Este es el blog de algunos de nuestros últimos viajes (principalmente, de los largos). Es la versión de bolsillo de los extensos relatos, que se encuentran en la web, que se enlaza a la derecha. Cualquier consulta o denuncia de contenidos inadecuados, ofensivos o ilegales, que encontréis en los comentarios publicados en los posts, se ruega sean enviadas, a losviajesdeeva@gmail.com.

lunes, 12 de enero de 2026

¡Es tiempo de ir a China!

   


       La verdad es, que en estos momentos, China lo tiene todo a favor para, que cualquier persona con inquietudes, afronte un viaje de manera independiente. Es el momento y no deberías despreciarlo. ¡Así, que ya estáis tardando!

          Los vuelos son realmente baratos. Por menos de 500€ podéis desplazaros con multitud de compañías -europeas, chinas o del Golfo Pérsico-, a Shanghái , Pekín o Hong Kong. Ir a Argentina, Brasil o Chile, por ejemplo, sale por bastante más del doble.

          La exención de visado para determinadas nacionalidades, como la nuestra, resulta una auténtica maravilla y tardas menos de diez minutos en ingresar al pais, atendido por un chin@ eficiente y por una máquina de huellas y foto, que te habla en tu idioma.

 


        Los transportes urbano e interurbano salen muy baratos. Yo diría, que ambos y en las clases más populares, se encuentran subvencionados. Quinientos kilómetros de tren pueden salir a 10€ en la categoría más económica y veinte estaciones de metro, a menos de un euro. Destacando, que nunca encontramos una sola cola para la adquisición de los billetes.

          Los chinos son el pueblo más organizado del mundo. Hay, que manejar a mil cuatrocientos millones de personas de una forma ordenada y sin estrés y lo consiguen a las mil maravillas. A veces, hay cosas, que resultan raras a nuestra forma de entender la vida, pero si las evalúas, les acabas dando la razón.

          Los chinos no suelen meterse en tu vida, por cuestiones, que en occidente, te afearían en público (beber alcohol, darte un beso, tirarte a dormir en cualquier parte...) Hablamos de gente tolerante, normalmente tranquila y simpática (mejor interactuar con las mujeres jóvenes). Manejan con eficacia los traductores y la app china de mapas y casi nunca os negarán la ayuda.

   


      Las infraestructuras son sencillamente, estupendas y todo está pensado con lógica milimetrada.

          El coste de la vida es ridículo. Baste decir, que en 26 días de viaje -vuelos aparte-,:solo nos hemos gastado 620€ para los dos, cuando en 2009, duplicamos esa cifra.

          Veamos algunos precios, optando por las ganas más económicas: una salchicha rebozada o pincho de pollo, a 30 céntimos, que es lo mismo, que te piden por una brocheta de frutas caramelizadas, tan típicas en el país.  Y, las sopas, presentes en todos los lados, por poco más de cincuenta céntimos.Un litro de cerveza sale por medio euro en la modalidad craft y medio de alcohol -indescriptible, pero efectivo -, por dos. Los dulces y los snacks resultan algo más caros.

 


        Caso excepcional y maravilloso es el de los hoteles. Con un nivel de tres estrellas -allí, son diamantes- o más y fuera de Beijing y Shanghái, pagas unos 12€ por noche, con una cantidad casi infinita de complementos adicionales, que ya querríamos en España o Europa. Antes, algunos eran solo exclusivos para ciudadanos nacionales, pero hoy en día y en la mayoría de ellos, admiten a todo el mundo, sin discriminación. Puede haber 15 grados bajo cero en el exterior y tú en tu alcoba, estás en bragas o calzoncillos.

domingo, 11 de enero de 2026

Aveiro, Vila do Conde y Oporto

   

      Aún nos quedan de publicar más de una décena de posts del reciente viaje 🛩️ a China y lo iremos haciendo, durante los próximos días.

          Sin embargo, queremos deciros, que del 22 al 25 de enero nos vamos a Aveiro, Vila do Conde y a Oporto, donde ya estuvimos varias veces en el pasado. 

          A la ida, nos llevará ALSA y nos retornará Ryanair. Una escapada gracias a una festividad local.

Recorrido del viaje ✈️ (4.000 kilómetros/7 tramos)

 


 nos








Curiosidades chinas ( parte III)

 


         El dato resulta esclarecedor y escalofriante, aunque con matices. Los turistas chinos realizan quinientos millones de viajes anuales por su país, mientras los extranjeros llevamos a cabo solo treinta y cinco. Hay, que tomar el dato con pinzas, porque ellos realizan varios desplazamientos interiores al año, mientras nosotros, normalmente, solo hacemos uno.

