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jueves, 26 de noviembre de 2015

Primeras impresiones de Corea y de los coreanos

          Desde luego, comer gratis todos los días, debido a la malicia española y a la candidez oriental, es lo que más nos ha sorprendido de esta fantástica, pero poco improvisadora gente.
Esta y la siguiente son de Seúl (Corea del Sur)
          Contemos otras visiones de estos primeros días -positivas y negativas-. Los coreanos tienen fama de que cobran por todo, como los chinos, pero eso no es verdad: todos los baños del país son gratuitos -muy bien acondicionados y numerosos-, cuentan con papel higiénico, jabón líquido, secamanos eléctricos y permanecen inmaculados. Además, existen numerosos templos, palacios, jardines y lugares de interés sin coste alguno para el viajero.

          En las calles de Seúl, Busan o Daegu hay Iphones o Galaxys -de los de 700 euros- puestos sobre una mesa en la calle, a la puerta de las tiendas, sin que los vigile nadie y sin que permanezcan atados a nada. Parece, que nadie tenga tentaciones de llevárselos sin coste. Es curioso, por el contrario, que las cestas de los supermercados tengan alarma (cosa, que no ocurre ni en España).

          En centenares de calles de todo el país está prohibido fumar y relegan a los fumadores, a -casi- jaulas callejeras, donde es imposible verlos a través del humo acumulado en tan reducido espacio. Las ciudades están limpísimas, sin hallarse papeles o colillas por el suelo. Lo más curioso es, que no hay apenas papeleras, ni barrenderos. Puedes andar centenares de metros con un envoltorio en la mano, sin encontrar donde depositarlo.
                                                                                                                          Esta y la siguiente son, de Busan (Corea del Sur)
          En general, Corea es una especie de país del “pricer” mundo (mezcla de primer y tercer mundo). Por un lado, por ejemplo, nos topamos con amplias avenidas con aceras anchísimas, semáforos, pasos de cebra, velocidad reducida... Por otro, los coches se saltan todo tipo de señalización; las motos utilizan los pasos de cebra, entre los peatones, para ahorrarse giros y cambios de sentido, añadiendo que circulan temerariamente por las aceras, que comparten además de con los sufridos viandantes, con carros cargados de cosas -la mayoría inútiles- o con cualquier mercancía voluminosa. Todo permitido, salvo que el peatón cruce por donde no debe. Esto nos ha pasado a nosotros esta misma mañana y si no nos hacemos los guiris tontos, nos habría caído encima una buena multa (por fumar fuera de las tétricas jaulas son 100€).

          Los semáforos tardan en cambiar entre dos y cuatro minutos -lo que resulta agónico para el peatón- y sorprendéntemente, no se producen apenas atascos. Ni rastro de barandillas o medidas de accesibilidad. Constantes y profundos pasos subterráneos -a veces, de cuatro tramos de escaleras y llenos de tiendas y puestos-, que los primeros días te generan molestas agujetas y los últimos, te hacen serio candidato a medalla olímpica en disciplinas de resistencia.

          Creo, que Seúl es la ciudad con más autobuses urbanos del mundo. Los hay de todos los colores. Esperando nuestro turno en el semáforo llegamos a contar más de 25, en ambas direcciones.

          Los puestos callejeros y mercados nocturnos de comida -al aire libre, a pesar del duro invierno- invaden las calles del centro y de algunos barrios de las ciudades (sobre todo, en Seúl). Son coloridos y atrayentes, en relación con el soso comercio tradicional europeo.

          Salvo en las estaciones de tren, no hayamos mendigos visibles, pero es posible contemplar a mujeres ancianas, durante las primeras horas de la noche, repartiendo publicidad, vendiendo pescado fresco en la calle o acarreando pesadas cargas.
                                                                                                               Esta y la siguiente son, de Gyeongiu (Corea del Sur)
          Y, los corean@s, ¿cómo son?. Pues, amables, aunque distantes y fríos, disciplinados, confiados. Físicamente, son más altos que los chinos, con los rasgos más marcados y especialmente fe@s -mucho más ellas-, por lo menos para nuestros cánones de belleza. A pesar de los numerosos mercados de todo tipo, un corean@ no sería capaz de vender ni agua en el desierto. Les darías pena y te la ofrecerían gratis.

          Por lo demás, encuentro tres actitudes desconcertantes en ellos:

          -Cuando van por la calle, no evitan el choque y te llevan puesto, si tú no cambias de dirección

          -En el supermercado, circulan por los pasillos a la velocidad de un formula 1 y si no te quitas, te clavan el carrito en la espalda, sin contemplaciones. Quien no conduce uno de ellos en Corea, no es nadie.

          -Se pasan el día corriendo por todas partes -con bultos o sin ellos- y te arrollan sin piedad. Si bien es cierto, que si les pisas tú a ellos, ni se inmutan.

          Podemos confirmarlo. Sí, es cierto que los coreanos tienen perros como mascotas, pero sólo vimos unos cinco en los cuatro primeros días. Todos ellos en zonas nobles de las ciudades, muy pequeños y excesivamente huesudos. Cada uno que lo interprete, como quiera, pero este alimento tradicional de la dieta coreana, es más caro que la ternera, el cerdo o el pollo y no se distribuye en grandes superficies o supermercados. Creo, que así es muy difícil, que te den “perro por liebre”.