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domingo, 10 de marzo de 2013

Hay otro Bangkok, además de Khaosan

Todas las fotos de este post son, de Bangkok, menos la última, que pertenece al mercado flotante, de  Damnoen Saduak 
          Centenares de turistas paseando en pantalón corto o con ropajes alternativos, puestos callejeros de noodles fritos con marisco o carne -regentados por sonrientes chicas-, stands de insectos achicharrados en la plancha -últimamente, ya cobran por hacerles fotos y no solo por comerlos-, tiendas de ropa de todo tipo, Seven Eleven ofreciendo sus productos las 24 horas -aunque desde las doce de la noche y hasta las once de la mañana y de catorce a diecisiete, tienen prohibido vender bebidas alcohólicas-, decenas de casas de cambio, agencias con pretensiones y no siempre de demostrada solvencia, que te gestionan el visado parta Myanmar o la India, falsificadores del carné internacional de estudiante o de títulos de cursos de submarinismo, bares musicales con terraza y chicas ligeritas de ropa y dispuestas a todo, miles de bombillas de colores, escaparates con guías de segunda -tercera o cuarta- mano de casi todos los países del mundo, innumerables hoteles de categoría -fundamentalmente- económica...


          Todo eso y mucho más -aunque casi siempre en la misma línea-, es Khaosan, la burbuja turística de la maravillosa Bangkok, área de la que muchos viajeros no salen, durante todo su estancia en la ciudad. ¡Ellos se lo pierden!.

          Fuera de esta artificial, aunque no desagradable zona y ajenas a tanto movimiento, las chicas salen del colegio con sus inmaculados uniformes de falda corta y almuerzan en el Mcdonalds o en los numerosos puestos callejeros de salchichas a la plancha, albondiguillas, pinchos de cerdo, de pollo o de otras carnes más inidentificables y sospechosas. Y es, que tal vez sea Bangkok, la capital del mundo, que cuenta con más garitos callejeros -de fuste y pretensiones diversos- del mundo, lo que le da un ambiente excepcional. Aparentemente improvisados, se pueden levantar en escasos minutos, de manera muy mecánica. A veces, durante una parte del día -colocados donde horas antes había un mercado-, mientras otras, de forma permanente Los lugareños los adoran. Para los occidentales, lo que tienen en común es, que visualmente, es imposible identificar el contenido de los guisos, que presentan en sus enormes y brillantes perolas. Solo unos pocos y osados extranjeros, se atreven con ellos.




          Aunque -desgraciadamente para los viajeros y afortunadamente para ellos-, cada vez son menos los tuk tuks, que circulan y más los taxis -a veces, rosas-, el tráfico es ingobernable, sobre todo en la calle principal, Ratzhadamnoen Klang. La vibrante actividad urbana contrasta con la quietud de los tranquilos templos budistas, de tal simplicidad e ingenuidad, que parecen diseñados por niños. Para entrar en los edificios religiosos, hay que descalzarse. Pero, salvo guardar el habitual y requerido respeto, casi todo lo demás está permitido allí. Incluso, sentarse junto a los monjes, mientras rezan o cantan o tomar una cerveza en el exterior, sentado en la escalera. Sería larga labor detallar todos los que merecen la pena en la ciudad, pero los podéis encontrar en todas las guías.




          En cualquier caso, guardad tres o cuatro días para visitar la ciudad, algo más, si también queréis acercaros al cercano mercado flotante, de Damnoen Saduak. Porque también. tendréis que acudir al Palacio Real -de bellos y apelotonados edificios, que parecen de juguete- a la vibrante Chinatown, además de a los animados mercados. El más importante y famoso es el de Chatuchak, que se celebra los fines de semana. De las dimensiones, que tiene, parece eterno y en él, se puede encontrar de todo lo imaginable, aunque no a los precios esperados.




          Aunque es más modesto, nosotros nos sentimos más cómodos en el que montan todas las tardes, junto a los canales, no muy lejos de Khaosan. Hace unos años era algo cutre y se encontraban en él, auténticas reliquias del mal gusto o de la cutrez. Hoy en día, aunque no han desaparecido del todo, son residuales.



          Cruzando el Chao Phraya -después de haber dejado atrás numerosos y ololrosos tenderetes de pescados y mariscos disecados-, en viejas y temblorosas barcazas, sorteando los omnipresentes y enormes hojas, parecidas a nenúfares, se llega a otros interesantes templos o mercados, que no deben dejar de ser visitados. Y por supuesto, como en el otro lado y por todas partes, los omnipresentes budas -generalmente- dorados. Desde los modelos más utilitarios, a los de varios metros de altura (en posiciones y con gesto diferente). Hay bastantes talleres, donde los hacen y tiendas, que los exponen en plena calle. No resultan difíciles de encontrar.


          A Tailandia, se le conoce como el país de la eterna sonrisa. Y el dicho no exagera, ni un ápice. Ya lo constatas, desde que ingresas por el aeropuerto internacional: todo son atenciones y gestos amables. La primera palabra, que aprenderás en tailandés es, “japunja” (gracias), para poner de manifiesto el sincero agradecimiento. Son tan generosos en tratar de complacerte, que a veces, te dan una información errónea, antes de decirte, que no pueden ayudarte, sobre lo que has requerido.

          De las cinco veces, que hemos visitado Bangkok, la más emotiva fue la primera. No solo por la deslumbrante novedad, sino porque el día 30 de junio, de 2.008 y de madrugada, rodeados de alemanes, que se fueron apagando con el transcurso del partido, asistimos a la conquista de una Euro. El agradable bar, donde vimos el memorable encuentro de fútbol y, tres años después, lo habían derribado. ¿Sería de propiedad teutona y no podrían con los malos recuerdos?. ¡Nunca lo sabremos!.

4 comentarios:

Eva dijo...

Cerca de la principal estación de trenes de Bangkok, hay un Tesco, que a nosotros nos resulta muy útil, cuando vamos a esta ciudad. Sirve para todo: dejar la mochila en la consigna manual -la de la terminal ferroviaria es cara-, comer gratis -gracias a sus constantes degustaciones de alimentos, orinar, beber agua fresquísima, comprar comida local preparada y almorzar en sus mesas, a muy buenos precios, En el mismo centro comercial hay una oficina de Air Asia, donde gestionar boletos aéreos.

La próxima ciudad será Beiging.

Saludos.

Anónimo dijo...

Muy buen arftículo y muy buenas fotos.

Enhorabuena. Oscar.

Jorge dijo...

Buenas

He estado estos últimos días leyendo tus posts sobre el viaje por África del este y de verdad, me parecen extraordinarios. Realmente emocionante el viajecito!!

Enhorabuena.

Eva dijo...

Gracias