          De todas formas y viendo estás cifras, parece normal, que se preocupen de su negocio patrio y nos dejen un poco de lado a los viajeros internacionales. Aunque, aún así, estamos de suerte, porque China se está abriendo y cuando ellos se lo proponen, suelen arrasar. La eliminación del visado para determinadas nacionalidades y la apertura a qué los extranjeros seamos ya bienvenidos en los bien dotados y baratísimos hoteles, antes solo para chinos, allanan mucho el camino, para que las cifras de visitantes foráneos en los próximos años se multipliquen .

   

    El dato es esclarecedor e irrebatible. Dejando al margen los vuelos, nosotros gastamos 1200€ en tres semanas hace diecisiete años. En este viaje de 26 días hemos completado nuestro periplo con un desembolso de tan solo 640€ en todos los conceptos. ¿Quien se resiste a probar una magnífica experiencia a tan bajo coste?

          Dicho todo esto, vamos con una tercera entrega de las curiosidades chinas (habrá una cuarta o tal vez más).

 


        Capitulo de transporte: ya no hay asientos blandos en los trenes, como en 2009. Ahora existen los duros -como entonces, pero menos espartanos- y las literas duras -cuestan el doble, que una butaca- y las blandas, infinitamente, más costosas.

          Las tarifas de los trenes entre Shanghái y Pekín y viceversa, son mucho más elevadas, que el resto de recorridos por el país, sea por lo que sea.

          A mí modo de ver, la alta velocidad no compensa, de ninguna de las maneras, porque ni los trenes son tan rápidos -suelen tardar solo la mitad-, las estaciones están muy lejos y los precios equivalen a los de un vuelo para ese mismo destino. Lo mejor, viajar en trenes normales y de noche.

 


        En China nadie usa patinetes. Les va bien con las putas e insoportables motos eléctricas.

          Hablemos del metro, porque en cada ciudad funciona de una forma distinta y eso, no ayuda, precisamente, al viajero.

          En Shanghái, resulta imposible pagar en metálico. O lo haces con el maldito Alipay o con tarjeta de crédito en los tornos, al acceder y al finalizar tu trayecto (así te recalculan el importe).

          En Beijing y en Xi'am las cosas son mucho más sencillas y puedes abonar el billete en efectivo, comprándolo en las maquinas y en inglés. Y la peculiaridad mayor, llega en el suburbano de Nanjing, que funciona por tokens, pero no permite transbordos con la misma ficha, por lo que se debe salir y volver a entrar, si cambias de línea. El efectivo sí se admite.

          Los billetes de tren en China hay, que comprarlos en la ventanilla, porque en las maquinas automáticas, te requieren un número de teléfono local (+86). De todas formas, los empleados son tan eficientes y rápidos, que no merece la pena pensar en otra alternativa.

¡Cariño, volvemos a casa!

 


         Dejamos  a nuestro pesar el glorioso hotel de Nanjing y nos vamos a tomar el tren, que nos devuelve a Shanghai.Proviene de Chengdu, casi dos mil kilómetros más al oeste, allí donde quisimos ir en su momento, pero no fuimos. Llega puntual y aunque los asientos son tan incómodos, como siempre, hoy son solo tres horas y media de viaje.

          Volvemos a las temperaturas más benignas, con dos únicos objetivos para hoy. Llevamos -sin éxito- varios días intentando encontrar un Banco de China, para cambiar dinero. En Shanghái, lo tenemos localizado, pero dudamos, que hoy sábado este abierto a estas horas, cuando nos aproximamos a las cuatro de la tarde. Afortunadamente, nos equivocamos y nos atienden en un plis plas. ¡Logro conseguido!. Es modesto, pero ayuda a la autoestima en estos momentos cercanos al final del viaje.

   


      Ahora, toca hacer el largo camino, que nos lleva al hotel, donde estuvimos hace tres semanas. Tenemos la mosca detrás de la oreja, porque en oriente -Japón y Corea incluidos-, suelen cobrar más por la habitación, durante los fines de semana. Nos facturan 20 yuanes a mayores, que entonces, pero no por este motivo, sino porque entonces nuestra alcoba no tenía ventana y ahora sí. No vamos a discutir por eso, pero estos chinos no dan puntada alguna sin hilo.

