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lunes, 6 de abril de 2026

Filosofía barata de una Semana Santa

           Ha sido una Semana Santa distinta, extraña, estresante en general -aunque finalmente placentera, en la que el poco guión, que teníamos para desarrollarla ha saltado por los aires. La cuestión es, que no hemos vuelto ni contentos ni cabreados, sino básicamente, reflexivos y con más preguntas, que respuestas, con más enigmas, que soluciones.

          Me resulta difícil escribir este artículo, sin que a estas alturas, ya lo hayáis dejado de leer, por excesivamente metafísico y hasta pedante.

          Pero, es que en este día posterior al fin del viaje se mezclan demasiadas emociones sobre temas tan diferentes, que me está costando llevar a cabo una mezcla digna, comprensible, edificante y clara: lo que nos ha pasado, lo que ocurre en general, lo que está por venir -generalmente, malo-, lo que ya no tiene remedio, las nuevas oportunidades -que también las hay -...

          En fin. Voy a ver, si soy capaz de ir desbrozando y poniendo orden a sucesos, sentimientos y emociones.

          Podríamos partir de una pregunta muy directa y contundente: ¿Merece la pena hacer un viaje semana santero de cuatro o cinco días con las circunstancias, condiciones y exigencias actuales?. La respuesta es abrupta, aunque cristalina: no y de casi ninguna de las formas posibles y trataré de explicarlo a mí manera, desordenadamente, pero que no traiciona mi lógica mental.

          En el mundo actual existen muchos problemas -evidentemente-, pero dos de ellos, nos afectan de una manera muy cotidiana a casi todos y además -por mucho que nos cabreen-, no tienen ninguna solución a corto o medio plazo: la imposibilidad de conseguir una solución de vivienda digna sin arruinarse -afortunadamente, este no es nuestro caso- y la cada vez más imposible manera de disfrutar de un ocio vacacional, sin altos costes psicológicos y económicos, debido a la masificación turística y a los cada vez más elevados costes, que encima, muchos acaban considerando normales, por dejadez o por presumir, de que pueden permitírselo.

          España está muriendo de éxito con más de cien millones de viajeros/ turistas/visitantes anuales, a los que se atiende cada vez peor y de los que solo se busca su dinero. Pero no únicamente tienen la culpa los sanguinarios, impíos y nada empáticos gestores del sector turístico, que cada vez dan menos por más y con exiguas y malhumoradas explicaciones, sino todos nosotros, que cada vez, les dejamos más margen de acción y peleamos muy poco.

          La gente ya considera normal, que ahora ya solo pueda salir cuatro días, cuando antes disfrutaba de diez; pagar 100 o 150€ por una pequeña habitación con un minúsculo baño compartido o gastarse cuarenta euros por chupar cáscaras en un restaurante a través de un poco elaborado arroz con bogavante (homarus gammarus).

          No parece para nada normal, que una pareja sin hijos -por poner un minimo- haya aceptado con toda naturalidad, que cada día de disfrute de Semana Santa, puentes o verano les salga por 200€, solo entre alojamiento, comer fuera y las disparatadas entradas a los lugares a visitar.

          Leíamos el otro día, que solo el 23% de los españoles se ha podido tomar unos días de viajecito esta Pascua. Y lo primero, que piensas es: ¡qué injusticia!, ¡pobrecito el resto!, ¡en que país más pobres vivimos!...

          Pero la realidad y la pregunta es: ¿cómo iban a ser las cosas, si estando, como están, ese porcentaje subiera al, por ejemplo, 50%?. La respuesta es sencilla: doble precio, mitad de calidad y lo que hay en ambos aspectos, ya es ahora insufrible. 

          Pero nosotros seguimos haciendo la guerra por nuestra cuenta y no nos va mal, aunque con mucho estrés y volantazos constantes.

          Y los demás, a tragarse el cuento: "todo es culpa de la guerra de Irán" (como lo fue de la ya olvidada de Ucrania).