

          Al atravesar las afueras de Tembleque, ya en la provincia de Toledo, sufrimos el último amago de retenciones. Finalmente, llegamos a Méndez Álvaro con una hora y tres cuartos de retraso, en el único tramo con incidentes de todo nuestro periplo.

          Faltaban casi cuatro horas para nuestro tren, así, que anulamos los billetes del ALSA. El día era muy caluroso en Madrid, así que nos sobraba toda nuestra pesada ropa. Pasamos por el Samplia de Gran Vía y de Callao para probar un par de ricas degustaciones, además de dar un largo paseo por el centro, como siempre, abarrotado de guiris.

          Al arribar a la estación de Príncipe Pío, pudimos al fin resolver el problema del abono único y los Cercanías. En esta ocasión, la chica resultó muy diligente y nos llevó a la máquina a enseñarnos a vincular con el pin, el abono y la tarjeta física. No resulta nada complicado.

          Era Domingo de Resurrección. En años pasados y con los bonos gratuitos, no habría habido billetes para tal día, dos o tres semanas atrás. Pero el tren iba vacío, al ser de pago y de precio poco competitivo con ALSA e incluso, con algunos AVE. Por eso, volveremos a pedir al gobierno, que se repiense la gratuidad de los transportes, que no tuvieron costes entre septiembre de 2022 y junio de 2025.

          Más allá de la una de la madrugada, llegamos a casa, exhaustos.

¡Graná!

           En el trayecto de ALSA entre Bilbao y Madrid, habíamos hecho las reservas de la vuelta a la inversa, para evitar contratiempos. Primero, el Media Distancia entre Madrid y Valladolid, para última hora del domingo. Después, el Granada - Madrid para el mismo día por la mañana. Y finalmente,  el de ida desde la capital de España a la ciudad andaluza, para la madrugada del sábado.

          Evidentemente y después de tres noches sin hotel, no cabía otra cosa más urgente, que tomar una habitación costará, lo que costara. Las había desde 58€, casi la mitad de precio, que en Castro Urdiales. Pero hasta las tres de la tarde no podríamos tomar posesión de ella.

          Así, que a las ocho de la mañana, haciendo aún frío, pero con cielo despejado y el sol despuntando, nos fuimos caminando hasta el centro. La estación está lejos, casi a una hora a pie y transitando por numerosas y aburridas rotondas.

          A las nueve de la mañana -incluso un sábado santo-, Granada es una maravilla, porque las hordas -y gordas- turísticas aún duermen o están desayunando. Nos llamó la atención, que aún sigan trabajando esas gitanas mayores, que te tratan de colocar hierbabuena, para sacarte los cuartos.

          Recorrimos pausadamente en casi soledad los alrededores de la catedral, empapándonos del constante olor a empanadas, pizzas y hojaldre.

          Una hora después nos dirigimos al cercano y bello Albaicin. El barrio es una pasada. A un lado las casas y al otro, las torres de la Alhambra, a veces, junto a un canal con pequeños saltos de agua. Pero no nos engañemos: el paseo no es nada cómodo, sobre todo, cuando se peta de gente -como a la vuelta, siendo ya más del mediodía -, porque las aceras son muy estrechas y el tráfico constante (sobre todo, taxis). No se el que, porque no es mi cometido, pero deberían hacer algo.

          Habíamos estado unas cuantas veces en Granada -la primera en 1991, cuando descubrimos sus generosos aperitivos gratuitos -, pero nunca habíamos subido hasta el mirador de San Miguel Alto y desde luego, ¡que elevado está un rato!. Desde la calle principal se debe salir a la derecha. Está indicado, pero es el único cartel en todo el camino, con lo que luego no es difícil despistarse, porque además no había mucha gente para preguntar. Afortunadamente, nos topamos con un simpático anciano con mucho tiempo libre y gracejo.

          El trayecto es largo y constantemente ascendente, hasta que se llega a un extenso pinar. Justo detrás de él se halla una ermita grande y blanca y el espectacular mirador sobre la Alhambra, el Sacromonte y el Albaicin.