          Pasa la noche, con tanta generosidad de calefacción, como hemos tenido en todos los hoteles, a lo largo de este casi finiquitado periplo. Nuestro vuelo parte a las 22:15 a Paris y aún, debemos entretener el día.

          Hoy, domingo, sin equivocarnos, como el día de nuestra llegada, volvemos a los jardines Yu Yu An, que están abarrotados de turismo nacional. Y, también, regresamos al Bund. Por primera vez en Shanghái aparece la niebla, esa, que tanto nos acompañó en nuestra primera visita al pais, en 2009. Aunque, también había mucha contaminación, que hoy, visiblemente, no se detecta.

 


        Disfrutamos de las últimas horas en China, como enanos o como si no nos quedara un solo día más de vida. ¡Lo hemos vuelto a hacer y estamos completando con éxito una aventura increíble, marca de la casa!.

          Lo que nos espera ahora es tedioso y sufrido, pero no queda otra, que pasarlo, con el debido estoicismo y resignación.

 


        La vuelta, sencillamente, un dolor, aunque menos violenta, que la ida, después de esa acusación falsa de acoso sexual.

          Cinco horas de espera en el confortable aeropuerto, de Shanghái, controles de equipajes y pasaportes diligentes y agilisimos y un vuelo a reventar, que parte en hora.

          A partir de aquí, interminables catorce horas y media de travesía, a través de China, Azerbaiyán, Georgia, Turquía, Bulgaria, Bosnia - Herzegovina, Italia, Suiza y Francia.

          Duermo más de siete de ellas, en un periplo, que transcurre de noche en su totalidad. La comida es peor, que a la venida. Nos disfrazan de pollo, una sajonia de segunda y altamente salada. La ensalada adjunta es, sencillamente inmasticable. Y del despropósito del desayuno, prefiero ni hablar. Menos mal, que el copazo de champán francés pone una perceptible nota de alegría.

          En el aeropuerto de París, frío y más frío, a pesar de la calida y significativa decoración navideña, que nada hemos echado de menos, durante los últimos veintiséis días.

          En el Charles De Gaulle, aprovechamos las siete horas de escala para subir al blog, los 94 videos, que los chinos nos han impedido colocar día a día.
     
          En Madrid, otras seis horas y media, que atenuamos, yendo a comprar al Mercadona por el atajo descubierto hace meses. Y finalmente, tres horas de ALSA desde Barajas, para completar la gloria. En nuestros cuerpos y ya no nos sorprende, mucho menos cansancio, que cuando hace casi cuarenta años, llevábamos a cabo los primeros interrailes. ¡De algo tienen, que valer, la maldita vejez y la consolidada experiencia.

Un memorial y unas islas en el último día en Nanjing

 


         Matamos la tarde de Navidad tomando soju de uva -lo hay de muchos más sabores -, esa fantástica bebida coreana de 14°, que no degustábamos desde finales de 2015, cuando visitamos el país.

          Ha anochecido y aún seguimos dudando de si quedarnos aquí mañana o marchamos a la ya conocida Suzhou. Finalmente optamos por permanecer en Nanjing, porque encontramos visitas que llevar a cabo y el otro plan supondría más esfuerzo, necesitando de un nuevo alojamiento y la preparación de las visitas.

          Nos levantamos y pagamos una noche más de hotel. Parece ser y según pone en la pantalla, que el precio sube hoy a 169 yuanes, pero a nosotros nos respetan el de 100.

   


      Nos vamos al cercano metro de la estación de trenes. Nuestro objetivo es recorrer las nueve estaciones -con un transbordo incluido-, que nos separan del Salón Conmemorativo de la Matanza de Nanjing. El suburbano en esta ciudad es raro. Si cambias de línea, debes salir, cancelar tu token, comprar otro y volver a entrar. ¡Poco práctico!.

          Entre el 13 de diciembre de 1937 y el 1 de enero de 1938, los japoneses se cargaron aquí a 300.000 personas y violaron a 20.000 mujeres. Afortunadamente, el memorial está al lado de la boca del metro. Es gratuito y hay mucha gente. Nos ponemos en una cola y tras larga espera nos dicen, que esa es para chinos. Nosotros a la de los guiris, con otros seis más. Deberemos pasar dos controles de pasaportes y uno de equipajes 

   


      No os imaginéis algo parecido al Museo de Jerusalén o Austchwich. Es algo más sencillo y menos propagandístico. Empiezas con una escultura de una mujer con su hijo muerto en brazos, para salir a una fosa común tapada y una muralla con relieves de combate y  muerte. Después los nombres de las víctimas y un espacio en blanco para las no identificadas. Ahora toca entrar en un recinto cerrado donde hay otras fosas descubiertas con huesos y esqueletos enteros o desmembrados. La visita se termina en la Plaza de la Paz.

