Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

martes, 21 de abril de 2026

Maderos y seguratas (parte II)

           Sé, que el título de este post y el anterior no está exento de cierta polémica. ¿Por qué llamarlos maderos y seguratas, cuando son cuerpos de seguridad del estado -pobre estado - y "guardianes" de nuestra seguridad?. A ver: yo soy periodista de profesión y no me molesta, si me llaman plumilla, pero no estamos aquí para hablar del lenguaje o de intentar controlar lo incontrolable, que ofende a cada cual a discreción.

          Un segurata es un madero aún más rústico, más agresivo, menos formado y empático, chulo y arrogante por genética y naturaleza, perdonavidas universal e inagotable perseguidor sin desaliento hacia los débiles e inseguros. Podríamos seguir, pero parecería, que es cebarse y no vamos a ser como ellos.

          Solo conocemos tres formas -habrá más - de combatir esta profesión -por llamarla de alguna manera- y todas están basadas en ser más chulos y bordes, que ellos. Aún así, no siempre entran en razón pero suele funcionar.

          Primero es, pedirles, que se identifiquen. Después, que te remitan a su superior. Y finalmente, amenazarlos con la policía (curiosamente, sus alter egos). Los tres pasos son necesarios, pero en realidad no tienen, que ser por ese orden.

          Si tú quieres, que una situación, que te incomoda se convierta en una venganza -y una vergüenza -, hacia algo o alguien evítala y ponla en manos de seguratas y si puede ser , elige a los más agresivos del lugar, que no te va a faltar una extensa lista de voluntarios. El madero se hace, el segurata y su chulería, nacen.

          Lo del aeropuerto de Barajas y AENA se está convirtiendo en una vergüenza nacional, curiosamente, de la que ya nadie habla. No solo, porque hayan expulsado a los mendigos -la mitad de ellos trabajadores- de las instalaciones sin darles alternativa alguna, sino por humillar, constantemente, a los pasajeros/viajeros o a transeúntes, que se acercan  a las terminales para viajar o simplemente, porque les da la gana, que para eso es un lugar público.

           Conversación con un indeseable, el pasado sábado sobre las nueve de la noche, tras abandonar Cercanías e intentar acceder a la terminal 4:

          - ¿Me pueden enseñar sus tarjetas de embarque? (con bestial soberbia)

          - No vamos a tomar un avión, sino a salir a la calle -no hay otro camino posible-, para en unas horas coger un bus en la colindante estación de autobuses.

          - Ya, pero me tienen, que enseñar el billete.

          - Solo queremos salir a la calle, nada más y para eso es necesario pasar por aquí. Si acaso, cambien los accesos.

          Y como le hemos hecho frente, aún se indigna más: 

          - No, es que ustedes no me dejan hablar, ni explicarme (y seguidamente, nos manda a un ascensor).

          En resumen: nos machaca a preguntas y como las respondemos, no  le permitirnos expresarse. Curiosa visión de las cosas, pero normalmente y ante la abulia general, les funciona.

          Domingo por la tarde, en Príncipe Pío, a punto de coger el Media Distancia, a Valladolid. Nos entretenemos, mirando los descuentos de una panadería, que líquida todo a mitad de precio a partir de las ocho y media de la tarde.

          Estoy justo detrás de mi pareja, cuando un segurata se acerca y le dice, que le están abriendo la mochila para robarla. Ella se indigna y en vez de pedir perdón y sonrojarse, se enaltece y espeta: "nosotros estamos aquí para acabar con los malos, que hay muchos". Le cayó la del pulpo.

          Ya no queremos la defensa del estado de derecho, batalla completamente perdida, sino que al menos la próxima vez y antes de humillar o hundir a alguien se lo piensen.

lunes, 20 de abril de 2026

Sobre maderos y seguratas (parte I)

           Además de Trump, Netanyahu, la caída irremediable del viejo y más cómodo orden mundial, el fascismo, el insoportable precio de la vivienda, la inflación, el turismo de masas...y toda esa sucesión de cosas, que últimamente hacen realmente insoportables y peligrosas nuestras vidas, dos son los elementos, que casi imperceptiblemente, están atacando y socavando nuestra libertad y nuestra democracia: la policía y los muy desagradables vigilantes de seguridad, que campan a sus anchas por los derechos fundamentales e individuales de las personas.

          De la policía se ha hablado bastante en diversos artículos de este blog. Esa querencia natural, que tienen los agentes de acojonarse contra los peligros reales y de ir a chulear y molestar a los débiles. No los verás nunca, cuando se está cometiendo un delito flagrante y contra la seguridad, pero hallarás cuatro furgonas y decenas de tipos arrogantes y maleducados, en una pacífica manifestación de mayores, quejándose por la precariedad de sus pensiones o con un par de parejas sentadas tranquilamente haciendo botellón en un parque. ¡Entonces, si se vienen arriba!.

          Para ser madero o segurata en este país -no se en otros-, se premia al necio, al macarra, al chuloputas de barrio, al matón de la clase, al ignorante, al extremista. ¡De donde habrán sacado a los psicólogos, que controlan las capacidades -y sobre todo, las evidentes taras y psicopatías- de estos cancerígenos gremios, que horadan y enferman nuestra sociedad en tiempos difíciles.

          Todos -o casi- conocemos a alguien, que nos escandaliza y del que pensamos: ¡como este tip@, ha podido llegar a ser policía, con sus antecedentes mentales!.

          Dicho sea de paso , que nosotros nunca hemos sido denunciados o multados por la policía en nuestras largas vidas. Pero encontronazos y humillaciones si hemos padecido unos cuantos y más, porque no solemos callarnos, ni ser sumisos y preguntamos, siempre que nos molestan, donde está su extraña agudeza visual para ver los indicios de un delito.

          La verdad es, que habiendo sido víctimas de muchos atropellos por ellos, no nos lo tomamos demasiado en plan personal. Se trata de personas, que cuanto más desamparado te vean -y en eso sí son expertos-, más te machacan y más te vejan.

          Pero al menos, los polis tienen estudios y han debido pasar algunas pruebas de capacitación, para nosotros, realmente dudosas e insuficientes.

          Es verdad, que nosotros tampoco somos unos ciudadanos convencionales y nos mostramos casi siempre bastante echados para adelante -aunque respetuosos, defendemos firmemente nuestros derechos-, lo que suele conllevar más inquietud e incomodidades en general y en la vida.

          Pues eso, que nosotros no somos humanos al uso: viajamos casi constantemente y pasamos demasiado tiempo en la calle, lo que te expone aún más a sus detestables focos. Además, solemos beber cerveza en la vía pública o teñirnos el pelo de colores raros. En la pandemia evitábamos ponernos la mascarilla -la norma más estúpida, que hemos debido soportar- y -aunque los asumimos-, no estamos demasiado de acuerdo con los convencionalismos sociales y esa necesidad casi enfermiza de aprobación, que necesitan la mayor parte de las personas. Evidentemente, todo esto facilidades y paz no te dan.

          Lo de la policía es un mundo, pero normalmente, puedes razonar con ellos. Lo del poli bueno y el poli malo en parejita no es para nada un mito, porque a nosotros nos han tocado unos cuantos. Además y salvo excepciones -que también las hemos tenido -, suelen parar y dejarte tranquilo, cuando comprueban -ademas de la actividad de tu DNI-, que no tienen demasiado donde rascar.

          Lo de los vigilantes de seguridad es otra cosa, que abordamos en la segunda parte de este artículo, ademas con dos concretos y clarificadores ejemplos, que nos han acaecido este mismo fin de semana en Madrid.