          Las vistas son impresionantes y además, sube muy poca gente, porque hay, que esforzarse y la mayoría no está por la labor. En concreto nos cruzamos con tres argentinos y un par de colgadillos con perros.

          Al contrario, al más cercano mirador de San Nicolás resulta mucho más fácil llegar y está repleto de lugareños, nacionales y guiris. Las vistas son más modestas, pero no dejan de estar bien, en un ambiente de estrés.

          Siendo las dos y ya con la ciudad petada de turistas nos acercamos hasta la Alhambra, por ese camino jalonado a ambos lados con regatos descendentes . 

          Hemos entrado al recinto un par de veces en nuestras vidas. La primera, en 1991, cuando aún teníamos carnet de estudiante y pagamos 150 pesetas por la entrada general. Entonces, era gratis los domingos por la tarde. Ahora solo lo es para los "granaínos", en lo que es una clara y burda discriminación.

          Cansados y sedientos, localizamos en el móvil un cercano Mercadona y nos fuimos a hacer las compras para la tarde y a comernos un kilo de helado de limón (el día anterior había sido de mango).

          Y ahí terminó nuestro día activo, sobre las tres de la tarde. Nos fuimos al Art House -esta mejor y más céntrico el de Madrid - a tomar posesión de nuestra modesta habitación con baño compartido. A esas horas ya hacía 25° y nos sobraba toda la ropa. Pero en la alcoba reinaba algo de fresco. Resulta increíble que no te pongan la calefacción pagando 58€.

          Y allí estuvimos 18 horas seguidas hasta las nueve de la mañana del domingo, sin remordimiento alguno.

jueves, 9 de abril de 2026

Más de ochocientos kilómetros, casi de golpe

           Tienen suerte los vascos, porque en Euskadi es fiesta jueves y viernes santo, más el lunes de Pascua , pudiendo juntar cinco días.

          Nos encanta pasear por el centro de Bilbao, pero en este caso había, que tomar una decisión sobre que hacer el sábado y el domingo. En apenas un radio de medio kilómetro vimos, una ferviente aglomeración a la puerta de una iglesia, una actuación musical tradicional y un concierto de Tanxuguerias (o imitadoras). ¡Así es Bilbao!

           Y mientras tanto y con perseverancia,no paraba de llover y de hacer aire, teniendo ya los pies empapados 

          Decidimos, un extremis, que nos iríamos esa misma tarde a Madrid, al ver, que había plazas en el ALSA y luego, ya veríamos.

          Pero antes de volver a la Intermodal de autobuses preguntamos, en la estación de Cercanías como funciona el abono único en los trenes de esa categoría. Y para nuestra sorpresa, la chica de la ventanilla nos dijo, que no tiene ni idea. ¡Toma ya!.

          Nos subimos al bus para la capital y nos pusimos en modo locura. ¿Y si nos vamos a Granada en el ALSA de la una y media de la madrugada, puesto, que aún, quedaban algunos asientos libres?. ¡Dicho y hecho!. El único problema iba a ser, que llegábamos a la estación de Avenida de América y saldríamos para Andalucía de la de Méndez Álvaro.

          El viaje a Madrid resultó tranquilo y en cinco horas nos pusimos en nuestro destino. El autobús fue lleno hasta la única parada intermedia -Burgos- y allí, nos quedamos solo a bordo diez personas, contemplando un bonito atardecer, después de dos jornadas lluviosas y desagradables. Las nubes habían desaparecido justo, al abandonar el País Vasco.

          En Madrid la temperatura era muy agradable y nos sobraba toda la ropa. En hora y media y sin problemas, hicimos el camino entre las dos estaciones, paseando. Las zonas de bares estaban abarrotadas, como corresponde a un viernes por la noche. Pero, el resto de la ciudad permanecía realmente tranquila.

          El bus para Granada partió casi en punto y caímos rendidos nada más arrancar, no enterándonos de nada de las cinco horas de viaje y siendo ya la tercera noche sin hotel.

          A las seis y media de la mañana arribamos a la capital andaluza, siendo todavía de noche y con frío (siete grados de temperatura)