          Volvemos al metro y nos toca pegarnos con la máquina de los tokens y con atención al cliente, porque no nos acepta ningun billete. En los últimos días de un viaje, con el pescado ya vendido, cualquier cosilla se convierte en un pequeño drama.

          Hoy también hace sol y es muy de agradecer. Como ayer le dimos la vuelta al lago, hemos planeado ahora recorrer las cuatro islas conectadas por puentes. Un paseo muy tranquilo, si no fuera por el constante paso de trenecitos y furgonetas turísticas, además de los vehículos de limpieza y mantenimiento.

   


      Contemplamos bellas vistas del lago, además de un templo tibetano con pagoda, una torre y numerosos templetes chinos.

          Después de tres días en Nanjing, todavía nos han faltado visitar las ruinas de un palacio, otra puerta de la muralla, el palacio presidencial y un área panorámica en las colinas, pero el metro queda muy lejos de estos lugares y no tenemos un buen plano.

          Sí estuvimos el primer día en otra zona escénica cercana a Zhonghua, donde una trabajadora nos salvó el día con sus búsquedas en internet. En este viaje hemos usado el siguiente recurso: pedirle a alguien que nos haga una búsqueda en el Google Maps chino, hacerle una foto con el móvil y tirar con eso. ¡La falta de herramientas te hace ingeniártelas!.

 


        Antes de regresar al hotel hacemos las últimas compras del día y adquirimos los billetes de retorno a Shanghai, para mañana.

          Al día siguiente, por la noche, vuelo a Paris y posteriormente, a Madrid.

sábado, 10 de enero de 2026

Nanjing, en Nochebuena


 

Nanjing , en Nochebuena y Navidad

   


       La mañana es de perros en Nanjing. Frío, aire y densa niebla. Es por eso, que cambiamos nuestros planes. Dejaremos el cercano lago para mañana y nos dirigiremos al centro en el barato metro ( ocho estaciones por la línea 1). Tardamos cuarto de hora en desembarcar en zhonghuamen y llega la primera sorpresa: la puerta de la muralla no está frente al metro, como parece en el mapa de la pésima Lonely de 2025. Preguntamos cien metros más allá a una tendera, que con el traductor nos dice, que vamos en dirección contraria. Volvemos y otro chico nos muestra el camino y un tercero nos lo confirma: recto primero y después a la izquierda. Caminamos, bajamos unas escaleras y no aparece nada a la vista y menos una muralla con su puerta. Desesperación, tras atravesar con miedo y peligro uno de los peores cruces del viaje.

          Cuando estamos a punto de rendirnos, vemos al fondo una pagoda. En total hemos andado más de tres kilómetros hasta el Gran Templo de Bao'en. Junto a él, unas ruinas y un museo por los que los sinvergüenzas piden 90 yuanes.

          Seguimos el camino y al fin vemos la maldita puerta y otra triple por la que cobran otro pastizal. Continuamos por otra calle, buscando el templo de Confucio y una peatonal, pero el camino se va poniendo peligroso porque desaparecen las aceras. Sin mapa, sin traductor,con una mala guía y con el tráfico rodeándonos por todos los lados, desistimos y nos damos la vuelta.

 


        Sin cruzar el río, nos ponemos a pasear por el borde de la muralla. Este camino sí es peatonal y mientras, vemos a los mayores jugar al Majong. Ahora, si y en una valla, contemplamos el mapa detallado de la zona y nos hacemos una idea de lo que podemos hacer, pero ya es demasiado tarde para retornar. Todavía nos quedaba un buen tramo para llegar a los objetivos pretendidos. La cosa nos sienta mal, porque no solemos rendirnos casi nunca. Volvemos en el metro, que aquí también se puede pagar en efectivo.

          La zona de nuestro hotel, el Hi Inn, es muy buena para alojarse, pero mala para hacer compras, porque con los edificios de la estación y de correos, anulan casi, la posibilidad de tiendas. Deberemos caminar bastante para hacernos con el kit de supervivencia del día.

          Seguimos dándole vueltas a si iremos el viernes a Suzhou o nos quedaremos un día más aquí.

   


      Dormimos genial y al pisar la calle vemos que el panorama es muy diferente: el sol luce  resplandeciente y no hay una sola nube. Será un plan estupendo rodear el bonito lago Xuanwu por su amplio trazado peatonal. Aparte del bello camino en si, con impresionantes panorámicas, dos son los atractivos fundamentales de esta ruta que va bordeando la muralla: las puertas Xuanwu y Jiefang. Al lado de esta última se encuentra el maravilloso templo budista de Jiming. Es un enorme complejo de santuarios sagrados en forma de edificios  con tejados chinos y unos cuantos Budas de diversa factura y tamaño. Y, como es un lugar de culto activo, solo te piden diez yuanes, como donativo para poder acceder . También tiene una pagoda chulísima.

     


    En el lago hay además varias islas, conectadas entre ellas y con el paseo principal por puentes. En las cuatro existen pagodas y templetes.

          En total, hemos tardado cuatro horas justas en llevar a cabo este recorrido, durante este día de Navidad tan especial. Hay mucha gente por aquí, pero solo hemos visto a una chica güiri con su pareja asiática (sándwich mixto).

 


        Tengo la total seguridad, de que si preguntáramos hoy a cien personas que festividad es en el mundo cristiano, noventa y nueve no sabrían responder.

Curiosidades chinas (parte II)

 


         Estamos empezando a sospechar -son solo indicios-, que los hoteles solo para chinos están subvencionados por el gobierno, porque si no, no se entendería, que tengas un alojamiento nivel tres estrellas de España, con muchos servicios complementarios, por tan solo 12€ la noche. La cuestión es, que en la mayoría de ellos nos han cogido sin problemas. ¿Flexibilidad de los gobernantes  o saltarse las normas?. No tenemos ni idea, pero estamos encantados. No es comprensible en un razonamiento normal, que estemos gastando la mitad de dinero en hospedarnos, que en 2009 y con mayor calidad..

          En China son siempre muy prácticos y todas las habitaciones son casi iguales. ¿Será por el fengsui?. Cama grande -mas barata, que dos camas-, baño al lado, escritorio y televisor de frente. Las cuidadas luces parecen haber sido diseñadas por un decorador de interiores.

          Los enchufes en los hoteles pueden ser de tres tipos. Los que hacen funcionar sus aparatos -hervidor, tele, secador...- son de tres clavijas planas. Los que usas tú, de dos de las mismas características. En las ciudades  más turísticas, los hay, como los nuestros.

 


        En veinte días, que llevamos por aquí, no hemos visto un solo wifi público en abierto, que funcione. Ni siquiera, el del aeropuerto de Shanghái . Hemos leído, que aquí, el número de la mala suerte es el 4 . Y, digo yo, que el de la buena es el 8, porque ya son tres los wifis, que tienen, como clave: 88888888.

          En China, apenas existen agencias de viajes físicas y las que hay están ubicadas en ciudades con atractivos turísticos cercanos, como Beijing. Nosotros en una de Guilin, además de hacer un crucero  por el río Li, hace diecisiete años, compramos un vuelo interno , a Xi'am. Hoy en día es imposible y te indican, que te lo solucionen en tu hotel.

          ¿Que aplicaciones usuales de Android funcionan en China?. Puedes usar Spotify, Trabber, Caixa Bank, Booking -a medias-, ALSA, todas las del tiempo, Flixbus, Renault Bank, seguimiento de pasos, Wizzair... Curiosamente, no funciona Ryanair,  ni Cuenta Factory ni  por supuesto, ninguna de  las de Google.

          En cuanto a aplicaciones chinas útiles para el viajero, a descargar antes del viaje, trip.com y 12306, está última con horarios y precios de trenes.

 


        En los supermercados del centro -no se en las afueras -, no esperéis encontrar tiendas modernas -salvo en Pingyao -, si no más bien, negocios de diversos tamaños parecidos a los de la España de los setenta. La novedad es, que ya no van detrás de ti, a ver si te llevas algo, como en 2009 (puede que tengas cámaras en el ordenador). En los lugares más turísticos son muy frecuentes las tiendas de 24 horas..

          Un producto, que se vende en puestos callejeros de la mayoría de lugares son las brochetas de frutas caramelizadas (fresas, uvas, ciruelas, arándanos...). 

          La Navidad en China es casi inexistente, aunque nos parezca raro. Vamos, que pasan de ella, como de la mierda. Muy de vez en cuando, te encuentras un arbolito raquítico con cuatro luces desacompasadas. Solo en los centros comerciales de propiedad y tiendas internacionales de Shanghái hay un ligero ambiente navideño.

 


        En China, casi nadie te juzga por lo que hagas con tu vida, a diferencia de occidente. Puedes tirarte al suelo a dormir o tomar una cerveza en la vía pública, que ninguna persona te va a llamar la atención. Nosotros tenemos una teoría poco documentada, pero no obstante, la vamos a exponer: la ausencia de religión y religiosidad de la mayoría de la población hace, que la gente tenga menos prejuicios. También creemos, que les importa un pito, lo que hagamos los extranjeros.

 


        Los precios de las entradas en  el gigante asiático son cada vez más caros, llegando en algunos casos al abuso (11€ por una pagoda solitaria en Nanjing, por ejemplo). Es de agradecer, sin embargo, que los nacionales pagan lo mismo,que los foráneos y no, como ocurre en India y otros países.

viernes, 9 de enero de 2026

Arribando a Nanjing en Nochebuena


           El lunes por la noche y el martes de madrugada llega la lluvia copiosa, que golpea en nuestro tejado -estamos en  la última planta-, transmitiéndonos tranquilidad. No había caído ni una gota desde la tremenda nevada del 12 de diciembre, en Pekín. 

          Apuramos el check out en nuestro fantástico hotel hasta las doce de la mañana. Hace algo de fresco y está muy nublado. Paseamos por las cuatro calles del centro y vamos comiendo todo, lo que pillamos en los locales, que se encuentran en nuestro camino (salchichas picantes, pollo, cerdo, helados...) El aburrimiento nos provoca hambre. 

          Finalmente y después de dar un largo paseo por el subterráneo, cogemos el bus número tres a la estación de trenes. Como los alrededores son deprimentes y tenemos las manos heladas, entramos -siguiendo los protocolos estrictos y habituales de las autoridades- sobre las cinco y media de la tarde, ya anocheciendo. Aún nos quedan seis horas y media para nuestro convoy, por lo que la espera va a ser larga.

 


        Es la terminal mas calurosa, en la que hemos estado y se agradece. Tiene dos plantas. La primera  es para los trenes de alta velocidad y la de arriba , para los ordinarios, como el nuestro. Huele a sopa por todas partes y es que hay hasta cuatro tiendas, que las venden, para que las hagas con el agua caliente, que se dispensa a la entrada de los baños. Este popular producto instantáneo te salva muchas comidas durante la estancia en China.

          Cada media hora paseamos y los siguientes treinta minutos nos sentamos. Y así, hasta la hora del embarque. Hablamos de casi todo lo imaginable, pero ya no queremos arreglar el mundo.

          Nuestro tren parte puntual, siendo ya Nochebuena. Es la tercera de nuestras vidas, que pasamos en el extranjero (Gabarone y Kuala Lumpur son las otras dos). Me duermo enseguida y me tiene, que despertar mi pareja, una vez, que llegamos a Nanjing. Me cuenta, que el viaje ha sido muy tranquilo hasta hace una hora. En la ciudad de Chuzhoubei, se ha subido un montón de gente y se ha montado un tremendo alboroto.

 


        Hace un día horrible. Al viento y el frío se ha sumado la niebla. Habíamos pensado alojarnos  en esta zona de la estación y hacer las visitas al centro en el barato metro. Y las de aquí, caminando.

          Tenemos mucha suerte y en el primer hotel, que preguntamos, nos quedamos. Nos piden 99 yuanes, que es más o menos, lo que venimos pagando por los alojamientos, desde que salimos de Beijing ya hace diez días. La habitación es algo más pequeña, que las anteriores, pero dispone de los servicios complementarios de siempre. En todos los hoteles, a los que hemos llegado pronto, no nos han puesto ninguna pega para hacer el check in bastante antes de las doce. Igualito, que en España o Europa, donde debes esperar a las dos o las tres de la tarde.

   


      Hoy no tenemos sueño, así que nos vamos directamente a ver la ciudad, después de desayunar.

           Estamos dándole vueltas a la cabeza, sobre si volver a Suzhou -donde ya estuvimos en 2009- o largarnos directamente a Shanghai de día ( tres horas y media de camino).

 


        Ya veremos, porque estamos muy agotados psicológicamente. ¡ Y eso, que hasta ahora, todo ha ido sobre ruedas!.